El club de libro o la reivindicación del acompañamiento

La abogada y bibliófila, Vanessa Ramos, nos habla sobre el poder transformador de los clubes de libros, no solo como una experiencia de lectura compartida sino como un medio de salvación en el encuentro con comunidad

Vanessa Ramos | Abogada y bibliófila

Hace diez años creé un club de lectura. No tenía ni pies ni cabeza. Nació como la simple y común idea de una lectora, además de estar cumpliendo una fantasía de infancia. Estaba triste. Había perdido a mí mamá, no tenía trabajo, y sí, estaba muy triste. Aquel club se conformó con la gente que en ese momento era mi cercanía, no todos se consideraban lectores, pero sí sé que más que por el libro, decidieron estar ahí por mí. 

La vida siguió, ese club se perdió, algunos de esos amigos ya no están, pero mi amor por los libros sigue intacto, latente, y, sobre todo, atento. 

Es así como surge este club del libro, mi hijo favorito (en realidad no tengo hijos, pero sí un gato), y aunque sé que esto de los clubes de lectura no es nada nuevo, para mí es muy importante. Somos un grupo de mujeres: Nat es la más chica, tiene veintisiete (también es géminis), le sigue Gaby en juventud y en curiosidad, Pixie es la mayor y tiene 40, ama la curaduría de ropa vintage y las pelis de terror. Entre medios están Olga y Pame, que son mujeres muy artísticas, también están Fátima e Inés; y luego Chío, Ale, Mónica y Marta: mujeres curiosas, inteligentes y aunque a veces ellas lo dudan, buenas lectoras. 

Ahora este proyecto sí cuenta con pies, cabeza y, sobre todo, corazón. Nace con la finalidad de leer a escritoras, de visibilizar sus trabajos, pero, además, el club del libro es como un pequeño momento al mes en el que este grupo de mujeres variopinto se abre y comparte tanto lo que piensan como lo que sienten. Y yo no puedo sentirme más feliz al verlas no solo compartir sus ideas en torno a un libro, sino también sus ideas sobre cómo ven al mundo, y eso me hace sentir afortunada. Hemos creado un espacio seguro para la diversidad femenina, porque, aunque todas somos diferentes, coincidimos en lo cómodas que nos sentimos en el encuentro, ese domingo al mes, reunidas en el café de siempre, riéndonos fuerte, y a algunas muchas otras, llorando sin pena. 

Es obvio que somos mujeres privilegiadas en muchos sentidos. Pero en gran medida, el club del libro nos ayuda a ser más vulnerables, a reconocer ese privilegio, a ver más allá de nuestras pequeñas burbujas, y quizás, de a poco, lo que estamos construyendo ahí pueda verse reflejado enfáticamente en nuestros entornos personalísimos y transmitirse a los que nos acompañan a cada una. 

Pero ¿qué es lo que quiero decir con todo este palabrerío? Fácil: los libros y las compañeras en el camino, salvan.

Vanessa Ramos. Abogada periférica, me gusta preguntar(me) cosas y ser consciente de que la poesía está en cualquier sitio. Amante del horror escrito por mujeres, la poesía, y el té por la mañana. Me gusta confiar en la suave y amarilla amabilidad de las personas que quiero, y desayunar con flores.

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