Vigilancia y coerción por parte del Estado. Este relato de Ilich Rauda nos recuerda que la historia represiva en El Salvador parece estar condenada a repetirse
Ilich Rauda | Médico y escritor
El nuevo terror de Estado inició ese día: los primeros despliegues militares, los municipios bajo estado de excepción, los cubrió él para las primeras planas. Miguel era periodista, y desde hacía dos semanas estaba bajo asedio: sólo esperaban la orden superior para ejecutar la acción extrajudicial. Él había visto un par de patrullas y unos vehículos sospechosos cerca de su trabajo y residencia, pero estaba incrédulo de que la historia del padre pudiera repetirse apenas en una generación posterior. No le cuadraba en su comprensión del mundo. Por causas familiares, ese día hubo un par de variantes en su rutina. La noche previa no regresó a casa, se quedó donde su tía, quien presidía una reunión familiar que se prolongó demasiado. Sin embargo, la orden prosperó en su contra y la acechanza de los cuerpos policiales para su cumplimiento le tenía los pasos medidos.
Al salir del portón residencial, donde pernoctó, una patrulla se interpuso en su camino, bajaron tres policías con armas de mediano y grueso calibre. Miguel bajó su vidrio, aterrado, y escuchó: Este vehículo tiene reporte de robo, debe acompañarnos a la delegación. La madre de Miguel le acompañaba y bajó del vehículo enseguida para observar a los tres policías. A ella, el siglo XX le había templado la sangre como el acero, y tenía el carácter de maestra normalista ya jubilada. De inmediato, reconoció a un alumno del que había sido madrina de promoción. Ajá, Luisito, le dijo, explíqueme de qué se trata todo esto.
¡Maestra Benítez!, exclamó con enorme sorpresa el responsable del operativo, con el rostro desencajado; retornando inmediatamente al aula de sus estudios básicos. ¿Qué pretenden con mi hijo? Nada, maestra, debemos tener mala información, descuide. En un par de minutos hicieron el teatro del error y la disculpa hacia quien casi consideraba una madre. Pero ella ya conocía el guion de ese teatro y la espiral sangrienta de la historia en carne propia.
Esa misma noche, los dos abandonaron el país rumbo a México. Sin equivocarse en su decisión radical; no tardaron en saber, por otras personas que también los acompañaron en el exilio, que no todos los compañeros de Miguel en el periódico tuvieron la misma suerte que él.

Ilich Rauda. (San Salvador,1982). Ha publicado en Poesía, Maíz del Corazón (Publicaciones Papalotlquetzal, 2016), Poemas Urgentes (Proyecto Editorial La Chifurnia, 2023), Aventuras en los antiguos reinos del misterio (DPI, 2018), Círculos del sueño (Proyecto Editorial La Chifurnia, 2022). Coordinador y gestor del IV Encuentro de Minificción centroamericana, desarrollado en El Salvador en noviembre de 2024. Miembro de la Asociación de Médicos Escritores “Alberto Rivas Bonilla”.
