La Maestra Silvia Elena Regalado Blanco analiza el poemario El pequeño cuerpo de la esperanza (2026) del escritor y médico psiquiatra salvadoreño Jesús Martínez Jurado. Con un enfoque que entrelaza la fenomenología de Merleau-Ponty, el silencio de Zambrano y la ética de Butler, la ponencia desvela una obra donde la vulnerabilidad de la carne deviene en potencia poética y la palabra surge como un acto radical de esperanza
Silvia Elena Regalado Blanco | Poeta salvadoreña
I. Resumen
Resumen:
Esta ponencia examina el poemario El pequeño cuerpo de la esperanza (2026) del escritor y médico psiquiatra salvadoreño Jesús Martínez Jurado. Se propone que la obra construye una poética del límite donde el «cuerpo clínico» —atravesado por los pasillos hospitalarios, la patología somática y la fragmentación mental— opera como la última trinchera de la existencia frente a la inminencia de la muerte al filo de la vida. A través de un enfoque híbrido que entrelaza la fenomenología de la corporeidad de Merleau-Ponty, el análisis formal del verso fragmentado en diálogo con el silencio (Zambrano), y la dimensión ética del desamparo institucional (Butler), se demuestra que la vulnerabilidad de la carne deviene en potencia poética. En este contexto, la oscuridad del dolor no se presenta como un fin absoluto, sino como un útero de fuerza creadora. Se concluye que la esperanza en la obra de Martínez Jurado no es una expectativa idílica, sino un acto corpóreo, estético y radical de resistencia ontológica.
Palabras clave: Jesús Martínez Jurado, Poesía Salvadoreña, Fenomenología del Cuerpo, Cuerpo Clínico, Resistencia Estética.
II.
Habitar al filo, sobre ese haz hiriente que nos mantiene en vilo, implica asirse de esa frontera donde toda estabilidad se suspende. En la literatura contemporánea, los umbrales entre la presencia y la desaparición suelen abordarse desde la abstracción metafísica. Sin embargo, en el poemario El pequeño cuerpo de la esperanza, del escritor y médico psiquiatra salvadoreño Jesús Martínez Jurado, asistimos a una operación inversa: el límite no se piensa, se padece; la muerte y el dolor no son conceptos lejanos, sino experiencias orgánicas que brotan entre los pasillos, los síntomas y los laberintos de la fiebre hospitalaria.
Martínez Jurado construye una poética del límite donde el cuerpo clínico —en su dimensión más mínima, sufriente y vulnerable— opera como la última trinchera de la existencia. Parecieran que brotan aquellos los versos oscuramente luminosos del poeta José Ángel Valente: “Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora, cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.”
A través de una hibridación que conjuga este «binomio fantástico» entre medicina y poesía, dolor y amor, vida y muerte, el autor nos demuestra que la esperanza no es una ilusión ingenua. Al contrario, es un ejercicio de resistencia corpórea donde la oscuridad no es el fin, sino la fuerza creadora y el útero primordial desde donde se busca recuperar la luz.
Para comprender esta dinámica, es imperativo acudir a la fenomenología de la corporeidad de Maurice Merleau-Ponty, quien señalaba que “el cuerpo es el vehículo del ser del mundo”. En la obra de Martínez Jurado, este vehículo es despojado e interrogado desde el desgarro de la enfermedad. En el poema titulado bajo el tópico del «Ubi Sunt», el ojo clínico y lírico rompe las idealizaciones y desarma la materia preguntando:
“Esta constelación de gritos,
este montón de huesos,
este puñado de glándulas […]
ese cuerpo amado y ahora descompuesto,
¿es entonces el hombre?”
Aquí, la cercanía de la muerte reduce al sujeto a su verdad anatómica. Sin embargo, registrar el desgaste de las glándulas o de los huesos es, paradójicamente, la confirmación rotunda de que el pulso leve sigue desafiando a la estadística. El dolor devuelve la certeza del ser; el «pequeño cuerpo» se aferra a su residuo material para no desaparecer.
Esta experiencia de la fragilidad se traslada también a la estructura misma del texto. El «pequeño cuerpo de la esperanza» es también el cuerpo del poema, que se muestra herido y fracturado. Así lo leemos en el poema «II»:
“Mi amor, tu última cicatriz,
espejo donde nos miramos fragmentados,
dolor que persiste obnubilado
y habita tu recuerdo como un cadáver triste,
agobiado, solitario.”
Como afirmaba María Zambrano en Filosofía y poesía, “la poesía es la palabra en la que la nada se hace carne, el silencio se hace voz”. Las cicatrices y la fragmentación de estos versos mimetizan la respiración entrecortada del paciente, la humedad de los pasillos o la mirada clavada en el vacío. Cada palabra es un ejercicio biológico de supervivencia que le gana un milímetro de terreno a la ruina.
Finalmente, este cuerpo expuesto posee una dimensión ética profunda. Como explica Judith Butler, la vulnerabilidad es también “una condición política que nos expone a la pérdida […], pero que funda la posibilidad de la resistencia compartida”. La labor humanística de Martínez Jurado se consagra en su «Epitafio», un testamento donde la palabra se convierte en el único alivio ante expedientes confidenciales y diagnósticos fríos:
“Luchaba contra la niebla y el dolor
para afrontar la embolia de la noche,
la terrible pena desgarrada.
No importa que olviden su nombre
o le dediquen burlas funestas.
Aquí yace un hombre,
escribía poemas.”
Frente al olvido del hospital o la indolencia social, el poema es un asilo para las vidas que se desgarran. Nombrar al hombre que «yace» es un acto de justicia y de reafirmación: la poesía se infiltra entre las jeringas y la esquizofrenia para recordar que cada existencia importa.
Para concluir, El pequeño cuerpo de la esperanza nos demuestra que la luz y la oscuridad cohabitan en movimiento. Jesús Martínez Jurado planta su bandera de luz en el «óxido íntimo» del dolor. La esperanza, aunque parezca un cuerpo mínimo ante la inmensidad de la noche, no muere: se mueve e ilumina. Como el propio autor expresa en los versos que sintetizan este afán indomable del alma humana:
“Cuando todo sea escombro,
cuando la materia se rinda a su propia ruina…
quedará la palabra como profunda verdad,
hasta que la esperanza surja más allá del dolor,
hasta que el poema incendie
el corazón del hombre.”
III. BIBLIOGRAFÍA
- Butler, J. (2017). Cuerpos aliados y lucha política: Hacia una teoría performativa de la asamblea. Paidós.
- Martínez Jurado, J. (2026). El pequeño cuerpo de la esperanza (1.ª ed.). San Salvador: Anonimato Ediciones.
- Merleau-Ponty, M. (1993). Fenomenología de la percepción (J. Cabanes, Trad.). Planeta-Agostini. (Obra original publicada en 1945).
- Valente, J.A. (2014). Serán ceniza. En C. Rodriguez Fer (Ed), Poesía Completa. Galaxia Gutenberg.
- Zambrano, M. (2007). Filosofía y poesía. Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1939).

Silvia Elena Regalado Blanco. San Salvador, 31 de agosto de 1961. Poeta y gestora cultural. Facilita talleres de poesía y narrativa desde el año 2003. Ha publicado cuatro libros de poesía, y coordinado la edición de seis títulos de la Colección de poetas salvadoreñas Juntas llegamos a la palabra, así como cinco títulos de la colección Verso Creciente. Ha sido directora de la Unidad de Cultura Roberto Armijo, de la Utec, y de la Casa Museo Salarrué. Actualmente, se desempeña como docente y coordinadora de Cultura en la Universidad Tecnológica de El Salvador.
