Octurno

En exclusiva para El Escarabajo presentamos una selección de poemas del libro «Octurno», de la reconocida escritora mexicana Alma Karla Sandoval, libro ganador de la mención de honor en el «Concurso Internacional de Poesía Escrita por Mujeres Ana María Iza 2025» de Quito, Ecuador

Alma Karla Sandoval | Periodista, poeta, narradora, ensayista y profesora


Advertencia a ras de Ana María 


No hay dios que de olas gigantes nos defienda.
Hay voz que del infierno nos expulsa.

La poesía es el dado en el juego de un arcángel,
no importa si ganas o si pierdes,
si tienes cinco años y los truenos te dan miedo.

No importa que el amor siga enterrado
o lluevan peces a kilómetros de ti.

Hay voz que de un cuerpo nos rescata.
No hay dios que de olas amantes nos defienda.


I

Una virgen de aluminio gesta el horizonte,
esconde poemas de un pianista en su regazo,
nube roja que juega a ser el alma:

Robert Schumann inventaba tiempos imposibles,
octurnos, meses entre el sueño y la vigilia,
pidiendo a los pianos del porvenir
una digitación sobrehumana:

                                                       accelerazione costante.

Apostaban a que Schuman moriría demente,
pero no lo mató la melancolía psicótica,
sino la neumonía  tiritando en su cielo azul de Prusia,
                                                          trágico palpitar del piano y de la sangre.

Dios siempre se ríe
con su martillo
 para dejar sin dentadura algún allegro.



II

Se puede ver el silencio en un ojo de tigre,
es posible escuchar el salto de la palabra en otra selva,
la página felina que se mueve con tiento,
a la caza de otra imagen, de más luz: extraño acorde.

El silencio queda en medio de la sístole y arrastra a la diástole.
Pero nada de ese silencio es en verdad el silencio.
Déjame cantarlo, ¿o rumiarlo mirando el paisaje?
Antes de las siete veo reaparecer las golondrinas
igual que a una nubosa declaración de principios:
                                                                         “el amor no existe”, por ejemplo.


Ante esa ingenua manera de tulipán que se abre también las gatas sonríen.
Algo queda de dios en la ventana
antes de la luz de las siete a finales de agosto.
No lo sabrías si no conspirara en contra de la música
y a favor de callar otra utopía:
                                                el cascabel de un gato.


Ahora se puede sentir la fiebre del recental,
marca de hierro en el corazón que se deshiela.



III

Que ya no llueva sobre este amor ni este cuerpo;
le impones otro idioma,
otra manera de tenderse en el pasto
para hacer de la hierba red convertida en alfañique,
en lo que mejor alimente al Leviatán del deseo,
la piel de un lado a otro de la herida,
agua silbando en las macetas
donde las gardenias abrirán mañana abúlicas.

Que cese la lluvia sobre este amor y este cuerpo.
De lo contrario, no dormiré,
hablaré en lengua de estación sin horizonte,
verano frío, descolonizado y deseante.
De lo contrario, lloverán con solvencia palabras sin hogar
en este rincón de trasplante del silencio,
en esta simulación del tono de la llovizna
donde reconozco el camino,
el arca de la alianza más allá de la niebla 
empapándonos a punta de rezos y caídas.


IV

O decir: acá está tu soledad, te la devuelvo.
No volveré a verte jamás.
Que el bloqueo salve a este yo desenraizado.
                                                        Suppose I never, ever
met you,

repite una cantante desde el fondo de la dignidad.


Cuando un hombre quiere espacio,
dos o tres días para él,
le urge entrar en otra que está cerca,
¿en otro que está lejos?



V

Hablemos de copos de nieve cuando eres el silencio junto a un níspero,
al borde de lo que sigue a punto de nevar:
rituales de hojas de olmo sepultadas por el peregrino,
hojas ardiendo en otro poema con luz salvaje, escurridiza.

Recuerdas la nieve como si se tratara de un adagio.
Solo el silencio cura la afonía del cuerpo.
Por eso viene a escucharte a lontananza.
Por eso, para vivir y llenar de pan los días,
para vaciar de vino la córnea y mirarte atado a ti,
a la bellota del segundo.



VI

No he viajado al tiempo de nuevas migraciones o al pueblo fantasma del ritual.
No obstante, en el sueño, en el agua de esas ofrendas,
flotaba el apetito de esta noche.
Temblor.
Medusas.
Trazo de energía acuática.
Invisible gama de azul ultramar:
un labio de vulva que nunca se marchita en Georgia O`Keeffe.

La madera hay que tallarla y lijarla hasta que salga la veta, la verdadera textura;

la palabra veta significa lazo o cinta y procede del latín vitta, eso dices hablando como ciego.

Debo tocarte hasta borrar nuestro sonido,
movimiento libre de los átomos,
¿apertura de iris y otra vez el blanco de la página
rumbo a la luz que lame el bosque?

Aquel lazo de la migración pierde carisma.
El verbo llover sabe a carnaza de los lobos. 



VII

Como naipes abiertos todas las formas del adiós
que hemos vivido.
Recuerdo la esquirla de tus ojos
arrasando ese discurso, hierba adánica.
El adiós era una estrella descendiendo,
dando a luz a esta casa que ardió
ofrendándose a la diosa del quizá.
Solo ella bendice los principios en tanto
                                           perdemos la partida.
Los dados cayeron a favor
de aquella lumbre milimétrica.
El azar es el autor de la teoría del vacío.



VIII

La soledad era un nido de garzas,
las miré surcar el cielo insólito,
sus leyendas-nube de agua portátil.
lluvia hiriendo condoleezza,
agua-torrente para respirarla adentro de sí misma.
Agua de sueño-en-celo
y tú tallando flores de lágrima dichosa,
contemplando la cicatriz,
tatuándola en mi rostro con marisma,
arena salpicada de lengua,
espinas del jardín sin punta.
Suenan tus dedos igual el viento
hace vibrar las jacarandas.
Ya ocurre lo sagrado,
lo que la luz frágil devora.



IX


Si supieras que ayer lo vi.
Dolió su sombra, aún nos pertenece.
La misma vieja estafa en nombre de cualquier milagro
                                       y no pude,
                                       de un lado a otro de la cuerda floja,
caer en él como en los años.

Me embrujó tu vaivén de caminante de cornisas.
Si supieras que estuve llorándolo.
Luego le hablé del agua de los sueños. 
No entiende que soy el lirio oculto en ti,
de par en par abierto,
                                        muy adentro tu boca.


X


Ya no soy un yo,
quizá una forastera abrazándote,
mirando atardecer mineralmente.

Trago la semilla de tu goce,
desplumo la rara avis del hallazgo.
Necesito el código de tal prodigio:
mirarte entenderme, iluminarme;
mirarte reaccionar como Pessoa
queriendo huir de la buhardilla.

Y, sin embargo, este yo regresa al tuyo.
Esos pronombres, ahogados, ya no te pertenecen.


XI


Otro paso en falso, otra costilla del alfabeto entre paréntesis.
(otro poema)

Y más silencio.
Como era en un principio.

(                   )

Ocurre algo muy grave: una migración de la voz,
mutación en los ojos que ya no entienden el dialecto de las rosas menopaúsicas del aire.
Ellas nunca se dejan arrastrar por el otoño.
Es a la inversa: la tardor es un pretexto para versionar más lluvia,
¿una clepsidra como instrumento de medición rumbo al abismo?

(otro intento)

En el insomnio crece una madriguera, esa desesperación de no saber si soy la madre o el cachorro. La angustia de no ser el insecto que romperá el capullo,
sino el cascarón inútil, simplemente el espacio, campo abierto, que la vida nos reclama.

Polvo ficticio del mar.
desde más lejos, frente a ese brillo
que lo corta te mira,
te hace señas. Que sí, que ahorita vuelve.
Que ahorita vuelve.
(ya la escucho)

Vuelve.
Y la nada revienta en un beso insaciable.

Cerrar los ojos.

Arrecife.
Ahí estás de nuevo.

Abrirlos.
Quedar intranquila, silbante.

Beber un poco de agua que le queda al infinito.
Hasta no verte.
Hasta que clareando el cielo muera.

Alma Karla Sandoval Arizabalo. Periodista, poeta, narradora, ensayista y profesora morelense nacida en Zacatepec, Morelos el 29 de noviembre de 1975. Creció en Jojutla. Estudió en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y de la Escuela de Escritores de la Sogem. Magister cum laude en Literatura Latinoamericana por la Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia. Cuenta, también, con las maestrías en Periodismo Político (EPCSG) y Ética y Construcción Social por la Universidad de Deusto, Bilbao. Es Doctora en Literatura por el CIDHEM.

Ha obtenido becas del FOECA y del FONCA en 1999 y 2001. En 2010, las Beca de Creadores e Intérpretes con trayectoria del PECDA. Ganadora del Premio Nacional de Periodismo AMMPE, en 2011, y los Juegos Florales de Cuernavaca, Morelos, en 2012. En 2013 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano. Ganadora del Premio Nacional de Narrativa Dolores Castro 2015 y de los primeros Juegos Florales de Tepic, Nayarit, 2015, en Poesía. Fue reconocida con el premio Profesor Inspirador 2016 del ITESM. Beca del PECDA para Creadores con Trayectoria en 2018. Seleccionada internacional en residencia de Artes y Humanidades, Faber, en Cataluña. Ganadora del Premio al Mérito Periodístico 2019, del Premio Nacional de Poesía María Elena Solórzano 2019. Su libro Necroescritura de los días muy vivos, ganó la convocatoria de obra inédita 2019, de la Secretaría de Cultura de Morelos. Obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Dolores Castro 2023.  Su más reciente poemario,Octurno, la creación de un nuevo tiempo, se hizo merecedor a la mención de honor del Premio Internacional de Poesía Ana María Iza 2025 de Quito, Ecuador.  Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México desde 2020.  Sus poemas han sido traducidos al inglés, portugués, ruso, catalán, italiano, francés y rumano.

Diseñó Cartas que danzan, programa acreedor del estímulo Federal, “Correr con lobas”, para proyectos con Perspectiva de Género en Morelos. Es la creadora de Fialova, librería de mujeres, y escribió la pentalogía feminista: Cartas a una joven feministaLas delatorasVocabularia, primer Diccionario feminista de LatinoaméricaFeministario y Diatribas del amor romántico. Una calle en San Pedro Sula, en Honduras, lleva su nombre.También la primera sala de lectura feminista de México en la biblioteca Adolfo López Mateos de Jojutla; Morelos. Asimismo, desde 2024  tres municipios de su entidad: Jojutla, Zacatepec y Cuernavaca conceden el Premio Nacional de Poesía Alma Karla Sandoval para mujeres poetas mayores de 38 años, único en su tipo en toda Iberoamérica.

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