Tempestad en un vaso, de Roberto Laínez Díaz, es un material de rutas y de anhelos que pasan por el crisol de la verdadera vocación por la palabra. Presentamos una selección de sus textos más vibrantes, de sus sonetos andantes y su poesía indigenista que merece una especial mención
Roberto Laínez Díaz / Actor, poeta y tallerista
Cuestión de fe
Mío es el don de la palabra
y a él me atengo
no sin antes buscar en el camino
voces que hoy quieran cantar conmigo
soñar que puede haber aún
mundos mejores
y suficiente vigor para ensayarlos
coro a coro
Tango
Me pesa más el tiempo,
y pesa tanto,
que aligerar la vida
es cometido:
hay que cegar la fuente
de este llanto,
hay que apagar la llama
sin sentido.
Apuntarlas sin fe
todo quebranto
hasta olvidar la luz
que te ha mentido.
Hay que curar el alma
del espanto
y no hay que revivir
lo ya vivido
Vos y yo
Algo sembramos
que se acunó en los humus expectantes,
que floreció silente en las miradas.
Algo abonamos
y aún vagamos esclavos del adeudo
y apenas somos este arbusto en mora
que impenitente se niega a dar su fruto.
Algo soñamos
y hubo un intento de darle su acomodo
de machihembrar lo cóncavo y convexo
y de aceptar la gloria en usufructo.
Algo temimos
y en el temor dejamos viles truncas.
Usos horarios
En la hora de mi verdad
hay un magma que fluye
y se abre paso,
un huracán que aflora en mis entrañas;
un hervidero de grillos demenciales,
con su pasión
de élitros cautivados.
Harto ya
del egoísmo sutil de mis desvelos,
de las seniles dolamas
de lo incierto;
de los acontecimientos burdos,
del lirismo tardío que me cupo en suerte,
de cada cuenta en pos de su rosario:
he aquí mi vomitivo,
la purga involuntaria de los tiempos,
aquello que demandan
cuerpo y alma.
Ven
Ven desnuda
mirándome a los ojos
con la palabra naciendo a manos llenas
con un punto suspensivo en cada poro
ven dispuesta
hay que perder la flor del paraíso
nuestro es el fruto
y sus dulces consecuencias
ángeles somos
alzando su clamor en rebeldía
ven y aprende
que los segundos cuentan
historias cautivantes
y un quijote se cuece en tres minutos
mientras reza con fervor su justo horario
La lettera amorossa
I
Espero que al leer esta misiva
reconozcas la mano de andante
que solo por amarte es ya tu amante,
que nutra en esplendor su llama viva.
En la presente un alma que, cautiva
de un cuerpo cada día más distante,
busca en la evocación el sino errante
en la palabra antaño sensitiva.
Tan solo es una carta sin respuesta,
un correo sin otro cometido
que adentrarse en la paz de tu floresta;
una nota carente de sentido:
puesto que de otros cuerpos es la fiesta
y mío es revivir lo ya vivido.
Sonetos andantes
III
El soneto que asoma en tu sonrisa,
más que soneto es una mariposa
o un sueño de colores que se posa
en la palabra que aguardó, sumisa.
Es la gracia que en sorbos cristaliza
en mis versos, con ínfulas de rosas.
Caléndula sutil que me alboroza
y me arrastra a escribir a toda prisa.
puesto que el tiempo es vida y todo pasa
y el tiempo acumulado ya me pesa:
te doy mi vocación, la más ilusa.
la que siembra un granito de mostaza,
la que sale maltrecha y nunca ilesa
de un largo cabalgar buscando musa.
IV
De mi lanza hay quedan solo astillas
de mis días no queda ni una dama
solo hay un viejo cuerpo que reclama
a aquellas que brumaron sus costillas
pero que igual le dieron maravillas
así no hayan pasado por su cama;
quizá porque el temor de rama en rama,
apenas si tejió mentirijillas.
Hoy tan solo le quedan sus molinos
mira la guerra y solo ve rebaños
hacia el punto común de los caminos;
le abruma tanto el peso de los años,
pero unos ojos verdes, cristalinos,
le devuelven el alma y los redaños.
In cuauhtli in ocelotl
Danzad Águilas y Ocelotes
en honor del Príncipe-Flor
quien nos convoca
en la fragante casa de los cantos.
Vengan, pues,
nuestros diálogos floridos,
nuestros caminos,
nuestros días.
Bebed hoy que resuena la palabra,
que nos alegra el instante
en esta tierra.
Repleta está mi jícara florida
en honor de xochipilli,
con los reflejos de mi rostro,
con las voces de mi corazón.
Yo, Nahualpitzin,
el de las cuatrocientas voces,
los invito a cantar conmigo.
Venid,
danzad conmigo
águilas y ocelotes
en honor del Príncipe-Flor.

Roberto Laínez Díaz. (El Salvador, 1957). Actor, poeta y tallerista. Publicaciones: Here/bici dades, En un lugar de La Mancha y otros sonetos andantes, Revista Cultura, 91/92, 1996. Tempestad en un vaso (DPI, 2009). Gran Maestre en la rama de poesía.
