La poesía de Jesús Martínez Jurado (El Salvador, 1985) es un material lleno música y de vida, una propuesta que nos incita a desear y a tener esperanza, sostiene el escritor nicaragüense Roberto Carlos Pérez en este comentario acerca de la publicación de «El pequeño cuerpo de la esperanza» de Anonimato ediciones
Roberto Carlos Pérez | Músico, narrador, ensayista y editor
El 29 de octubre de 1945, a pocos meses de haber finalizado la Segunda Guerra Mundial el filósofo, novelista y dramaturgo Jean-Paul Sartre (1905 – 1980) pronunció en París una conferencia titulada «El existencialismo es un humanismo».
En la conferencia, polémica para su tiempo, Sartre cuestiona la validez del pensamiento moral de Immanuel Kant (1724 – 1804), el sentido de la Historia propuesto por Georg Hegel (1770 – 1821) y la filosofía utópica y materialista de Karl Marx (1818 – 1883). Para Sartre, el hombre es dueño de sí mismo, se hace a sí mismo de acuerdo con sus siempre mutantes circunstancias sociales. La existencia de Dios no justifica su comportamiento ético. En vista de tal autonomía, el hombre debe responsabilizarse de sus actos. No podemos esconder nuestra violencia, que desemboca en desastre, bajo el manto divino.
Posiblemente esta premisa haya sido tomada del pensamiento de Friedrich Nietzsche (1844 – 1900) que, en su libro La gaya ciencia, conocido también como el Alegre saber (1882), escribió la malinterpretada frase «Dios ha muerto».
Profundamente creyente, hijo de pastor luterano y ya avanzada su locura, Nietzsche no niega la existencia de Dios. Lo que intenta decir es que la ciencia, particularmente el Positivismo, más la deshumanización de las ciudades y de los países, había matado a Dios. Y, puesto que Nietzsche era responsable, asumió que, siendo mayor de edad, podía pensar de forma independiente y no a la manera luterana en que sólo la fe y sólo la lectura de la Biblia salvan. Sola fide, Sola escriptura, afirmó Martín Lutero (1483 – 1546).
La frase de Nietzsche es, para decirlo claramente, una respuesta al sacerdote reformista. Para vivir y pensar no basta la fe. Es necesario regresar a la acción, al verbo, como lo dijo el apóstol San Juan en el preámbulo a su Evangelio.
La poesía, como toda forma de arte, es caprichosa y su espíritu se esparce por donde quiere, como quiere y en quien quiere al igual que el Espíritu de los Evangelios. En El pequeño cuerpo de la esperanza (2026), Jesús Martínez Jurado (San Salvador, El Salvador, 1985) nos anuncia su Evangelio; el Evangelio de las generaciones salvadoreñas que nacieron en la guerra civil de los ochentas, que vivieron la posguerra, el verdadero horror de cualquier conflicto bélico pues es la etapa de contar los muertos, la mayoría de las veces desmembrados, y las generaciones del tercer milenio.
A diferencia de César Vallejo (1892 – 1938) en Poemas humanos, poemario publicado póstumamente en 1939, justo al inicio de la Segunda Guerra Mundial, Jesús Martínez Jurado sí habla de la esperanza. Cruda, como toda esperanza, pero cruda al fin.
Como el poeta nicaragüense Francisco Ruiz Udiel (1977 – 2010), cuya obra resulta el último parteaguas de la poesía nicaragüense, Jesús Martínez Jurado anhela ver un luminoso horizonte, una radiante flor, un sonriente niño.
Para que esto suceda debemos examinar la mente (el autor es también médico psiquiatra) a fin de depurarnos de la neurosis que produce un país volcánicamente violento y una San Salvador que ve, bañada por la abulia, cómo cada día desaparece una especie animal y una planta. También Jesús Martínez Jurado ve desaparecer las tardes de café con los amigos, las cenas familiares desnucadas por la política y las relaciones que han sido cosificadas por una economía obscena, desespiritualizada, ideológica.
Por eso, en medio del horror y de la sangre, le pide a San Salvador, a su gente, a su tribu, mediante las siguientes letanías:
No despiertes a los niños de tu lecho,
dales el calostro de tu seno,
cúbrelos con tu manta de consuelo.
No despiertes a los niños de tu lecho,
que descansen en tu amparo
a menos que en los sueños transiten pesadillas.
«Nocturno»
¿Responderemos ¡San Salvador Ora pro nobis o El Salvador Miserere nobis!? La poesía de Jesús Martínez Jurado, llena de música, algo poco común en la poesía contemporánea, llena de forma (el poeta ha encontrado el estilo, a decir de Rubén Darío, 1867 – 1916), llena de vida, nos incita a orar, a desear, a tener esperanza. Su oración es nuestra oración, nuestro mantra. ¡Entonémosla!

ROBERTO CARLOS PÉREZ. (Nicaragua, 1976). Músico, narrador, ensayista y editor. Estudió Música en Duke Ellington School of the Arts y se licenció en Música Clásica por Howard University, enWashington D.C. En la Universidad de Maryland estudió una maestría en Literatura Medieval y en los Siglos de Oro. Es autor del libro de cuentos Alrededor de la medianoche yotros relatos de vértigo en la historia (2012), Un mundomaravilloso (novela, 2017), y Rodrigo: un relato sobre el Cid (2020), y de los libros de ensayos Rubén Darío: una modernidad confrontada (2018), Temasespañoles: del siglo XII al XVII (2022) y El mundo que veo: notas sobre la posmodernidad enel siglo XXI (2025). Docente de lengua española en Howard University. Miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, de la Real Academia Española y de la Academia Nicaragüense de la Lengua.
