«En El pequeño cuerpo de la esperanza se respira un clima donde esta asoma como arrullo vital y creencia en un futuro feliz. Es una poesía desnuda, elemental. El poeta percibe el dolor y el amor como cauces de su existencia; en este universo íntimo se cuela la inmensidad del otro». Mauricio Marquina
Jesús Martínez Jurado | Poeta y psiquiatra
La revista «El Escarabajo» comparte una selección de poemas del libro «El pequeño cuerpo de la esperanza»; el cual fue publicado este año por el poeta y médico psiquiatra Jesús Martínez. Su poesía convoca a lo habitable, lo urbano, lo herido por la nostalgia, lo evocado desde lo irredento y la memoria que sucumbe. Desde la palabra que recorre espacios y se sumerge en las raíces de la esperanza, que nace de los días, se ofrece el poema con ritmo, con pulcritud de metáforas y desde la cotidianidad.
NOCTURNO
En esta hora vaga pienso en tu nombre:
“San Salvador”.
Tus cementerios y hospitales,
tu vendaval de humo y aguas muertas,
tus harapos, tu miseria.
Te consume la herrumbre de este tiempo,
lejos del huracán, del bombardeo atómico.
¿Cómo eludir la vorágine, la úlcera corrosiva,
la agonía que se lleva en la vesícula?
Tanta sangre en la frente, tanto dolor en el costado.
En esta hora grave me duele tu nombre,
“San Salvador”.
¡Calla!
No despiertes a los niños de tu lecho,
dales el calostro de tu seno,
cúbrelos con tu manta de consuelo.
No despiertes a los niños de tu lecho,
que descansen en tu amparo
a menos que en los sueños transiten pesadillas.
HOSPITALES
I
Fundidos el desvelo y el milagro,
la sombra que aparece en los pasillos,
la demanda que asfixia con su sábana los nombres,
el catorce, la ocho, el diecisiete, la veintiuno,
el tumor, la neumonía, la insuficiencia renal, el infarto,
la fiebre y el termómetro, el potasio,
el programa, la estadística, los cupos.
Pero el hombre es hijo y es padre,
y la anciana espera a su marido atropellado,
la embarazada pierde al hijo de su esposo asesinado,
el niño tose declarado fallecido,
el hermano sufre con la fiebre la agonía,
cuerpos entubados, reanimados y sufridos,
hundidos en el mar de la locura.
Ante la propia muerte o la muerte de los propios
lo incierto palpita en la gabacha enternecida.
Entre fármacos, sondas, jeringas y algodones
es en un hospital donde no quiero morir.
ESQUIZOFRENIA
I
¡Despertar!
la inquietud, la pesadilla,
la conciencia fraccionada,
mentes partidas por la sombra,
cráneos cargando los cerebros destrozados,
mundos que se caen a pedazos
en el caprichoso vaivén de las neuronas
perdidas
en su tiempo imaginario.
El extraño que acecha al niño
acurrucado en la oscuridad,
rezando sin que llegue una respuesta.
La carne podrida, el hedor, el enemigo,
la alucinación, el espejismo,
el tormento y su estructura.
La incomprensión, el delirio,
la sedación, las pastillas,
la terapia electroconvulsiva.
La vergüenza familiar,
el vecino al que nadie saluda,
la recaída y el silencio,
el silencio,
el anónimo silencio,
el absoluto silencio.
LOCO
II
Desbordado el pensamiento,
midiendo los ángulos de su mundo,
se volvió invisible.
Libre es su grito en el fondo del delirio,
en la estructura expuesta del sueño,
en el centro y el círculo de su luz.
Arquitecto del sentido,
del silogismo perfecto que deseaba para sí,
se despoja del nombre y del reflejo,
los únicos testigos de su piel.
La certeza es el cauce de su lengua,
el tiempo que el vértigo cristaliza.
El universo duerme en el ojo de su música,
su claridad sobrevive
en la vigilia deslumbrada.
EL PEQUEÑO CUERPO DE LA ESPERANZA
II
Si Dios está en todas partes,
si es la balanza de la vida y la ceniza,
un pequeño niño fallecido es Dios.
La pureza helada de su sangre,
su cuerpo frágil es santuario de la nada.
Si Dios está en todas partes
debe morar en el blanco de su lecho,
en su pequeña muerte inesperada.
Si Dios está muerto,
es un espejo ciego donde la nada se refleja.
¿Dónde está nuestro aliento?
¿Dónde la luz de la esperanza perdida?
AUTORRETRATO
II
Tal vez si fuera otro, escribiera grandes poemas
con los que ardiera el corazón del hombre,
pero soy este que escribe estos versos linfáticos,
al que le ladran los perros que ama,
y que atesora como pequeñas joyas
el recuerdo de los hijos no nacidos
y que respeta su primera lágrima
como una profunda verdad.
Leo sin pasión, sin envidia,
los poemas hermosos de otros
más locuaces y geniales,
sabiendo que no soy como ellos,
que estoy cómodo entre los locos y los ciegos,
y que necesito la palabra cruel, dura y fría,
ante la cual apelo al sigilo
y me quedo callado.
MÁS ALLÁ DEL DOLOR
V
Más allá del dolor está la esperanza,
lo que sentimos después de habernos despedido,
cuando despertamos y decimos:
«he soñado»,
en el suicida que llama a su amigo
«solo para saludar»,
en la plegaria de las manos vacías,
en el que lee por primera vez a León Felipe
o los versos de Whitman,
en el que escucha al loco y al afligido,
en el niño que mira con su padre las estrellas,
en el que escribe poemas
y sueña con la libertad del hombre
a pesar de la guerra y la amenaza nuclear.
VI
Cuando todo sea escombro,
cuando la materia se rinda a su propia ruina,
después del gesto del terror,
después de que el llanto se haga piedra
y fantasma de la destrucción,
y de la ciénega de muertos y del mar de los heridos;
gastada pues, la última resistencia,
la última moneda del coraje,
la última razón de la humanidad,
aún allí
quedará la palabra como profunda verdad,
hasta que la esperanza surja más allá del dolor,
hasta que el poema incendie
el corazón del hombre.

JESÚS MARTÍNEZ JURADO (El Salvador,1985). Doctor en Medicina por la Universidad de El Salvador. Se especializó en Psiquiatría y Salud Mental. Hizo la formación en psicoanálisis en el Centro Psicoanalítico de Madrid. En el ámbito literario cultiva el cuento y la poesía. Fue integrante de los talleres Círculo de la Rosa Negra y Delira Cigarra. Su obra ha sido galardonada con el Premio Letras Nuevas (2009), promovido por La Prensa Gráfica y CONCULTURA y con el primer lugar del I Concurso Literario de Cuento «Puesiesque» (2015), organizado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia. Es autor del libro El pequeño cuerpo de la esperanza (Anonimato Ediciones). Es miembro de la Asociación Salvadoreña de Médicos Escritores «Dr. Alberto Rivas Bonilla».
