Ricardo Iorio se pone a cantar tangos

Hoy, «Puro ruido», la columna del escritor guatemalteco Eddy Roma, nos lleva a conocer la faceta de cantor de tangos del fundador del metal argentino, Ricardo Iorio

Eddy Roma | Escritor guatemalteco

Al anunciarles a los seguidores de Almafuerte que se disponía a interpretarles un par de tangos, acompañado por los hermanos Juan Carlos y Jorge Cordone a las guitarras, el cantante Ricardo Iorio les aclaraba: «No es con la intención de ser Gardel, sino de demostrarles a todos que en doscientos años de independencia tenemos identidad musical».

            Así, respaldado por dos de los músicos que estuvieron al servicio del tanguero Edmundo Rivero, el prócer del metal pesado forjado en la Argentina dio a conocer parte del repertorio que incluyó en el disco Tangos y milongas,editado en 2014. Primero lo distribuyó en la tienda Tornado Rock, situada en la localidad de José C. Paz, alcanzada por la expansión noroeste del Gran Buenos Aires; después lo vendió en sus conciertos; al transcribir estas líneas resulta muy difícil mandarlo a conseguir (quisiera tenerlo en mi colección) y toca acudir a las plataformas digitales para escucharlo.

            Ni me fijé en el nombre, se pierde entre los miles de comentarios dispersos en Internet, pero reconozco el crédito de quien resaltó el desempeño de Iorio como cantor de tangos. Si bien no pertenecía al gremio, tenía el tono y el fraseo apropiados para encarar el cancionero surgido entre bulines, boliches y fecas de la ciudad de Buenos Aires, refundada y repoblada por los millones de gringos que adaptaron sus aparatos fonéticos a la entonación del castellano, a la vez que le modificaban el acento y le incorporaban palabras procedentes de los dialectos piamontés, genovés, lombardo y toscano hablados en la otra península, la itálica (échenle un vistazo a las obras de teatro estrenadas por el uruguayo Florencio Sánchez). Ese tono y ese fraseo surgieron mientras Iorio se ganaba la vida en el mercado de la localidad de Ciudadela, partido Tres de Febrero, y salía a vender ajos en plena hiperinflación, cuando los pesos y los australes se juntaban por millones sin que apenas valieran nada al cambiarlos por dólares, con aquel vozarrón que se escucha de aquí a dos cuadras.

            Supongo que Iorio no tomó la grabación de Tangos y milongas como un proyecto al margen: fue el medio ideado para acercarle las canciones de sus mayores a un público predispuesto a descartarlas por representar una época remota, a blanco y negro, poblada de compadritos bigotudos con su facón al cinto y de tranvías que dan la impresión de circular a toda velocidad. El documental La H (a cargo del director Nicanor Loreti, acerca del grupo Hermética, fundado en 1988 por Iorio tras la separación de V8, su primera banda) menciona que el cantante Claudio O’Connor debía repetir tomas hasta que las letras escritas por Iorio se pronunciaban bien. Ese afán de comunicación prevalece en Tangos y milongas: así podemos pedirle al mozo que nos sirva otro vaso de caña mientras escuchamos «Martirio», «Sabe don» y «Más allá».

            Como tantos, sólo conozco a Buenos Aires por lecturas y referencias. Tangos y milongas me la acerca y me recuerda que alguna vez, hace muchos años, los discos, las películas, las historietas, las revistas deportivas, el cachascán y las telenovelas procedentes de la banda occidental del Río de la Plata circularon con profusión en Guatemala, conectando a dos de los países americanos donde se tratan de vos.


Eddy Roma (Amatitlán, Guatemala, 1977). Narrador guatemalteco. Tiene a su nombre los libros El cabezón de la banda (novela juvenil, 2000), Café con piernas (cuentos, 2011) y Pronta ficción (relatos breves, 2023). Dirige el programa Rockanroller, que se transmite cada miércoles, a partir de las 8:00 de la noche hora de Centroamérica, a través de www.1900radio.com. 

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