El escritor Memo Acuña analiza la escalada de violencia política y del autoritarismo en Costa Rica, reflejado en el dispositivo policial del 14 de septiembre en Cartago en contra de los manifestantes
Memo Acuña | Escritor y sociólogo costarricense
En los años setenta, el dramaturgo chileno Oscar Castro escribió la pieza teatral La Guerra, referida con un poco de humor y sorna a los eventos que predominaron en buena parte de países latinoamericanos en aquel tiempo. Escrita en tiempos de dictadura chilena, en reclusión y bajo acoso, el dramaturgo haría de la puesta en escena un acto de resistencia contra la barbarie y la represión.
Tiempo después, en mi querido Conservatorio de Castella, semillero de artistas a escala mundial, montaríamos esa obra bajo otro nombre: ¿Y dónde está el enemigo?. El espectáculo incluía música, coreografía, interacción con el público, en una verdadera maniobra desde el arte para desnudar el sinsentido de los conflictos y la guerra como su máxima expresión.
He pensado todos estos días, a propósito del escenario de crispación social construido por el actual gobierno en Costa Rica, sobre las formas en las que se produce el enemigo, se le nombra y se le ataca.
Particularmente, me ha llamado la atención dos ejes discursivos que con fuerza producen ese enemigo, en especial en redes sociales: la denominación de “zurdo”, idea que fue colocada justamente por algunos representantes del Poder Ejecutivo en alocuciones públicas, para hacer referencia a adversarios o personas distantes de las ideas del gobierno y la utilización del insulto con tintes homofóbicos, proferidos también desde las más altas vocerías gubernamentales. Sobre esto último, no se me ocurre pensar en otra denominación que no sea la de las masculinidades tóxicas que predominan hoy el entorno político que lidera hoy los destinos (¿destinos?) del país.
Ahí está el enemigo. En esas ideas vanas y superficiales a través de las cuales se ha construido esa otredad política, en un peligroso juego narrativo que podría desencadenar en acciones de violencia que lesionen la integridad de las personas, solo por definirse contrarias al pensamiento hegemónico instalado desde hace más de cuatro años.
Lo vimos este 14 de setiembre en Cartago, lugar donde año con año se realizan las celebraciones oficiales vinculadas con la llegada de la antorcha de la independencia al país. La movilización extrema de fuerzas de seguridad, el anillado perimetral para separar al público asistente de las autoridades, la revisión de “material peligroso” como faroles y pancartas, la solicitud de identificación y otros desvaríos, complementaron lo que denominaría como “La Reinvención de Cartago” ahora convertida en esa espacialidad simbólica en la que el gobierno de la república (ahora con minúscula) hizo una demostración de fuerza, prepotencia y autoritarismo.
Las peligrosas acciones en contra de manifestantes, producidas por simpatizantes del oficialismo, no deben ser leídas como parte del calor del momento. La escalada de violencia podría llevarnos a otro nivel en esto que pareciera ser, sin lugar a dudas, el momento del fin de la excepcionalidad en Costa Rica. Así parece y así fuimos leídos por la prensa internacional que cubrió los bochornosos actos del gobierno costarricense esa noche.
¿Dónde está el enemigo? ¿Contra quién es la guerra? Pareciera que ya fueron dadas las condiciones discursivas y ahora podrían empezar a presentarse, esperemos que no, acciones de otra naturaleza. Ya varias personas que han sido abiertamente perseguidas por su desafección política con el oficialismo, han tenido que salir del país en busca de refugio. Esto no es ni más ni menos que un escenario de excepcionales rasgos que debemos mirar con atención. Que la reinvención de Cartago no termine siendo un modelo a implementar en el resto del país. Quienes creemos en la libertad, la democracia y el diálogo, aún podemos impedirlo.

Guillermo Acuña González (Costa Rica, 1969).
Sociólogo con una especialidad en comunicación social. Doctor en Ciencias Sociales Docente universitario, investigador social en temas migratorios internacionales por más de 25 años.
Fue actor en los grupos de Teatro GRUTEACAS (Grupo de teatro Castella) y GIRASOL (Grupo de teatro de la Universidad de Costa Rica).
En poesía cuenta con 10 títulos publicados en Costa Rica, España, Guatemala, El Salvador y Honduras. En cuento publicó "Por vivir en quinto patio", con Editorial Perro Azul (Costa Rica) y Volver a VOSTOK (Guatemala) y en Ensayo, la obra ganadora del Premio Nacional de literatura en Costa Rica en dicha categoría con “Déjennos pasar. Migraciones y trashumancias en la región centroamericana”, publicada por Editorial Amargord, España. En 2024 publicó con la misma editorial el ensayo basado sobre su tesis doctoral El Cuerpo Migrante. La invención del cuerpo migrante en Costa Rica. Poder y Respuestas en un Sistema de Gubernamentalidad Migratoria (1862-2020). Ha aparecido en Antologías de poesía en Alemania, España, México, Guatemala, Estados Unidos, Argentina y Costa Rica. Su obra poética ha sido traducida al árabe, italiano, inglés y portugués.
Ha sido invitado a participar en Festivales Internacionales de Poesía en Colombia, Venezuela, Ecuador, Argentina, EL Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua y México. Su obra poética ha sido traducida al árabe, italiano, inglés y portugués. Ha sido Jurado de premios nacionales e internacionales en investigación cultural, arte, educación y géneros literarios como la poesía y el cuento. Ha organizado eventos literarios relacionados con la migración, tales como encuentros, lecturas y talleres, a nivel nacional y regional centroamericano. Es miembro coordinador nacional del Capítulo Costa Rica del Movimiento Poético Mundial (MPM). Desde 2018 desarrolla un trabajo de sensibilización sobre el tema migratorio utilizando el arte como herramienta. Conduce un espacio de comunicación virtual sobre arte llamado “zona de recarga” que puede ser consultado en sus redes sociales.
