Unas palabras sobre «Yo, traductora»

Ricardo Hernández Pereira, miembro de nuestro consejo editorial, nos comparte una reseña sobre el libro «Yo, traductora» (La Chifurnia, 2024), una acuciosa investigación del académico Carlos Cañas Dinarte sobre una faceta poco  explorada en Claudia Lars: la traducción literaria.

Ricardo Hernández Pereira   Docente y escritor

Yo, traductora (La Chifurnia, 2024) es un libro que documenta los trabajos y experiencias de traducción de la salvadoreña Margarita del Carmen Brannon Vega, mejor conocida como Claudia Lars. El material incluye un estudio introductorio que explora la traducción al español en Iberoamérica y expone cómo Claudia Lars fue pionera de este ejercicio de reinterpretación literaria poco antes de que concluyera la primera mitad del siglo XX.

Cañas Dinarte apunta:

“… Claudia Lars fue heredera de esa tradición de traductores masculinos, pero también de su legado familiar irlandés-estadounidense y de sus propias experiencias como residente en territorio estadounidense […] En la década de 1940, ella estaba muy comprometida contra el fascismo internacional y a favor de la democracia en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, por lo que sus lecturas de Emily Hahn, Thomas Wolfe y Aldous Huxley la llevaron a traducir, reseñar y publicar extractos de los libros más recientes de esos escritores. En los tres casos, la escritora salvadoreña antecedió por meses o años a los traductores al castellano de las versiones completas de esos títulos, lo que la convierte en una pionera en la difusión de esos autores de lengua inglesa entre los públicos salvadoreño y centroamericano”.

Cañas Dinarte hace un recorrido fascinante por la vida de la poeta, novelando su biografía y seleccionando parte de su trabajo de traducción como reseñas de novelas, cartas y poemas publicados en revistas centroamericanas, en medios salvadoreños de época (como Diario La Tribuna, El Mundo Libre y El Diario de Hoy), y en la revista Cultura de la Dirección de Publicaciones del Ministerio de Educación. Si bien en México, Claudia Lars hizo de la traducción una herramienta de subsistencia, también la concibió como un ejercicio de lectura y de goce estético.

En su reseña a Las hermanas Soong de la periodista Emily Hahn, publicado en el Evening Star de Washington D. C. en 1941, es imposible no encontrar una ruta similar a las circunstancias de niñez y juventud que vivió Claudia Lars, me refiero a la experiencia de crecer entre dos mundos muy distintos, la devoción por las tradiciones, el amor a la tierra y las tentativas amorosas que se presentan en la impresionante historia de la familia Soon. “Esta historia sabe muy bien de lo que habla y habla muy bien de lo que sabe, por eso es un regalo perfecto”, dice Lars en la introducción a su reseña. 

Me resulta interesante el impacto que pudo haber tenido estas lecturas en la actitud política de Claudia. Podría decir lo mismo de los textos antifascistas que tradujo de los libros You can’t go home again (1940) de Thomas Wolfe y varias publicaciones de Aldous Huxley. En todos ellos el tema de la tierra, el hogar y la libertad aparecen de manera recurrente. Estas traducciones no sólo nos permiten redescubrir los intereses estéticos y filosóficos de Claudia, sino sus sensibilidades artísticas, en especial por la poesía de Christina Rossetti y Emily Dickinson.

En una carta a Eunice Odio, Lars discurre sobre el arduo proceso de traducción:

“Traduje con cariño y cuidado, tratando de que mis palabras no cambiaran ni la hermosura ni el significado de las palabras de Emily, pero cuando la traducción estuvo terminada casi me dieron ganas de llorar… Entonces me di cuenta de que trasladar poesía del inglés al español, por lo menos con algún acierto, es mucho más difícil de lo que yo imaginaba. Estos poemas, como colibríes en la sombra, han perdido por completo su ropaje brillante. ¿Será porque la mágica esencia de la poesía es algo que está más allá de lo que se celebra externamente o porque los cambiantes matices de cualquier idioma jamás se entregan del todo a los extraños? No sé, con exactitud, cuál es la verdadera causa de mi fracaso, pero así como te regalaría picaflores a medianoche, aunque en sus plumas hiciera falta el oro del sol, así te mando estas oscuras muestras de los más bellos y finos pájaros del norte”.

Con las traducciones de la poesía de Dickinson no es difícil vislumbrar el tipo de sensibilidad con que Lars construyó buena parte de su corpus literario. El Dr. Juan Carlos Calvillo, en su libro Dickinson en nuestra lengua: galería de retratos (México, 2023) citado por Cañas Dinarte, lo explica de este modo:

“La Emily de Claudia Lars, una Emily basada en las representaciones primigenias de Hampson y Untermeyer, es una poetisa olvidada y tierna, capaz de escribir desde el silencio, una poesía campestre, delicada y candorosa, íntima y sorprendente […] los poemas que ofrece Claudia Lars en traducción al español son miniaturas sobre el encierro y el apartamiento del mundo; piezas pequeñitas y circunspectas, como la propia Emily Dickinson”.  

En el caso de Christina Georgina Rosetti hay también cierta conexión biográfica y estética. Cañas Dinarte, en el estudio introductorio, especula si la poeta inglesa llegó a Lars por recomendación de Salomón de la Selva. Rosetti, autora comprometida con la palabra, con dos compromisos matrimoniales fallidos, dedicó el final de sus días a la vida religiosa y a la escritura de sus poemas Sing-song: a nursery thyme book (1872), lectura que pudo haber servido de inspiración para la publicación de Girasol (1962). 

Poema de Christina Georgina Rosetti y traducción de Claudia Lars al mismo.

Who has seen the wind?
Who has seen the wind?
Neither I nor you:
But when the leaves hang trembling,
The wind is passing through.
Who has seen the wind?
Neither you nor I:
But when the trees bow down their heads,
The wind is passing by.

El viento
¿Quién ha visto el viento?
Ni yo, ni tú.
Pero cuando las hojas tiemblan, inclinadas,
entre ellas pasa el viento.
¿Quién ha visto el viento?
Ni tú, ni yo.
Pero cuando los árboles doblan sus cabezas,
el viento está pasando.

El libro documenta traducciones de cartas y poemas de otros escritores durante los más de treinta años de trabajo de traducción de Lars. Leer Yo, traductora significó entrar por una ruta guiado por colibríes de sensibilidades, reflexiones y vivencias de una de las voces poéticas más grandes de Latinoamérica. En este sentido, deseo recomendar también la más reciente publicación de la Editorial FMOCC – UES: Claudia Lars: biografía mínima, otra gran investigación del académico y escritor Carlos Cañas Dinarte, que viene a enriquecer el diálogo a partir del 125 aniversario del nacimiento y 50 aniversario del fallecimiento de nuestra más grande autora.

RICARDO HERNÁNDEZ PEREIRA. (El Salvador, 1985). Docente. Fundador de Pantógrafo Editores. Perteneció al taller literario de La Casa del Escritor que dirigió Rafael Menjívar Ochoa. Sus relatos aparecen en Memorias de La Casa: 12 narradores (Índole, San Salvador, 2012); Tierra breve: antología centroamericana de minificción (Centroamericana, San Salvador, 2018); en la revista Cultura 122 (DPI, 2017); Voces desde el encierro: antología de cuento latinoamericano (Editorial X, Guatemala, 2020). Es autor de los libros de cuentos Soft Machine (Índole, 2021) y Los lugares que abandonamos (Editorial Universitaria, 2024). Ganador de los XXIX Juegos Florales de Sensuntepeque en la rama de Cuento en 2024 y creador del podcast literario BibliófilosSV

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