Poemas de Fausto Arroyo

Fausto Arroyo

#DíaMundialDeLaPoesía La obra de Fausto Arroyo permanece inédita, hoy compartimos en El Escarabajo tres poemas de este poeta y narrador salvadoreño



III

Nunca mi voz fue tan suave como hoy
y nunca supe de traiciones como cuando
vi al mundo caer sobre el pie de los altares
en donde la extensa sangre se aglutina 
como un manjar en una mesa sin final,
en un río cuya sed no es la verdad
de los astros
ni el irrisorio canto de los espejos rotos
que se fraguan alrededor de un escenario
o detrás de un inmenso sol negro
que se hunde cuando las palabras
que decimos se descarrilan
y nos preguntamos ante el nuevo día 
por la voz y por lo que no sabemos
por lo incierto que es el mar,
la podredumbre de errar en los caminos
en las guaridas secretas de la perdición
el asfalto de los días extraños 
que se fragmentan antes de ser
y a pesar de esto la voz no deja de sonar
y en días como hoy el cielo amenaza
con volver a ser nada y la luz
se revierte y los túneles exactos de la memoria
revientan como mares
como grandes funerales en los círculos
en los indecisos caminos forjados
por el mínimo silencio que es plata
que es oro entregado en los ojos
en las manos de nuestra hermosa locura.

En eso que somos, la disolución misma 
de la vida, de las vidas.

Por eso mi voz y mis ojos y mi cuerpo
hoy son suaves, porque detrás
hay un estanque 
y otra vida asoma su rostro
como si el azar no existiera 
como si lo que he visto
no me perteneciera y le perteneciera
                                    al reflejo
a mi otra versión, mi otra vida
mi otro yo

¡Mi otro Dios!


Incendiarios

El misterio del sonido levanta cualquier sospecha
y las campanas comienzan a sonar más fuerte, sin duda
se trata de un golpeteo a todo vapor, un temblor que remueve
el airado bisturí que más tarde hará su efecto,
que más tarde vendrá como la luna que gira en dirección
al sur (en dirección a esa playa de cristal que a lo lejos
se sostiene por la inmensa ilusión de las aves),
ese galope irremisible e inteligible de las astas
del golpe del martillo en la noche que amenaza con acabarse,
de esa silueta destrozada en mitad del fuego
y su enorme incendio abrazando el vórtice,
la vida calibrando sus intermitencias, serpenteando
los abismos en donde se cometen los crímenes
en donde se escucha cómo se crea la vida,
porque detrás de toda ilusión y de toda fisura,
un sendero, un camino iluminado yace desfigurando
los días que se alzan como carnavales difuminados
como ráfagas en la más honda noche desde
que se siente el bravo navío de las tempestades,
el caos del hombre y su duda arrebatada
por esas manos que simulan la oración que también
es el final de todo principio, la muerte del hombre
o el inicio del extravío colectivo
como estupefacta premonición de las noches
entregadas a la nada, entregadas al dolor y a los cuchillos
que amenazan con develar la verdad: el horror
exaltado y la barbarie dan cuenta de la proyección,
de esos ojos que observan el nacimiento
de la más grande tragedia. Desde una montaña,
a cualquier hora es develado el misterio. Arrojado
desde los tiempos en que la memoria dispersa
no entiende que el hombre es, posiblemente
una noche de estelares, incendiarios del tiempo
y su fatídico estallido en el quemado cielo
del que brota la historia. Esa sangre, único principio
y único final en la irreprochable fuga del tiempo.


Hoy voy a llorar

Hoy voy a llorar por todos los hombres
mis lágrimas serán los acordes por donde viajará
la luz que más tarde se volverá penumbra
en las manos ciegas de los que esperan
la exhumación de todas las vidas
que me profiere el canto mortuorio
de la fe perdida de esta generación;
de cierta forma mi llanto esconde las lágrimas
de los que no nacieron, de los que repletos
de fango, permanecen en el nulo silencio
de los que no han sido ni nacerán.
Mi llanto es una ráfaga pérfida en la que,
ningún santo redimirá el pecado original
y ninguna ilusión podrá contrarrestar
lo que se gesta en el inhumano corazón
de los hombres que parece claudicar
que viajan amarrados en los andamios
de una noche imperfecta
de una noche a la que se le escupe la sal
de esos mares, de esos tórridos árboles
talados que escondían los secretos.
Por ello lloraré por los hombres
y mis lágrimas alcanzarán la sed
de los continentes,
el rostro y los ojos que sólo se conoce
cuando la vida es un arpegio,
un colosal infierno de múltiples simulacros
de múltiples vidas arrojadas
a la desesperanza que corre en nuestras venas
en el tiempo que se esparce y que,
más tarde, volverá a la raíz
de todos los gritos, de todos los hechizos
de aquellas cosas que nunca creímos ver.
Lloraré por todos los hombres
y mi llanto será la música, será
la perfecta risa al final del camino
porque nunca hubo diferencia
entre reír y llorar, entre el inicio
y el final, cuando llore
lo absoluto se posará y los cuervos
de la fatal noche, verán el hermoso
incendio de las lágrimas
de mis lágrimas, hermosas lágrimas.

Por eso voy a reír, voy a llorar



FAUSTO ARROYO (El Salvador, 1992). Narrador y poeta. Realizó estudios en Relaciones Internacionales y Filosofía en la Universidad de El Salvador. Todos sus escritos permanecen inéditos y una novela de su autoría está pronta a publicarse. Formó parte del grupo círculo literario El Delito Menor de la Nostalgia. 

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