El escritor y politólogo hondureño-salvadoreño Dany Díaz Mejía nos habla sobre su libro «Contranarrativas a los modelos autoritarios y extractivistas en Centroamérica», un material construido con textos de ficción y no ficción sobre las experiencias de liderazgos, organización y resistencia de algunas comunidades centroamericanas ante los proyectos de carácter extractivista y formas de gobierno autoritarias. El libro es un testimonio de prácticas democráticas y de resistencia ante el poder económico y político de los años recientes en la región. Gracias a nuestra alianza con BibliófilosSV, la entrevista también podrás escucharla en su podcast
Ricardo Hernández Pereira | Docente y narrador
Estamos aquí para hablar sobre el proyecto Contranarrativas, una de las publicaciones centroamericanas más importantes de este año a mi juicio.
El nombre completo del material es Contranarrativas a los modelos autoritarios y extractivistas en Centroamérica, y es también un proyecto de la Escuela de Economía y Ciencia Política de la Universidad de Londres. «Contranarrativas a los modelos autoritarios y extractivistas en Centroamérica». Este es un material construido con textos de ficción y no ficción sobre las experiencias de liderazgos, organización y resistencia de algunas comunidades centroamericanas ante los proyectos de carácter extractivista y formas de gobierno autoritarias. El libro es un testimonio de prácticas democráticas y de resistencia ante el poder económico y político de los años recientes. El libro también es una experiencia estética con la colaboración de textos de ficción e ilustraciones de artistas salvadoreños.
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Creo que esa conjunción le da otra dimensión al libro.
- Contame cómo inició este material. Entiendo que la contranarrativa comenzaste a trabajarla en El Salvador.
La idea de narrativas y contra-narrativas surgió cuando empecé a escribir sobre el régimen de excepción de El Salvador en el 2022. Recuerdo ese fin de semana de marzo donde las maras asesinaron a 87 personas aparentemente al azar y la respuesta del gobierno que llevó al desmantelamiento de las pandillas, pero también al encarcelamiento de aproximadamente el 1% de la población de El Salvador. Me di cuenta de que para contar ambas realidades necesitaba reconocer las paradojas de la realidad, el horror de las pandillas y la injusticia de las detenciones arbitrarias que surgieron durante el régimen de excepción.
Por eso en mis artículos periodísticos entrevisté a personas que apoyaron el régimen desde el inicio porque después de 20 años podían visitar las plazas de sus comunidades. Pero también entrevisté a una comunidad en la isla del Espíritu Santo donde 22 hombres, en su mayoría pescadores, habían sido detenidos arbitrariamente y de los que muy pocos han logrado su libertad cuatro años después.
Esa historia se convertido para mí en el rostro humano del costo social del régimen de excepción, y a la vez en una contra-narrativa a la poderosa narrativa oficial de transformación deslumbrante y sin peros. En base a esta historia, escribí cuentos de ficción, artículos de opinión y reportajes sobre la isla del Espíritu Santo.
Cuando me aceptaron al programa de la Universidad de Londres, quise profundizar en esta técnica y utilizarla para hablar de personas defensoras de derechos humanos y el medio ambiente en Centroamérica. Me centré en dos comunidades de Honduras, una al norte del país y otra al sur. Por un lado, quería entender por qué deciden insistir en prácticas democráticas y en proteger el medio ambiente, aun en un país como Honduras, que ha sido catalogado entre los más letales para los defensores de la tierra. Y, por otro lado, quería rescatar los puntos de vista y propuestas de estas comunidades como contra-narrativos a la narrativa de modelos extractivos que prometen, a veces literalmente, el oro, mientras ignoran los daños a la salud y la voluntad de las comunidades donde se instalan.
- ¿Qué dificultades encontraste en la elaboración de este material? ¿Qué contratiempos? ¿Qué retos superaste?
El primer reto fue el acercamiento a las comunidades de una manera que no fuese extractiva en sí misma. Muchas veces investigadores o periodistas del llamado Norte Global se acercan para estudiar a las comunidades y cumplir con sus requisitos académicos o comerciales, sin tomar en cuenta qué es lo que las comunidades desean o necesitan.
Al inicio de mi proyecto, yo quería enfocarme en un desarrollo académico o literario, pero cuando visité la comunidad de Brisas de Tramade en el norte de Honduras, varios líderes comunitarios me dijeron que ellos querían crear mayor concientización a nivel nacional e internacional sobre una mina que operaba dañando su salud y fuentes de agua. Así que cambié mi enfoque a un artículo periodístico que fue publicado en una revista digital e impresa de Estados Unidos y después en Radio Progreso, un medio alternativo muy importante en Honduras.
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Por otro lado, en Honduras hay restricciones a la libertad de expresión y prensa. Por ejemplo, un periodista podría ser denunciado por calumnia por un grupo con poder y, si es condenado en una corte, pasar hasta seis años en prisión. Como muchos casos de disputa de las tierras se basan en escrituras de los registros oficiales, sin tomar en cuenta si esas compras fueron lícitas, se desestima el testimonio y evidencias históricas de manipulación en cómo se obtuvieron esas propiedades. Por eso, un reto era reconocer la lucha de la comunidad, sin nombrar directamente a ciertos grupos de poder.
Y finalmente estaba el reto del formato final del proyecto, el cual fue una revista electrónica de carácter híbrido, que combinaba artículos periodísticos y de opinión, ilustraciones y cuentos de ficción. Muchas veces estos productos híbridos no tienen resonancia en espacios académicos, pero tuve la fortuna de recibir el apoyo de mi asesora, Jenny Pearce, para que además de estas escrituras híbridas, también hubiese una base teórica hilvanando la revista. El producto final me parece que logró cumplir con los objetivos éticos y estéticos que buscaba al inicio.
Además, como me encanta el audio, y porque la Radio de Zacate Grande, una radio comunitaria, es una de las protagonistas de mi revista, también decidí adaptar mi artículo de Zacate Grande y los cuentos de ficción en formato de audio, los cuales se pueden escuchar en Spotify, Apple y YouTube.
- Hablemos sobre la fase de publicación. ¿Cómo fue la gestión para reunir a otros artistas alrededor de este proyecto? ¿Cómo fue el trabajo editorial?
Esta revista, como decía, es un objeto híbrido. Yo me encargué de la parte de no ficción mientras que Carmen Elena Trigueros, Claudia Navas y Ricardo Hernández Pereira, con su extraordinario poder narrativo y sentido estético, se encargaron de los cuentos. Cada uno de ellos siguió su propio proceso creativo. La única consigna fue tomar como provocación inicial mis entrevistas a las comunidades.
Aquí entró el mecanismo de la ficción, que funciona de una manera que yo no entiendo del todo, pero que Vargas Llosa llamó la verdad de las mentiras. Es decir, cada relato tiene sus propias reglas internas, las cuales lo acercan a la verosimilitud, mientras que también nos revelan algo sobre la vida emocional de sus personajes y a la vez de las comunidades. Por otro lado, cada narrador encontró formas de nombrar, sin decirlo explícitamente, realidades que yo no podía nombrar desde la no ficción.
Finalmente, Verónica Vides contribuyó con ilustraciones preciosas que evocan las realidades de defender el medio ambiente y la desolación a la que podemos llegar si ignoramos los costos sociales del modelo extractivo. Y Reyna Salinas, inspirada en la comunidad de Brisas de Tramade, hizo una pintura contando la historia de promesas rotas por una minera a la comunidad en la que opera.
También tuve la fortuna de trabajar con Sergio H. García, un poeta y editor mexicano, quien se encargó de la edición de la revista en su conjunto. Esta fue una etapa muy importante porque muchos de mis artículos fueron publicados de forma independientes en revistas y medios digitales, pero había que encontrar una manera de integrarlos bajo un hilo conductor con los cuentos de ficción y las ilustraciones. Además, Sergio estuvo a cargo de la diagramación de la revista, encontrando una mezcla de colores que a mí me parecen que encajan bellamente con las ilustraciones de la revista.
Para mí este producto es el fruto de una colaboración ética y estética con artistas que respeto y que también comparten mi preocupación por el rumbo de Centroamérica.
- ¿Qué esperás de esta publicación? ¿Qué esperás de los lectores?
En primer lugar, lo que todos los escritores esperamos, ser leído. La revista es un texto híbrido por lo que me parece que hay algo para varios tipos de lectores.
Por un lado, está la ficción, que como sabemos ha sido históricamente una manera de abordar la política y evadir la censura en Centroamérica, pero buscando no ser panfletario y manteniendo cierto rigor estético. Es decir, los cuentos no buscan convencerte de cierta ideología política, sino que más bien abrirte un mundo emocional que te puede acercar a otros puntos de vista que quizás no habías considerado, o podrían también contarte algo de vos mismo. Todas esas lecturas me parecen válidas y valiosas.
Por otro lado, los lectores que están interesados en cómo ciertos modelos extractivos operan en Centroamérica van a encontrarse con casos específicos que reflejan dinámicas que desafortunadamente se repiten en muchas comunidades y que nos retan a pensar en alternativas.
Y por último, las ilustraciones y la revista en su conjunto contienen una experiencia estética que espero le agrade a los lectores a la vez que los exponga a contra-narrativas a los modelos que se presentan como la única posibilidad de organizar nuestras vidas y que resienten ser cuestionados.
- ¿Podés hablarnos de otros proyectos en los que seguís trabajando? ¿Qué más se nos viene?
En la no ficción, sigo explorando modelos híbridos en mi escritura y también el audio. Recientemente he escrito artículos de opinión y análisis usando historias personales para hablar de dinámicas sociales más amplias. Me parece importante aterrizar lo político en la vida diaria.
Y en la ficción estoy trabajando en una serie de cuentos en la que los personajes se enfrentan a sociedades cada vez más autoritarias. Algunos personajes buscan cómo rebelarse de formas creativas, como no cederle el parqueo al vecino del gobierno que simplemente se impone, mientras que otros toman posiciones más políticas y otros tratan de sobrevivir como pueden.
