Gonzalo García Barcha (México, 1964), diseñador gráfico, tipógrafo, ilustrador y editor, conversó con El Escarabajo sobre el proyecto que lidera junto al escritor colombiano Felipe Restrepo: Revista Ideal. En 2017, Gonzalo diseñó la fuente de la edición conmemorativa de «Cien años de soledad» del Nobel de literatura Gabriel García Márquez, su padre. García Barcha apuesta por recuperar la conexión con el mundo físico a través de esta revista impresa de literatura y artes visuales
Dany Díaz Mejía │ Narrador y politólogo
Este año el festival cultural Centroamérica Cuenta se celebró en Panamá, reuniendo a más de 100 artistas de más de 18 países, para “compartir ideas y celebrar que las palabras cruzan fronteras”. Dany Díaz Mejía, invitado de Honduras al festival, tuvo la oportunidad de entrevistar a Gonzalo García Barcha, diseñador gráfico, tipógrafo, ilustrador, editor y miembro de la junta directiva de la Fundación Gabo. La conversación ha sido condensada por razones de espacio.
Dany Díaz Mejía: Muchas gracias por esta entrevista para El Escarabajo, Gonzalo.
Gonzalo García Barcha: Encantado, encantado porque justamente la vocación de nuestra revista Ideal es poder mantener al tanto al público de lo que está sucediendo en todos los países de habla española, y bueno, no es fácil, aún estando en la Ciudad de México, es difícil estar en contacto con escritores y lectores de América Central. También creo que festivales como Centroamérica Cuenta son fundamentales para el objetivo de nuestra revista.
DDM: ¿Cómo surge la idea de crear Revista Ideal? Ayer me comentabas que te llamaba mucho la atención la historia de las revistas en América Latina. ¿Qué te inspiró a lanzarte en este proyecto?
GGB: Bueno, mira, yo comencé como editor en mi primera editorial que fue Ediciones del Equilibrista en la Ciudad de México. Uno de los primeros proyectos serios que hicimos fue hacer ediciones facsimilares de revistas latinoamericanas. Estuve, sobre todo, involucrado en la edición de la revista cubana Orígenes, y luego la editorial siguió haciendo varias ediciones facsimilares de revistas. Ahí fue donde empecé a interesarme en el fenómeno de las revistas en América Latina. Luego va uno descubriendo Sur, va uno descubriendo Contemporáneos en México, desde luego la revista Mito, en Colombia, y bueno, esa es una de las razones por las cuales me parece interesante y divertido emprender un experimento como esos ahora.
Incluso, a principios del siglo XX, las revistas mantenían informada a la gente de lo que estaba sucediendo de un lugar a otro. Ese es el asunto: la comunicación directa entre los países de América Latina sigue siendo un tema muy recurrente. Yo crecí mucho en un ambiente en donde la gente que me rodeaba estaba interesada en estar directamente en contacto entre los países sin necesidad de pasar por Estados Unidos. Te estoy hablando de antes de las redes sociales. Resultaba misterioso cómo para ir de México a Cartagena de Indias, por ejemplo, había que pasar por Miami o pasar por Panamá, y no hablo solo de la circulación de gente, sino también de la circulación de las ideas.
Siempre ha sido interesante el dilema de por qué no estamos más en contacto entre nosotros.
DDM: ¿Y qué has descubierto? ¿Por qué es tan difícil llevar esta revista a Tegucigalpa, San Salvador, o Ciudad de Guatemala, por ejemplo?
GGB: Todavía no lo hemos intentado con Centroamérica, pero cuando estábamos preparando números experimentales de la revista, hicimos algún intento de enviar a Buenos Aires o a Santiago de Chile, o sea, lugares que pensamos que están más conectados, pero aún así en las aduanas piden la licencia de importación a la persona que está recibiendo el producto. En fin, no es fácil hacer algo así. Pero nos interesa el producto físico. Como ya tenemos su distribución en México, y como Felipe Restrepo [Director Editorial de Revista Ideal] es colombiano, estamos confiados en que podamos hacer llegar ejemplares a Bogotá. Ya veremos si logramos llegar a Bucaramanga, que ayer nos escribían de Bucaramanga a ver cómo se puede hacer eso. Entonces es un poco tratar de tomarle el pulso a la comunicación. El problema tiene mucho que ver con la gran desconfianza que hay en el comercio entre países de América Latina, que parten de la base de que a lo mejor estamos distribuyendo productos ilícitos.
DDM: ¿Crees que hay un miedo a lo subversivo?
GGB: Bueno, es que lo que antes era subversivo, ahora huele mucho a narco, ¿no? A los que acusaban de comunistas en alguna época, ahora los acusan de ser narcoterroristas. Entonces, bueno, es un reto interesante. Yo espero que lo logremos resolver, es algo que nos gustaría poder hacer, llevar nuestra revista a librerías de Lima, a librerías de Tegucigalpa, a Río de Janeiro. Nunca he entendido por qué es tan complicado eso, pero sospecho que tiene que ver con el control de la gente que manda en estas cosas.
DDM: Hablando de la gente que manda en estas cosas, estamos viviendo un momento donde el poder que se ejerce a través de la intimidación parece estar un poco de moda a nivel internacional. De alguna manera Ideal nos plantea algo diferente: un diálogo. ¿Nos podrías contar un poco más de esa intención dialógica?
GGB: Bueno, uno de los lugares a donde nos interesa muchísimo llegar es a Norte América, a Estados Unidos y a Canadá. Ahí el mercado de productos escritos y de lectores es ya indiscutible. Es un público interesante con un español muy variado. Queremos plantear un diálogo directo, un diálogo sin intermediarios, un diálogo en donde lo importante sean las ideas, justamente de ahí el nombre de la revista. Se busca tratar de crear un intercambio de ideas. Esto no es un asunto nuevo, este es un asunto que funcionaba bastante bien ya en el siglo XX y que estamos tomándole el pulso. No somos enemigos de los productos digitales, pero la revista está diseñada como un libro, está diseñada para vivir en un librero o una biblioteca, y nos gustaría que pudiera ejercer eso. La idea es ir a recogerla en una librería, enviarla por correo, pero en fin, vamos a ver si eso es posible. Ya hemos establecido que sí es posible tener contacto con los escritores o los posibles colaboradores. La pregunta es si vamos a poder tener ese mismo éxito con la gente que va a recibir el producto al final, los lectores.
DDM: Hablando de políticas culturales, ¿qué pueden hacer los países de Centroamérica, por ejemplo, para facilitar el flujo de productos culturales como Revista Ideal?
GGB: Me da la impresión de que los Estados no tienen muchas ganas de seguir haciendo esa labor que fue importante durante el siglo XX: el subsidio del libro, el subsidio de artistas, etcétera. Ahora estamos en manos independientes, de empresas que estén dispuestas a hacer el trabajo que en otras épocas hacía el Estado. Hay un patrón. Los Estados están dejando de subsidiar y de promover el libro. El concepto de Ministerio de Cultura da la impresión de que ha perdido aliento. Ministerios de cultura como el francés, como el español, siguen haciendo un esfuerzo porque haya una cultura subsidiada por el estado. Esta es una idea que ya no está muy de moda. En países como México, como Argentina, están perdiendo ese tipo de subsidio.
Creo que, por el momento, los ministerios no son la gran solución, desde luego, no a nivel latinoamericano, pero esperemos que más tarde sí lo sean. Sigo creyendo que la intervención del Estado en eso es un elemento importante.
DDM: Revista Ideal tiene su propia tipografía, una tipografía que tú has desarrollado, ¿cómo y por qué se da esta apuesta?
GGB: Yo no soy periodista. Sí, he sido editor toda mi vida. Lo primero que hice, acabando la carrera, fue una editorial de libros de literatura en la Ciudad de México. Y haciendo libros me di cuenta de que si uno quería realmente tener control sobre todo el objeto impreso, pues digamos que el ladrillo es la tipografía. Entonces, me empezó a interesar esa historia fascinante, sobre todo en América Latina, donde la imprenta llegó, por ejemplo, a la Nueva España, prácticamente 100 años antes de que llegaran las imprentas a Estados Unidos. Casi 100 años antes de la imprenta de Harvard, ya se imprimían libros en la Ciudad de México. Más o menos al mismo tiempo, se empezaron a hacer libros en Lima.
Hay experimentos increíbles como la imprenta guaraní que está metida en la selva de Misiones, en Sudamérica, donde un grupo de jesuitas pidió que les mandaran unas prensas de España, y las prensas no llegaron nunca, y entonces empezaron a fabricar prensas en medio de la selva, con maderas naturales. Eran unas imprentas ambulantes. Las ponían en caravanas e iban de un lugar a otro donde hiciera falta, generalmente para catequizar a la gente. Esa es una idea muy romántica. Y todas estas experiencias de las que te hablo cortaban sus propios tipos. Las matrices eran de cobre, los tipos mismos eran de plomo. No son cosas fáciles de transportar desde España. Los impresores que venían de allá tenían el conocimiento para fundir, un conocimiento totalmente alquímico, fascinante, la verdad, y al mismo tiempo era gente muy erudita, que imprimían libros en latín, en español, en quechua, en náhuatl, en guaraní. Eran realmente unos esfuerzos increíbles porque existiera eso. Y no se había inventado la imprenta mucho tiempo antes en Europa. Es decir que, en América, la historia de la imprenta es casi tan antigua como la historia de la imprenta de tipos móviles en Europa.
Como uno ya tiene la mente carcomida por la imaginación, lo primero que hice fue tratar de reproducir esas experiencias. El momento en que yo me empecé a interesar en esto fue cuando empezaron a numerarse las tipografías, a hacerse digitalmente. No se volvió más fácil hacer una fuente tipográfica, pero sí resultaba más fácil hacer pruebas, dibujar directamente en la computadora, etcétera. Fue un momento en que a nivel mundial empezó a digitalizarse toda la historia de la tipografía. Esa es una cosa fascinante. Los países europeos se encargaron de numerizar los Godness, los Garamonds, todas esas fuentes que existían allá. Entonces, uno se va clavando, aprendiendo y conociendo gente que se dedica a eso.
Yo nunca pensé en dedicarme exclusivamente a hacer tipografías por hacer tipografías. A mí lo que me interesaba era hacer libros, y comencé haciendo libros con una fuente tipográfica en particular, la que fundió el tercer impresor en México que se llamó Enrico Martínez. Empecé haciendo esa y no he tenido realmente la oportunidad de trabajar en otras. Hay colegas en México que han rescatado otras tipografías, pero yo llevo más de 30 años desarrollando la fuente que yo llamo Enrico. Empieza uno a aprender lo que son los estilos tipográficos, y al cabo de tanto tiempo, y con la ayuda de colegas muy meritorios, hemos llegado a un punto en que ya tenemos suficientes estilos tipográficos como para intentar algo como un periódico o una revista. En el momento en que ya tuvimos una tipografía lo suficientemente grande como para intentar la revista, fue cuando hablé con Felipe Restrepo.
DDM: ¿Cómo se llama la fuente?
GGB: Se llama Enrico Bar, porque hay una nueva manera de diseñar fuentes tipográficas que son las fuentes variables. Antes, uno compraba la regular o la itálica o la versales o las versalitas. Ahora puede uno comprar unas fuentes tipográficas muy muy grandes que en sí ya abarcan varios ejes, que te permiten incorporar pequeñas variables al diseño básico de la fuente. Son más ornamentales a medida que se van haciendo más grandes para hacer cabezas y títulos, y que se vuelven más técnicamente precisas cuando son muy pequeñas para hacer pies de notas, etcétera. Cuando estás utilizando una fuente como esta, no es nunca el mismo diseño de la letra. Y va variando en función de para qué la quieres. Si vas a hacer una cabeza es diferente a si vas a hacer un cuerpo de texto para leer. Esta fuente que tenemos ahora ya tiene incorporados estos ajustes, digamos. Le indicas a la computadora que estás utilizando una fuente para cuerpo de texto y ella encuentra el mejor diseño para eso. Es una evolución a nivel digital y a nivel numérico, pero es importante notar que esto ya lo hacían los primeros maestros de la tipografía. Como ellos también tenían que hacer una por una las letras, se preocupaban por hacerlas más grandes, hacerlas más vistosas, más ornamentadas, y las más pequeñas más funcionales, más legibles a tamaños pequeños.
DDM: La revista es un objeto físico, el proceso de pensar esa tipografía es pensar cómo se va a ver en el papel. ¿Te interesa el aspecto físico?
GGB: Pero por supuesto, es muy muy importante, y además, como te digo, hay algo alquímico, como técnico, del comportamiento de los metales, el comportamiento de las tintas, el comportamiento del papel. Los viejos maestros tenían un dominio impresionante de todo eso. Desde el momento en que se descubrió la técnica, ya tomaban en cuenta este tipo de cosas. Los incunables europeos del siglo XV nunca han sido mejorados, ni en la calidad del papel, ni en la calidad de la tinta, ni en la calidad estética de los tipos, es realmente impresionante. Siguen siendo el canon.
DDM: ¿Cómo han pensado las secciones de Revista Ideal? ¿Qué secciones tendrá? .
GGB: Siendo tipógrafo, siendo interesado en eso, visualizaba una revista fundamentalmente de texto, casi como un libro, que nada más se distinguiera por las cabezas, y bueno, esas son las las virtudes de tener un compañero de equipo, ¿no? Felipe ordenó mucho esa idea, sugirió que hiciéramos mucho más énfasis en las artes visuales, sugirió que hubiera una introducción, un cuerpo y una conclusión. De manera que, al principio y al final de la revista, hay unas secciones un poco más ligeras. Además, podemos meter el material que nos dan nuestros anunciantes de manera que queda un cuerpo central que no va a estar intervenido por publicidad. Esa parte central se parece mucho más a lo que yo había visualizado. Pero tiene una primera y una última parte mucho más breve, mucho más ligera, y mucho más ilustrada. Esa es la estructura que finalmente decidimos, pero Felipe fue el principal promotor de esa sección.
DDM: ¿Cómo comienza esa conversación con Felipe y cómo pasa de la conversación a la realidad?
GGB: Bueno, tan sencillo como que nos reuníamos por Zoom, porque en ese momento todavía Felipe vivía en Colombia, y en nuestra primera reunión nos mirábamos la cara a través de la pantalla y decíamos, «No tenemos la menor idea de cómo comenzar». Y la manera de desbloquearlo fue decidir que íbamos a inventarnos una revista, pensar en quién nos gustaría invitar a participar. Yo ya tenía la idea de la tipografía.
Empezamos a hacer pruebas de cuerpo de texto, de disposición, una, dos, tres columnas, el manejo de las cabezas. Pero todo esto era ficticio. El número 00 que hicimos era un número totalmente inventado con material de gente muy cercana a nosotros. Y poco a poco fuimos entendiendo cuáles eran los retos, qué era lo que nos interesaba. Y una vez que empieza uno a tener ideas, pues las mismas ideas te van dirigiendo y te van creando límites. Ahí es donde estamos ahora. Es que ten en cuenta, Dany, que este es el número 1.
Le he preguntado a varios directores de revista que si el producto, un año después haber sido lanzado, se parece al número 1, y todos coinciden en que no, eso depende mucho de la reacción de los lectores, de la realidad de producción. Entonces, bueno, este número 1, que nos entusiasma mucho y que ya nos gusta mucho, pues no sabemos si el número 6 va a ser igual a este. El factor distribución es muy muy importante. No sabemos si dentro de ocho números ya tendremos que ser digitales porque fracasamos en lo que estábamos hablando hace rato. Eso es interesante, es la diferencia con hacer libros. Los libros, en general, son mucho más planeados, se diseñan colecciones, se trata de que esas colecciones tengan una unidad desde el principio. Yo creo que lo interesante y divertido de las revistas es que habrá que irlas haciendo evolucionar a medida que encontramos realmente el tono, y a medida que tenemos la reacción de los lectores.
DDM: Algo interesante de la revista es que está en español, pero no sólo está dialogando con el mundo hispanoparlante, sino también tiene traducción.
GGB: Nos interesa mucho no solo la traducción de otros idiomas, sino también, muy a instancias de Felipe, estamos haciendo un producto que tiene muchas artes visuales. Todo eso nos permite invitar a otras personas, nos cambia el esquema de producción porque hay que tener un control de calidad en las revistas. Hay, desde luego, una participación de ilustradores, quisiéramos invitar también ilustradores de todo este universo que nos interesa, y establecer lenguajes de comunicación con toda esta gente. Eso también es muy interesante de cualquier producto gráfico: primero hay que hablarlo antes de hacerlo. Para eso se crea un lenguaje que se va desarrollando a medida que vamos haciendo la revista.
DDM: ¿Cómo fue la planificación de este número 1, desde el proceso que empezaste a contactar a los colaboradores, incluyendo a los ilustradores? Veo que hay un texto de Eduardo Halfon, por ejemplo.
GGB: Bueno, mira, el cuento de Halfon nos llegó para este número, pero por ejemplo, en el número 1 tenemos un cuento de Michel Nieva, un cuento de ciencia ficción que nos gusta mucho. Felipe y yo hicimos dos números antes de salir con esto. También un artículo que me interesaba mucho a mí, que tiene que ver con lo que hablábamos al principio, un experimento de Malva Flores, una intelectual mexicana que tiene un sitio web dedicado a las revistas en español.
DDM: ¿Péndola?
GGB: En efecto, sí, Péndola. Y en el segundo número cero que hicimos, ya habíamos armado ese artículo, ya nos habíamos puesto en contacto con Malva. Era prácticamente una imposición empezar con Ideal con un artículo sobre eso. Este es un sitio web donde puedes ver qué se ha hecho en revistas hasta ahora. Nos gustaría sentirnos parte de esa tradición.
DDM: Hablando de tradición, ayer comentabas que tu padre, Gabo, había tenido una serie de pilotos de revista, y que alguno se llamó Ideal, y que a ti te gustaba esa parte de que Ideal, el nombre, estuviera conversando con otras cosas de la cultura: la panadería, el café y tal.
GGB: Es un nombre que no fue fácil registrar porque existen cantidades de cosas que se llaman “ideal”. No queríamos ser demasiado sofisticados con el nombre. La verdad es que fuimos tercos, tuvimos que esperar mucho tiempo para poder registrar el nombre. Tratar de que no se nos saliera demasiado de las manos la sencillez, aunque es un producto muy cuidado, el mejor diseño gráfico es el diseño gráfico más sencillo, realmente.
DDM: ¿Qué has aprendido de vos en este proceso?
GGB: Bueno, que no es mi primer rodeo, como dicen los gringos. Hay muchas eventualidades que ya teníamos previstas, otras no. Yo ya he dirigido el arte de algunas revistas, pero nunca he dirigido una revista. Creo que entre los contactos que tenemos Felipe y yo, que no son los mismos, porque Felipe es más joven, es colombiano y yo mexicano, nuestros directorios no coincidían en todo, y esa es una gran ventaja desde el punto de vista de nacionalidades y desde el punto de vista de generaciones. Uno va aprendiendo que tal vez la gente que a mí me interesa, no es de la misma generación que le interesa a Felipe. Y nos gustaría ir aún más [lejos] y encontrar gente aún más joven. Creo que Felipe y yo nos compenetramos bien en ese sentido. Aprendemos mucho el uno del otro.

Dany Díaz Mejía. (Tegucigalpa, 1988). Tiene una licenciatura en Ciencias Políticas de la Universidad John Carroll y una maestría en Políticas Públicas y Gestión de la Universidad Carnegie Mellon. Además, es becario no residente del programa de Equidad Social y Económica del Instituto Internacional de Desigualdades de la London School of Economics. Actualmente trabaja como consultor en temas de desarrollo en Centroamérica. En el ámbito literario, Dany Díaz Mejía ha publicado una colección de cuentos titulada "La Quebrada" (Oblicuas, 2019) y la colección de ensayos personales "Crónicas de lo que dejamos en la orilla"(Flor de Mezcal, 2024). Su trabajo ha sido publicado en medios como Gato Encerrado, Contracorriente y America Magazine.
