Le preguntamos a la cantautora guatemalteca Claudia Armas qué estaba escuchando, y nos habló de su encuentro con la música de la artista australiana Angie McMahon
Claudia Armas | Cantautora guatemalteca
Camino todo el tiempo. Para ir, para volver, para pensar mejor, para salir de algo que no logro resolver sentada. La ciudad es una bestia de ruidos. Motores, radios, voces, y sobre todo las bocinas, insistentes, torpes, innecesarias. Un fondo constante que no da tregua.
Me pongo los audífonos y hago un truco simple. Desaparezco.
No en el sentido literal. Sigo ahí, esquivando, cruzando, midiendo distancias. Pero algo se repliega. El ruido deja de instigarme. El sonido crea una capa encima de la ciudad, una especie de hechizo mínimo que la contiene.
Luego viene el shuffle.
Desde hace tiempo recolecto canciones. Las encuentro en cualquier lado. Un Shazam rápido, un video que se cruza, algo que alguien dejó sonar. Les doy like y las dejo ahí. No las escucho de inmediato. Las guardo. Después, cuando camino, las suelto.
Las canciones caen.
Caen como goterones, espaciadas. Algunas caen sobre la acera. Otras entran directo. Por la coronilla. Me bautizan con belleza.
Una de esas gotas fue Angie McMahon.
No la estaba buscando. Solo apareció, un cover de Knowing Me, Knowing You, de ABBA, y algo cambió en el aire. No era la canción. Era la voz. Hay voces que interpretan y hay voces que confiesan. La de McMahon confiesa. Tiene peso, pequeñas grietas, momentos en que se abre y momentos en que se recoge sobre sí misma. No está encima de la canción. Está dentro. Y cuando tiembla, no lo esconde. Lo deja ahí, expuesto, como evidencia.
Paré el shuffle. Me fui directo a su música.
Tiene apenas dos discos. Salt (2019) es crudo y sin red de protección. Ahí está Pasta, que empieza como una anécdota de cocina y termina como un reclamo que te rompe el esternón, y Missing Me, que duele exactamente donde dice que duele. El segundo, Light, Dark, Light Again (2023), tiene más aire, más espacio. La voz ya no rasga tanto. Más bien eleva. Pero sigue siendo inconfundible. No la podrías confundir con nada porque McMahon no filtra. La emoción pasa directo, sin procesarla primero.
Eso es difícil y raro.
Me quedé antojada y repetí y repetí, como suele pasar con las cosas que me gustan.
Y entonces pasó algo más.
Me dieron ganas de volver a cantar.
Llevaba tiempo sin tocar la guitarra. No por falta de ganas, sino por una especie de apatía sostenida. Nada lograba tocarme lo suficiente como para querer yo tocar. Pero McMahon rompió eso. Quizás porque involucrarse con McMahon no requiere esfuerzo. Ella ya vino hacia ti. Te recuerda que la emoción es una forma de precisión. Que temblar también es técnica.
Seguí caminando. La ciudad seguía ahí. El ruido también. Pero yo ya estaba tarareando.
El velo se corrió apenas, lo suficiente para que entrara aire.
Solo quedaba escuchar. Y seguir.
Para conocer la música de Claudia Armas: https://on.soundcloud.com/n1pIOh3tVIwxogarTw
Para seguir explorando a Angie McMahon: https://angiemcmahon.com/

Claudia Armas (Guatemala) Es tejedora de sentido: trabaja con símbolos, lenguaje e identidad. Hace playlists como amuletos, escribe canciones sin calendario y crea marcas con la misma tensión viva con que compone. Camina por la ciudad en busca de su magia y, cuando el asfalto calla, conversa con las ceibas.
