Le preguntamos a la escritora salvadoreña Michelle Recinos qué estaba leyendo, y nos habló de dos libros que para ella representaron, casi, un desbarrancarse. «Aborto en la escuela» de Kathy Acker, y «Caperucita se come al lobo» de Pilar Quintana
Michelle Recinos | Escritora salvadoreña
Los últimos dos libros que leí, se sintieron como si me hubiera ido en un barranco, rodando entre montarrascal y mugre, y rebotando constantemente contra bordes y piedras. Y cuando llegué finalmente al suelo, me levanté para trepar por la pendiente y aventarme otra vez, solo para repetir la experiencia por puro gusto.
Aborto en la escuela (en adelante AELA) y Caperucita se come al lobo (CSCAL) no caben, a simple vista, en un mismo huacal. El primero —título original Blood and guts in high school, ojalá la traducción en español hubiera sido literal— es una novela collage experimental, repugnante, perturbadora y a ratos (varios, no les miento,) indescifrables, que la enorme Kathy Acker (que, entre sus numerosos méritos están servir de inspiración a Kathleen Hannah, vocalista de Bikini Kill) publicó en 1984. El segundo es una compilación de relatos brevísimos, de esos que se tragan en una sola sentada, más en la línea erótica, marcados por pulsos violentos, gráficos y oscuros bien dosificados, que Pilar Quintana (autora de otro magnífico libro, la novela La Perra) publicó por primera vez en 2012. Yo leí la reedición de 2020, con dos relatos nuevos.
En AELA, Kathy Acker cuenta la desgraciada vida de Janey, una niña de 11 años, víctima de constantes abusos, adicta al sexo, al caos y la violencia. Conocemos a Janey, huérfana de madre, a partir de una conversación con su padre, con quien sostiene una relación incestuosa. Esta premisa vomitiva irá desarrollándose, a partir de acá, por medio de fragmentos narrativos, versos, cartas, una reescritura de La letra escarlata, collages, dibujos obscenos, diálogos y otros elementos que la vuelven indescifrable (e infumable a veces. Tampoco voy a matizar, a mentir, por convivir), hasta convertirse en un retrato perverso del abuso, vacío, poder, la misoginia, fascismo y otras porquerías.
En CSCAL, Pilar Quintana nos presenta relatos breves en los que aborda el sexo desde varias perspectivas. «Olor», el primer relato, el que me atrapó, es hediondo, bien construido y dosificado. Los demás relatos exploran relaciones violentas, infidelidades y abuso en contextos familiares. Son explícitos y sus protagonistas son seres miserables en distintas escalas. Tiene, también, su toquecito bien digno de realismo mágico. Es un libro chistoso, irónico, casi perverso (porque, aunque he leído algunas reacciones que rozan la mojigatería, no llega a ser algo «obsceno», digamos).
Yo me atreví a meterlos en el mismo huacal desde que pasaron de mis Want to read a los read en cuestión de días. No pretendo establecer paralelismos en la obra de ambas autoras, sobre todo porque hay, evidentemente, diferencias abismales entre los dos títulos: temporales, geográficas y estilísticas. Pero los dos son puntos de partida y lugares de encuentro grotescos, cada uno a su manera, que desde los temas «prohibidos» orbitan la female rage, esa que se ha puesto tan de moda en forma de hashtag últimamente. Hay en las voces y en los recursos de las autoras y en la miseria de sus protagonistas una rabia intensa que se desborda entre sus páginas. Una rabia a veces más pestilente, a veces más sutil, que sirve para retratar realidades inmundas que están ahí, en la casa de la vecina, o en Medio Oriente. En New York de los 80 o en la relación de aquella compañera de la universidad. Libros que reciben el rechazo y el desdén de sectores conservadores y liberales, casi por igual, por ser muy crudos, muy sinceros, muy transgresores, muy, muy, muy…
A Kathy Acker, el título le valió la censura en algunos países. La acusaron también de misoginia. Ninguno es el caso de Pilar Quintana (vuelvo al principio: nada de paralelismos), pero me he topado con más de tres reseñas que tildan al libro de «incómodo», comparándolo siempre con la novela La Perra, que se aleja considerablemente en estilo de esta colección de relatos. Hay, entonces, un vértice entre los dos últimos libros que leí: incomodan, y lo hacen muy bien. Son libros repulsivos, cada uno a su manera. Libros que son, ante todo, un barranco seco que te llama a aventarte en caída libre.
*Nota:
Aborto en la escuela me pareció el equivalente literario de Pretty on the inside el primer álbum de estudio de Hole. Puede ser lo mismo para otras rarezas de los early days de la banda.
Si estamos en estas, Caperucita se come al lobo puede escucharse con Ohh Síi, Más… Más!!!, de las Ultrasónicas, de fondo (sin que necesariamente sea su equivalente literario. Queda abierto al discernimiento de la lectora).

Michelle Recinos, (San Salvador, 1997). Es comunicadora, periodista y narradora. Ganadora de los premios Carátula de Cuento Centroamericano y el Centroamericano de Cuento Mario Monteforte Toledo. Ha publicado con Altamarea, FyG Editores y Los Sin Pisto. Relatos suyos han aparecido en antologías de Páginas de Espuma y Alfaguara, además de algunas traducciones en inglés e italiano
