Este es el trayecto poético de un escritor y editor guatemalteco. Una breve selección de textos que han aparecido, desde 2010, a lo largo de seis libros. Un acercamiento a la estética de Marco Valerio Reyes Cifuentes
Marco Valerio Reyes Cifuentes │Poeta y editor guatemalteco
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Sé una historia
de palabras tan cortas
que no hace falta doblarlas
para que quepan en los oídos
sobre un hombre astado
cuyas manos
se hacen cada vez más eternas,
quien afirma
saber una historia
de palabras tan cortas
que no hace falta doblarlas
para que quepan en los oídos.
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Camino
con la boca
llena de luciérnagas
y un planeta en el bolsillo
por este sendero yuxtapuesto
donde existimos
porque discrepamos
y tememos ser horrendos.
Tomados de Claustrofilia. Editorial Cultura, 2010.
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Mis accesos de ingravidez
son cada vez más desnudos y abiertos de manos
pero cada vez menos infinitos
voy dando tumbos
contra el cielo y las orillas orillas
de las puertas cerradas
mis palmas tapan mis oídos
para que las voces que me gritan no entren
o si están adentro
no me abandonen
Tomado de Ajenjo. Sin tecomates, 2014.
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¿Existe?
¿Existe lo maravilloso?
pregunto mientras termino de trenzar
tu pelo y los barriletes de tu mirada
existe
respondés
¿no es maravilloso que las letras de un libro cerrado
jueguen y bailen hasta caer rendidas
y al abrirlo
estén todas en su lugar exacto?
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Río
Somos el río
¿podés vernos correr?
¿vernos mojar tus pies?
¿verte flotar en nosotros?
Somos el atardecer de noviembre
¿podés vernos brotar y perseguirnos?
Somos la historia de amor y de esperanza
¿podés sentirnos entrar en tu pecho y cantarnos?
Tomados de Un bicho del tamaño del silencio. Editorial Universitaria, 2020.
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Cosa de los ojos
El día que no nos quede más silencio
contaremos la vida a gritos
con tórridas pedradas en los espejos y escándalos por puños/
manotazos de sol sobre la nuca
bañaremos con aguardiente el cielo
antes que se esparza el humo de las bombas en honor de nuestra señora de los muertos.
Pero el amor seguirá siendo cosa de los ojos
seguirá buscando las rendijas
el roce del viento en las apenas sonrisas
buscará todo lo sumergido en agua tibia
porque lo contrario del amor
no es el pánico sino la estridencia frívola
y lo contrario de los ojos
es este mundo sin anverso ni reverso.
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Walsh
para Rodolfo
No te olvides regar las lechugas
escuchás decir a Lilia
y cruzás la calle
(a usté lo tuteo, Rodolfo, porque a usté y a mí la misma piara
nos escupió la cara).
Es el más medio día de tu vida
y te espera la muerte en esa esquina tan parecida a esta otra.
También en Amatitlán las calles están echadas a perder y llenas de cadáveres
solo que aquí se muere de diarrea o claustrofobia
y son las aguas servidas inundantes
lo que saca los cuerpos a la correntada.
Todos los fusilados continúan vivos
y los arrojados al mar
los libros quemados
y la ternura del diablo.
El número de pies lacerados
no cuadra con las piernas de las secuestradas.
Mamá ha olvidado el nombre de sus hijas.
La ráfaga del sardino partió la medida del tiempo
marcó el punto cero de la era Walsh
que sean para otros los abarrotes del infinito
la vida eterna es para cobardes.
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Carne
Las madrugadas se nublan de fantasmas
las calles hierven de voces suplicantes
imperceptibles por purísimas
se prenden a los marchantes nocturnos y se meten en sus pesadillas.
Transporte de carne dicen los costados del camión
que se abre paso como entre la turbulencia de un océano
para estacionarse una calle más allá
frente a un parque somnoliento y penumbro.
Los hombres descienden y abren la persiana de la carga:
la descuelgan de un gancho y se la echan al hombro
es un trozo de carne deforme y goteante
que talvez hace una hora palpitaba contenida en su piel.
Los hombres trotan con la carga
no pueden arriesgarse a que los fantasmas les cierren el paso
que los vean con sus no ojos
que los señalen con sus no dedos
que como coro griego la nombren con sus voces suplicantes y purísimas.
Carnicería. Han abierto el portón. Entran.
Las baldosas y las paredes están limpias
han recogido ya la sangre del día anterior
los restos de carnes de los días anteriores.
Ensayan acomodarla en este otro gancho
así no
mejor así
perfecto.
Salen
han cumplido su misión
la carne está en su lugar para la multitud.
Los fantasmas en las calles empiezan a escampar.
La balada del escarmiento canta
en la ciudad con menos población que anoche
dice despierten
salgan de casa
vengan a ver
talvez alguien lo reconozca.
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Poema sin nombre pero con corazón
Aquí el corazón
rampante
derramante
maledicente
diluviante
no ínsula
ni entre paréntesis.
Tomados de Este ardiente correr de la sangre, Tierrapaulita, 2024.
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17
Lejanía
el eco entre dos ideas
reducido por la posibilidad sanguínea
de tu laberinto y el mío.
cercanía
ojos habitados
mador
álgebra lista para saltar al vacío.
proximidad
animal que nos lame
como piano en la noche
o como la noche
prolongada años luz por el peso de tu cuerpo desnudo.
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19
Escribo tu nombre.
Escribir tu nombre
es acariciarlo sin interferir su viaje.
Beso tu cuello.
Besar tu cuello
es eternizarlo en mi boca arrodillada bajo la luz.
Bebo de la vendimia de tus labios
bailo al rojo vivo bautizado por tu saliva
umbral a la inmortalidad.
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32
Hoy nos separa la mitad del mundo, Amor
pero hay complicidad en la distancia
¿Sentirás qué
si acaricio donde estaría aquí tu cintura
si coloco mis labios
si muerdo
saqueo
arraso
y erigimos un nuevo universo?
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35
Si el cielo supiera de piel
o la eternidad supiera
de incendios certeros
o de diosas
se volverían carne
y te morarían
para siempre
como te moro yo.
Tomados de La eternidad, el fuego. Editorial Órbita, 2023
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Monólogo de quien ve
para Carlos Gerardo
La ventana de mi cuarto
terriblemente trágica
shakespeareana
me pregunto si odia saberse solamente paso
breve y doliente paso
de la sagrada grandeza de la luz y las sombras
de las voces y de la antiquísima soledad de los cuerpos
me pregunto si ama saberse solamente paso
/acaso me ve y ama saberse solamente paso/
de un mundo irredento
brutal y ególatra mundo
ridículo mártir mundo.
Ventana tirana de este encierro de mis ojos
amasados a imagen y semejanza de un dios omnipotente y encerrado.
Inédito

Marco Valerio Reyes Cifuentes (Guatemala, 1978). Editor. Es autor de los poemarios: Claustrofilia, Editorial Cultura, 2010; Ajenjo, Sin tecomates ediciones en Guatemala; editorial cartonera Casimiro Bigua en Argentina; e Infracción editores en Chile. 2014; Un bicho del tamaño del silencio. Editorial Universitaria, 2020; La vida puerca, Incendio plaquettes, 2021; La eternidad, el fuego, Órbita editorial, 2023 y Este ardiente correr de la sangre, Tierrapaulita, 2024.
También es co-autor, junto a Tania Hernández, del libro infantil Niñas inquietas, mujeres maravillosas, de divulgación biográfica de artistas guatemaltecas. Editorial Cultura, 2022
