A propósito de la exposición colectiva binacional Ecuador–Perú «La persistencia del oficio», el pintor, escritor y docente peruano Manuel Gibaja Gonzáles reflexiona sobre la importancia del dominio técnico, la disciplina y la experiencia en la creación pictórica, y reivindica la vigencia del arte figurativo y realista en el panorama contemporáneo
Manuel Gibaja Gonzáles
Se trata de una muestra colectiva internacional en la que participan cinco pintores cuyos trabajos se inscriben en el ámbito del arte figurativo y realista. La exposición ha generado diversas opiniones y aproximaciones críticas. A nosotros nos corresponde detenernos en el concepto que propone su título:
LA PERSISTENCIA DEL OFICIO.
Desde esta perspectiva, destacamos la importancia del manejo técnico, el conocimiento de los materiales, la destreza en el uso de las herramientas y la capacidad de resolver pictóricamente un tema, una figura o un paisaje. Son cualidades que exigen tiempo, disciplina, observación y experiencia; un aprendizaje sostenido que permite al artista transformar sus conocimientos en lenguaje plástico.
El oficio no debe entenderse como una simple destreza artesanal ni como la repetición mecánica de fórmulas aprendidas. Por el contrario, constituye uno de los fundamentos de la creación pictórica: es el conocimiento que permite al artista dominar los recursos de su disciplina y ponerlos al servicio de una intención estética. La técnica, por sí sola, no garantiza una obra de arte; pero, cuando se integra con la sensibilidad, la inteligencia visual y la capacidad expresiva, se convierte en un instrumento esencial de la creación.
Sin embargo, en determinados sectores del arte contemporáneo parece haberse instalado una actitud de desconfianza, e incluso de menosprecio, hacia estos principios. La improvisación, la provocación y la especulación conceptual han adquirido, en ocasiones, una valoración que no siempre corresponde a sus resultados plásticos. Algunas propuestas que se presentan en las galerías bajo el signo de lo novedoso parecen confiar más en el discurso que las acompaña que en la consistencia formal y estética de las obras mismas.
En contraste, cuando se trata de una pintura figurativa o realista técnicamente bien resuelta, no faltan quienes la consideran una expresión perteneciente a generaciones pasadas, como si el dominio del dibujo, la composición, el color, la luz y la materia pictórica fueran incompatibles con la sensibilidad del artista actual. Esta apreciación merece ser cuestionada. La modernidad de una obra no depende exclusivamente de su apariencia novedosa, sino de la intensidad de su propuesta, la coherencia de su lenguaje y la calidad de sus resoluciones plásticas.
La historia del arte demuestra que la figuración no es una expresión agotada ni una práctica condenada a repetir el pasado. Cada época puede renovar la mirada sobre el cuerpo humano, la naturaleza, el paisaje y la realidad social. El realismo, lejos de constituir una reproducción pasiva de lo visible, puede ser una interpretación profunda de la existencia, siempre que la mirada del artista trascienda la mera descripción y alcance una dimensión expresiva propia.
Por ello, nos interesa reivindicar la persistencia del oficio, independientemente de las técnicas, los materiales o las formas de representación empleados. Lo fundamental es que exista una conciencia del trabajo pictórico, un cuidado riguroso en la ejecución y una voluntad de resolver la obra con solvencia. El oficio implica conocer el comportamiento de la materia, comprender las relaciones entre forma y color, controlar los recursos de la composición y reconocer que cada decisión plástica contribuye a la unidad del conjunto.
Desde esta perspectiva, las obras figurativas y realistas pueden alcanzar un alto valor estético cuando el dominio técnico se articula con una propuesta personal, una sensibilidad auténtica y una visión del mundo. No se trata de enfrentar la tradición con la modernidad, ni de negar las posibilidades del arte conceptual, sino de cuestionar cualquier criterio que descalifique una expresión artística por el solo hecho de no responder a las tendencias dominantes.
La presente muestra, a través del trabajo de sus cinco participantes y del planteamiento curatorial que la acompaña, nos permite reflexionar sobre la vigencia de estos principios. En sus obras reconocemos la importancia de la práctica sostenida, la destreza adquirida y el compromiso con la resolución pictórica. El oficio aparece así no como una reliquia del pasado, sino como una forma de conocimiento que continúa alimentando la creación artística.
Desde el Cusco, expresamos esta apreciación y destacamos, de manera especial, la participación de dos artistas peruanos en esta exposición internacional. Su presencia contribuye a reafirmar que el trabajo pictórico riguroso, la sensibilidad y el dominio de la técnica siguen teniendo un lugar significativo en el panorama artístico contemporáneo.
La persistencia del oficio es, en definitiva, la persistencia de una manera de comprender el arte: como conocimiento, experiencia, sensibilidad y trabajo. Porque detrás de una pintura verdaderamente lograda no solo existe una imagen; existe también la historia de una mano que ha aprendido a mirar, interpretar y construir su propio lenguaje.

MANUEL GIBAJA GONZALES Calca, Cusco (1945) — pintor y escritor. Fundador del Teatro Universitario del Cusco, profesor de Pintura y Filosofía del Arte en la Escuela de Bellas Artes del Cusco. Editó la revista de arte del sur andino, Forma, fundó la Agrupación de Jóvenes Escritores y Artistas del Cusco. Impulsor de las primeras galerías de arte en la ciudad, El Taller de Manuel y La Casa de Barro en San Blas. Instituyó la corriente de las artes IMAPIMUSPO, de raíces y contenido andino. Como pintor, ha realizado exposiciones individuales en el Perú, Sudamérica, Europa y Corea del Sur. Ha escrito en los diarios El Sol, El Comercio del Cusco, La República y Tiempos del Mundo. Dirigió las revistas culturales Parhua y Patrimonio. Autor de "El púlpito de San Blas: historia, estética e iconografía", "Piedra habitada, el Arte Rupestre del Cusco", y prepara nuevas publicaciones de cuentos y anécdotas. Dirige el suplemento cultural Forma del Diario del Cusco. Su trayectoria cultural ha sido reconocida por la Municipalidad de Calca, el Instituto Nacional de Cultura del Cusco (Premio Inca Garcilaso de la Vega), la Escuela Superior de Bellas Artes del Cusco, el Ministerio de Industria y Turismo del Cusco, la UNSAAC, la Municipalidad de Salta (Argentina) y el Gobierno Regional del Cusco, que le otorgó el Premio a la Gestión Cultural y la Medalla de la Ciudad.
