La laureada poeta y artista plástica costarricense Nidia Marina González Vásquez (San Ramón, 1964), reciente ganadora del XI Premio Pilar Fernández Labrador, presenta una sobrecogedora selección de su libro Astilla de agua. A través de piezas fundamentales como «Historia antigua», «Malintzin» y «Lenguicidio», la autora explora las cicatrices históricas del silenciamiento femenino y las violencias de la cacería humana moderna. Su voz, diáfana e intensa, transita del dolor a la dulzura, consolidando una poética comprometida con rescatar las palabras de las páginas del olvido
Nidia Marina González Vásquez
(del libro Astilla de agua)
Historia antigua
I
Llevo el mar de mi abuela en el nombre.
Un miércoles a mediodía germiné
del agua mineral en el vientre de mi madre
a la salinidad de las lágrimas.
Ya casi no queda nada de aquella cáscara de huevo,
se ha cubierto de hierba el pestillo de la puerta.
II
Más de medio siglo después de escudriñar dentro del cuerpo
en la superficie del agua-piel
me sangra el mar de cada día,
a veces en el influjo que marca el lunario,
a veces en el eco de la sangre.
Desde el nudo del instinto: maternizar.
Es intensa la ternura que me hurga
y que resbala interminable, aguas adentro.
Zarpo en barcos de papel,
los colores me habitan y desatan.
Llevo en el nudo simple de lo que fue cordón umbilical
historias abiertas como acantilados.
Escarbo en las palabras con uñas y abismos.
Cuando se mueve mi mano
gira conmigo un vendaval de abrazos
una estela de anagramas con heridas
una caja secreta al descubierto,
una galaxia de diosas que no olvidan
el color de su piel de agua.
Malintzin
I
Busco su nombre
y encuentro rasgaduras y tachones.
Ella no hablaba castellano
Nahual y Maya su lengua.
Lejano su mundo al del otro lado del mar.
Garganta niña sin canción de flores.
Marina, Malinche, Malintzin
siglos de llanto, Llorona, Cihuacóatl,
vientre y piel de agua.
II
Malinche, Malintzin
me acuerdo de vos
cuando una mujer emnudece
borrada por el tono grave de una voz infame.
Cuando se intenta la libertad
en el mapa del desgarro
pero desaparece en fosas incendiadas.
Marina,
vos y yo
sin voz para hablar lo suficientemente alto
aunque gritemos en media ciudad a coro.
Torre de babel en las huellas digitales.
Sabor amargo que no sabe desaparecer
y vuelve a articularse
en las lenguas que traen el signo del cromosoma X.
Luna tras luna
desde que Eva probó la manzana y se tornó amarga.
Instaurada la mordaza, la condena y el dolor
ahogado el canto de las ocarinas
III
Aunque renuncie al horizonte del mar
(Marina, quien también soy yo).
Aunque me convierta en ventana y derribe la torre,
otros andamios crecen en el paladar y florecen,
otros ríos fluyen.
IV
Se escribe sobre las páginas del olvido
y en los restos confusos de la desmemoria
que planta flores o desborda odios en falsos lugares.
La voz de Malinche
su timbre poderoso
su música de barro sonoro.
Mesoamérica de bosques y soles.
Malintzin, la lengua,
si ella tomara la palabra
hablarían los borrones y roturas
de las páginas negadas a la verdad.
Nos escucharíamos en su tesitura
y una línea de sus huellas digitales
al fin sería visible en nuestros dedos.
Lenguicidio
Los romanos le cortaron la lengua a una diosa
para que sus mujeres guardaran silencio.
Tácita Muda, la llamaron.
Náyade mutilada por Júpiter,
enterrado el habla de su nombre.
Nos querían omisas, intangibles, negligentes
tácitas todas
en el lodo oscuro de los astros
en el olvido.
Menguadas, salobres, ahogadas, sin verbos.
De barro sin cocer
para que nos deshiciera la lluvia.
Tipos de caza
I
Un cazador le dispara a una criatura magnífica,
el detonador ensordece los latidos.
El cazador ni siquiera tiene hambre
y descorcha una botella de champaña.
El cazador no entiende de belleza alguna,
está tan lleno de pólvora como la bala.
La inocencia de la bala es una dualidad.
La belleza es irreparable.
Hablo de la sangre que llena la copa.
Ningún arma tiene la culpa
de su violencia en las manos que la empuñan.
II
Otro cazador pone su rodilla en el cuello limpio de una criatura igual a él
durante ocho minutos y cuarenta y cinco segundos.
En esta escena lo miran muchas cámaras.
Hablo de la inocencia de la cámara,
hablo de la sangre contenida y la falta de aire.
No hace falta el disparo
hay decenas de cómplices que toman fotografías.
III
Una niña en creciente juega y salta la cuerda
sin percatarse del acecho.
El disparo sale primero de una pupila distorsionada
y luego de todo el cuerpo de un infame,
esta vez sin arma de fuego
pero con el hierro más cruel todavía.
Hablo de la ignominia en el acto de la cacería.
Boca abajo
Hay cuerpos que arden en el plexo,
y en la sangre.
Que nadan contra corriente y boca abajo.
Hay inocencias desgarradas
por muelas gigantes.
Injusticias
que se transitan en doble vía:
carretera virtual y pies en el polvo.
El ojo tiene puntos muertos
y hay una llave que se abre
con solo girar la mirada
al brote verde y minúsculo que asoma en una grieta.
Practico los asombros
donde bondad y dolor no sangren.
Segura de las cicatrices
que guardan la intensidad de las heridas,
y abren pesadas puertas para que entre la dulzura.

Nidia Marina González Vásquez (San Ramón, Alajuela, Costa Rica,1964). Artista Plástica, jubilada Catedrática de la Universidad de Costa Rica y poeta.
Publicada en más de veinte antologías dentro y fuera del país, en México, España y Colombia.
Tiene 14 libros de poesía publicados y uno de cuentos.
Ha recibido los premios Marta Eugenia Santamaría Marín, 2021, Medalla de plata en Latin American Book Award 2023, Corina Rodríguez 2024 y el XI Premio Pilar Fernández Labrador 2024.
Algunos de sus poemas han sido traducidos a varios idiomas, y el libro La curvatura de la piel bilingüe al italiano.
