Durante sus últimos años, Francisco Alejandro Méndez mantuvo una estrecha relación docente y literaria con El Salvador. En este país publicó su último libro, «Puede que no sean ángeles». Hoy, uno de sus editores, Edenilson Rivera, nos habla de su encuentro con Francisco, de su humildad, su espíritu infantil, su amor por el whisky y la literatura policíaca, y su generosidad para hablar y compartir la literatura que le fascinaba
Edenilson Rivera | Escritor y editor salvadoreño

Mi relación con el escritor guatemalteco Francisco Alejandro Méndez fue breve, pero significativa, y coincidió con su estancia en El Salvador por motivos académicos.
Junto a los amigos Santiago Arnulfo Pérez y Manuel Barrera Ibarra, quienes formamos Falena Editores, llevamos a cabo una actividad editorial ciertamente modesta, por la capacidad de producción, pero no por la calidad de los libros que descubrimos, y por el tratamiento que damos al libro objeto como tal. Luego, en el proceso de publicación, desarrollamos el trabajo en cercanía con el autor. En este contexto y atmósfera, aparece Francisco.
El encuentro
Como editor, he podido conocer a escritores y poetas cuya obra está construida con una gran factura estética. Francisco se enteró de que Falena Editores había publicado novelas de Rafael Menjívar Ochoa, colega cultor del género negro. Decidió contactarnos. Gracias a la mediación del poeta Kike Zepeda, se concertó un encuentro y nos reunimos a mediados de 2023 en una cafetería de Mentrocentro en San Salvador.
Desde su presentación, la actitud y disposición de Francisco fueron de una humildad y frescura poco conocidas. Se quedó maravillado con nuestros libros, como un niño que intuye que aquello que acaba de descubrir va a darle felicidad. Platicamos amenamente. Estaba bien informado acerca de algunas publicaciones y hablaba con familiaridad de sus colegas salvadoreños. Nos compartió, a los integrantes de Falena Editores, algunos de sus libros. A Santiago Arnulfo Pérez (Santi) le regaló Está de perros; a Manuel Barrera Ibarra, CHANÁN (Cinco casos peliagudos para el comisario Wenceslao Pérez Chanán); y a mí, Zona instersticial, entrevistas con personajes históricos. (De éste, comencé a leer las dos primeras que me captaron de entrada: las agudas entrevistas realizadas a Luis Cardoza y Aragón y Augusto Monterroso).
Nos contó, emocionado, cosas de su quehacer: sus libros publicados, su rol académico por el que estaba en El Salvador, y su trayectoria literaria, que le había merecido el Premio Nacional de Literatura «Miguel Ángel Asturias» en 2017. Nos pareció un tipo cordialísimo, con una simpatía infrecuente. Fue casi natural congeniar con Francisco. Acordamos que nos enviaría una novela inédita de la serie negra que venía trabajando. Y así como la del autor, la personalidad del héroe policial Wenceslao Pérez Chanán, y la buena intriga de Puede que no sean ángeles, nos cautivaron al primer contacto.
El proceso editorial
Durante la lectura, me conmovieron los poemas intercalados al inicio de algunos capítulos, escritos por uno de los personajes –ausente, si se puede decir, de los hechos narrativos visuales– que forman parte de la trama sentimental en la novela. Sentí curiosidad y le pregunté si los poemas eran suyos. «Los escribí para la novela», me dijo. Creo que los había escrito como una suerte de gozne lírico-narrativo que le daba pulsión a la novela entre los hilos de la intriga. Además de esos versos, me habló del poeta peruano Javier Heraud –que yo no conocía– a quien cita el poeta de la historia para emparentarlo con su conmoción lírica y amorosa. Lo otro curioso fue que la acción ocurre en San Idelfonso de Todos los Santos, lo que pareció una extraña coincidencia, pues le dije a Francisco que mi pueblo de origen se llama casi igual, San Ildefonso.
Luego, hablé con él de manera frecuente a través de mensajes y llamadas (por lo general, en la noche, luego de que quedaba libre de sus compromisos académicos como docente) para tratar detalles de corrección. Nada ampuloso, Francisco escuchaba atento las observaciones, aceptaba los «dedazos» para buscarles solución, y ante cada sugerencia se mostraba con una receptividad sorprendente: un escritor de oficio y pura cepa que acepta sugerencias de sus editores. A veces, claro, tuvimos que ajustar y conciliar criterios, como todo buen escritor que sabe cómo ha construido el muñeco, y cómo se mueven sus vértebras por dentro.
Francisco se fascinó desde un inicio. Y retomo esta palabra para destacar que dentro del equipo editorial surgió la propuesta de nombrar la colección que iniciábamos con un nombre emblemático de su producción narrativa: El gran fascinador. Otro acierto que lo siguió emocionando durante todo el trabajo de adecuación y maquetación del texto. Incluso, la idea creativa de colocar su rostro en el traje de un típico detective policial fue algo que encajó de inmediato con él, y se puso feliz con la propuesta artística para la tapa que le hizo Santi. «Qué linda salió. Maravilla».
El doctor en Literatura se mostraba accesible con los editores: pasamos unas cuantas noches mensajeando y revisando algunas adecuaciones, por supuesto, con su anuencia. Francisco permitía la confianza de pasar a la dimensión del gran escritor y alto académico como si de cualquier charla coloquial entre amigos se tratara, mientras analizaba ideas y concepciones editoriales. Estaba muy emocionado con los afiches promocionales y con los separadores con su figura para la difusión de la novela.
A pesar del poco tiempo, nos dio el privilegio de sentirnos cerca de su quehacer y de su personalidad. Francisco era un fascinado y un fascinador. Lo digo por la propuesta editorial que le presentamos y por la literatura que nos ofrecía. Nos llamaba amigos y nos ponía a tono de sus ponencias como conocedor del género negro, así como de algunas actividades en las que ya se miraba presentando el libro, entre otros menesteres académicos.
Whisky a la hospitalidad

Era finales de 2023, y fuimos en expedición hasta Ciudad Real, Santa Ana. Francisco y su compañera, Haydee Lemus, nos recibieron en la casa donde se alojaba. Ella le había traído algunas cervezas Cabro, en botella pequeña,desde Guatemala. Él creía–nos lo recalcó varias veces– que la mejor cerveza de Centroamérica era la Regia. Creo que aquélla la comparaba un poco con ésta, a lo mejor, por su buen cuerpo y sabor intenso peculiar.
Al tono y la temperatura de whisky (tenía dos clases de whisky añejados, Old Parr, y otro que no recuerdo de momento), Francisco compartió con nosotros con su estilo festivo, alegre, chispeante en ocurrencias. Y me atrevería a decir que en él había algo infantil, en el sentido de su transparente emoción con la que compartía sus ideas, su trayectoria literaria y, claro, sus proyectos de libros por venir. Hablamos también de las adversidades que había enfrentado en su país, como académico y como escritor. «Está dura la cosa, pero el desempleo da tiempo para escribir», nos expresó poco tiempo después.
Emocionado, también, nos mostró algo de su biblioteca que había traído consigo. Hablaba de que tenía muchísimos títulos sobre novela negra en Guatemala. Nos impresionó cuando, de repente, buscó y salió con la medalla del Premio Nacional de Literatura «Miguel Ángel Asturias», se la puso al cuello, y Santi le hizo unas cuantas fotos que luego nos servirían como promocionales en la presentación de la novela y en actividades en las que le apoyaríamos como editorial.
De manera personal, me prestó las Memorias íntimas de Georges Simenon y, un poco después, Cosecha roja de Dashiel Hammet (que justo hoy leo, en parte, en su honor). Luego, le comenté que había conseguido una biografía de Hammet y una edición de la primera versión de una de sus últimas novelas, El primer hombre delgado, de aparición póstuma. Libros que, de manera amistosa, quise compartir con él, pero por las circunstancias y por el tiempo –este tipo tramposo– fue difícil realizar.
Ideamos una entrevista, luego de la visita, para merodear las concepciones y algunas ideas directrices de su trabajo: «Me hizo pensar y reflexionar mucho». Gracias, respondí con sinceridad literaria y con la amistad que vamos haciendo. Así, pudimos acceder a un ámbito en el que él se movía con entera libertad, como el comisario Chanán por sus dominios. Hacía un trampolín de ida y vuelta entre autores latinoamericanos y europeos, y hacía matices de códigos y características de la literatura negra de él y la de otros. Nos habló de la región centroamericana. Nos habló también de los escritores que admiraba y de otros de los que se sentía cercano. Tangencialmente, se refirió a las democracias erosionadas de sociedades centroamericanas, y que resultaba paradójico «escribir sobre un héroe policial en un país en el que la propia policía es rechazada por la población, debido a su papel histórico como una institución represora y no aliada del pueblo».
Y cuando compartimos su entrevista para la publicación, también me escribió muy emocionado: «Ya me puse todo acongojado, está muy ʿlindoʾ… no es una palabra tan adecuada, pero me encantó, y sobre todo cómo relaciona al comisario con otros grandes».
Puede que no sean ángeles y contubernio del Rey gaditano
22 de junio de 2024, Academia de la Lengua salvadoreña. Habíamos realizado los promocionales antes de la presentación. Fue un suceso extraordinario que, aparte de Haydee, la compañera de Francisco, también nos acompañara su madre, Marina Castañeda de Méndez, y algunos amigos muy cercanos. Pasamos de la presentación dialogada que desarrollamos con él a una celebración tipo tertulia que continuó de lo más familiar en un restaurante de nombre «Macondo», donde, con la agradable compañía y estimulante plática de doña Marina, nos enfilamos unas cervezas para efectos de coronación del buen momento, que ella disfrutaba con su hijo. (Algo, sin embargo, sospechoso y extraño nos aconteció a los amigos que nos acompañaban y a los de la Editorial: luego de que Francisco y familia se retiraron muy contentos, nos cayeron de sopetón agentes policiales al lugar a pedirnos los documentos y a revisarnos para ver qué nos cargábamos).
Es ilustrativo agregar que para la presentación (y así lo utilizamos en afiches promocionales) pensamos incluir el licor preferido del comisario, Predilecto, que aparece en algunas acciones del comisario Chanán y de sus detectives estrella en los bares Pulpo zurdo y Aquí nadie pasa sin saludar al rey, pero no pudo conseguirse.
Retomando el video resumen de la actividad que se guarda en las publicaciones de la red social de nuestra editorial, puede verse a Francisco oscilando en el diálogo entre el colega editor y poeta Manuel Barrera Ibarra y mi persona, pero con esa excitación literaria que permite ver un libro publicado. El rostro de Francisco regocijado al amparo de un par de mínimos tragos de whisky, seguramente para atemperar los nervios.
Ahora, creo que si algo nos sucedió con la camaradería que nos permitió Francisco durante todo el proceso de preparación, revisión, tertulias, y finalmente la presentación de la novela, fue ser cófrades de su alegría, cómplices de la realización de ver una de sus creaciones preciadas convertidas en libro.
Un detalle aparte de Francisco fue su aporte, junto a otros poetas y escritores, para la antología que después preparamos en honor de Jorge «Mágico» González. Francisco solía contar una anécdota, en la que parece que llegó a los puños, con respecto al debate típico de defender qué futbolista centroamericano es el mejor. Él retomó parte de la anécdota y escribió el cuento «Conflicto centroamericano» para la antología Rey gaditano.
Un viaje a Guatemala
Quiero destacar aquí algo todavía más personal: con motivo de mi celebración de cumpleaños hice un breve viaje a Guatemala a inicios de octubre de 2024, durante el cual Francisco fue una especie de consejero y guía, con quien compartí algunas impresiones. Me volvió a hablar de algunos escritores, del aire que se respira, de los escritores clásicos: de un fotógrafo que se encontró por el centro de Guatemala en cierta ocasión (al parecer uno de los famosos fotógrafos del Che Guevara). Me habló de algunas anécdotas de El portalito, una cervecería popular a la que acudían escritores, artista y poetas. Entre ellas, creo, si no recuerdo mal, me hablaba de una a la que estaban vinculados Augusto Monterroso y el poeta Luis Cardoza y Aragón: una cuenta no pagada, los apuros y la urgencia por vender un reloj. En fin, que hablar con él era extraer de manera dadivosa experiencias de vida auténtica, o como las historias de sus relatos deslumbrantes con el espíritu en vilo de sus personajes.
Al regreso, le conté lo que vi, algo que me hizo recordar los portales de El señor Presidente, las corrupciones e incluso algo que todavía se siente en un edificio histórico de la ciudad. Sentí la miseria, el desamparo del pueblo, las máscaras del poder. La desgracia. Le hablé de ese hálito que permanece aún desde otro tiempo, a pesar de lo maravilloso y de la memoria de la cultura palpitante, tan significativa, tan viva, entre todo ese universo simbólico. Sentí la maldad que flota todavía entre los pasillos y los rostros de los custodios de dicho lugar. «Es que esa sombra todavía está en las esquinas. Es como que el tiempo se detuvo en las dictaduras», me dijo Francisco. Le dije que esa sensación me motivaba escribir algo sobre eso, y el recalcó: «Debes hacerlo». Y le dije que quería releer El señor Presidente. Le hablé de los portales y de El portalito, a donde hubiese querido ir con Francisco y oírlo contar anécdotas sobre la vida y los personajes de su país, algo que me hace sentir cierta culpa por no propiciar las circunstancias, por no dar más tiempo como lo hacía él.
Tiempo después, seguimos hablando de Cardoza y Aragón. («Aragón es una galaxia», me dijo). Tenía la inquietud de que me compartiera o hablara de más libros de él: me recomendó, me habló de sus poemarios señeros; incluso, de Miguel Ángel Asturias, casi novela, que no he logrado leer, y del que me había prometido buscar en su biblioteca un ejemplar.
Proyectos, cuentos metamórficos, lágrimas
Para cuando Francisco regresó a Guatemala, a finales del 2024, teníamos el proyecto de publicar un libro de cuentos, que, por cierto, estábamos terminando de revisar, y que él pensaba regalarse para cuando cumpliera sesenta años. Sabíamos ya de las complicaciones de salud, que se habían vuelto conocidas, para nosotros los editores, al mantenernos en contacto regular con Francisco. Seguimos hablando, vimos correcciones, y estábamos a buen punto para darle concreción, pero, por limitantes de tiempo y concurrencia de cosas, no se logró para la fecha de su natalicio. Ya en Guatemala nos contactó y nos envió un prólogo de Javier Payeras. Las complicaciones de salud, aparte de los tiempos de edición fueron obstáculos para un libro que tiene que ver con Bestias. En él había retomado cuentos anteriores y los emparentaba con los que había escrito en El Salvador, particularmente en Santa Ana, en su espacio de soledad creativa. Unos cuentos impresionantes.
Francisco nos habló de su interés por volver a publicar Saga de libélulas. Decía que era una novela que se extiende a varios países de Centroamérica. Una novela intensa, además, y que por lo mismo tiene tal cantidad de páginas, que nos hizo sacar cuentas. Pero, considerando cómo estaba iniciada la serie El gran fascinador, nos habría gustado ver en la solapa de libros consecuentes, otros títulos con propia vida temblando debajo de Puede que no sean ángeles.
La partida de Francisco de este mundo no la aceptaba en un primer momento. Teníamos Francisco y Chanán para más. Repasé fotos, audios, mensajes compartido con la editorial. Quería despedirlo, hacer un ritual, regresar a su país. El poeta Alfonso Fajardo me dijo que lo importante fue que, en su paso por El Salvador, como editores, contribuimos para que tuviera momentos de felicidad. Y eso lo alimenta a uno: saber que un escritor brilla por su talento y calidad literaria, pero que, además, fascina como ser humano.

Edenilson Rivera (El Salvador, 1973). Licenciado en Letras por la Universidad de El Salvador. Escribe poesía y ensayo. Publicó Sarcófago de viento, 2012. Participó en el IX Festival Internacional de Poesía de Granada, Nicaragua, en 2013. Parte de su obra poética se ha publicado en las revistas Gramma (Argentina) y Ligeia (España). Escribe artículos literarios en su blog «metaforademente.blogspot.com» y en el suplemento cultural «Tres Mil» del Diario Co-Latino. Es miembro representante de Falena Editores y parte del equipo editorial de Estro Ediciones. Publicó recientemente su poemario Fabuladora de las nubes (2021).
