¿Cómo crean los escritores, ¿qué leen?, ¿qué películas miran?, ¿qué música escuchan?, ¿qué artistas los han marcado? Para acercarnos un poco a responder estas preguntas, hoy inauguramos esta sección con la escritora guatemalteca Delia Quiñónez. Quien nos habla acerca de su lectura del último libro del actor, director, productor y maestro teatral de Guatemala, Luiz Tuchán, titulado Kilómetro 52
Delia Quiñónez | Escritora guatemalteca
Estoy frente a un libro que abre sus páginas para recorrer una vida o bien, gran parte de ella. No percibo, sin embargo, una línea convencional de sucesos, como opción argumental. Antes bien, son páginas cuyos acontecimientos y reflexiones conjugan su propia dinámica y su particular complejidad.
Me parece válido como lectora, imaginar que, al acercarme a esas páginas, estoy entrando en un túnel interior intensamente vivido desde los recuerdos de un narrador que transforma su voz personal en reveladores retratos, desde los cuales otro narrador ―el omnisciente― los duplica y los revela para compartirlos con nitidez y respeto. Ese túnel interior es, ciertamente, símbolo de la búsqueda de una salida que brinde respuestas a todo ser humano que las necesite de cara a sus preocupaciones existenciales.
El autor me acompaña en ese viaje interior. Me lleva de la mano junto a sus tres amigos que él considera surgidos desde una misma unidad de fraternal amor y solidaridad. Tres hermanos que él, Luiz Tuchán, conoce en los pasillos universitarios, pero que antes bien, los reencuentra con la firme convicción de que él y esos tres hermanos son almas que juntas van a recorrer un breve camino; pero que seguirán unidos ―más allá de la muerte o la distancia― en la misma dimensión espiritual que los unió desde una adolescencia ya lejana.
Luego llega el momento en que el primer narrador me deja en manos de ese otro narrador que interpreta, duplica y refleja como en inesperados espejos, una serie de relatos, mezcla de sucesos, conversaciones y avances de una historia narrada desde confines muy cercanos a la psique de un protagonista que resulta presencial a veces y que se oculta entre diálogos e interioridades personales. Muchos caminos me conducirán al porqué del amor fraternal que alimentará por siempre la voz y los sentimientos de ese ser humano que quiso entrar al túnel para buscar la luz, con el propósito de conocerse a sí mismo, como respuesta definitiva a tanta indagación, a tanta duda existencial, a tanto sentimiento de un corazón dispuesto a comprender sus propios misterios.
A lo largo de ese túnel veo al narrador y a sus amigos-hermanos, frente a la realidad de una noche de septiembre de 1967, que los ubicó frente a la muerte y al concepto y realidad de la misma; la separación física de los amigos-hermanos, los caminos que se bifurcaron más allá del deseo de unidad. Ellos se alimentarán de su idealismo enfrentados a un contexto social que pudo o no serles ajeno; a los viajes de formación; a los caminos de Jolom Konob, a las virtudes de Daniel, el sacerdote de Santa Eulalia; a los entretelones de la guerra de los 36 años; a la soledad y tristeza del obligado exilio y a la incertidumbre del regreso.
Luiz Tuchán, el que recuerda y narra desde su propio escenario o tras las bambalinas que sirven de trasfondo a su palabra, no me permite alejarme de sus reflexiones y experiencias. No deja ocultas las rendijas de su imagen física en los territorios de su infancia y adolescencia. Y, por encima de todo, reitera lo que su corazón recibió y sigue recibiendo desde esos recuerdos fraternales que dedica a sus amigos-hermanos. Así como los inventó, los idealiza para«mantenerse a flote frente y sobre un mundo convulso».
Luiz Tuchán, el autor y narrador, declara su identificación profunda con Carl Jung, uno de sus maestros, en cuanto a que hay seres cuya predisposición a la espiritualidad resulta muchas veces incomprensible, particularmente en un mundo que apuesta más al parecer que al ser. Una realidad donde la búsqueda del éxito material obnubila la visión y el valor para llegar a las interioridades de los sentimientos que identifican al ser humano como tal.
Los recuerdos que dan vida a las páginas de este libro, tienen la virtud de inducirme al túnel del cual todos disponemos para descubrirnos a sí mismos y salir airosos; porque así como las dudas, también las respuestas son nuestras.
Me conmueve el camino que Luiz Tuchán comparte en este libro, porque su horizonte atrapa las etapas que cada ser humano recorre por su propia cuenta y riesgo. Y cuando la espiritualidad forma parte de ese compartir que me invade desde todas sus páginas, solo me queda celebrarlas con júbilo y reencontrarme con ellas, cada vez que sienta la necesidad de iluminar mi camino y deleitarme con cada paso que me conduzca felizmente a mi ser interior.

Delia Quiñónez. Autora de poesía, narrativa breve y ensayo. Promotora y asesora cultural. Miembro de Número de la Academia Guatemalteca de la Lengua, correspondiente de la Real Española. Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2016.
