Partiendo de la novela «Completamente Inmaculada», de Francisco Alejandro Méndez, el escritor guatemalteco Eddy Roma nos habla acerca de la música que la atraviesa, como a mucha de su obra y de su vida
Eddy Roma | Escritor guatemalteco
Durante varios años, el guitarrista norirlandés Robert William Gary Moore tanteó entre el hard rock y el heavy metal, hasta que dio con su tono personal cuando viró al blues a partir de 1990. Salvo dos álbumes editados a finales del siglo XX ―donde incursionó en el pop y en la música electrónica para desconcierto de su público de toda la vida y el apoyo cauteloso de sus coleccionistas más acérrimos― Gary Moore permaneció ligado al blues, hasta su muerte ocurrida a temprana hora del 6 de febrero de 2011, a causa de un paro cardíaco mientras dormía, según dictaminó el forense.
En sus comienzos, el escritor guatemalteco Francisco Alejandro Méndez Castañeda publicó tres libros de cuentos, al mismo tiempo que se ganaba la vida como periodista para medios como la revista Polémica, el diario Siglo Veintiuno y la revista «Domingo» del diario Prensa Libre. Tras su despido de Prensa Libre, pasaron varios meses hasta que obtuvo la beca que le permitió completar su maestría, y continuar su doctorado en letras por la Universidad Nacional de Costa Rica.
Aparte del reencuentro con su vocación primigenia, Francisco —Paco para quienes lo conocimos en esa época— incursionó en el entonces inexplorado territorio de la novela negra centroamericana, con la saga protagonizada por el detective Wenceslao Pérez Chanán. Desde su debut en las páginas de Juego de muñecas, Pérez Chanán se asoma con su bolsa de manías garapiñadas, los dolores de parto causados por la acumulación del ácido úrico en las articulaciones, su amor por los perros y su escucha asidua de las canciones orquestadas por Willie Colón, y cantadas por Héctor Lavoe, en todas las novelas y la mayoría de cuentos publicados por Paco, hasta poco antes de su fallecimiento, también a causa de un paro cardiaco, la noche del 28 de marzo recién pasado.
Paco alude a varios de sus gustos musicales en las páginas de Completamente Inmaculada, su primera novela. Aparecen citados y escuchados nombres como Kiko Veneno, Fito Páez, Pablo Milanés, The Who y Peter Tosh. Tampoco falta Gary Moore, siempre lo admiró, domina la banda sonora en varios pasajes. Ambos tuvieron sus búsquedas hasta dar con su mera voz.
Pero antes quiero hacer mención de Jimi Hendrix, primero nombrado Johnny Allen Hendrix, reinscrito a los tres años como James Marshall Hendrix. Paco se enorgullecía de compartir con él la fecha de nacimiento (27 de noviembre) y el uso de la mano izquierda para escribir, alcanzar cualquier objeto que necesitara, o le pidieran, y empuñar la raqueta con la que jugó tenis de mesa antes de que una operación, la primera de tantas, lo volcara a la lectura para matar el tiempo y, de ahí, a la escritura porque otra cosa no podía hacer.
Supongo que Paco tuvo en sus manos una cinta grabada con el disco Jimi Hendrix: Blues, editado en 1994 por el sello Polydor bajo la supervisión del productor Alan Douglas (polémico gestor de la obra póstuma de Hendrix editada entre 1974 y 1995: Douglas cortó, revolvió y volvió a pegar tomas para inventarse nuevas canciones, llegando a contratar a sesionistas que nunca tocaron con Jimi cuando lo estimó conveniente): «Llegué a Mazatenango justo cuando sonaba un blues de Jimi Hendrix en el equipo de sonido del Oldsmobile. Alguien me explicó que muchos consideraban a ese maestro un renegado del blues, pero un poeta —a quien conocí prendido de las piernas de una tal Angélica— me consiguió el único disco en que Jimi toca como el mejor de los blusistas».
Jimi Hendrix acompaña al narrador y a Inmaculada en su recorrido por el suroccidente del país, rumbo a Quetzaltenango y camino a consolidar su relación; Gary Moore se asoma cuando ambos van al Aeropuerto Internacional La Aurora, zona 13 de la Ciudad de Guatemala, sabiendo que la bahía de Amatique, el mar Caribe, el mar de los Sargazos y el océano Atlántico se combinarán para imponer su distancia entre los dos: «Metí en el estéreo la cinta de Gary Moore. Uno de sus blues me sacó un par de lágrimas. Cuando voltee a ver a Inmaculada, ella también lloraba. “Still Got The Blues” comenzó a hacer estragos en ambos. Me dieron ganas de quitar la cinta, pero ella le subió volumen. Miraba hacia la gente que transitaba por la sexta avenida».
Y en el primer capítulo de la novela, cuando empieza la búsqueda de Inmaculada en París, el narrador se explaya acerca de Gary Moore al mismo tiempo que la evoca:
«Mi soledad me ha llevado a agarrar de la mano a aquel extraordinario blues de Gary Moore que dice “I remember Paris in ‘49/The Champ Elysee…” en “Parisienne Walkaways”.
Cada vez que ese maestro toca la guitarra en esa pieza, inmediatamente recorro centímetro a centímetro su rostro, su cuello, su, su y su en cualquier parte de ella. Cuando recuerdo cómo este genial irlandés conmina a su guitarra para que ella suene por su propia voluntad, me bajo a su vientre y seduzco a mi lengua para que se decida a pegarse a cada pentagrama de sus entrañas. Veo a Inmaculada armónica y húmeda, busco sus calzones con mi mano izquierda. Entonces Gary Moore acelera los dedos como yo. Creo que los cuatro terminamos al mismo tiempo. El blusista decide retomar ese solo de guitarra que me eriza la piel, como este helado viento que sale de la campana más grande de Notre Dame».
Para muchos, acá me incluyo, la música en inglés es nuestro baluarte. Manda sus tropas auxiliares cuando estamos a punto de sucumbir a causa de una separación o un rechazo amoroso; juntos caemos si el enemigo se cuela por una puerta dejada abierta por descuido (¡aguas con la Kerkoporta!); ahí está para celebrar nuestros triunfos o reponernos de la derrota: nunca falta en nuestra dieta diaria. Así lo demuestra el narrador de Completamente Inmaculada.
Paco sale en varias fotografías con sus camisetas de Led Zeppelin y AC/DC; también encabezó la cofradía de escritores y periodistas guatemaltecos sentada alrededor de José José. Mientras yo siga en este mundo matraca (como lo nombró Franz Galich, a quien le profesó cariño), escucharé a Jimi Hendrix en su honor cada 27 de noviembre.
Hacés falta, vos…

Eddy Roma (Amatitlán, Guatemala, 1977). Narrador guatemalteco. Tiene a su nombre los libros El cabezón de la banda (novela juvenil, 2000), Café con piernas (cuentos, 2011) y Pronta ficción (relatos breves, 2023). Dirige el programa Rockanroller, que se transmite cada miércoles, a partir de las 8:00 de la noche hora de Centroamérica, a través de www.1900radio.com.
