Compartimos el cuento Buscar a Nicolás Guillén en Google del escritor salvadoreño Manuel Barrera Ibarra, un ejercicio de memoria sobre el fenómeno del Régimen de Excepción en El Salvador y que forma parte de la antología Daños colaterales (Abrojo editores, 2024)
Manuel Barrera Ibarra / Licenciado en Letras y escritor
No recuerdo exactamente cuántos golpes le di —pudieron ser ocho o diez—, y en paralelo, me decía que buscara a Nicolás Guillén en Google: ¡Buscá a Nicolás Guillén en Google! Golpe iba, frase venía: ¡Buscá al poeta cubano en Google! ¡Cantos para soldados y sones para turistas!
¡No sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo,
si somos la misma cosa
yo,
tú.
Tú eres pobre, lo soy yo;
soy de abajo, lo eres tú;
¿de dónde has sacado tú,
¿soldado, que te odio yo?
Recitaba y recitaba y no se quejaba. Bueno, más bien se quejaba quedito, era orgulloso el man. Como te repito, golpe iba, verso salía. Eso sí, me sorprendió su memoria; ¡qué bárbaro!, ¡qué poder de mente! De la delegación lo llevamos a la Central. Ahí pude constatar que era profesor de Lenguaje y Literatura, por su escalafón magisterial. Se me quedó viendo un rato, con un hilillo de sangre que le bajaba de la nariz. Me veía con unos ojos de lástima, eso me sorprendió, pues en su condición, tendría que haber sido al revés. Desde la comisura del labio roto hasta la barbilla canosa, se le veía aquello morado, morado. Creo que nos excedimos un poquito con él. Creí que me odiaría, pues cuando le quitaron las esposas y se lo llevaban a bartolina, alcanzó a verme de reojo y a mostrarme una sonrisa de esas que sueltan los perros lastimados, y que al rato se contentan con un hueso moviendo la cola ¡Y mirá que yo he tenido perros aguacateros que es una maravilla! Hasta la secretaria lo notó.
A los tres días lo dejaron ir por insuficientes cargos políticos en su contra. La verdad, es que lo arrestamos por defender a un compañero de su gremio que nos arrojó una bolsa de agua. La bolsa medio llena cayó en los escudos. Su compañero se calmó en el arresto, pero él gritó y gritó, y a un compañero de la DECO le dio una patada en los testículos. Siendo honestos, la actitud del ciudadano profesor nos enervó los nervios, y siendo sinceros, como te repito, que se nos pasó un poco la mano.
Cuando el profe iba de salida, la casualidad quiso que se cruzara conmigo en el pasillo. Yo iba a dejar unos papeles donde la secretaria de Detenciones. Entonces, él se detuvo y me dijo: Buscá Cantos para soldados y sones para turistas, y vas a ver, vas a ver. No lo olvidés. Cantos para soldados… Nicolás Guillén, en Google.
Creí que era una especie de amenaza, que al buscar eso me iba a pasar algo como de brujería, de demonios y maldiciones. Se fue y yo olvidé ese incidente. Meses después, un compañero nos recordó ese asunto, recostado en un carro patrulla de los que están en el parqueo. Dijo que a uno de los que aporreamos durante aquella huelga de docentes contra el señor presidente, había muerto, víctima de sangramiento intestinal. En el acto, recordé el poema del cubano, y fui a buscarlo a la laptop del cubículo. ¡Bendita memoria la que tengo!
Lo que sí te digo es que lo leí cuatro veces para comprenderlo y encontrar alguna clave de mi proceder contra aquel profesor. Al final, entendí que iba por otro lado la cosa, y me acordé de mi profesora deLenguaje de “la Nocturna” que recitaba poemas de un español que murió fusilado en 1936. A ella casi se le salían las lágrimas cuando nos declamaba estrofas de ese poeta que era de apellido Lorca, que manejaba el Cante Jondo, o algo así. Recuerdo eso porque escribí esa frase varias veces en las últimas páginas de mi cuaderno de Lenguaje.
El poema del cubano me hizo recapacitar mucho, casi por una hora. Me levanté y fui a preguntarle al compañero que quién había sido el fallecido, y a lo seco me dijo:
—¿Te acordás del maishtro que verguiamos?, ¿del que se te pasó la mano? Pues ese es el difuntito. La familia va a demandar.
Ya nos veremos yo tú,
juntos en la misma calle,
hombro con hombro, tú y yo.
sin odios ni tú ni yo,
pero sabiendo tú y yo,
a dónde vamos yo y tú…
¡no sé por qué piensas tú,
¡Soldado, que te odio yo a ti!

Manuel Barrera Ibarra. (Usulután, El Salvador, 1969). Licenciado en Letras por la Universidad de El Salvador. Perteneció al reconocido Taller Literario “Xibalbá”, 1990-1994. Obras publicadas en poesía: “Memorias del Paleolítico” (Editorial Amada Libertad, 1999) “Mitómano suelto” (Dirección de Publicaciones e Impresos de El Salvador, 2004), “Ganar la niebla” y “Tattoo” (Proyecto Editorial La Chifurnia, 2015 y 2018) y “Estro” (Estro Ediciones, 2022). Premios: Primer Lugar Radio Francia Internacional, Alianza Francesa de El Salvador; Homenaje a “René Char”, 2007. Seleccionado para publicar en la Dirección de Publicaciones e Impresos de El Salvador por su libro “Mitómano suelto”, en la Colección Nueva Palabra, 2004. Invitado a festivales de poesía nacionales e internacionales en Centroamérica y Cuba (Uneac, La Habana, 2014). Fundador de Estro Ediciones y Falena Editores.
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