Consuelo Hernández nos comparte, una muestra de su quehacer poético para El Escarabajo, de sus diferentes libros
Consuelo Hernández | Poeta
El carnaval
Todos han salido a vagar como almas extraviadas.
Es día de carnaval
del mundo al revés contra la rutina diaria
un mundo patas arriba camufla su íntima tiniebla
tras máscaras de gozo y alegría.
Yo sola velo… en soledad medito
y en el umbral de dolor y desconsuelo
escucho los acordes que el universo interpreta en su girar.
Celebro el carnaval en mi interior
al compás del beat que llevo dentro
la luna llena despedaza la noche
me besa y me ciega el brillo de su luz.
En el trance de mi última danza
seré el amor de mi vida…
No más mediatizaciones.
No más evasión.
No más no-ser.
CONCIERTO PARA PIANO
A José Cáceres
Este poema se alimenta de tus melodías
de la pasión y las notas
furiosas de tus manos.
La música brota de tu rostro
de tu mirada enloquecida
donde danza la vida
una embriaguez de pentagramas.
Tu cuerpo transpira delirios
acordes infinitos
largos como sollozos
camino a la eternidad.
¡Ah si yo fuera música!
Si fuera nota
manaría de las yemas de tus dedos…
Danzarías entre mi cuerpo…
Si yo fuera arpegio
brotaría de tu pecho.
¿Y si fuera un arrullo…?
Esta tarde me sentí más viva
esta tarde se salvó por ti
el mundo nació de tus dedos
de tu cintura manaron fantasías
oasis en ese desierto polvoroso
que oscurece mis sueños…
Esta tarde, ya ves,
la vida es otra
tu vibración
la gota de sudor,
lluvia en tu frente,
me revelan tu aliento.
Y sigo mi camino como Diógenes
buscando pordioseros de amor
para ofrecerles la luz que a mi universo llega.
De Polifonía sobre rieles
V
El ferrocarril de la Oroya deja huella en mis fugas
una avalancha de dudas nos ahoga
nos convertiremos en estrellas, en agujeros negros
o en la nieve iluminada de una noche de luna…
el tren desata un canto que dice sus urgencias
un lamento descarrilado de seres lejanos
que en la oscuridad cumplen su último deseo
y no hay tiempo para saber quiénes son…
me embriago en lejanías saboreando nostalgias secretas
el gusano feroz se derrocha en sombras del túnel
anticipamos la estación para compartir el vino
el encuentro definitivo, un alto en la vida cotidiana
damos vueltas y vueltas sobre la piel terrenal
tú devoras las corolas de las flores
yo bebo el agua de los lirios
y nos declaramos discípulos del vértigo.
AVENIDAS DE NUEVA YORK
Indiferentes se debaten
sin meta definida
por la tercera avenida
hombres y mujeres
con su futuro en bolsas de mercado
y en cochecitos, los hijos del amor o la rutina.
Ajenos a la suficiencia del lento minusválido
los carros van y vienen
con la velocidad de una cascada
guiados por la cuenta de banco,
las deudas de tarjetas de crédito.
y la volátil operación bursátil.
De pronto, un juego de timón nos atraviesa
el ambiente lleva un gigante estremecido
que nos lanza a la terrible sensación de dolor
y empieza la nueva rotación de la miseria.
Se derrumban murallas que parecían titánicas
flotamos entre rascacielos sepultados
nos lame el aire herido de ambulancias
Me entrego al ritmo sincopado del jazz
a la sordidez de las botellas vacías
a náufragos de mares conocidos
y acecho una tonada que resuelva
esta sed de paz que traigo entre mi cuerpo.
AUTORRETRATO
La poeta tiene una estrella en su alma
un resplandor que quema la mentira
y atraviesa murallas…
La poeta vive
goza
y sufre con el universo.
De la punta dolorida de su lápiz
emergen mundos inéditos…
La poeta es visionaria
mira a todos sin ser vista
siente a todos sus hermanos
la poeta hizo un pacto
con la luz.
PASANDO A LA OTRA ORILLA
Detenida frente al Canal de Suez
tengo la certeza de cruzar a otra orilla
donde el queso es rancio,
duro el pan
y escasa el agua para saciar mi sed…
La felicidad baña mi piel
extasiada en esta lejanía:
con la libertad ideal para morir
aunque los olores sean fuertes
y los hombres se asombren
de verme mujer sola… occidental…
en un Medio Oriente en guerra.
Aquí frente al Mar Rojo
vislumbro otros trazos de mi sangre
los encendidos colores del trópico
la misma temperatura de mi gente
los cabellos de mi madre piel oliva
mi abuelo y su costumbre de mercader…
Todo me recuerda una familia
que, tal vez, el tiempo
ya me ha ocultado para siempre.

CONSUELO HERNÁNDEZ (colombiana-estadounidense). Por azar o designios del destino, vivo en Washington DC, como podría vivir en otra parte, pues desde niña, en la finca donde pasé mis primeros diez años, veía los aviones sobrevolar y soñaba con lugares lejanos, con gente forastera, con otras lenguas y culturas. Algo me impulsaba al viaje, a una huida sin destino ni propósito definidos, sin imaginar que pasaría 40 años de mi vida en EEUU, después de vivir nueve en Caracas. Mi razón de estar aquí no es dramática. No padecí violencia, y los secuestros, desplazamientos, amenazas, y todo lo que vino después no se habían trivializado. Mis guerras han sido internas, silenciosas y muchas veces en soledad. Nací en una finca de cafetos y frutales en El Peñol del oriente antioqueño y al cumplir diez años nos mudamos a Medellín, donde realicé mis estudios. A los 11 años escribí mi primer poema. Mi adolescencia llegó en los años sesenta; sentí la fiebre hippie, el imperativo de viajar y el ideal ingenuo de cambiar el mundo con amor y paz. Para 1970 ya había ido a Venezuela cruzando Colombia hasta Cúcuta, había recorrido el sur hasta Ipiales y por meses vagué por Ecuador, Perú y Bolivia; aventurada travesía que repetí en 1974, plena de privaciones, pero mi juventud y el deseo de desplazarme estimulaban a esta experta mochilera a atesorar encuentros novedosos. En 1977, después de graduarme en la Universidad de Antioquia, partí definitivamente con mis sueños que un país tan estratificado y rígido no me permitiría realizar. Allí, una persona del común, como es mi caso, tenía pocas opciones de empleo, ascensos gratificantes, o de perseguir la vocación y el ansia de conocer el mundo. La vida independiente y el goce de la libertad plena eran negados para la mujer, cuyos roles ya estaban asignados socialmente. Atrás dejé lo más amado, y también la violencia congénita, los crímenes, la historia de exclusión, la mojigatería y, en fermento, un futuro a punto de convertirse en una bomba de tiempo. Llegué a Caracas en su época dorada, y abrí un periodo decisivo para la formación personal. Allí cursé la Maestría en Literatura en la Universidad Simón Bolívar con poetas y mentores estelares como Gonzalo Rojas y Guillermo Sucre, quien me puso en contacto con Alvaro Mutis. Luego fui profesora en la Universidad Simón Rodríguez e inicié, en El Nacional, mis publicaciones de artículos literarios, sociohistóricos y de actualidad. En Venezuela publiqué mi primer poemario, Voces de la soledad (1982). Pero Caracas era un sitio de paso. El azar y mi insaciable necesidad de saber me enrutaron hacia EE.UU. Aquí cursé el doctorado en Literatura Latinoamericana en New York University, ubicada en el corazón de una ciudad única que logré amar y sentir mía. Llegué en 1986, con una visa de residente que me otorgó privilegios inesperados y encontré la libertad, la privacidad y el anonimato que precisaba para escribir. Viví en Manhattan cerca del campus universitario donde también laboré como docente y al recibir el doctorado, Manhattanville College me posicionó y fui directora de su Departamento de Español, mientras publicaba en el Diario la Prensa. Buscando desafíos intelectuales me trasladé a American University en la ciudad de Washington en 1995 y fui directora de la Maestría en Estudios Latinoamericanos y actualmente soy profesora Emérita de American University. Desde Washington he publicado la mayor parte de mi obra. He publicado nueve libros de poesía. Del más reciente, Mordiendo la penumbra (2025), Carlos Parada, en la revista MARLAS escribe: “Mordiendo la penumbra es una obra que abre puertas y ventanas a intensas emociones —especialmente al dolor—, invitándonos a abordarlas con el aura de la sonoridad poética, a fin de profundizar en nuestra sensibilidad ante un planeta, una era y una humanidad que sufren.” Por su parte, Carles Díaz, quien prologa Mordiendo la penumbra, afirma: “Los poemas contenidos en este libro representan una suerte de epopeya mental y de aventura espiritual caracterizada por una búsqueda que se expande de lo íntimo a lo general, empleando como telón de fondo, la realidad. Una escritura que pone en perspectiva la problemática y decisiva renovación que se impone como desafío ante un contexto suspendido en el vértigo, la confusión y la amenaza.” De mi poemario, Manual de peregrina, Alvaro Mutis dice: “Leo y releo esta sabrosa y luminosa guía, cuyo título lo dice todo. ¡Qué bello Manual de peregrina ha sabido hacer Consuelo Hernández! En cada sitio ha sabido estar con la sabia plenitud que sólo otorga la poesía. Le deseo a este libro toda la fortuna que merece la luz que arrastran sus palabras.” Y Edith Grosman, sobre Mi reino sin orillas escribe: “...Me encantó Mi reino sin orillas, colección de poemas llenos de pasión, nostalgia y una tristeza profunda. Es un poemario hermosísimo y difícil en el sentido de que el camino emotivo que evoca es bien duro.” Mencionaré también mis poemarios bilingües:Estela del azar / Wake of Chance y Poems from Debris and Ashes / Poemas de escombros y cenizas. Además, soy autora dos libros de estudios literarios: Voces y perspectivas en la poesía latinoamericana del siglo XX yÁlvaro Mutis: una estética del deterioro, prologado por Mutis y premiado con Ciarf Wagner Award de New York University. Entre los reconocimientos recibí: el Premio Antonio Machado en España, el Premio Internacional la Cámara de Escritores y Artistas de Marruecos (2024); Mención Honorífica: Mejor libro bilingüe de poesía 2022 del Internacional Latino Book Awards; finalista del Premio Ciudad Melilla y del premio Letras de Oro de la Universidad de Miami. La Biblioteca del Congreso incluyó en la colección Audio Recording, una hora grabada con mi trayectoria poética, así como mi participación en los homenajes a Octavio Paz y Cesar Vallejo. Mis poemas se hallan en numerosas antologías. En EE.UU. recibí el premio James Street Prize de la organización de Middle Atlantic Latin American Studies por la excelencia en la investigación y el mejor artículo publicado en la revista Latin American Essays.
