Letanías de un sol negro

Magdiel Midence nos comparte, en exclusiva para El Escarabajo, algunos poemas de su más reciente producción

Magdiel Midence | Escritor

El dilema de los erizos

“Dos erizos querían protegerse del frío invernal abrazándose; pero, al aproximarse demasiado, sentían dolor por las púas del otro. Así se separaban para aliviar el dolor, pero entonces sufrían de frío. Pronto volvían a reunirse para entrar en calor, y otra vez se herían con las púas. De esta manera, siguieron buscando una distancia adecuada: ni tan cerca que se lastimaran con las púas, ni tan lejos que muriesen de frío.”

-El dilema de los erizos, Schopenhauer.

I
Conocí el dolor a través de la ternura,
como los erizos.

Siento el pecho cruzado por una cuchillada insoportable.

Quise mantener la distancia adecuada.
Quise decir lo que diría un árbol.
Pero la herida de su voz
fue una descomunal tormenta de hielo.

Aquí estoy, padre,
abandonado de mí mismo.

Aún a la espera
de la distancia adecuada.

El cansancio que me provoca este sufrimiento
es la trayectoria entre la felicidad y la desdicha,
y de esas dos, la última me posee.

II


Ecos.

Aguardo en el silencio
estructuras de sonido
que atraviesan la memoria.

Ecos.

Atravieso el sonido
que estructura la memoria.
Aguardo.

Queda solo el sonido incómodo:
un sistema gramatical
de persistencias,
de inconsistencias.

Ecos.
Sueño con una gran hecatombe.

Kali es el tono sexual de mis noches.
Kali.

Me dirijo a la destrucción.

Es el amor.

III


(equilibrio dinámico)

La intención fue imprecisa.

El equilibrio dinámico terminó por infringir en la carne:
grietas.

Grietas.
Grietas en consonancia con el destino de la sangre,
con el destino de los cuerpos.

Y el frío, inevitable.

Señor,
muero de frío
y destilo hierro
desde las pulsaciones de la tristeza.

Sólo era necesario alejarnos del peligro.

Le dilemme des hérissons


« Deux hérissons voulaient se protéger du froid hivernal en s’embrassant ; mais, en se rapprochant trop, ils ressentaient la douleur des piquants de l’autre. Ils se séparaient alors pour soulager la douleur, mais souffraient ensuite du froid. Bientôt, ils se rapprochaient de nouveau pour se réchauffer, et se blessaient encore avec leurs piquants. Ainsi, ils cherchèrent une distance adéquate : ni assez proches pour se blesser avec leurs piquants, ni assez éloignés pour mourir de froid. »

—Le dilemme des hérissons, Schopenhauer

I


J’ai connu la douleur à travers la tendresse,
comme les hérissons.

Je sens une douleur
qui me sabre la poitrine.

J’ai voulu maintenir la distance adéquate.
J’ai voulu dire ce que dirait un arbre.
Mais la blessure de sa voix
fut une démesurée tempête de glace.

Me voici, père,
abandonné de moi-même.

Toujours dans l’attente
de la distance adéquate.

La fatigue que provoque cette souffrance
est la trajectoire entre le bonheur et la détresse,
et de ces deux, la dernière me possède.

II


Échos.

J’attends dans le silence
des structures de son
qui traversent la mémoire.

Échos.

Je traverse le son
qui structure la mémoire.
J’attends.

Il ne reste que le son inconfortable :
un système grammatical
de persistances,
d’inconsistances.

Échos.

Je rêve d’une grande hécatombe.

Kali est le ton sexuel de mes nuits.
Kali.

Je me dirige vers la destruction.

C’est l’amour.

III


(équilibre dynamique)


L’intention fut imprécise.

L’équilibre dynamique a fini par s’inscrire dans la chair :
des fissures.

Fissures.
Fissures en consonance avec le destin du sang,
avec le destin des corps.

Et le froid, inévitable.
Seigneur,
je meurs de froid
et je distille du fer
depuis les pulsations de la tristesse.

Il suffisait simplement de nous éloigner du danger.

Letanías de un sol negro.

Me pierdo en tu piel sin poder encontrarme.

Mi amor es una ciudad perdida en el dolor,
hay escombros que quedaron después de la guerra,
mis demonios son débiles y viven bajo amenaza.

Se me quiebran de espanto los recuerdos;
hay una diosa declarando su necesidad de sangre,
un cuerpo en el que muero de vez en cuando,
un cuerpo que me ahoga en delirios.

El aullido de las sirenas
y el ardor de las heridas socavan

mi tristeza.

Cometo errores, es cierto,
mi espíritu no deja de anclarse al silencio;
amor, mi pecho es un hueco que se llena de angustias.

Las ausencias son más visibles cuando el cuerpo extraña,
mi sangre de perro me obliga a huir,
huir a ese lugar donde pueda morir sin verte a los ojos.

Perdón;
es una palabra que abarca todas las formas
donde me he visto aferrado al ardor
de sentirte lejos.

II

Las lejanía son pájaros que se derraman,
fulminados por la tristeza

Hay un velo imperceptible
que decapita los días.

Son altas las orlas
y profundas las heridas que ha dejado el tiempo;
mi cuerpo cae,
se precipita como un animal
que se suicida por naturaleza.

El reloj
es una guillotina
y una bestia que se ahoga en su propia sangre.

En este solar baldío el único sol
es la sonrisa de una criatura
atormentada por sí misma.

Todos los pecados se pagan sobre el ébano
y las otras maderas preciosas que forjan la ira.

Es un dios pagano,
un monumento a la belleza,
todos los llantos y todas las alegrías
se funden,
rinden pleitesía bajo su vientre.

Quisiera, por una vez,
detener el tiempo en su abrazo;
olvidar en sus ojos
todas las dimensiones posibles.

Litanies d’un soleil noir


Je me perds dans ta peau sans pouvoir me retrouver.

Mon amour est une ville perdue dans la douleur,
il y a des décombres laissés après la guerre,
mes démons sont faibles et vivent sous menace.

Les souvenirs me brisent d’effroi ;
il y a une déesse déclarant son besoin de sang,
un corps dans lequel je meurs de temps en temps,
un corps qui m’étouffe dans des délires.

Le hurlement des sirènes
et la brûlure des blessures sapent

ma tristesse.

Je fais des erreurs, c’est vrai,
mon esprit ne cesse de s’ancrer dans le silence ;
amour, ma poitrine est un creux rempli d’angoisses.

Les absences sont plus visibles quand le corps se languit,
mon sang de chien me pousse à fuir,
fuir vers cet endroit où je peux mourir sans croiser ton regard.

Pardon ;
c’est un mot qui englobe toutes les manières
dont je me suis accroché à l’ardeur
de te sentir loin.

II


La distance, ce sont des oiseaux qui se déversent,
foudroyés par la tristesse.

Il y a un voile imperceptible
qui décapite les jours.

Les bordures sont hautes
et profondes sont les blessures laissées par le temps ;
mon corps tombe,
se précipite comme un animal
qui se suicide par nature.

L’horloge
est une guillotine
et une bête qui se noie dans son propre sang.

Dans ce terrain vague, le seul soleil
est le sourire d’une créature
tourmentée par elle-même.

Tous les péchés se paient sur l’ébène
et les autres bois précieux qui forgent la colère.

C’est un dieu païen,
un monument à la beauté,
tous les pleurs et toutes les joies
se fondent,
rendent hommage sous son ventre.

Je voudrais, pour une fois,
arrêter le temps dans son étreinte ;
oublier dans ses yeux
toutes les dimensions possibles.


Magdiel Midence (Tegucigalpa, Honduras). Ha publicado algunos libros; Autorretrato de un payaso Adolescente, Duermevela Backstage, Alicia es un Trastorno (finalista en el premio Pilar Fernández Labrador en 2015), El Enjambre en mi Cabeza, Cartas para Matilda y Como Caín. Ha sido publicado en antologías en varios países, también ha colaborado con editoriales y revistas literarias a nivel internacional, y formó parte del grupo Literario Máscara Suelta.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.