A través de este ensayo, el académico e investigador cultural Bilal Portillo nos introduce al legado intelectual y literario del doctor Manuel Delgado Rivas, precursor de la novelística salvadoreña con su libro «Un drama judicial»
Bilal Portillo | Académico e investigador cultural
Introducción
Lo que se ha dicho sobre los inicios de la novela salvadoreña es exiguo, y por lo general las valoraciones críticas sobre los primeros intentos de crear novela son por decirlo de manera cortés, poco favorables. Esto por supuesto no va en detrimento de la importancia histórica de estos documentos. En este sentido, somos de la opinión de que es importante decir algo sobre los precursores de la novelística local, en este caso del doctor Manuel Delgado Rivas, uno de los pioneros de la historia de la novela en El Salvador.
Delgado Rivas nació en la que fue alguna vez capital del Estado: Cojutepeque, en el lejano año de 1853, hijo de Romualda Rivas y Manuel Delgado. De acuerdo a su árbol genealógico es de la parentela del clérigo José Matías Delgado.(1) Manuel fue un hombre que en el contexto de su siglo gozó de algunos de los privilegios de la clase pudiente salvadoreña. Sus estudios primarios los recibió en su natal Cojutepeque, los posteriores fueron cursados en Santa Tecla y San Salvador de donde se graduó de doctor en jurisprudencia, por lo que llegó a ser catedrático, decano y finalmente rector de la Universidad de El Salvador de 1881 a 1883.(2) Construyó de igual manera una carrera como funcionario público, llegando a ser ministro de Relaciones Exteriores Justicia y Cultos(3), además de juez, diputado y fiscal de hacienda. Cabe destacar que fue impulsor de la literatura femenina en el país (hecho del que hablaremos más adelante). Dejó obra literaria, académica y jurídica. La vida del doctor Delgado finalmente se agotó a comienzos de marzo de 1923, en el centro de San Salvador, atendido por el médico Carlos Rodríguez. Ante su cadáver el doctor Castro Ramírez pronunció unas emocionadas palabras que reproducimos en este trabajo (ver el epílogo).

Acta de defunción de Manuel Delgado. En ella se lee que la causa de su muerte fue una polineuritis aguda
Legado intelectual y literario de Manuel Delgado Rivas
En el campo literario cultivó la poesía, la oratoria, el ensayo y la narrativa. Recibió de sus colegas escritores comentarios laudatorios hacia su labor literaria, así lo testifica una nota publicada en las páginas de la revista La Quincena:
Delgado es uno de nuestros más brillantes literatos. Dueño de un estilo fácil, correcto y elegante, pone en todo lo que escribe el sello de su propia personalidad.(4)
Como poeta, podemos encontrar versos suyos dispersos en las páginas de algunas revistas, periódicos y antologías. Por ejemplo, en el tomo II de la Guirnalda Salvadoreña se recoge una muestra de su poesía, de la cual ofrecemos una estrofa:
Voy á partir ! mañana, Elisa mía,
Marcada con el sello de la angustia,
Caerá mi frente, desmayada y mustia,
Sobre mi pecho henchido de dolor;
Y al recordar las que gocé á tu lado
Venturas inefables de un instante,
Rodarán por mi pálido semblante
Lágrimas ¡ay! de infortunado amor.(5)
Por otra parte, la oratoria fue una de las virtudes intelectuales del originario de Cojutepeque, quienes lo conocieron, resaltan que cultivó este género con relativo éxito, uno de los que le oyeron dice:
Tiene notables aptitudes para la oratoria, y género es este que ojalá llamase más su atención.(6)
Otro testigo de aquellos años también exalta la competencia oratoria de Delgado:
La palabra afluye de sus labios con la difícil facilidad de los oradores y con las naturales entonaciones de voz.(7)

Manuel Delgado Rivas, foto extraída del libro Historia del Órgano Legislativo de la República de El Salvador, 1824-2006, tomo II, página 130.
Una breve idea de las habilidades retóricas del doctor Delgado Rivas quedaron plasmadas en su discurso Idealismo y Naturalismo en literatura, para que el lector se haga una noción, copiamos unos párrafos de este discurso:
A la benevolencia de los miembros de la “Academia de Ciencias y Bellas Letras de San Salvador”, más que á mis propios merecimientos, que son en verdad insignificantes, debo la honra de haber sido electo socio activo de esta naciente y simpática asociación. Yo he aceptado este nombramiento no solo con gratitud, sinó con verdadero gusto, porque si bien es cierto que no podré traer á mis nuevos colegas el concurso de claras luces ni de grandes aptitudes en ninguno de los ramos de la Literatura y de las Ciencias, también lo es que procuraré contribuir con toda la energía de mi voluntad á la realización de los altos y patrióticos fines que la Academia se propone alcanzar.
Altos y patrióticos fines en realidad señores: porque en el lustre y progreso de las Ciencias y de las Bellas Letras se cifran el buen nombre, la gloria imperecedera y el positivo engrandecimiento de los Estados. Las mudanzas, profundas transformaciones que el trascurso del tiempo ha operado en la gran familia humana, han hecho que desaparezcan completamente de la faz de la tierra soberbios y poderosos imperios, pueblos viriles y emprendedores que en épocas remotas llenaron el mundo con sus y lo asombraron con su fama.(8)
Además, Manuel fue parte del equipo de redactores y colaboradores de importantes medios impresos de su tiempo, rastro que se puede seguir en la invaluable investigación que dejara Ítalo López Vallecillos sobre el periodismo nacional. Vallecillos da cuenta que, entre otros medios, el doctor Delgado escribió para: La Integridad, El Liberal, La Tribuna, Centro América Intelectual.
En cuanto a la literatura jurídica, es coautor de un código penal y otro de comercio, ambos publicados en 1904. Por otro lado, Manuel Delgado fue impulsor de la lectura y enseñanza de obras literarias escritas por mujeres en las escuelas del país, en 1882 aconsejó la lectura de dos obras de la baronesa de Wilson, sobre una de ellas dice:
Honorable Consejo de Instrucción Pública. En cumplimiento de la comisión para que os servisteis designarme, he leido la obra que la Baronesa de Wilson ha publicado con el título de “Pérlas del Corazón” y me parece que sería muy conveniente adoptarla como texto de lectura para nuestras escuelas de niños…(9)

Portadilla del Código Penal de El Salvador de 1904, Manuel Delgado fue coautor de este trabajo jurídico
Otro aspecto de la vida intelectual y social poco conocido de Delgado es su participación como miembro y dirigente de la masonería salvadoreña. Añejas y recientes investigaciones documentan el tránsito de Manuel Delgado por la masonería, el cual dio inicio en 1882 como parte de la capitalina Logia Excelsior Nº 17.(10) El oriundo de Cojutepeque impartió formación de índole filosófica, fue directivo y alcanzó el grado 33 dentro de la organización:
Delgado recibió el Grado 1 el 16 de Agosto de 1882, el Grado 2, el 10 de Noviembre de 1882; el Grado 3 el 8 de Diciembre del mismo año; y el Grado 33 el 2 de Junio de 1901.(11)
Incluso, Delgado llegaría a fundar junto a otros masones, una logia en la ciudad de Santa Ana, bajo el nombre de Luz de Occidente en 1883 y fue miembro del primer Supremo Consejo de El Salvador.

Fotografía extraída del libro Masones y reformas liberales, El Salvador (1871-1886) de Roberto Valdés. Encerrados en el círculo rojo se puede observar a la izquierda al novelista Hermógenes Alvarado y a la derecha Manuel Delgado junto a otros masones salvadoreños
Pionero de la novela salvadoreña
Durante muchos años se dio por sentado (gracias en parte a don Luis Gallegos Valdés), que el pionero en esto de intentar la novela en el país fue el costarricense Alfredo Alvarado y su novela histórica Las ruinas de 1880. Hoy en día, y gracias a la conservación de algunos ejemplares del periódico capitalino La Nación, sabemos que antes de Alvarado, Manuel Delgado había publicado en 1879, su novelita corta Un Drama Judicial, de la que existen también referencias y comentarios en revistas de finales del siglo XIX.
Un antiguo comentarista de la novela señala:
La preciosa novelita “Un Drama Judicial”, producida por la bien cortada pluma del modesto literato Licenciado Manuel Delgado, ha sido leída con interés. Esperamos que el Licenciado Delgado continuará sus labores literarias, las cuales le ofrecen ya magníficos laureles.(12)
Esta novela tiene las características típicas de las primeras narraciones nacionales, está influenciada por el romanticismo y claro por el costumbrismo que es la nota inicial de toda la narrativa inicial salvadoreña. Además, está salpicada por escenas violentas que es otro rasgo recurrente de nuestra narrativa. El narrador nacional William Martínez es el primero y quizá único en el presente siglo en regalarnos una descripción de la novela, compartimos a continuación una parte de su comentario:
Desde la primera novela escrita en El Salvador en octubre de 1879, que es “Un drama judicial, hasta 1926, con “El Cristo negro”, de Salarrué, todo fue costumbrismo, por lo que la novela a la que nos referimos es parte de la corriente del Romanticismo, que se caracteriza por narrar la vida cotidiana, escenas típicas y personajes locales de una manera nostálgica como añorando bellas épocas. El Romanticismo nació en Europa en el siglo XVIII, pero abarcó gran parte del XIX, llegando tardíamente a El Salvador. Manuel Delgado escribió dos novelas conocidas hasta la fecha con el mismo estilo literario: 1- “Un drama judicial” (1879), 2- “Roca–Celis” (1908), ambas novelas son de gran calidad, quizá por la riqueza del lenguaje y principalmente porque él es el primer escritor en lo que a novelas salvadoreñas se trata.
Y la historia inicia así: “En una noche del mes de junio. Comenzaba á caer gruesas gotas de lluvia, i de tiempo en tiempo la vivísima luz del relámpago disipaba por un momento la densa oscuridad que envolvía la tierra, dejándose oír en seguida la voz ronca i prolongada del trueno que retumbaba en lontananza”. Transcrito el párrafo anterior imaginemos al caballero de nombre Carlos Fonseca cabalgando de noche bajo esa intensa lluvia. De pronto, al sonido de un fuerte trueno se escucha un disparo de arma, que el jinete oye, pero confunde con el eco que deja el trueno. Sin embargo, más adelante encuentra tirado en el suelo el cuerpo de un hombre malherido. Inmediatamente desmonta el caballo para auxiliarle. Reconoce que el hombre herido de bala es Juan Bermúdez, su contrincante en la conquista del amor de Clementina, la mujer más bella de la comarca, hija de padres acaudalados que no aprueban la relación de ella con Carlos Fonseca, pues quieren que ella se case con el joven rico Juan Bermúdez.
Agonizante, Juan le pide dos favores a Carlos: uno, que no persigan a su asesino, y dos, que entregue un paquete de cartas que carga consigo a quien firma las misivas. Asimismo, le dice que lo deje tirado donde luego fallece y que mejor se vaya con las misivas. Carlos hace lo que su contrincante en el amor pide y se dirige bajo la lluvia hacia su hogar. Al revisar las cartas advierte que quien firma es Mercedes, hija de don Pedro Cárdenas. Como Carlos se encuentra cansado, piensa ir a dejárselas al día siguiente, y cae a la cama con un sueño profundo. A la mañana siguiente, su amada Clementina, muy preocupada, lo despierta para pedirle que huya inmediatamente porque las autoridades locales lo buscan para apresarlo, lo acusan de asesinar a Juan. No obstante, Carlos Fonseca le dice a su novia que no se preocupe, pues no huirá porque jamás ha tocado un arma y no podría asesinar a un semejante. Juntos están al momento que llegan las autoridades y lo capturan para llevárselo y hacerle juicio.
Confiado en que lo declararán inocente, sereno, Carlos se presenta al juzgado para su juicio. En el pueblo saben que Carlos es un joven amable y bonachón dispuesto a ayudar a quien se lo solicite, por lo tanto, todos los presentes creen que el juicio será un trámite y que Carlos será puesto en libertad. El presidente del tribunal hace una apología sobre la vida de Carlos Fonseca que convence a los que forman parte del jurado, y ya, cuando iban a dictaminar su inocencia, se levanta Pedro Cárdenas, diciendo que no pueden declarar inocente a Carlos porque él presenció el momento en el que asesinaba a Juan. La palabra de un todopoderoso terrateniente es superior a la de un pobre hombre como Carlos, por lo que es declarado culpable y pagará con su fusilamiento.
En su hacienda, Pedro Cárdenas es macheteado por uno de sus peones y agonizante llama a su hija Mercedes y a su hermano Ignacio para confesarles arrepentido que él asesinó a Juan Bermúdez por haber deshonrado a su hija, que vayan pronto al juzgado con una declaración firmada con puño y letra suya para que liberen a Carlos. La misiva no llega a tiempo y Carlos Fonseca es fusilado. El pueblo lamenta su muerte, principalmente Clementina, que con los días yace enterrada a su lado.
30 de abril, 2025…(13)
Ahora, para hacernos una idea más completa de la novela, y ver cómo este drama jurídico, está cargado de sangre y drama de principio a fin, transcribimos (respetando su ortografía original) un fragmento, el cual nos ofrece la siguiente escena:
No separaba los ojos del herido; apenas lo hubo examinado á la luz de la luna, cuando se escapó de sus labios un grito de sorpresa.
—¡Juan! —exclamó apoderándose de una de sus manos; —¿eres tú, Juan?
I viendo que no le contestaba, se dirigió apresuradamente á un arroyo vecino, trajo un poco de agua en el hueco de las manos i roció con ella la cara del herido.
Pocos momentos despues exhalaba éste un doloroso gemido i abría los ojos lentamente.
—¿Me reconoces, Juan? —le preguntó el que se habia constituido en su enfermero.
—Te reconozco, —contestó con voz débil el herido: —eres Cárlos…
I despues de un instante de silencio, se sonrió tristemente i añadió estas palabras:
—Dentro de poco ya no tendrás quien te dispute la mano de Clementina, ¿no es verdad?
—¡Oh! no digas eso,—repuso Cárlos; —tú sabes que siempre te he profesado una estimación sincera, á pesar de que somos rivales; i no puedes dudar de que ahora daría cualquiera cosa por salvarte. Pensemos en los medios de conseguir los auxilios que necesitas, i luego me dirás el nombre de tu heridor i trataremos de tu venganza.
—¡Mi venganza! —dijo Juan con voz cada vez mas desfallecida; —no, yo no quiero vengarme. Mi muerte es el justo castigo de una falta mui grande, i deseo que no se persiga al que me ha castigado. Pero no perdamos tiempo… conozco que solo me quedan algunos instantes de vida, i tengo dos encargos que hacerte… ¿Me juras que serán fielmente cumplidos?
—¡Te lo juro por la salvacion de mi alma!
Entonces el herido se medio incorporó haciendo un penoso esfuerzo, i apoyándose en uno de los codos, le preguntó á Cárlos:
—¿Á dónde piensas ir al separarte de mí?
—Voí á N., pero te llevaré conmigo: tú no puedes creer que yo fuera capaz de abandonarte en el estado en que te encuentras.
—I por lo mismo que no lo creo es por lo que voí á hacerte el primero de mis encargos… Yo siento ya en el corazón el frío de la muerte… moriré dentro de poco á tu propia vista…(14)
Asimismo, Manuel es autor de otra novela, en este caso de las primeras del siglo XX, se trata de Roca-Celis, dada a conocer en 1908, y que al igual que Un Drama Judicial, su temática de fondo es un laberíntico caso judicial basado supuestamente en un acontecimiento real. Es curioso que mientras Un Drama Judicial a duras penas se menciona, Roca-Celis por el contrario fue considerada por autores como Juan Felipe Toruño como la obra inicial de la novelística salvadoreña:
Más que un relato novelístico es de tema legal; de modo que poco se conoce; pero sin embargo esa es la novela que aparece en el siglo, indicando la senda.(15)
El académico Ricardo Roque Baldovinos, se ha referido a ella, señalando lo siguiente:
Roca-Celis sigue el esquema narrativo de lo que Doris Sommer ha denominado romance fundacional: un relato en clave alegórica que recoge, en una trama amorosa, los dilemas de las facciones políticas enfrentadas en los procesos de construcción nacional. Con frecuencia, los romances familiares son tramas melodramáticas, cargadas de sentimentalismo o saturadas de sermones de civismo y moralidad. Baste mencionar como ejemplo de lo primero a María de Jorge Isaacs o a Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, de lo segundo. Para nuestra sorpresa, si bien Roca-Celis contiene los cambios de fortuna abruptos propios del melodrama, no destila sentimentalismo ni mucho menos es una excusa fácil para aleccionar a los lectores. Tenemos, antes bien, una estilización irónica del romance fundacional. Ello supone no sólo un cierto enfriamiento cínico de su autor frente a las pasiones políticas de su tiempo, sino también un dominio de las convenciones narrativa. Delgado no sólo estaba dotado de talento literario, era además un asiduo y perspicaz lector. Uno no deja de admirarse de lo bien educadas que estaban las élites de finales del siglo XIX, si se comparan con las de hoy. El título Roca-Celis reúne los apellidos de los dos protagonistas masculinos, Jerónimo Roca, el exitoso agricultor y comerciante de instrucción limitada –una especie de self-made man de nuestras latitudes– y el doctor Celis, un abogado apocado y mediocre, incapaz de percibir la pasión que en Roca despierta su esposa, Rosita, joven agraciada, con sensibilidad artística y aficiones literarias. En un episodio, que la narración hábilmente se encarga de cubrir de incertidumbre y ambigüedad, Roca, frustrado ante la negativa de Rosita a sus avances amorosos, la rapta y le administra una droga que la deja inconsciente. Arrepentido de su arrebato, el rico comerciante deja en libertad a su víctima y se entrega a las autoridades. Transcurridos algunos meses, Rosita da a luz a su único hijo. Nunca sabemos, a ciencia cierta, si en el rapto hubo violación y mucho menos si esta habría sido la causa del embarazo de Rosita, pero las habladurías de Villalonga –la ciudad provinciana inventada que sirve de escenario a la novela– dan por sentado la paternidad del terrateniente y, en lo sucesivo, pasan a referirse al hijo de Rosita como Roca-Celis. Para acabar de complicar el asunto, el propio Roca, quien ha aceptado su responsabilidad en el rapto y purga una condena de prisión, reclama al niño como hijo natural, aunque ya ha sido inscrito legalmente como descendiente legítimo del doctor Celis, bajo el nombre de Víctor Francisco. El ruido de fondo de la chismografía local envenena al joven desde la adolescencia y lo vuelve proclive al vicio. Cuando llega a la edad adulta, instigado por un abogado inescrupuloso, amigo de la familia, reclama la fortuna del ya fallecido Roca, lo que causa no sólo un escándalo sino un dilema judicial que mantiene ocupada a la prensa local y entretenidos a los habitantes de Villalonga.(16)
La novela por su parte nos narra acontecimientos como este:
El doctor Celis, entre tanto, había pasado largas horas de tristeza, de amargura, de verdadero sufrimiento al lado de su enferma agonizante: no tenía mucho tiempo de haber comenzado á ejercer su profesión, y así es que aún no había podido acostumbrarse á ver con indiferencia el doloroso espectáculo de ciertas miserias humanas.
La moribunda á quien prestaba sus últimos cuidados, era una muchacha de diez y seis á diez y siete años, dulce y simpática, que se extinguía rápidamente, consumida, devorada por la tisis. La infortunada criatura tenía gran apego á la vida, y la proximidad de la muerte le causaba un terror indecible. Cada vez que le desgarraba el demacrado pecho un dilatado y doloroso acceso de tos, que hacía asomar en las extremidades de la boca una espuma sanguinolenta, fijaba en el médico, con expresión angustiosa y suplicante, sus ojos engrandecidos y abrillantados por la fiebre y el espanto, y le decía con voz débil:
—¡Sálveme, doctor, sálveme, por el amor de Dios! Yo no quiero morirme todavía!
Y el doctor, aunque estaba viendo que el desenlace fatal era asunto de horas, procuraba tranquilizarla.(17)
Esta es la única novela de principios de siglo que ha tenido una reimpresión, publicada en el 2023 gracias a los esfuerzos de la editorial nacional El Venado Blanco y la académica Karina Zelaya, poniéndola de nuevo en el radar de los lectores. Esta nueva reimpresión ha respetado la integridad del texto original y viene acompañada de valiosos estudios.

Portada de la reimpresión dada a conocer en el 2023 por la Editorial Venado Blanco
Es así como el doctor Manuel Delgado Rivas es por el momento el verdadero precursor de la novela salvadoreña.

Fotografía extraída de: https://x.com/HistoriaDeElSa1/status/1665785307403280387/photo/1
Anexos
Reproducimos para los lectores la oración fúnebre que pronunció el intelectual Manuel Castro Ramírez en 1923, ante el cuerpo de Manuel Delgado. A continuación, la transcripción del texto tal y como apareció en las páginas de la revista La Universidad hace más de un siglo:
ORACION FUNEBRE
Pronunciada por el académico doctor don Manuel Castro Ramírez, a nombre de la Academia Salvadoreña, en el acto de la inhumación del Director de la misma, doctor don Manuel Delgado, el 2 de marzo de 1923.
Señores:
Un duelo intenso abate a la Academia Salvadoreña correspondiente de la Real Academia Española Muere su ilustre Director, el honorable Académico doctor Manuel Delgado, cuya egregia figura se destacó brillantemente desde el sillón I de nuestra corporación.
Cuán pocos salvadoreños van quedando aquí abajo de su talla moral e intelectual. No sería exagerado el decir que áhora el rayo de la muerte descargó en la cúspide más alta del edificio político social, y que una columna granítica rodó en el abismo insondable de lo desconocido.
Figura prócera la suya, cautivaba con su presencia gentil de hidalgo castellano de noble estirpe.
Traía por legítima herencia el blasón atrayente de su apellido, el mismo que dió a la historia nacional la página de luz. más gloriosa; y supo mantener el cetro conquistado, porque a los tesoros de su prodigioso talento, unió el raudal inagotable de su ingénita bondad.
Setenta años de vida no bastaron a romper las líneas armónicas de su vigorosa contextura. Desafiaba con aire de patricio antiguo la sentencia del sabio Hipócrates: su cuerpo no se doblegó al paso de la edad, y su espíritu eternamente enamorado del ideal, era rayo de luz purísima, que penetró en el santuario de la ciencia y en el rico arsenal de la literatura de los mejores tiempos clásicos.
Literato, jurisconsulto, diplomático, Ministro de Estado, Rector de la Universidad, Magistrado y ciudadano eminente, todo lo fué y en todo sobresalió con gallardía este ilustre académico, que deja un nombre inmaculado, honra y gloria de la Nación.
Nuestras pasiones criollas lo encontraron siempre erguido. de pie sobre la roca de su grandeza moral, con rendida devoción por la Patria, por sus ideales altísimos, por todo lo que eleva el espíritu a las excelsitudes del patriotismo.
Llamado estoy a invocar en esta luctuosa ocasión, la obra académica del eximio doctor Delgado, consagrado por la fama como sapientísimo literato y notable publicista. Y en este campo, el pobre juicio mío no alcanzará a compendiar en la obligada brevedad de esta oración fúnebre, el raudal de armonías que brotó del cerebro creador de Delgado, con su corte cervantino, su dicción sencilla y elegante, de una fluidez y naturalidad inimitable.
La pureza de la forma, su enjundia magistral, unidas a aquella donosa y elegante construcción, hicieron de su estilo un manantial de aguas cristalinas, a las cuales pudo acercarse, sin enojo, Fray Luis de León.
En sus. escritos, aparte del pensamiento que siempre fue elevado, y de la doctrina que lo fue sólida, brilló con luz propia y se ostentó con majestad no usada su lenguaje terso y límpido, abundante en donaires y gentilezas, rico en las galas de un arte sencillo y encantador.
Por dón natural, y nunca por esfuerzo alguno, al tratar sobre las muchas materias que dominaba, sabía presentar el asunto con admirable claridad y precisión, con tan alto aliento y númen tan ennoblecedor, que se imponía sobre toda ajena opinión.
Manejó el habla castellana con aquella pureza de dicción que tuvieron los escritores del áureo periodo de las letras peninsulares con aquella perfecta expresión del decir castizo y del gallardo pensar.
Los que le oyeron controvertir arduas cuestiones en las inolvidables sesiones de la Constituyente de 1885, recuerdan con orgullo patriótico aquel la palabra atildada, en que la idea aparece expuesta en forma tan hermosa, como si estuviese iluminada por una antorcha helénica o por un flamero renacentista.
Con tantos méritos, de que son mis palabras reflejo débil e imperfecto, es preciso reconocer que la pérdida sufrida es de suyo irreparable; porque se necesita largo transcurrir de los años y lenta elaboración de sociales elementos para que lleguen a reunirse en un estadista dotes tan raras y tan elevadas.
Al deplorar como ciudadano la desaparición de este salvadoreño conspicuo, y como académico la del eminente escritor, contemplemos a la Patria, que abrumada por la tristeza, se inclina reverente, como madre que sabe lo que pierde, ante los despojos mortales de quien fue uno de sus hijos predilectos, y sera siempre uno de sus más preciados ornamentos, una de sus glorias más legítimas.
DIJE.(18)

Comunicado en donde la Academia Salvadoreña de la Lengua notifica a su par española, la muerte de su director Manuel Delgado Rivas
Bibliografía
Fuentes primarias
Archivos de la Real Academia de la Lengua Española. https://archivo.rae.es/uploads/r/archivo-de-la-real-academia-espanola-2/c/0/4/c04fe94df74840df07f41b26382339d6b6a7f07af912602459afaf047388b941/FRAE_92_13_3.pdf
Delgado, Manuel. Un Drama Judicial. Diario La Nación. Edición del 1 de octubre de 1879. Sección de Colecciones Especiales de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas UCA.
–Roca-Celis. San Salvador: Imprenta La República, 1908. Sección de Colecciones Especiales de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas UCA.
Diario Oficial. Tomo 20, número 111, martes 18 de mayo de 1886.
Diario Oficial. Tomo 13, número 186, jueves 24 de agosto de 1882.
Revista La Juventud. Edición de 1880. Sección de Colecciones Especiales de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas UCA.
Revista La Quincena, año 1, número 8, 15 de julio de 1903.
Revista del Ateneo de El Salvador, año XIII, número 103, enero 1926.
Revista La Universidad. Serie XIII, número 1, julio, agosto y septiembre de 1924.
Revista La Juventud, San Salvador: Tipografía de “La Juventud”, año III, tomo I, 1880.
Fuentes secundarias
Delgado, Manuel. Roca-Celis. San Salvador: Editorial El Venado Blanco, reimpresión, 2023.
Gallegos Valdés, Luis. Panorama de la literatura salvadoreña. San Salvador: UCA Editores, 4 ª edición 1996.
López Vallecillos, Ítalo. El Periodismo en El Salvador. San Salvador: UCA Editores, 2ª edición, 1987.
Martínez, William. Lectores contra el tiempo (grupo de Facebook).
Mayorga Rivas, Román. Guirnalda Salvadoreña, tomo II. San Salvador: Imprenta del doctor Francisco Sagrini, 1885.
Ponte Domínguez, Francisco J. Historia de la masonería salvadoreña. Sonsonate: Imprenta Excelsior, 1962.
Toruño, Juan Felipe. Desarrollo Literario de El Salvador. San Salvador: Departamento Editorial del Ministerio de Cultura, 1958.
Revista Realidad. Número 163, enero-julio de 2024. https://revistas.uca.edu.sv/index.php/realidad/article/view/8184
Reyes de Cornejo, Clarisa. Rectores de la Universidad de El Salvador. https://revistas.ues.edu.sv/index.php/launiversidad/article/download/973/897/2829
Valdés Valle, Roberto. Masones, liberales y ultramontanos salvadoreños: debate político y constitucional en algunas publicaciones impresas, durante la etapa final del proceso de secularización del Estado salvadoreño (1885-1886). Tesis de doctorado. El Salvador: Universidad Centroamericana UCA, 2010.
(1) Manuel Delgado Rivas es bisnieto de Pedro José Delgado Matamoros y sobrino-nieto de José Matías Delgado. https://www.familysearch.org/es/tree/pedigree/landscape/K8RY-3BY
(2)Clarisa Reyes de Cornejo. Rectores de la Universidad de El Salvador. https://revistas.ues.edu.sv/index.php/launiversidad/article/download/973/897/2829
(3) Diario Oficial, tomo 20, número 111, martes 18 de mayo de 1886. 541.
(4) “Los decanos de las facultades”. Revista La Quincena, año 1, número 8, 15 de julio de 1903. 287.
(5) Román Mayorga Rivas. Guirnalda Salvadoreña, tomo II. 313.
(6) Román Mayorga Rivas. Guirnalda Salvadoreña, tomo II. (San Salvador:) 298.
(7)“Los decanos de las facultades”. Revista La Quincena, 15 de julio de 1903. 288.
(8) Manuel Delgado. “Idealismo y Naturalismo en Literatura”. Revista La Universidad, serie I, número 6, 25 de octubre de 1888. 20.
(9) Diario Oficial, tomo 13, número 186, jueves 24 de agosto de 1882. 173.
(10) Roberto Valdés Valle. “Masones, liberales y ultramontanos salvadoreños: debate político y constitucional en algunas publicaciones impresas, durante la etapa final del proceso de secularización del Estado Salvadoreño (1885-1886)”. Tesis de doctorado. Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El Salvador, 2010, 94.
(11) Roberto Armando Valdés Valle. “Masones, liberales y ultramontanos salvadoreños: debate político y constitucional en algunas publicaciones impresas, durante la etapa final del proceso de secularización del Estado salvadoreño (1885-1886)”. 154.
(12) Revista La Juventud, San Salvador: Tipografía de “La Juventud”, año III, tomo I, 1880, 32.
(13) William Martínez. Comentario de Un Drama Judicial de Manuel Delgado. https://www.facebook.com/groups/407193137038841/posts/breve-comentario-de-novela-241-primera-novela-publicada-por-escritor-salvadore%C3%B1o/1313031713121641/
(14) Manuel Delgado. Un Drama Judicial. Diario La Nación. Edición del 1 de octubre de 1879. Sección de Colecciones Especiales de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas UCA.
(15) Juan Felipe Toruño. Desarrollo literario de El Salvador. San Salvador: Departamento Editorial del Ministerio de Cultura, 1958. 210.
(16) Ricardo Roque Baldovinos. “Roca Celis de Manuel Delgado”. Revista Realidad, número 163, enero-julio de 2024. https://revistas.uca.edu.sv/index.php/realidad/article/view/8184
(17) Manuel Delgado. Roca-Celis. San Salvador: Editorial El Venado Blanco, reimpresión, 2023, 99.
(18) Manuel Castro Ramírez. Oración fúnebre. Revista La Universidad, Serie XIII, número 1, julio, agosto y septiembre de 1924. 52-54.

Luis Portillo, también conocido como Bilal Portillo, es gestor cultural, articulista y ensayista. Fundador y director de la Asociación Cultural Islámica Shiita de El Salvador, editor de la Revista Biblioteca Islámica (primera revista de estudios islámicos de Centroamérica). Sus artículos y ensayos han sido publicados en suplementos culturales, revistas y periódicos (físicos y digitales) de El Salvador, Nicaragua, Irán, España y Argentina. Entre sus distinciones están: Premio Nacional de Ensayo “Matilde Elena López” en tres ocasiones (2022, 2023, 2025), asimismo ha recibido dos veces (2006 y 2014) la beca de fomento cultural por parte de la Universidad Internacional Al-Mustafa de Irán. Ha publicado los libros Gavidia y el Oriente y Alberto Masferrer, catador de lo místico.
