Pequeños cuadros por los que se asoman los paisajes y los habitantes de una memoria que respira a través de quien la enuncia. Hombres, mujeres y sombras que conforman una identidad que tiene sus bases en los terrenos de la nostalgia a los que se recurre cada cierto tiempo. Este es el territorio que el escritor costarricense, Mario Zúñiga, transita en esta breve selección de su poesía
Mario Zúñiga│Escritor costarricense
La sangre que me transporta
Me consumo hasta el fondo.
Silencio unos segundos.
Las burbujas se abren paso.
Un brazo adelante
el otro.
Patada,
patada,
patada,
los pies son un motor,
las manos deben alcanzar algo
que nunca llega.
Después de un rato de bracear
el cuerpo se entibia,
el corazón late más fuerte,
es la sangre
la que me transporta.
Nadar así,
sin puerto,
sin necesidad de salvarse.
De niño nadé para salvarme del asma,
no me salvé.
Cuando aprendí a nadar
estaba en un puerto
a la orilla de un estero
con Hermana Madre y Padre.
Les gritaba emocionado
para que vieran mis piruetas.
Sus rostros aparecen en el agua.
Después de una crisis de asma,
un médico
le dijo a Madre,
que dejara de gastar dinero en drogas
y que lo usara en que
fuéramos a pasear.
Esos viajes.
Cuando salgo
el agua retoma su quietud,
nos olvida.
***
Summertime
… and the living is easy…
Ella Fitzgerald
I
Jugábamos a ser grandes
y de nuestros brazos colgaban
personas aún más pequeñas.
Abandonábamos a nuestros padres y madres a su suerte
y recorríamos la orilla,
piedras y peñascos en forma de animales,
árboles colonizando el mar,
gaviotas volando en forma de uve.
Eran las tardes del paseo anual,
seis o siete días de cierre de ciclo,
las madres cocinaban en ollas enormes,
los padres conversaban y tomaban cerveza.
Antes de que el sol hiciera lo suyo
volvíamos al campamento y comíamos.
Ignorábamos en ese momento
(y lo haríamos por años),
la cabeza de Jabalí
al otro lado de la isla.
II
La noche se aproximaba
si mirábamos a la izquierda
había mar.
Mientras caminábamos
un puñado de perros
nos olieron y
movieron sus colas.
De vuelta
esos mismos perros,
ladraron furibundos.
Nos pusimos a correr.
El mar a la derecha
la luz ya era
un recuerdo.
III
Los árboles no dejan pasar la luz,
en algunos tramos
no se distingue
el camino.
Llegamos a un pueblo,
largo y angosto,
como un perro callejero.
Había mucha gente de fiesta,
compartían músicas disonantes,
garabatos en el aire.
Visitamos las ruinas de un hotel
sus paredes eran atisbos,
un cuarto a medio destruir,
había sido invadido
por turistas,
precarios de su condición.
Las piscinas
eran habitadas por los sapos
y los hijos de los sapos,
que nadaban
con relativa libertad
en medio de dos delfines. Figuras de hierro
y cemento
que,
por conmiseración o pereza,
no alcanzaron
a demoler
por completo.
IV
Un pez
apareció en la playa
daba sus últimos coletazos,
lo imaginé
cuando nadaba tranquilo,
antes de que una corriente
lo separara
del cardumen.
V
Vemos el atardecer sobre el rompeolas
y caminamos un poco.
El retumbe se deja sentir.
Nos mojamos un par de veces por el agua que salpica.
¿Qué es lo que se ahoga debajo de nuestros pies?
***
Leer poemas (I)
Al inicio son un promontorio
que comienza a extenderse
por encima del horizonte
a lo largo de la costa.
La luna,
el clima,
la geografía;
determinarán que algunas
se conviertan en olas enormes y otras
en pequeñas manifestaciones
de la física de las mareas.
En días de tormenta
los rayos harán un efecto
estroboscópico.
A medida que se acerquen a la costa
descargarán su energía. Naturalmente
las más grandes lo harán con violencia, las otras,
apenas una caricia.
Quien quiera contemplarlas
deberá reconocer
cuál es el camino que lleva a la playa,
tolerar
la sensación de la arena
entre los dedos de los pies,
y desear,
íntima y pacientemente,
la tormenta
el terremoto
el tsunami.
***
La fábula del hielo
El hielo se forma con
tiempo y silencio
a partes iguales.
Si se pierde ese balance
cambia el resultado.
Con exceso de tiempo
será olvido.
El exceso de silencio
convocará a las tormentas.
***
Fábula del granizo
Justo después de caer
el granizo es agua detenida.
Fluirá cuando el calor
traiga noticia
de su cauce.
***
Fábula del nacimiento del agua
Decimos que “nace”
cuando por fin la vemos.
Pero en realidad,
surcó ajena
el subsuelo
por años.
Ahora solo brota
y tampoco nos pertenece.
***
Núñez
El apellido de mi abuelo es perfecto para
una novela negra.
Ya me parece verlo
enfundado en un gabán gris,
resolviendo crímenes de baja estofa
y gran significado,
en esas cantinas del San José de mitad de siglo
que conoció tan bien.
Núñez fumando su treintavo cigarrillo del día.
Núñez piropeando a una voluptuosa rubia
que pasea por el Parque Nacional.
Núñez almorzando en la Soda Palace.
Núñez reuniéndose con un misterioso hombre
que le brinda información
mientras miran el estreno de Rebecca (la de Hitchcock)
en el cine Rex.
Núñez esquivando un par de puñales
cuando caza a un criminal
en los callejones,
entre la Penitenciaría y el Paso de la Vaca.
Un detective que nunca paró de buscar.
Ángel,
silueta de la noche.
Sombrero,
traje gris,
pelo corto,
colonia barata pero consistente.
Ahora nosotros
te buscamos.
***
Tierna antropofagia
Cuando entré al cuarto del hospital pensé
en La Piedad.
Mi abuela le sostenía la cabeza
era su pareja, no su madre,
pero yo necesitaba verla
como madre de él
y de quienes rodeábamos esa cama,
su familia.
Faltaban pocos minutos, sus músculos
se habían reducido al mínimo, su piel
era un mapa
en el fondo de un cofre
bajo tierra.
Después secamos su carne,
salada y magra,
en lo alto de una fogata.
La comimos de madrugada
en honor a ese pequeño dios que fue:
apasionado,
furibundo,
tierno,
nuestro.
(Mi agradecimiento a Fabricio Estrada, por regalarme su lectura y este título).
***
Poema rebelde
Es regla que muera lo vivo.
Mi padre,
algunos cientos de tardes de verano,
el muchacho que entró a la U en 1997,
incontables árboles y gentes,
mis abuelos,
mi tío.
Pero este poema no conoce de reglas
con sus letras
los muertos
nos abrazan.

Mario Zúñiga Núñez (Costa Rica, 1979) Es antropólogo, graduado de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y la Universidad de Costa Rica. Publicó Ganamos el Partido (Germinal, 2015); Tachuelas en el suelo (en conjunto con Betusto, Arlekín, 2018) y Las réplicas (Invernadero, 2021). Extraña, cada vez que puede.
