Francisco Alejandro Méndez: un autor con visión periférica

Luego de haber sido el editor mexicano de las novelas «Si dios mi quita la vida» y «Puede que no sean ángeles», Nahum Torres nos presenta un breve análisis de ambos libros, en los que lo policíaco parece abordar lo que en la realidad fue pasado por alto, entre ello, la esperanza

Nahum Torres | Editor mexicano

Nunca traté en persona con el escritor Francisco Alejandro Méndez Castañeda (1964-2026). Nuestras conversaciones tuvieron lugar mediante mensajería instantánea, videollamadas y correos electrónicos. En el momento en que empezamos a comunicarnos, Méndez ya era un autor con una vasta obra de ficción y no ficción —más de 20 títulos— y el reconocimiento nacional. Lo recuerdo de voz suave y con un trato transparente, siempre más allá de la cordialidad, con empatía genuina. No en vano era un hombre que amaba a los perros —parafraseando un título de Leonardo Padura.

Como escritor, Francisco Alejandro fue versátil: exploró la crónica deportiva, el relato urbano, el realismo sucio, el realismo mágico, la entrevista de perfil, la crítica literaria y, con el policial, indagó sobre los conflictos y la violencia para entregarnos una visión profundamente sentida respecto a la convulsa vida contemporánea en Guatemala y Centroamérica. Y todo ello mediante la particular voz del comisario Wenceslao Pérez Chanán, un personaje introspectivo, honesto y trabajador, de vocación cívica, siervo de la justicia humana, siempre atento a visibilizar a las víctimas.

En 2021, a propuesta del legendario Estuardo Prado, reedité Si dios me quita la vida (Serie RedRum, 2021), una de las novelas que forman parte de la saga de Chanán. La publicación de este libro abrió la puerta para proyectar la reedición de su novela mayor, Saga de libélulas (2018), así como un volumen de relatos noir. Por cuestiones de tiempo, no logramos concretar estas ediciones; sin embargo, nos decidimos por publicar otra novela con Chanán como protagonista: Puede que no sean ángeles (Serie RedRum, 2025). No deja de resultarme curioso que los ángeles (y las figuras aladas de resplandor efímero) fueran personajes recurrentes en la obra policial de Méndez. Aunque más allá de cualquier fijación religiosa, me parece que en la narrativa de Méndez esta simbología conlleva una intención crítica: acentúa el cuestionamiento a la noción judeocristiana de bondad en un país como Guatemala.

Wenceslao —nombre de mártir— mantiene rasgos fisiológicos similares con su autor (1.65 metros de altura y robusto), y lo caracterizan aficiones-vicios propias de lo que alguna vez fue considerado como la vida bohemia (acudir al bar el Pulpo Zurdo, beber ron Predilecto, comer manís garapiñados y escuchar temas de Héctor Lavoe, en particular “El cantante”), lo que permite suponer que el comisario funciona como una proyección de los impulsos y las vulnerabilidades del autor (dicho sea de paso, siempre con una enfermedad latente), así como de sus preocupaciones sobre la realidad social guatemalteca y centroamericana. Sin embargo, asumo que Pérez Chanán no es un personaje solipsista o un espejo del autor. Chanán es un comandante subalterno irredento —siempre le da vuelta a la burocracia institucional— que está absolutamente involucrado en su labor, aunque, si en algún capítulo resulta heroico, es solo por el poder que la ficción otorga. Porque lo que Méndez expresa en sus novelas negras no es la heroicidad de Chanán ni sus detectives/escuderos Fabio y Enio —acaso en la obra de Méndez la heroicidad se permite a los civiles, algunos de ellos, atletas—, sino el dolor de un pueblo atravesado por violencias extremas, para quienes los ángeles no llegan sino camuflados como sombras para destruir la vida sencilla. Un pueblo capaz de albergar la brutalidad en el seno familiar. Un pueblo marcado por las crucificaciones parricidas-fraticidas. Un pueblo de líderes indolentes. También un pueblo de mártires.

Bajo un título que alude a una canción que popularizara Javier Solís —y en la que se hace referencia al ángel protector—, en Si dios me quita la vida, Méndez entrecruza dos narrativas, la de la crónica y la de la ficción para no dejar en el olvido un episodio trágico ocurrido en el Estadio Doroteo Guamuch Flores en 1996, con más de 80 víctimas mortales, resultado de la corrupción en el ámbito deportivo. A la fatalidad colectiva de aquella noche se suma el acercamiento a la violencia —un closeup a la muerte— que se oculta en una casa de la zona 2 en la que una familia entera fue asesinada por uno de sus integrantes. Este doble relato refleja la osadía de Méndez al narrar las conexiones secretas mediante la reconstrucción de los hechos, pero nuestro autor no confunde anomalía con pesadilla, por más trágicos que los sucesos sean. Entre persecuciones en motocicletas, secuestros exprés y tiroteos propios de una película de acción, Méndez anota las asociaciones ilícitas que se establecen para que ambos incidentes desemboquen en catástrofe social.

Publicada originalmente en El Salvador por Falena Editores en 2024, Puede que no sean ángeles se adentra en la Guatemala provinciana. En esta novela, Méndez retoma la coda poética y la noticia policíaca para ofrecer perspectivas tanto intimistas como sociales, transportando al lector a un pueblo asolado por la violencia. Una vez más, los secretos familiares juegan un papel relevante.

Un enigma bordea toda la obra policial de Méndez: la figura del frustrado escritor de novelas policiales Arturo Castillo. Siempre que le pregunté por este personaje, reiteraba lo que escribió en cada novela: Arturo Castillo Villanueva, a.k.a. Arthur Kostler es un escritor y profesor universitario de origen estadunidense que fue acusado de narcotráfico en Costa Rica como miembro de la Banda de los Ciclistas. Quizá porque la figura me remite al exilio de Horacio Castellanos Moya (Honduras, 1957), quiero pensar que Arturo Castillo es un espectro que sirve de recordatorio de la condición del escritor centroamericano: en la cautividad de sí mismo, asediado por una relación tortuosa con su entorno.

Pese a ser galardonado con el Premio Nacional de Literatura «Miguel Ángel Asturias» 2017, Méndez nunca fue un escritor de carácter vanguardista —aunque conocía a fondo la vanguardia literaria de Centroamérica— ni una celebridad a la manera en que el mercado posiciona autores, sino más bien un autor con visión periférica, lo que se confirma en su oficio de periodista y escritor de historias de género policial en las que aborda aquello que se ha pasado por alto y subestimado. Méndez dotó al policial de una búsqueda de esperanza en una sociedad marcada por la violencia.


Nahum Torres (México, 1977) Fundador de Ediciones Periféricas, una editorial que apuesta por la diversidad de voces y perspectivas. Dirige Serie RedRum, un microsello editorial de narrativas, relatos y ecos del noir.

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