Imaginar lo no humano

«Archivo de futuros posibles» es el espacio en el que la escritora y editora guatemalteca Marilinda Guerrero Valenzuela se dedicará a explorar la ciencia ficción de la región. Hoy se adentra en el libro El mundo de los maharachías de Rafael Arévalo Martínez

Marilinda Guerrero Valenzuela | Escritora y editora guatemalteca

En 1906, Leopoldo Lugones, escritor argentino, publicó Yzur, cuento incluido dentro de la colección Las fuerzas extrañas, en donde el narrador, basado en la teoría de que «los monos fueron hombres que por una u otra razón dejaron de hablar», decidió enseñarle a hablar al chimpancé llamado “Yzur”, para, así, conocer los secretos que su especie había decidido silenciar durante años.

En 1926, H.P. Lovecraft escribió La llamada de Chtulu, obra que fue publicada por primera vez en 1928 por la revista Weird Tales, y que habla sobre la existencia del dios Chtulu, previo a la civilización humana. Y en 1938, apareció una novela que habla de una civilización no humana que habitó Atlán, tiempo anterior a la tierra actual, cuando era un continente único, previo a Lemuria y a la Atlántida. El Mundo de los maharachías, del escritor guatemalteco Rafael Arévalo Martínez, que, aunque no busca plasmar el horror cósmico de Lovecraft, sí busca hablar de una civilización antigua que habitó la tierra con seres muy similares a los monos. Y, en donde, a partir de la descripción de esta civilización, cuestiona a la sociedad humana de la época.

Resulta interesante cómo, en los inicios de 1900, a través de lo especulativo, se cuestiona qué es lo que hace que un humano sea un humano. A su vez, debo resaltar que el motivo de la imaginación de civilizaciones antiguas no fue solo anglosajón o europeo, también fue latinoamericano y centroamericano.

A inicios del siglo XX, Rafael Arévalo Martínez presenta, en El mundo de los maharachías, una sociedad no humana organizada en un territorio extinto, Atlán. Este recurso convierte a la obra en un antecedente de la imaginación especulativa en Guatemala y, en este sentido, en un ejemplo de proto-ciencia ficción o ciencia ficción temprana dentro de la literatura centroamericana, en el que cuestiona la sociedad de la época y propone una nueva, con mayor sentido espiritual.

El mundo de los maharachías puede situarse dentro de la tradición utópica de Tomás Moro, en donde el acceso a una sociedad distinta ocurre a partir de un viaje o accidente. En la obra de Rafael Arévalo Martínez, el personaje Manuol, habitante de las Lucías, llega al territorio de los maharachías tras un naufragio frente a sus costas. En su estudio Las ocho novelas de Rafael Arévalo Martínez, el escritor guatemalteco Mario Alberto Carrera menciona que Manuol es también Manuel Aldano, personaje que se repite en varias de sus narraciones y que puede interpretarse como una proyección del propio Arévalo Martínez.

Años más tarde, en 1940, Adolfo Bioy Casares utilizaría al igual que Rafael Arévalo Martínez, el naufragio como dispositivo narrativo para acceder de un mundo a otro en su obra La invención de Morel, novela de ciencia ficción donde un fugitivo llega, tras un naufragio, a una isla en donde se encuentra una máquina que capta la vida de los que la habitan.

En la región centroamericana encontramos más ejemplos de imaginación científica. Otro de ellos es el cuento «Verónica»de Rubén Darío, publicado en el diario argentino La Nación en 1896. En este relato, Darío problematiza la religión y las costumbres sociales a partir de la aparición de un elemento tecnológico —la fotografía—, y que muchos consideran una manifestación temprana de imaginación científica en la literatura latinoamericana.

¿Cuándo surgió el término ciencia ficción? Fue propuesto por William Wilson en 1851, aunque sería adoptado en 1926 por Hugo Gernsback, director de la revista norteamericana Amazing Stories. Hacer una taxonomía para establecer qué es y qué no es ciencia ficción es complejo, ya que muchos autores han sido clasificados dentro de la literatura fantástica, previo al acuñamiento del término. Suele situarse el origen de la ciencia ficción con el Frankenstein de Mary Shelley, obra que procede de una tradición de utopías, viajes al centro de la tierra y utopías satíricas.

Daniel Arella menciona que a inicios del siglo XX en Latinoamérica no se conocía ni rastro de la primera revista de ciencia ficción de los países anglosajones. Es hasta los primeros años de la década de 1950, cuando los primeros fanzines y revistas del género serán traducidos al español, y, entonces, se darían a conocer en la región. Esto hizo que la mayoría de los países latinoamericanos desarrollaran una ciencia ficción propia a inicios del siglo XX, un género esencialmente latinoamericano, que no tiene nada que deberle a los autores de habla anglosajona.

En Latinoamérica se escribía “ciencia ficción” incluso antes de que Asimov pensara en escribir su texto Fundación. Esto hace que la proto ciencia ficción o ciencia ficción temprana, previa al uso del término, sea complicada de ubicar dentro de etiquetas establecidas, ya que muchos de estos textos se inclinan más, según Arella, al surgimiento de una sintaxis rigurosa que otorgue verosimilitud a argumentos fantásticos, que a argumentos lógicos científicos orientados hacia lo cósmico-planetario, sostenidos por un lenguaje técnico encarnado por la imaginación.

En este sentido, autores como Rafael Arévalo Martínez no escribieron obras como El mundo de los maharachías con la intención explícita de producir ciencia ficción, en el sentido anglosajón del término. Más bien, como otros escritores latinoamericanos de inicios del siglo XX, recurrió a la imaginación especulativa para articular una crítica social y política frente a procesos de modernización, individualismo y a la ansiedad generada por la irrupción de nuevas tecnologías y transformaciones históricas en la región.

Bibliografía

Ábalos, Adriana. Un fenómeno denominado Ciencia Ficción. Revista Borradores. Vol. X/XI año 2009-2010. Universidad de Río Cuarto.
Arella, Daniel. Relatos pioneros de la ciencia ficción latinoamericana. Ed. El perro y la rana. Venezuela, 2015.
Arévalo Martínez, Rafael. El mundo de los maharachías. Unión tipográfica de Muñoz Plaza y Cía. Guatemala, 1938.
Carrera, Mario Alberto. Las ocho novelas de Rafael Arévalo Martínez. Ed. Piedra Santa. Guatemala, 1975.


Marilinda Guerrero Valenzuela (Guatemala, 1980). Escritora, titiritera. Ha publicado algunos libros de narrativa, ha sido publicada en antologías latinoamericanas. En 2020 cursó los talleres «Ciencia ficción Latinoamericana: La potencia de un futuro propio» y «La narrativa fantástica, rara y extraña en Latinoamérica, México y España» por la Catedra Carlos Fuentes de Literatura Hispanoamericana, UNAM. En 2025 asistió al seminario «El tiempo que somos. Ciencia ficción latinoamericana desde el 2010» por Casa de las Humanidades, México. Actualmente, investiga la producción de ciencia ficción en Guatemala. Es fundadora de la revista de ciencia ficción Exocerebros y de la Editorial Bosques Ambulantes.

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