Francisco Alejandro Méndez: un profesor a carta cabal

Tener como profesor a Francisco Alejandro Méndez fue una experiencia extraordinaria que, quienes la vivieron, recuerdan con una sonrisa. Ese es el caso de Eleazar Rivera, escritor y académico salvadoreño que, primero, fue su estudiante, y, luego, su colega en las aulas universitarias. Él es quien hoy lo recuerda en este texto

Eleazar Rivera | Escritor y académico salvadoreño

El domingo 29 de marzo me sorprendió la dolorosa noticia del fallecimiento de Francisco Alejandro Méndez o, simplemente, «Chico Méndez», como acostumbraba a llamarle. El impacto fue mayúsculo, apenas un par de días antes habíamos estado intercambiando mensajes, y su recuperación ―según me comentaba― marchaba bien. Por ello, la noticia de su deceso me conmovió de tal manera que, todavía hoy, no alcanzo a asimilar su partida.

Conocí a Francisco Méndez mientras cursaba el segundo año de la Maestría en Estudios de Cultura Centroamericana en la Universidad de El Salvador. Recuerdo perfectamente el día en que el maestro Sigfredo Ulloa entró al aula donde se impartiría el curso Vanguardia poética y narrativa en América Central acompañado por él. Después de los saludos y las presentaciones respectivas, el maestro Ulloa se retiró y nos dejó en compañía del Dr. Méndez.

Aquella no parecía una clase convencional ni él se esmeraba en encajar en los rígidos métodos pedagógicos que alguna vez nos enseñaron en la universidad. Sin extenderse demasiado, explicó el contenido temático del curso y presentó las lecturas del ciclo. Acto seguido, comenzó una cátedra magistral que más bien parecía el armado de un rompecabezas, donde iba entrelazando con maestría las diferentes aristas de la vanguardia literaria centroamericana.

Mientras exponía, todos los presentes comprendimos que hablaba con absoluto conocimiento de causa. Sus palabras eran el resultado de una ardua y apasionada labor investigativa. No tardamos en enterarnos de que su tesis de maestría había versado, precisamente, sobre las vanguardias de la región, una investigación que la Editorial Cultura publicaría bajo el título Hacia un nuevo canon de la vanguardia en América Central (2006). Además, él era el responsable de la sección dedicada a Guatemala en el Diccionario de Autores Centroamericanos, coordinado por Albino Chacón y coeditado por la Editorial Costa Rica y la Editorial de la Universidad Nacional.

Gracias a su guía, descubrimos a autores de la talla de Luis Cardoza y Aragón, Rogelio Sinán y Max Jiménez. Claramente, su investigación de posgrado lo llevó a proponer una necesaria reconfiguración del canon vanguardista en el istmo. No debo omitir que aquel curso también resultó en oro puro para el propio Chico Méndez: el profesor no conocía a Pedro Geoffroy Rivas y quedó maravillado ante la pluma del autor salvadoreño. Como grupo, tuvimos el delicado gesto de obsequiarle la obra completa del poeta santaneco, editada poco tiempo antes por la Dirección de Publicaciones e Impresos de El Salvador.

Posteriormente, este programa de Maestría se abrió en la Facultad Multidisciplinaria de Occidente de la Universidad de El Salvador. Nuevamente, el Dr. Méndez formó parte del cuerpo docente. Allí tuve la fortuna de coincidir con él, ya no como su estudiante, sino como su colega. Recuerdo con especial afecto cómo, al terminar las clases, nos reuníamos con Luis Borja en tertulias que se prolongaban hasta bien entrada la madrugada. Sin embargo, al día siguiente, como un impecable reloj suizo, Francisco estaba puntual, a la hora exacta, dictando sus asignaturas.

Cuando se me pidió escribir estas líneas para la revista El Escarabajo, no dudé en aceptar el reto. Sin embargo, me asaltó la duda de si estaría a la altura de describir con acierto la enorme figura que Francisco Alejandro Méndez representa para la academia literaria centroamericana. En ese momento, decidí escribir a compañeras y compañeros que compartieron conmigo la dicha de ser sus alumnos. Las respuestas no tardaron en llegar y todas coincidían en lo mismo: destacaban el carácter lúdico y crítico de sus clases. Afirmaban que era una persona cercana, libre de poses intelectuales a pesar de su conocimiento enciclopédico, y que siempre incentivó a sus estudiantes a investigar, leer y seguir formándose, rechazando la idea de conformarse con las simples píldoras de conocimiento que un profesor pudiera ofrecer.

En síntesis, del ejercicio pedagógico de Francisco Alejandro Méndez se pueden rescatar cuatro pilares fundamentales:

  • La mediación didáctica: Poseía la rara virtud de aterrizar conceptos complejos y teorías densas a situaciones cotidianas específicas, volviéndolas accesibles sin perder rigurosidad.
  • Generosidad académica: Siempre estuvo dispuesto a compartir sus lecturas, facilitar la bibliografía que él mismo utilizaba y sugerir de buena gana textos específicos a quien le consultara sobre cualquier tópico.
  • Actualización bibliográfica: Se mantenía a la vanguardia de la evolución teórica de su área. Esto le permitía abordar los textos literarios como productos culturales vivos, valorándolos en su contexto de producción y conectándolos con el momento de la lectura.
  • La motivación constante: Impulsaba a sus estudiantes a ir más allá de los programas de estudio, estimulando un pensamiento crítico capaz de construir nuevas lecturas e interpretaciones de la literatura.

Francisco Alejandro Méndez fue un docente excepcional que transformó el aula en un espacio de horizontalidad y rigor. Su partida deja un vacío profundo, pero nos queda la certeza de que su generosidad, su lucidez intelectual y su entrega absoluta a las letras centroamericanas seguirán vivas en cada uno de los estudiantes y colegas que tuvimos el honor de aprender de él. En pocas palabras, Francisco Alejandro Méndez fue, y seguirá siendo, un profesor a carta cabal.


Eleazar Rivera. (El Salvador, 1976). Doctor en Teoría de la literatura y literatura comparada por la Universidad Autónoma de Barcelona. Fue miembro del extinto Taller de Letras TALEGA. Ha publicado los libros: Escombros (2003); Crepitaciones (2006) y Ciudad del Contrahombre & Noctambulario (2008).

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