Juan Bertis: el decano de los humanistas salvadoreños (primera parte)

En esta primera entrega Bilal Portillo analiza la trayectoria, el impacto y el itinerario crítico del presbítero y doctor Juan Bertis, uno de los humanistas más polifacéticos pero olvidados de nuestras letras

Bilal Portillo | Escritor salvadoreño

Introducción

“Y en verdad, en el concierto de su prosa había una nota que era dulce”
(Francisco Gavidia)

La literatura nacional viene al mundo durante los años que le siguen a la Independencia, surge en este tiempo el grupo de los autores pioneros. En la parcela poética tenemos por ejemplo a Miguel Álvarez Castro (1795-1856), Enrique Hoyos (1810-1859) e Isaac Ruiz Araujo (1850-1881). En el campo de la novela están Hermógenes Alvarado (1845-1928), Manuel Delgado (1853-1923) y Adrián Meléndez Arévalo (1870-1930). En cuento destacan Salvador J. Carazo (1850-1910), Manuel Mayora Castillo (1864-1925) y Arturo Ambrogi (1875-1936). En teatro se alza la figura de Francisco Díaz (1812-1845), en la oratoria sagrada y secular se oyen las voces del padre Isidro Menéndez (1795-1858) y Francisco E. Galindo (1850-1896) conocido como el príncipe de nuestros oradores. El ensayo y la investigación también tienen sus primeros heraldos en Santiago Ignacio Barberena (1851-1916), Francisco Castaneda (1856-1925) y Alberto Masferrer (1868-1932). Finalmente, el noble terreno de los estudios humanísticos nos dejó los nombres de Ignacio Gómez (1813-1879), Victoriano Rodríguez (1818-1880) y Francisco Gavidia (¿1863?-1955). Sin embargo, es Juan Bertis el principal de nuestros humanistas por su fecunda y variada labor en el cultivo de la cultura intelectual en suelo nacional, de tal manera que ninguna historia, diccionario o síntesis de la literatura salvadoreña puede ni debe darse el lujo de excluirlo de sus páginas. De Bertis sabemos que escribió valiosos ensayos sobre diversas materias (destacándose como conocedor de los clásicos latinos), dictó conferencias, impartió cátedra en las aulas universitarias y desarrolló una fructífera carrera en el seno eclesiástico. Sin embargo, el alud de los años ha sepultado su voz, su presencia resulta ahora emborronada, fantasmal y a punto de extinguirse. Lo anterior, sumado al retroceso cultural e indiferencia en torno a la temprana historia de las letras nacionales, hacen que recordar a intelectuales como Bertis se convierta en un asunto de primera necesidad cultural. Como punto final, cabe decir que este trabajo no puede ni pretende ser exhaustivo, es apenas una mirada, un muestrario que ofrecemos a los lectores sobre uno de los precursores del pensamiento y los estudios humanísticos cuscatlecos.

  1. Anotaciones biográficas

Una de las pocas imágenes de Juan Bertis, extraída del libro Ciencia y literatura

Juan Bertis Malespín, vio la luz por primera vez un 13 de agosto de 1837, en la vieja ciudad de San Salvador. Su padre, según algunas fuentes fue un militar colombiano de nombre Felipe Bertis (1) y su madre Guadalupe Malespín, hermana del presidente y benefactor de la Universidad de El Salvador, Francisco Malespín. 

De sus primeros estudios poco o nada sabemos. En cuanto a su formación sacerdotal conocemos que por el año 1860 se ordenó como presbítero en la iglesia de San Antonio en Santa Tecla, además en un dato que habría que confirmar, Manuel Castro Ramírez dice que el humanista fue doctor por la Universidad Gregoriana (2). Otros datos nos ponen en conocimiento que el joven clérigo Bertis, ofició su primera misa en la sansalvadoreña parroquia La Merced (3), después llegó a estar al frente de las iglesias El Calvario (4), San Francisco y Santo Domingo, todas de la capital (5). Por otro lado, la curia y el Estado entraron en dura contienda durante distintos momentos del siglo XIX, Bertis vivió en carne propia estas tensiones durante la segunda mitad del siglo XIX. En el transcurso de estas turbulencias el papel del cura fue claroscuro: durante el mandato de Gerardo Barrios y según lo expone Ítalo López Vallecillos, fue de los sacerdotes opositores al gobierno:

Creado el ambiente de agitación en todo el país. El clero rural, influido por los Pbros. José Nereo Marín, Narciso Monterrey, Juan Bertis y, sobre todo, por el Vicario de Honduras Pbro. Miguel del Cid, asilado en El Salvador, no tardó en provocar una seria controversia…(6)

Llegando incluso a ser expulsado (con 24 años) del país junto a otros sacerdotes, por negarse a jurar lealtad y sumisión al gobierno de Barrios en el año de 1861: 

El clero estaba realmente indignado en El Salvador. Las medidas de Barrios habían caído como una bomba, sin previo aviso. El Pro-Secretario del Obispo, Pbro. Juan Bertis y el cura de la ciudad Presbítero José Nereo Marín, rehusaron prestar el juramento y se les expulsó del país…(7)

La Gaceta publicó en su edición del 13 de noviembre del año 1861, el decreto oficial de expulsión de Bertis y otros sacerdotes:

Uno de los decretos con que comienza este número de la Gaceta esplica el motivo que influyó para que no viniesen á prestar juramento de obediencia á la Constitución y las leyes, la mayor parte de los eclesiásticos de la República, dentro del término fijado en el decreto de 11 de Octubre último — El Pro. Secretario del Ilustrísimo Señor Obispo Presbítero Don Juan Bertis y el Cura de esta Ciudad Presbítero Don José Nereo Marin, rehusaron prestar aquel juramento y ayer se les espulso.(8)

Circula en algunos libros de historia la noticia que Juan Bertis estuvo entre los que acompañaron al patíbulo a Gerardo Barrios (9), pero este dato debe ser corroborado con fuentes primarias y cercanas cronológicamente al fusilamiento del general (10). Después de la muerte de Barrios, vemos a Bertis cumpliendo en ocasiones las funciones de mediador entre el gobierno de turno y la curia. En su trayectoria dentro de la Iglesia salvadoreña, desempeñó algunos cargos de importancia: en el año 1866 encontramos que bajo un decreto oficial le fue dado el cargo de maestrescuela (11) y le fue encargada la supervisión de los trabajos de reparación en Catedral (San Salvador), las iglesias Santo Domingo y San Francisco. (12) En 1867 aparece como rector del Seminario Tridentino (13), unos años después (1875) fue nombrado secretario del Provisorato (14); fue considerado también como candidato al puesto de obispo de San Salvador (15) y al parecer hasta el momento de su muerte ostentó el título de canónigo de la Catedral de San Salvador (16). En el área de la función pública hay documentos primarios que confirman su participación dentro del Consejo de Instrucción Pública. (17) Empero, la actividad de Bertis como funcionario estatal merece un estudio más a fondo. En el ambiente académico-humanista, lo encontramos muy activo en el campo del magisterio, primero enseñando humanidades en el Colegio La Asunción y más tarde sirviendo como docente de teología, gramática, lingüística, oratoria forense y clásicos españoles. Para 1884 su nombre figura como fiscal de la Universidad Nacional y en 1899 aparentemente fue designado como el primer catedrático de literatura de la historia de la universidad (18), Francisco Gavidia ofrece testimonio de lo anterior: 

Al tratar de la obra literaria del Padre Bertis, debemos recordar que fue el primer profesor, en la primera tentativa para fundar la cátedra de Literatura de esta Universidad.(19)

Tristemente sirvió por poco tiempo en esta cátedra, debido a la cercanía de su muerte. También, su figura (como veremos más adelante) se encuentra ligada a importantes sociedades literarias y publicaciones culturales de la época. Entre los que escribieron sobre la trayectoria vital de Bertis están Víctor Jerez y Francisco Gavidia, el primero dice:

Labor que dejó hondo surco fué la del Padre Bertis; y en los centros en donde se trabaja por el porvenir de los pueblos, se le llamó Maestro, es decir, sembrador de ideales. Su poderoso talento hacía que el concepto brillante y la idea nueva, al pasar por su cerebro, tomaran individualidad propia en el juicio concienzudo, en el estudio docto, en la conversación amenísima y en la anécdota espiritual.(20)

Y el segundo, en ocasión del sensible fallecimiento del humanista, escribió:

Por actos como el presente se acentúa la tendencia de enlazar el genio, el espíritu y las labores de las ciencias con el genio, el espíritu y las labores de la Poesía y las Bellas Letras, y nadie en más alto grado que el Padre Bertis, nos ofrece el tipo en que fundieran las Bellas Letras y las Ciencias sus labores, su espíritu y su genio. Proclamemos esta unión en quien fue una demostración viviente de su excelencia, y lamentemos en la muerte de quien supo realizarla en grado tan perfecto, una pérdida irreparable.(21)

Además, entre los críticos e historiadores más conocidos de nuestra literatura, su nombre también ha dejado huella: Juan Felipe Toruño, Luis Gallegos Valdés, Juan Ramón Uriarte, y doña María de Membreño en sus respectivas obras destacan el importante papel de Bertis en la vida cultural, académica e intelectual del país. El insigne humanista dejó este mundo un 25 de agosto de 1899, según el acta de defunción a causa de una “complicación de males”, siendo sepultado según el documento en un espacio cerca del atrio de la antigua iglesia de Aculhuaca (hoy Ciudad Delgado en San Salvador), no sabemos si sus restos aún se encuentran descansando en el referido lugar(22). El gobierno de ese entonces publicó en el Diario Oficial muestras de pésame y luto por el deceso del pensador. Después de su muerte hubo algunos homenajes y conferencias en su memoria.

  1. Itinerario de la obra de Juan Bertis

Buena parte de los ensayos de Bertis los encontramos ahora en dos obras antológicas: la primera es una recopilación titulada Escritos, publicada de manera póstuma en 1917, que reúne 17 trabajos y la segunda de nombre Ciencia y literatura, editada por la Universidad Nacional, cuyo tiraje vio la luz en los talleres de la Imprenta Nacional en 1941, esta obra recopila 35 escritos. No sabemos con certeza documental si dejó obra inédita, pero, en una nota dada a conocer en El Católico se afirma que trabajaba en un libro sobre gramática(23), además en 1895 la revista El Fígaro informa de un trabajo en preparación por parte de la Imprenta Nacional bajo el título de Estudios.(24) Otros ensayos de Bertis que no fueron recogidos por las antologías mencionadas, se encuentran dispersos en periódicos como La Caridad, El Católico, La Fortuna y el Repertorio Salvadoreño.

Portada de la primera recopilación de los trabajos de Bertis, publicada en 1917 

2.1 Contribuciones al periodismo

Sus colaboraciones en este campo pueden verse en la obra Historia del periodismo en El Salvador de Ítalo López Vallecillos, en ella nos encontramos que Bertis fue asiduo colaborador de medios importantes como El álbum, La República, las revistas La Universidad y La Juventud Salvadoreña, además se cuenta entre los primeros redactores del órgano divulgativo Repertorio Salvadoreño, impreso de la significativa sociedad de Ciencias y Bellas Letras, de la cual fue uno de sus principales animadores. Como ejemplo, hallamos en las páginas de la revista La Universidad el ensayo Sociedad, de la cual compartimos la siguiente muestra:

En las obras de filosofía, por ejemplo, buscaríase en vano una noción clara y distinta de lo que es la filosofía, del uso que de ella debe hacerse y del fin á que ella debe dirigirse. Lo mismo sucede en las obras de los racionalistas relativamente á la razón, y en el derecho público en lo que se refiere al orden social. Efectivamente, muchas veces hemos visto filósofos, racionalistas y publicistas quedarse sin saber que responder, preguntándoles únicamente: ¿Qué es la filosofía? ¿Qué es razón? ¿Qué es sociedad?(25)

Bertis como era de esperar, incursionó también en el periodismo católico: colaboró para medios como El Católico(26), fue director del periódico La Caridad, ydesignado censor del periódico El Pueblo Católico. En El Católico encontramos un discurso suyo pronunciado en la catedral de San Salvador en 1886, en el contexto del aniversario de la Independencia nacional y del cual transcribimos un fragmento:

¿Recordais, señores, cuáles fueron los deseos de nuestros Padres en aquel dia afortunado, en que con la independencia les pareció inaugurar la felicidad social entre nosotros? Si no las recordais, ahi los teneis consignados en esa acta, que orgullosamente paseamos por nuestras calles. “Que la religión católica, dijeron en el artículo 10, que hemos profesado en los siglos anteriores y que profesaremos en los siglos sucesivos se mantenga pura é inalterable”. (27)

Habrá que recordar que, en el ecosistema cultural de finales del siglo XIX, una manera efectiva de dar a conocer el pensamiento era por medio de revistas y periódicos.

2.2 Obra religiosa

Si bien Bertis descolló como humanista, no podemos pasar por alto que una parte de su producción la encauzó hacia las aguas de la religión. Ya antes mencionamos que fue profesor de teología en las aulas de la Universidad Nacional, el Seminario Tridentino y el colegio La Asunción. Aparte, fue un fervoroso apologeta de los dogmas católicos, cosa que se deja sentir en trabajos como El poder del cristianismo:

El Verbo Divino se digna vestirse de la naturaleza humana; desde el momento mismo de su encarnación, cambió de carácter el estado del mundo, pues pudieron decir los hombres, que había acabado su oprobio y tocado al último término su extremada miseria. El solo hecho de la encarnación divinizó esta naturaleza humana en la persona de Jesucristo: era ya evidente que cualquiera obra expiatoria que Jesucristo practicase, bastaría para satisfacer a la justicia divina, y reintegrar a todas las generaciones en la posesión de todas las cosas que se habían perdido por el pecado.(28)

Una parte de su producción religiosa la dedicó al estudio y análisis de la literatura escolástica:

…es en el P. Bertis donde hallamos una justa apreciación de la filosofía escolástica y particularmente de su método. (29)

Matías Romero, uno de los más conocidos divulgadores del pensamiento filosófico del país, se lamenta de que no hay entre los humanistas latinoamericanos del siglo XIX buenos conocedores de la escolástica, por el contrario, reconoce a Juan Bertis como uno de los pocos estudiosos del tema:

En contraste con esta actitud injusta y desconsiderada de la generalidad de los pensadores de la época, ¡cómo resalta y que luminosa es la síntesis de perspectiva que presenta, y además en elegante lenguaje, nuestro clásico P. Bertis acerca de la esencia y el papel de la escolástica!(30)

Dentro de los trabajos más extensos que dejó sobre este punto, está La filosofía escolástica, publicado en Ciencia y literatura. Otros escritos suyos que van en este mismo camino son: La elocuencia religiosa, Influencia del principio católico en la poesía, Influjo del catolicismo en las bellas artes, Carácter de Jesucristo, más algunas conferencias dictadas en diferentes instituciones. Por el momento esto es todo lo que tenemos que decir sobre el pensamiento y los escritos de orientación espiritual del padre Bertis.

2.3 Obra humanística

La labor humanística de Bertis es quizá la que mayor interés despertó entre los historiadores de la cultura y las letras nacionales, llegando a establecer comparaciones exageradas, al grado que más de alguno ha dicho que Juan Bertis es el “Andrés Bello salvadoreño”(31). Lo cierto es que su obra humanística tanto en las letras como en la docencia lo convierten en parte del pequeño grupo de pioneros en este campo, con la particularidad de que Bertis fue tal vez el mejor latinista de su generación, en este sentido su papel como catedrático universitario tuvo repercusión directa en una generación de intelectuales que de acuerdo a Gallegos Valdés conoció a clásicos como Cicerón gracias a sus clases universitarias.(32) Algunos decretos aparecidos en recopilaciones oficiales de leyes nos hacen saber que Bertis fue designado como jurado de exámenes en diferentes instituciones educativas.(33) Queda pendiente estudiar de manera más minuciosa el impacto de su obra en Centroamérica y más allá, pues hay indicios de que Rubén Darío publicó algunos de sus trabajos en El correo de la tarde, fundado por el vate nicaragüense en Guatemala a finales del siglo XIX, su nombre también aparece en las páginas de revistas ticas y hondureñas, además existen reseñas y reproducciones de su obra en revistas colombianas de principios del siglo XX.(34) Uno de los trabajos que mejor refleja el apego del pensador por las cuestiones clásicas es Métodos, en donde incursiona en el pensamiento aristotélico:

Aristóteles es el primero entre los autores que han trabajado tratados completos de lógica; y su famoso libro que lleva por título Organum, es al mismo tiempo el resumen de todos los elementos de la ciencia y su exposición razonada. Este libro, explotado por mil ingenios en las diferentes edades de la filosofía, también ha sufrido muchas vicisitudes en la crítica. Exaltado unas veces hasta los cielos, relegado en otras hasta la baja esfera de lo más despreciable, se presenta siempre con caracteres misteriosas, puesto que, por solo el hilo de las tradiciones de las escuelas, no podemos llegar a formar un concepto definitivo sobre la lógica de Aristóteles.(35)

Otro de los artículos de espíritu humanístico de Bertis es Schiller, del que reproducimos el siguiente párrafo:

Hablando en general, los dramas de Schiller valen más que las ideas que vertió en sus trabajos sobre la ciencia de la belleza, y para nosotros no ofrece duda que mucho de lo que escribió en sus disertaciones «Sobre la gracia y la dignidad, y Sobre lo sublime,» así como en sus cartas y opúsculos, como «Los dioses de Grecia y la educación estética del hombre,» fue arrastrado por las corrientes filosóficas que á la sazón predominaban en Alemania, sin que él, envuelto en aquella atmósfera, se diese entera cuenta de lo que hacía.(36)

A Bertis, algunos historiadores lo nombran entre los precursores de la crítica literaria, de esta índole escribió: Observaciones críticas sobre el discurso de Cicerón en defensa de Aulo Licinio Archías, Juicio sobre la oración fúnebre de Bossuet en la muerte de Enriqueta de Inglaterra y Ensayo de crítica sobre el panegírico de San Agustín pronunciado por el cardenal Maury. En el campo del pensamiento filosófico y científico su figura también se cuenta entre los pioneros. Aunado a lo anterior, Bertis se tomó tiempo para reflexionar sobre la naturaleza de la política, esto lo vemos en su ya citado Discurso político-religioso leído en la Catedral de San Salvador en 1886 y especialmente en el artículo Los partidos, publicado en 1885: 

Frecuentemente se confunden á los partidarios con su partido, y viceversa: esto trae grandes inconvenientes: no basta ni el partido para calificar al partidario; ni el conocimiento del partidario para calificar al partido. Hombres hay de muy buena fé imbuidos en crasos y funestísimos errores políticos y causas excelentes defendidas por malvados. Esto, quiere decir, que el buen criterio, resistiendo siempre la consecuencia del defensor á la causa, y de la causa al defensor, procura examinar con la separación debida una y otro para comprender y purificar la verdad de las cosas. Los hombres se incorporan en un partido por causas muy diversas: por principios, por simples opiniones, por intereses, por entusiasmo, por vanidad, por venganza, por simpatía, etc. etc. pocos hay que razonen su pensamiento y motiven lógica y políticamente su conducta. (37)

Otros escritos humanísticos de Bertis son Monumentos, Clasicismo, Épocas de la vida y otros más divulgados en el periódico La Caridad.  Debido a la naturaleza breve de este trabajo, nos quedamos hasta aquí en lo referente a la obra humanística de Bertis. El presbítero y doctor contribuyó activamente con organizaciones importantes entre ellas: la Academia de Ciencias y Bellas Letras y la Sociedad Pedagógica de El Salvador.

(1) Rastros de la presencia de Felipe Bertis en el país pueden verse en libros como Nociones de Historia de El  Salvador de Rafael Reyes, 3ª edición, publicado en San Salvador en 1920, páginas 106-107.
(2)  Manuel Castro Ramírez, “Ciclo de conferencias sobre el padre Juan Bertis”, 20.
(3)Alfredo Betancourt, “En este homenaje a Bertis”, revista Ateneo de El Salvador, número 189, enero-febrero-marzo (1951): 19.
(4) Monografía iglesia de El Calvario de San Salvador, desde su origen hasta su solemne consagración (1660-1951) (Tipografía Emiliani, s.f.), 330.
(5)Julián Fuente, Los heraldos de la civilización centroamericana, (s.e. 1929), 79.
(6)Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, tomo segundo (Ministerio de Educación, 1967), 155.
(7)Ítalo López Vallecillos, Gerardo Barrios y su tiempo, 165.
(8)La Gaceta Oficial, tomo 10, número 9, edición del 13 de noviembre de 1861, San Salvador, página 4.
(9)Esta noticia puede verse por ejemplo en el libro Nociones de Historia de Centroamérica de Manuel Vidal, 6ª edición (Editorial Universitaria, 1961),257. También aparece en la obra de Francisco J. Monterrey, Historia de El Salvador, anotaciones cronológicas 1843-1871, tomo II, 2ª edición (Editorial Universitaria, 1978), 326
(10)En una nota oficial se da cuenta de la presencia del obispo Tomás Miguel Pineda y Saldaña, mas no de la de Bertis. El Constitucional, tomo 1, número 98, San Salvador, edición del 31 de agosto de 1865, página 3.
(11)El Constitucional, tomo 2, número 16, San Salvador, edición del 1 de febrero de 1866, página 1.
(12)El Constitucional, tomo II, marzo 1866, página 1. La fuente está incompleta porque en el original hacen falta algunas páginas. https://sistemabibliotecas.uca.edu.sv/diario/1866/1866-03.pdf
(13)Roberto Molina y Morales, Apuntes Históricos del Seminario Salvadoreño, 48. Documento en PDF. https://www.researchgate.net/publication/408229188_Apuntes_historicos_del_Seminario_SalvadorenoHistorical_Notes_on_the_Salvadoran_Seminary
(14)Santiago Ricardo Vilanova, Apuntamientos de Historia Patria Eclesiástica (Imprenta Diario del Salvador, 1911), 273.
(15)Rodolfo Cardenal, El poder eclesiástico en El Salvador 1871-1931, 2ª edición (CONCULTURA, 2001), 131.
(16)Santiago Ricardo Vilanova, Apuntamientos de Historia Patria Eclesiástica, 314.
(17) Diario Oficial, San Salvador, edición del 5 de enero de 1884, página 19. Ver también la edición del 6 de enero del mismo año, página 22.
(18)Juan Felipe Toruño, Desarrollo literario de El Salvador, (Ministerio de Cultura, 1958), 161.
(19)Artículos escogidos del presbítero Dr. Don Juan Bertis, (Imprenta La República, 1917), IV.
(20)Víctor Jerez, “Pbro. Doctor don Juan Bertis”, revista Ateneo de El Salvador, tercera época, año XXX, número 51, agosto (1941): 88.
(21)Artículos escogidos del presbítero Dr. Don Juan Bertis, III-IV.
(22) Acta de defunción de Juan Bertis, encontrada en: https://www.familysearch.org/ark:/61903/3:1:33S7-9T55-9Z9?view=index&personArk=%2Fark%3A%2F61903%2F1%3A1%3AC2SG-CJZM&action=view&cc=1821208&lang=es&groupId=M9HM-R9D
(23)Nota publicada en El Católico, año XI, tomo XI, número 483, edición del 30 de agosto de 1891, San Salvador, página 4.
(24)El Fígaro, tomo II, número 12, edición del 30 de junio de 1895, página 94.
(25)Juan Bertis, “Sociedad”, revista La Universidad, serie 7, número 6, (1897):166.
(26)Rodolfo Cardenal, El poder eclesiástico en El Salvador 1871-1931, 259.
(27)Juan Bertis, “Discurso político-religioso”, El Católico, año VI, tomo VI, serie XXII, número 260, San Salvador, edición del 19 de septiembre de 1886, 1126.
(28)Juan Bertis, Artículos escogidos del Presbítero Dr. don Juan Bertis, Samuel C. Dawson (editor), (Imprenta La República, 1917), 4.
(29)Matías Romero, “Andrés Bello, Cid Campeador de la filosofía hispanoamericana”, 158.
(30)Matías Romero, “Andrés Bello, Cid Campeador de la filosofía hispanoamericana”, 158.
(31)Matías Romero, “Andrés Bello, Cid Campeador de la filosofía hispanoamericana”, Revista Cultura, número 71, enero-diciembre, (1981): 158.
(32) Luis Gallegos Valdés, Panorama de la literatura salvadoreña, 2ª edición (Ministerio de Educación, 1962), 47-48.
(33) República de El Salvador, Leyes órdenes y resoluciones de los poderes Legislativo y Ejecutivo en 1889 (Imprenta Nacional, 1892), 191, 225 y 227.
(34)El número 26 de la revista Buena Lectura de Colombia del 1 de diciembre del año 1911 en las páginas 610-612, reproduce un artículo de Bertis. También la revista Javeriana, número 71, correspondiente al año 1941, página 371, publicó una reseña sobre el escritor salvadoreño.
(35)Juan Bertis, Artículos escogidos del Presbítero Dr. don Juan Bertis, 57.
(36) Juan Bertis, Artículos escogidos del Presbítero Dr. don Juan Bertis, 99.


Luis Portillo, también conocido como Bilal Portillo, es gestor cultural, articulista y ensayista. Fundador y director de la Asociación Cultural Islámica Shiita de El Salvador, editor de la Revista Biblioteca Islámica (primera revista de estudios islámicos de Centroamérica). Sus artículos y ensayos han sido publicados en suplementos culturales, revistas y periódicos (físicos y digitales) de El Salvador, Nicaragua, Irán, España y Argentina. Entre sus distinciones están: Premio Nacional de Ensayo “Matilde Elena López” en tres ocasiones (2022, 2023, 2025), asimismo ha recibido dos veces (2006 y 2014) la beca de fomento cultural por parte de la Universidad Internacional Al-Mustafa de Irán. Ha publicado los libros Gavidia y el Oriente y Alberto Masferrer, catador de lo místico.

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