El artista visual salvadoreño Walterio Iraheta está exponiendo, en Punto D Contemporáneo de Ciudad de Guatemala, su serie «Corazón de guarumo». Un ejercicio de contemplación y de conexión con la naturaleza
Vania Vargas | Escritora guatemalteca
Un árbol termina su ciclo, deja caer sus hojas, y una vez separadas de lo que las sostuvo, las atropella el viento, el tiempo y el sol. Entonces, empiezan a transformarse, a replegarse sobre sí mismas, se tornan capullo para continuar su marcha. Esa que bien podría llevarlas a ser polvo, a regresar como alimento para su propia raíz o a materializar una visión.
Un artista, que transita por sus propios ciclos, llega a lo que parecía ser el filo de sus días, y cuando cree que el camino ha terminado, se repliega y se encuentra de frente con la conciencia de la vida, de la muerte y de la transformación. De la hermandad con las cosas y los seres, de las conexiones del ser humano con el entorno vivo de la naturaleza.





Así es como vuelve a la costumbre antigua de enfilar hacia las montañas, de descender hacia las cercanías del mar, de andar por los senderos, de recolectar, de contemplar, de intentar descifrar la historia y el lenguaje de las cosas.
Se vale de la curiosidad que lo ha acompañado desde el principio, de la observación que ha convertido en su oficio, y ante la imposibilidad de acudir a los trazos, a la recreación mediante el dibujo, se da a la tarea de fotografiar para descubrir las formas contenidas en el espacio que lo rodea.
Afuera, el campo se convierte en espejo, cuando el lente de su cámara, la luz y los contrastes de una fotografía, le permiten pausar, examinar con detalle todo lo encontrado. Entonces, la imagen se torna radiografía que delata la vida. En donde pareciera ser consistente, lo que en realidad es frágil y quebradizo. En donde parece suave y flexible, lo que al menor toque brusco se haría pedazos. Y el artista se delata como el puente entre el mundo y el espacio en donde habitan las revelaciones.
Hojas de guarumo, de magnolia, de plátano, de cirín y semillas de mangle. Habitantes cotidianos de entornos naturales que son, a su vez, manos, plumas, paños, corazones anatómicamente certeros, trazos de donde nacen otras figuras, y que a través de los ojos de Walterio, parece que las viéramos por primera vez.





Vania Vargas

Walterio Iraheta. Estudió Artes Gráficas en la Universidad Dr. José Matías Delgado de El Salvador, en el Chicago Cultural Center, EE.UU. y en la Escuela de Artes Visuales La Esmeralda, México.
Ha recibido el primer lugar en la Bienal de Arte Paiz de El Salvador 2007, una Mención de honor en el concurso de arte contemporáneo de Palma de Mallorca, España 2004, y el primer premio en la Bienal de Arte Contemporáneo del Istmo Centroamericano 1998, entre otros.
Ha participado en la Bienal de Valencia - São Paulo 2008; en la X Bienal de La Habana 2009; la primera Bienal de Pontevedra en 2010 y la 54 bienal de Venecia 2011. A la fecha cuenta con más de 50 exhibiciones personales y más de 150 colectivas.
Ha trabajado temas relacionados con las dinámicas de consumo, el fenómeno de la migración y las culturas híbridas. Se interesa por las mezclas de valores y tradiciones entre personas de distintas regiones. En este momento está muy interesado en el estudio de la naturaleza y su conexión con el arte.
Vive y trabaja en Jucuarán, departamento de Usulután, El Salvador.

VANIA VARGAS (Guatemala). Poeta, narradora, editora y periodista cultural independiente. Autora de los libros de poesía Cuentos infantiles, Quizá ese día tampoco sea hoy, Los habitantes del aire, y Señas particulares y cicatrices. Libros de los cuales han salido algunas selecciones publicadas en Chiapas, México; Puerto Rico y Montevideo, Uruguay, así como la reunión de poemarios bajo el título Relatos verticales. En narrativa ha publicado Después del fin y Cuarenta noches. Es, además, coordinadora de los libros de ensayo Nuevo Signo: siete poetas para nombrar un país; y Luz: trayecto y estruendo -una aproximación colectiva al legado literario de Luz Méndez de la Vega. Ha sido invitada a las ferias del libro del Zócalo, Panamá y Guadalajara, así como a los departamentos de Español de la Universidad de Stanford, en San Francisco, California, y la Universidad de Copenhague, donde compartió su trabajo. Fue parte de los Festivales Internacionales de Poesía de Granada, Nicaragua; Quetzaltenango, el latinoamericano de poesía, Ciudad de Nueva York; Medellín, y Leiria, Portugal.
