«Por eso creo que la cancha (o cualquier otro espacio) puede convertirse en un escenario donde se proyecten anhelos, traumas y contradicciones que la literatura consigna como una herramienta contra el olvido» , reflexiona Hernández Pereira en estas recomendaciones sobre narrativa futbolera
Ricardo Hernández Pereira | Narrador y docente
Nunca he sido futbolero. Fue a los 18 o 19 que comencé a consumir más fútbol alentado por mi hermano que era fan del F. C. Barcelona de Ronaldinho, Eto’o y Messi.
Fue en la biblioteca de la universidad que me topé con El Fútbol a Sol y Sombra de Eduardo Galeano, un librito sobre la naturaleza del fútbol, pero con la poesía, el humor y profundidad crítica que sólo Galeano puede darle a un libro. «El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue», dice el uruguayo. Leo esto y no dejo de pensar en el trato denigrante que la FIFA le ha dado al equipo de Irán en este mundial, o en los precios exorbitantes de las entradas, o en la pauta publicitaria disfrazada de tiempo de hidratación, entre otras cosas. Es un mundial feo, alejado de las mayorías. Por otro lado, Galeano también habla sobre cómo tejer identidad a partir del fútbol. ¿Por qué me alegro, por ejemplo, del gane de Argentina? ¿Por qué me gustaría que perdiera tal o cual selección? ¿Hay algún jugador o equipo que merezca mi simpatía o rechazo? En esas relaciones hay conflicto, pasión, ilusión y memoria.
Recuerdo las críticas que Jorge Luis Borges hizo alguna vez al fútbol. ¿Un juego zonzo?, quizás. ¿Un caldo de cultivo para fanáticos?, muy probable. ¿Un negocio lucrativo?, sin duda. Sin embargo, según el prisma con el que se vean, creo que esas pasiones y circunstancias pueden terminar en historias hermosas. La música de los domingos, de Liliana Heker, es un ejemplo de ello. La historia gira en torno a la añoranza de la música de los domingos (cánticos, narraciones de juego, goles y gritos) que comparte una familia futbolera en un modesto vecindario. A estos personajes les pasa el fútbol y lo viven desde el recuerdo y el cariño. El penal más largo del mundo, de Osvaldo Soriano, es un cuento que habla sobre la corrupción y los hechos absurdos durante el último partido de liga de un pueblito. El humor y la ironía nos hablan aquí desde la condición humana de sus personajes y sus circunstancias. Roberto Bolaño tiene otra historia divertidísima titulada Buba en el libro Putas asesinas (Anagrama, 2001). Buba es un jugador africano que juega en el F.C. Barcelona y que comienza a alimentar su racha goleadora mediante rituales sangrientos que realiza previo a los encuentros. La magia y la complicidad se mezclan en este misterio que Bolaño nunca resuelve, pero que se disfruta por su trama y atmósfera fantástica. Hay otro cuento buenísimo de Hernán Casciari titulado 10.6 segundos, donde se narra, a través de muchas historias, el segundo gol de Maradona ante los ingleses en México 86. Es un cuento apasionante, lleno de regates y que recomiendo leer por tratarse de una cátedra sobre el uso del tiempo narrativo.
Pero hay historias que suceden afuera de la cancha. En Fútbol, de la mano, Eduardo Sacheri reflexiona sobre la amistad y el miedo. El libro habla sobre el significado de ganar o perder, sobre el silencio y sobre la intimidad de quienes viven el deporte de otro modo, desde otro ángulo. Por eso creo que la cancha (o cualquier otro espacio) puede convertirse en un escenario donde se proyecten anhelos, traumas y contradicciones que la literatura consigna como una herramienta contra el olvido. Algo de esto habla Jorge Valdano en el cuento-prólogo de Cuentos de fútbol (Alfaguara, 2025), una antología de 24 relatos de autores hispanoamericanos acerca del fútbol y donde leí por primera vez uno de los cuentos del gran Osvaldo Soriano. El fútbol también se lee y se vive de diferentes formas. El chiste es que si hay una buena historia, ésta se cuente bien.
Al día de hoy, sigo sin ser tan futbolero. Veo los partidos cuando la vida me deja, sobre todo si juega Messi o si mi padre me pide que lo acompañe. Él espera que gane Argentina, así que vamos a ver cómo le va a la albiceleste.
Quiero incluir a estas recomendaciones una publicación salvadoreña titulada Rey gaditano (Estro, 2024), una antología de prosa y verso que se publicó en homenaje al futbolista salvadoreño Jorge Mágico González. Alfonso Kijadurías tiene ahí un texto que narra un sueño que tuvo con el Mágico. Un texto bello. También hay ahí un material de Francisco Alejandro Méndez que recientemente la revista El Escarabajo publicó con motivo a su homenaje. Puede leerse aquí.
¿Ustedes tienen algún otro título que me puedan sugerir?

Ricardo Hernández Pereira. (El Salvador, 1985). Docente. Fundador de Pantógrafo Editores. Perteneció al taller literario de La Casa del Escritor que dirigió Rafael Menjívar Ochoa. Sus relatos aparecen en Memorias de La Casa: 12 narradores (Índole, San Salvador, 2012); Tierra breve: antología centroamericana de minificción (Centroamericana, San Salvador, 2018); en la revista Cultura 122 (DPI, 2017); Voces desde el encierro: antología de cuento latinoamericano (Editorial X, Guatemala, 2020). Es autor de los libros de cuentos Soft Machine (Índole, 2021) y Los lugares que abandonamos (Editorial Universitaria, 2024). Ganador de los XXIX Juegos Florales de Sensuntepeque en la rama de Cuento en 2024 con el material La ciudad en los ríos (Literatelia, 2025). Es creador del podcast literario BibliófilosSV
