En una especie de caja china, Mía Gallegos, escritora costarricense, habla del libro de otra escritora de su país que, a su vez, habla de otras escritoras y sus circunstancias. Todo en esta reseña acerca del libro Mirar desde la buhardilla de lo femenino, de la actriz María Bonilla
Mía Gallegos | Escritora y periodista costarricense
Mirar desde la buhardilla
(Sobre un libro de María Bonilla)
Mía Gallegos
En 1492, los nativos descubrieron que eran indios
descubrieron que vivían en América
descubrieron que estaban desnudos
descubrieron que existía el pecado
descubrieron que debían obedecer a un rey y a una reina
de otro mundo
y a un dios de otro cielo
y que ese dios había inventado la culpa y el vestido
y había mandado que fuera quemado vivo
quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que lo moja.
Eduardo Galeano
Los hijos de los días. Siglo XXI, 2012
¿Hacia dónde mira María? ¿Hacia dónde apunta con ese su despertar en torno a la decolonialidad? Dicho término ha sido acuñado especialmente por los teóricos del grupo denominado Modernidad / Colonialidad, que incluye los nombres de muy distinguidos sociólogos latinoamericanos, como Enrique Dussel, Walter Mignolo, Ramón Grosfoguel, Aníbal Quijano y a una mujer muy importante, entre otras, María Lugones, quien ha analizado en forma aguda el colonialismo, el género y el factor racial y su interrelación.

Todos estos intelectuales analizan los fenómenos desde una episteme que contrasta de manera absoluta con el saber propio de las universidades europeas. Se piensa desde los países del llamado Tercer Mundo, un mundo que no puede desarrollarse y que no podrá realizar las etapas a las que sí llegaron los países europeos y también los Estados Unidos.
Pero, bien lo señala Eduardo Galeano en ese epígrafe que ha colocado, cuyas palabras son certeras e inspiradoras, y nos proponen una lectura desde este lugar, de esta América Latina, cuya colonización quebrantó modos de producción, culturas, religiones, idiomas y las enmarcó en la colonialidad del poder, especialmente, así como apareció el racismo en contra de los pueblos indígenas y, posteriormente, con los africanos que fueron traídos y tratados como animales de carga.
María nos habla desde la buhardilla de lo femenino. Tema fuerte, realidad que nos importa, nos duele, porque el único camino es el de establecer la igualdad y la libertad para las féminas.
Al principio de su libro, hace referencia a tres novelas de cinco países distintos: China, Inglaterra, España, Australia y los Estados Unidos. Hace un recorrido desde la óptica feminista en las tres novelas que analiza. La primera de las obras es de Xiaolu Guo, con el libro que lleva el título de Breve diccionario chino-inglés para enamorados. Nos descubre una novela breve y apasionante, en la cual se observa el papel subalterno de las mujeres y aquí, sin duda, se puede afirmar que el patriarcado no tiene geografía, recorre cada uno de nuestros pasos y nuestras miradas.
Cito un fragmento de la novela para ilustrar el lugar desigual de las mujeres, en este caso el de la protagonista:
Éramos pobres. Comida no era suficiente.
Teníamos poca carne. Me asustaba comer más que
mi madre esperaba en cada comida. A veces había
un poco cerdos fritos en la mesa, y olía de maravilla.
Pero yo no atrevía a acercar palillos a carne,
preparada solo para mi padre. Hombre necesita comer
carne y hombre es más importante que mujer, claro.
(Guo, 210, 135)
Este texto me remitió de inmediato a una obra cumbre del feminismo: Calibán y la bruja de la italiana Silvia Federici que, con acierto, señala lo siguiente:
Contra la ortodoxia marxista, que explicaba la «opresión» y subordinación a los hombres como un residuo de las relaciones feudales, Dalla Costa y James defendieron que la explotación de las mujeres había tenido una función central en el proceso de acumulación capitalista, en la medida en que las mujeres han sido productoras y reproductoras de la mercancía capitalista más esencial: la fuerza de trabajo. (Federici, 2010,16).
Esta protagonista de la novela que, al llegar a Inglaterra se le conoce solamente con el nombre de Z. Toda la nueva realidad geográfica, de idioma, de costumbres es muy contrastante; no obstante, ella se pregunta de continuo quién es. Es una mujer que vive la desposesión en forma absoluta.
La segunda novela que presenta Bonilla es de la española Dulce Chacón. En primer término analiza la novela Cielos de Barro. Los hechos que se presentan ocurren durante la Guerra Civil Española. Se observa al personaje femenino, Carmen, dueña de un cortijo, quien obliga a otros personajes a callar varias violaciones a mujeres. Les pide a los personajes, Modesto e Isidora, que nieguen haber visto tales hechos.
Nuevamente aquí, vemos, hasta el cansancio y hasta el día de hoy, el carácter, no solo subalterno de las mujeres, sino su condición de objeto o de pertenencia del patriarcado. Parece ser que la consigna es: a las mujeres se les usa y se les despoja.
La tercera novela nos lleva a otra latitud. Y como bien lo dice María Bonilla, esta condición de subalternas de las mujeres no es un asunto geográfico. La autora de esta tercera novela es Sheridan Hay (1961, Australia, Estados Unidos). La novela se titula El secreto de las cosas perdidas. María cuenta que el nombre de la protagonista es Rosemary, que traducido al español significa romero.
Los acontecimientos nos remiten a Australia, a una fecha e historia particular: 25 de abril, día del nacimiento de Rosemary y fecha en la que se realiza la celebración de los muertos en Australia, en la primera derrota en la playa de Gallipolli.
Como bien lo señala Bonilla, se trata de tres novelas que pertenecen a distintas generaciones y lugares geográficos. No obstante, en ellas vemos los efectos de la colonización.
Pero este libro no termina aquí, con tres novelas que de alguna manera se entrelazan, quizás por el carácter opresivo en que subsisten las mujeres. A continuación, se presenta el texto que lleva el título de Ser bravía o cómo hablar conmigo misma.
Aquí nos habla de Zelda, y de una gran cantidad de mujeres que han sido encerradas por considerarlas dementes, cuando, en buena medida, la locura es una construcción, un acto de defensa para hallar la libertad. Aunque esto pocas personas lo entienden. No es el caso de María Bonilla, quien ha tratado el tema en otros libros que ha publicado.
A continuación transcribo esta aseveración de la autora, que va más allá de los lugares comunes con los que se trata el tema de la locura:
Me gusta cómo suenan las palabras en los jeroglíficos en los que me pierdo tratando de articularme, a veces.
«Me hablas de lengua, patria y religión.
Esas son las redes de las que he de procurar escapar».
Otras, siento que hablo un idioma que siendo mío, no lo es. Como pareciera que hablamos las mujeres: lenguajes incomprensibles para afectos, geografías y tiempos, que no logran entender por qué una mujer podría considerar lengua, patria, religión, familia y sociedad, prisiones de las que habría que escapar.
Bonilla confiesa que la locura de las mujeres siempre la ha inquietado, y cita los nombres de mujeres célebres que sufrieron depresión, esquizofrenia, enfermedad bipolar o que acabaron con su propia vida, como es el caso de Virginia Woolf y Alejandra Pizarnik.
Posteriormente, María rinde homenaje a Las Sin Sombrero, el grupo de escritoras y pintoras españolas que han quedado en el olvido. Nos habla de estas mujeres nacidas entre 1898 y 1914. Menciona los nombres de Margarita Manso y Maruja Mallo, quienes, junto a García Lorca y Salvador Dalí, atravesaron la Puerta del Sol quitándose el sombrero en público. En 1920 esta era una transgresión imperdonable. En realidad, el hecho de quitarse el sombrero es una metáfora que implica dejar las ideas en libertad.
Estas mujeres que nos presenta Bonilla han quedado un poco al margen de la historia española. No obstante, la filósofa María Zambrano se ha convertido, en las últimas décadas, en una figura entrañable para la filosofía de ese país y de muchos países americanos en los que vivió su exilio.
El siguiente texto lleva el nombre de El enigma de la voz del niño mudo. Aquí, María nos deleita con las premoniciones, con obras que, en su momento, fueron ficción y el tiempo las convirtió en realidad.
Cita obras como Un mundo feliz de Aldous Huxley o 1984 de George Orwell, entre otras, para referirse a escritores que se adelantaron a su época, y que hoy día es cuando vemos emerger lo que antes era tan solo una fantasía.
Y la autora, sabiamente, se pregunta: ¿Imaginación desbordada, sueños o pesadillas de un mundo distinto, presentimientos, información reflexionada en lo profundo?
Pareciera que en todos estos autores prevalecen todas estas aseveraciones, así como en el caso de la escritora canadiense, Margaret Atwood, quien en el libro El cuento de la criada, presiente la involución de la sociedad estadounidense a un mundo represivo y de mujeres condenadas a la más abyecta sumisión.
Pero eso no es todo. En su texto ella también se sorprende frente a hechos que están más allá de la razón. Confiesa experimentar temor ante las auto profecías, y nos narra un descubrimiento asombroso que involucra al poeta español Federico García Lorca. Se formula una serie de preguntas en torno a la personalidad y la muerte del poeta, y, entre otras, interrogantes cuestiona el hecho de que la voz del poeta nunca haya quedado grabada, pese a que él recorrió el mundo llevando su poesía.
Cita entonces un poema que leyó en la infancia que lleva el sugerente título de «La voz del niño mudo»… Ese poema ha acompañado a la escritora a través de su vida, y por ello se interroga: ¿Cómo suena la voz de un niño mudo? ¿Cómo oírla?
Es así como nos contagia con una suerte de visión del poeta granadino. Cuenta María que durante un ensayo de la obra teatral, Lorca en un vestido verde, de Nilo Cruz, traducida al español por ella y presentada en el Teatro Dionisio de Café Britt, sintió el roce en su espalda de la mano de Lorca, quien le decía que todo iba a estar bien.
Lo cierto es que aprendemos a vivir en un mundo en el cual se privilegia la realidad, aunque la vida y lo que percibimos puede ser más rico, más complejo y emocionante. Y tal cual, cuenta un episodio semejante de García Lorca, quien, en un milésimo de segundos, vio a un hada. Los poetas y los seres muy sensibles logran vislumbrar lo que otros no son capaces de percibir.
La parte final de este libro tiene un título poco convencional y, por eso mismo, muy sugerente: La escena y la vida: conversaciones durante un ensayo, entre Alejandro Finzi, José Pablo Umaña, María Bonilla y Manuel Ruiz.
Esta sección está concebida a la manera de un diálogo teatral. Es sugerente, porque su cualidad mayor es el lenguaje poético. De un modo u otro, quienes participan en el diálogo lo hacen desde la ensoñación. Aparecen también los símbolos y el hablar del teatro desde el teatro, lo cual le da profundidad al escrito.
En ocasiones se disponen a hablar en parejas: Ana y María, Alejandro y José Pablo. Además en otros momentos se especifica que las voces están en off. Llamó mi atención lo que proclama Manuel, pues manifiesta una gran preocupación social.
Tengo la impresión de que se habla del teatro y de la vida. Están tan interrelacionados, que es prácticamente imposible distinguirse la realidad y la propuesta fantástica. Quizás la vida deba ser así, quizás hablar desde la poesía sea el lugar desde donde mira María Bonilla.
Ese es su acierto: mirar desde la buhardilla.

Mía Gallegos Domínguez. Nació en Costa Rica, en abril de 1953. Es escritora y periodista. Cuenta con una Maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Costa Rica.
Sus libros de poesía son: Golpe de Albas, Los Reductos del Sol, Los Días y los Sueños, El Claustro Elegido, El Umbral de las Horas. Entre sus publicaciones de cuentos y prosas poéticas se encuentran: La Deslumbrada, así como La Princesa del Rualdo y otros poemas. En ensayo ha publicado: Tras la huella de Eunice Odio, en el año 2019, bajo el sello editorial de la Universidad Estatal a Distancia, en donde también se publicó Una mirada decolonial sobre la novela Limón Blues de Anacristina Rossi.
