«El tremor incansable de las camas», la denuncia lírica en la poesía de Bosco Enmanuel Hernández

El destacado poeta, investigador y docente nicaragüense Bosco Enmanuel Hernández Ruiz (Masaya, 1996), ganador del IV Concurso de Ensayo «Darío, universo poético», presenta una perturbadora y descarnada selección de su obra lírica. A través de composiciones de un crudo realismo social como «De niñas a muñecas», «Infortunio», «A un niño poeta» y «Los perros en la madrugada», el autor egresado de la UNAN-Managua fractura el canon tradicional de la poesía regional. Sus versos exploran sin concesiones los abismos de la violencia intrafamiliar, el abuso infantil, la miseria heredada y la degradación existencial en entornos urbanos, consolidando una de las propuestas más viscerales y potentes de la novísima literatura centroamericana contemporánea

Bosco Enmanuel Hernández Ruiz

De niñas a muñecas


«Entonces ellos empiezan la ejecución de mi piel virgen.»
Marianella Sáenz


De noche
los dioses dejan placas con algún nombre
pellejos en las paredes que gimen como animal en celo.
Un canto de niña que despioja muñecas se escucha a lo lejos.
Sus lágrimas, como látigo de luna, en un intento de homicidio.
Con un resonar de píldoras a su paso me despiertan.
Inerte
atento
cuando todos duermen
escucho el tremor incansable de las camas.
Las muñecas despiertan y lloran.
Se tapan la boca con almohadas
para doblar sus rodillas.
Suplican
en el horror de su sangre
a los dioses que les desprenden la piel
para pegarla como trofeo.

A un niño poeta

Un hombre deja una moneda en el suelo;
años después, un niño cualquiera la encuentra
y dichoso corre a guardarla.

Cuando el niño crece se le hincha el pecho
y el estómago le revienta.
Vive algún tiempo perseguido por moscas y hormigas
que husmean el agrio paisaje en sus ojos.

Un día cualquiera sus heridas lo despiertan
y decide emprender el viaje.
Toma la moneda y la lleva a otra esquina,
aprieta amargamente los ojos y muere.
Otro día alguien la recoge
para guardarla en un poema.

Infortunio


A Julia


Mamá está cansada de levantarse a apagar el alba,
de husmear en algún mosquero nuestra suerte.
Ella teme saber que existe;
es una sombra que ha tomado la vida de otros.
Escucha los autos cada tarde
y sueña que mi padre no regresa,
que la casa no es más un espacio
donde se guarda hambre y llora miseria.

Mamá está cansada de lavar la sangre de las botellas,
de enjuagar las borracheras que un día serán mías.

Los perros en la madrugada

Son seres desconocidos que aúllan
a la luna quieta en la ventana.
Cada uno cree sufrir más que el otro
por eso enseñan sus heridas,
las garrapatas y pulgas que le carcomen los sesos.

Algunos son colgados de las patas y el cuello
hasta que el frío o el fuego consumen sus fuerzas.
Así agonizan todos:
entre helepates y cucarachas
entre la humedad y la mierda
rogando por agua limpia y alimento.

Se lamen unos a otros en vano consuelo
en angustia de aquello que no llega y, sin embargo, esperan.
De tener suerte algunos saldrán del suplicio
para vivir sus últimos días entre palmadas y abrazos,
lejos de la rabia que poco a poco los consumió en el encierro.

Otros saldrán para ver que aquello que anhelaron en sus recuerdos
ya no existe,
que incluso ellos no son los mismos.
Y en un acto de dignidad
(porque los perros también tienen dignidad)
se irán lejos,
donde aquellos que los amaron no puedan verlos.

Y en la última muestra de amor y cobardía
padecerán la despedida.
Mirarán la luna moverse en el firmamento
y aullarán con fuerza en su agonía
antes de entregar su cuerpo a los gusanos que tanto anhelaron.

Una bestia

Siempre supe que dentro de mí hay una bestia,
un conjuro de alma y cuerpo.
En mis entrañas hay una bestia
que en las noches reclama su tributo de odio y sangre.
Sus manos esconden las mías
y sus palabras salen de mi boca
para decir lo que no quiero.

Dentro de mí hay una bestia
que con su sombra lo cubre todo.
Su voz me llega como una flecha
que me parte los huesos.
Sus ojos son amargos
y cada noche escarban una tumba
donde nace un ser que desconozco.

Ceguas

Eran ellas
las que reían bajo el ceibo.
Las que pasaban sus manos
y revolvían mi rostro.

Bestias con olor a muerte
mujeres que dejan su carne en la hierba
y viajan al fondo de la noche.


Bosco Enmanuel Hernández Ruiz
Bosco Enmanuel Hernández Ruiz. Poeta y escritor nicaragüense (Masaya, 1996). Autor del poemario Para nacer en la muerte. Es licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua). Trabaja como docente de arte, literatura e investigación en el Instituto Novus Educere de la Universidad Católica Cardenal Miguel Obando Bravo. Textos suyos han sido incluidos en diversas compilaciones, como en la  Antología novísima del cuento nicaragüense (Revista de Lengua y Literatura; Centro de Investigaciones Lingüísticas Literarias de la UNAN-Managua, 2019), Volarse las trancas: quince poetas novoseculares nicaragüenses (selección de Carlos M.-Castro, revista Poesía, Venezuela, 2019),  Imprecisa imagen de los noventas (revista Abril, 2019),  Los pájaros cantan de noche (Tacna Editorial, 2022) y la Antología de poesía latinoamericana contemporánea (Astrolabios, 2024); también en publicaciones de la Central American Literary Review, Álastor, Revista Ágrafos, Círculo de Poesía y Revista Antagónica. Ganador del IV Concurso de Ensayo “Darío, universo poético” promovido por la alcaldía de Managua, Nicaragua. Representó a Nicaragua en el IV Festival de Poesía Centroamericana Guanacaste Eterno, 2026

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