¿Hasta qué punto las obras enmarcadas en el modernismo pueden negar uno de los núcleos de la modernidad, la vida democrática, al ser vehículos de un marco identitario esencialmente excluyente? Esta pregunta se la hace el escritor y sociólogo Alberto Quiñonez Castro al analizar la construcción de la masculinidad en la obra de Enrique Gómez Carrillo
Alberto Quiñónez Castro / Investigador social, poeta y ensayista
Introducción
El despertar del alma de Enrique Gómez Carrillo, es una obra característica de la literatura modernista centroamericana, inscrita en uno de los géneros específicos del modernismo como lo fue la crónica literaria. En el presente artículo se analiza dicho texto en su calidad de producto u objeto cultural, más que en sus aspectos propiamente literarios (estilo, corriente, género, movimiento, entre otros), recurriendo a conceptos propios del análisis de género, especialmente el referido a la construcción de las identidades de género, siendo este uno de los elementos que se encuentra como telón de fondo de la constitución de sociedades androcéntricas.
El objetivo del presente trabajo es visualizar cómo la construcción social de la identidad de género, específicamente la identidad masculina, está plasmada en un producto cultural, en este caso en una obra literaria. En este sentido, se han extraído manifestaciones de ese proceso de conformación de la identidad masculina de la obra literaria en análisis, teniendo como consideración el hecho de que la identidad es un proceso no acabado, dinámico, que empieza en la niñez y va consolidándose a lo largo de la vida de las personas, y que además sufre cambios en cada etapa histórica.
Para la teoría de género, la formación de las identidades de género es un proceso social. Es decir, no es un proceso solamente individual o de consecuencias individuales. De la forma y orientación en que se constituyen las identidades, dependen también aspectos relevantes de la convivencia ciudadana y de la constitución democrática de la nación, pues las identidades de género son fuentes en donde abrevan las dinámicas interpersonales entre hombres y mujeres, que pueden ser dialógicas o violentas, participativas o discriminatorias, horizontales o jerarquizadas.
Actualmente, Enrique Gómez Carrillo es un autor relativamente poco conocido incluso en la misma región centroamericana, como muchos otros de sus coetáneos de la estela modernista. Sin embargo, hay algunos estudios acerca de dicho autor desde el punto de vista de algunos de los temas recurrentes en sus libros: los viajes, la visión del lejano oriente, la relación con el periodismo, entre otros[1]. Otros estudios han tomado como eje algunos aspectos historiográficos a partir de la biografía de Gómez Carrillo, como por ejemplo, las redes intelectuales u órganos de producción literaria a las que estuvo vinculado[2]. Finalmente, otros estudios se han realizado teniendo como punto de partida aspectos que pueden estar relacionados al presente análisis; por ejemplo, la figura y el papel de la mujer en algunas obras del autor, o la misma identidad masculina[3]. En este último caso, el material de análisis no ha sido precisamente el mismo, aunque el instrumental teórico conceptual sí es coincidente. En este sentido, el presente estudio permitiría ampliar la mirada acerca de cómo aparece reflejada la masculinidad en la obra ya citada de Enrique Gómez Carrillo.
La metodología utilizada fue de carácter deductivo, pues se seleccionaron categorías de las ciencias sociales y de los estudios culturales relacionados con la teoría de género, para poder analizar aspectos culturales del texto de Gómez Carrillo. Teniendo como trasfondo estas categorías se realizó una lectura de la obra de Gómez Carrillo, y se extrajeron algunos fragmentos en los cuales se ponen de manifiesto algunos hitos de la formación identitaria, relacionados con los diferentes momentos de la vida del autor.
Partiendo de esos insumos se analiza cómo la masculinidad es un proceso de conformación que atraviesa todas las etapas de vida de los hombres, proceso caracterizado por la materialización de un estereotipo de género en el que el hombre se concibe como alguien fuerte, valiente, sombrío, mujeriego, indiferente, racional, entre otros aspectos. Con ello, la formación de la identidad se relaciona de forma estrecha con la ideología moderna, que es entre otras características, burguesa y patriarcal, y en la cual la masculinidad hegemónica confiere a los hombres una predominancia sobre las mujeres.
Metodología y marco teórico
- Método y ruta de análisis
El método utilizado ha sido deductivo, en el sentido de que las categorías y los conceptos identificados y desarrollados en el acápite siguiente, se han aplicado a la lectura de El despertar del alma, de Enrique Gómez Carrillo. La principal técnica empleada ha sido la revisión documental y la identificación de formas de manifestación de las categorías en el corpus del texto de Gómez Carrillo.
La ruta de análisis seguida partió de una primera lectura de El despertar del alma, como primera aproximación al objeto de análisis. En dicha lectura, se definió que uno de los ejes del texto era la formación de la identidad de género del protagonista, que en este caso es el mismo autor. Con ello se consultó bibliografía especializada del campo de las ciencias sociales, para definir las principales categorías de análisis; al mismo tiempo, se realizó un paneo sobre los estudios que abordan la obra del autor, el texto específico de El despertar del alma, o tópicos acerca de las identidades de género en la obra de Gómez Carrillo, con lo que se realizó un breve estado de la cuestión.
Después de este proceso de clarificación teórica y conceptual, se realizó una segunda lectura del texto de Gómez Carrillo para identificar algunas partes o fragmentos en los que se manifestaran las categorías de análisis o que pudieran ser interpretados desde esa perspectiva teórica. Finalmente, eso se relacionó con las problemáticas propias de la formación de las identidades de género que siguen estando presentes en la constitución de las dinámicas ciudadanas de las sociedades centroamericanas actuales.
- Principales categorías y conceptos
Las principales categorías a las que se aludirá en esta investigación provienen de los estudios sociales que han estudiado la formación de las identidades de género, especialmente de la antropología, la sociología, los estudios culturales y los estudios feministas. Estos estudios comparten la visión de que la realidad no es un objeto dado, una “realidad objetiva”, sino que es una realidad que tiene implícita una visión simbólica asentada socialmente, así “la construcción social de la realidad da cuenta del entramado simbólico donde lo social se articula individualmente en las personas y posibilita así visualizar la relación entre la estructura social y el pensamiento práctico de las personas” (Araya Umaña, 2014, p. 292).
Entre las categorías que desde tal perspectiva sirven para los propósitos del presente estudio, se encuentran las de género, identidad de género, estereotipos y roles de género, masculinidad y masculinidad hegemónica. Sobre estas categorías cabe señalar que, pese a que los antecedentes conceptuales se pueden establecer en estudios propios de la psicología, es con el auge de los estudios de la mujer y de la teoría feminista que han podido ser desarrolladas desde una perspectiva crítica y de aplicación a varios campos de las ciencias sociales. Por ello, la definición de las mismas se fundamenta especialmente sobre estudios de carácter feminista o de género.
En primer lugar, el género es el conjunto de características socialmente atribuidas a uno y otro sexo. Lo que identifica a esta categoría es la tensión con que se encuentra en relación al sexo: no está definida por éste, pero está vinculada a él socialmente. Y en ese sentido, se convierte en una forma de ejercicio del poder. Como sostiene Araya Umaña (2014):
Los sistemas de género, sin importar su contexto o momento histórico, son sistemas que oponen lo masculino a lo femenino en un orden jerárquico cuyo componente central es el poder y el control, así como la exclusión y la marginación de lo que es considerado opuesto. (p. 293)
Ahora, si el género es una cuestión social o cultural, ésta se traduce al individuo en los elementos que configuran su identidad. Por identidad de género se puede entender la identidad del sujeto en cuanto “construcción psicológica y cultural que viene determinada por el rol social atribuido, no por cuestiones hormonales, genéticas o fisiológicas” (Martín Bardera, 2014, p. 61); esto quiere decir que el género se refiere a los elementos identitarios que son asignados por el medio social al sujeto en función de su sexo, pero no determinados por éste. A su vez, el sujeto asume esos elementos de identidad y los incorpora en su praxis cotidiana.
La identidad de género se constituye a través de la introyección de ciertos estereotipos y roles, que son los que van definiendo al sujeto en la medida en que se vuelven formas de asunción e interacción de éste con la realidad. Tradicionalmente, los estereotipos y roles de género son manifestaciones contrapuestas e incluso antagónicas de concebir al ser humano, basadas en un sistema binario de identidad. Así, no sólo se define y se concibe un sistema de identidades formado de manera unívoca por lo femenino y lo masculino, sino que además estos polos se conciben de forma contrapuesta y antagónica.
Por un lado, la identidad femenina se refiere a lo sentimental y misterioso, a la pasividad, belleza, piedad, entrega, debilidad y sacrificio. Lo masculino por su parte se refiere más a un carácter activo, racional, iluminador, valiente y agresivo. Mientras que la mujer es el ser que debe ser defendido, el hombre es el ser que defiende; el hombre, por su agresividad, es el conquistador nato; la mujer, por su pasividad, es la subjetividad domeñada. Así pues, bajo esta visión la identidad de género recrea contradicciones entre los sexos.
Ahora bien, es evidente que a nivel de la realidad concreta hay diferentes formas de asumir esos estereotipos y roles de género. Para los hombres, la masculinidad se presenta en una gama variada de subjetividades. Se puede decir, por tanto, que existen “muchas formas de ser hombre”. Pero en la medida en que esas cuestiones identitarias están atravesadas por relaciones de poder, es posible identificar una dialéctica de lo hegemónico y lo subalterno: esas diferentes formas de ser hombre, están a su vez plegadas hacia un modelo, hacia un patrón que forma el parámetro socialmente reconocido como “idóneo”, como el “ideal”, como la forma más cabal de ser hombre. Eso es lo que puede denominarse “masculinidad hegemónica”.
Para Bonino Méndez (2002), la masculinidad hegemónica es “una de las dos categorías de la polarizada definición genérica de las personas, que alude a lo que significa ser (y no ser) hombre. Pero es también un formato deseado y una imposición de ser que designa e indica lo atinente –y no atinente- para la pertenencia al colectivo de los hombres” (p. 9). Esa masculinidad se refleja en el estereotipo del hombre fuerte, valiente, vigoroso, proveedor del hogar, libre y bohemio, despreocupado y conquistador. Características que el mismo autor resume en tres “creencias matrices”: autosuficiencia prestigiosa, belicosidad heroica y respeto al valor de la jerarquía (Bonino Méndez, 2002, p. 14). A continuación se expone cómo estas categorías están articuladas en El despertar del alma.
Resultados: La masculinidad en “El despertar del alma”
De lo señalado en los acápites anteriores, se puede verificar cómo muchos de los elementos que configuran las identidades de género están presentes en la obra El despertar del alma, de Enrique Gómez Carrillo, lo que permitiría cumplir el objetivo central del presente trabajo. A continuación, se presentan algunos pasajes en que se manifiesta la construcción de la identidad masculina.
En primer lugar, es en la niñez cuando se comienza a manifestar la caracterización que recrea al sujeto masculino como un individuo valiente, aventurero, sin temor al peligro o capaz de sobreponerse a ese temor debido a su intrepidez. Así, por ejemplo, Gómez Carrillo (2017) relata que ya en la niñez “mi primera fama […] se la debo a mis diabluras callejeras. Capitaneando a una tropa de chicos traviesos, íbamos todas las tardes, un amiguito mío que ahora debe ser obispo, y yo, en busca de aventuras peligrosas” (p. 17).
En el relato del autor, esas travesuras infantiles se ven coronadas por el intento de fuga de Gómez Carrillo y de uno de sus amigos hacia El Salvador. Lo que a través de las vivencias del viaje, refuerza la identidad masculina de enfrentar el peligro, de vivir al límite, de afrontar las condiciones existenciales sin mayor meditación de las consecuencias que pueda tener, es decir, los elementos que configuran la autosuficiencia prestigiosa y la belicosidad heroica como constitutivas de la masculinidad (Bonino, 2002, p. 17). Al respecto relata Gómez Carrillo (2017) la partida a ese viaje:
Y ebrios de luz, de juventud, de esperanzas quiméricas, de ansia de libertad, mezclando las ilusiones de fortuna con las misiones amorosas, seguros de nosotros mismos, de nuestra fuerza, de nuestro valor, emprendimos el camino como dos cruzados que van en busca de la Tierra Santa. (p. 39)
No es extraño que este viaje se convierte en un punto de quiebre en la vida del autor, que demarca la frontera entre la infancia y la adultez, en donde la hombría comienza ya a mostrarse en toda su amplitud como forma de la masculinidad. Resulta simbólico que a su regreso, hay un momento en que se demuestra la aceptación del medio social masculino del nuevo hombre, lo que sucede precisamente cuando el padre del protagonista le da a éste un cigarro, muestra también de hombría: “Y yo, que antes me había escondido siempre para fumar, lo encendí dándome aires de hombre y me puse a echar humo en silencio” (Gómez Carrillo, 2017, p. 54).
Uno de los elementos que constituyen la masculinidad hegemónica, sobre todo cuando el individuo llega a un nivel determinado de madurez, es la predisposición hacia lo sexual, principalmente cuando ésta aparece en relación al otro sexual y genéricamente hablando, es decir la mujer, siendo en tal sentido un deseo heterosexual que no encuentra inhibición, sino todo lo contrario. Esta disposición está vinculada también a una potencia sexual que no puede ser puesta en cuestión. Por ejemplo, ya en su juventud al ser dependiente de una tienda de variedades, cuenta Gómez Carrillo (2017) que:
Una instintiva voluptuosidad hacíame de antemano grato el manejo de los atavíos femeninos. Lo que luego he sentido con un goce casi enfermizo en mis visitas frecuentes a los paraísos mujeriles de París, lo experimenté desde el primer día en aquella tienda americana. (p. 55)
Asimismo, la masculinidad hegemónica exalta la sexualidad como mecanismo de goce e instancia de realización de la identidad masculina. Gómez Carrillo (2017) lo evidencia cuando relata su primer encuentro sexual: “Yo había perdido casi por completo la noción magnífica de la realidad y apenas me daba cuenta, en mis transportes y en mis desmayos, de que en aquella hora sublime la naturaleza revelábame el más divino de sus misterios” (p. 88).
Otro elemento señalado por Bonino como constitutivo de la masculinidad hegemónica es la belicosidad heroica (2002, p. 19). Esa muestra de la agresividad de forma heroica se pone de manifiesto, por ejemplo, en un incidente de cantina que Gómez Carrillo (2017) relata y en la que se ve implicada una mujer: “José, bien sea por no dejarse despeinar, bien sea por celos mal reprimidos, rechazó su caricia de una manera violenta. -¡Grosero! -gritó ella levantándose de su asiento. Entonces yo, caballero andante, me puse también en pie con aire amenazador” (p. 126).
La autosuficiencia también se puede manifestar en una actitud despreocupada frente a la vida y en la falta de vínculos emocionales fuertes. Como sucede en relación a la mujer de la cantina, ya antes mencionada, y con respecto a la cual hay un desenlace de ruptura frente al que Gómez Carrillo (2017) solamente valora lo siguiente: “Libre de preocupaciones amorosas, sin haber guardado del idilio de la taberna más que una impresión cómica, consagréme en cuerpo y en alma a escribir” (p. 131).
Finalmente, la masculinidad hegemónica como se ha dicho toma las oportunidades que vienen, por lo que tiene un fuerte componente de desarraigo. La aventura, la bohemia, el viaje, el peligro de los desconocido, son elementos que en los primeros años del siglo XX se vislumbran en el lejano horizonte europeo. De esta forma es que Gómez Carrillo no duda en viajar hacia Europa gracias a una beca del gobierno guatemalteco; aunque no deja de causar cierto sufrimiento en el alma del autor, ese viaje es la confirmación de su identidad masculina. Sobre su partida relata:
Y tres días después, a las seis de la mañana, salí de mi casa, sin hacer ruido, con el pecho tembloroso, con los ojos enrojecidos por el insomnio y por el llanto… De antemano habíamos convenido en que nadie me diría adiós en el último momento, y en que nadie me acompañaría a la estación. Mi equipaje, una maleta modesta de estudiante, había sido facturado la víspera. (Gómez Carrillo, 2017, p. 143)
Con la anterior exposición, se puede considerar en un breve abordaje que los elementos que constituyen la masculinidad hegemónica están presentes en el relato de El despertar del alma, de Enrique Gómez Carrillo, en la cual se destacan momentos significativos de la vida del autor desde su niñez hasta su primera adultez. En tal sentido, se ha mostrado cómo la identidad masculina se va formando a través de un proceso de interacción entre el sujeto y la realidad social, en una compleja dinámica que se ve reforzada por el medio, por los estereotipos y roles que socialmente se asignan a hombres y mujeres en función de su sexo biológico. Como producto cultural, esta obra es una muestra de cómo a través de las obras de arte se articulan y difunden ciertos valores, ciertas identidades y, con ellas, ciertas visiones del mundo.
Discusión
El análisis realizado permite verificar cómo la construcción de la identidad de género se ha plasmado en la literatura, en especial en la obra analizada de Gómez Carrillo, El despertar del alma. La masculinidad se presenta en este caso como un proceso de consolidación de la identidad del sujeto, por lo que es visible su proceso de condicionamiento y determinación social. En ese sentido, la obra analizada es reflejo de las condiciones sociales en cuanto a las identidades de género, pero es también medio de consolidación de esas condiciones y perspectivas sociales.
La literatura no es sólo muestra de la realidad, es también instancia de reproducción de esa realidad. Por ende, el reflejo de las construcciones identitarias juega también un rol de construcción de la realidad misma, por cuanto impacta en cómo el público, el receptor, consume, interpreta y asimila el producto cultural que es la obra literaria, no sólo en su función estética sino también en cuanto a los valores, roles y estereotipos que dicho producto transporta.
Así pues, un punto relevante es discutir cómo la obra de arte, en este caso la obra literaria, constituye una instancia de articulación de la ciudadanía de las sociedades modernas. Al influir sobre la identidad que van asumiendo paulatinamente hombres y mujeres, y al ser esa identidad condicionante de la relación entre los individuos y grupos con la realidad, la literatura contribuye a cierta orientación de la praxis social y política, a cierto modo de ser de la ciudadanía. Por tanto, la obra tiene derivaciones políticas en cuanto es un medio de transmisión de valores morales que determinan la praxis social.
Por otro lado, la transmisión de un marco de valores patriarcales, androcéntricos, que recrea un rasero de identidades excluyentes, en una dinámica de dominación y subalternidad, negaría la aspiración moderna de ciudadanía, libertad individual, igualdad social y democracia. La pregunta que se deriva de todo ello es, entonces, ¿hasta qué punto las obras enmarcadas en el modernismo pueden negar uno de los núcleos de la modernidad, la vida democrática, al ser vehículos de un marco identitario esencialmente excluyente?
[1] Al respecto se pueden citar los artículos de Meyer-Minnemann (1973), Bounou (2012), Navarrete Quan (2012), Seijas (2012) y Diez Galindo (2018).
[2] Se puede mencionar la tesis de Sueza Espejo (2008) y los artículos de Noguerol Jiménez (2013) y Ehrlicher (2015).
[3] Especialmente los artículos de Pozo García (2017) y Reyes Muñoz (2013), y la tesis de Huezo y Ramos (2019).
Referencias
Araya Umaña, S. (2014) “La categoría analítica del género: notas para un debate”. En: Hallazgos. Año 12. No 23. Bogotá: Universidad Santo Tomás.
Bonino Méndez, L. (2002) “Masculinidad hegemónica e identidad masculina”. En: Dossiers feministes. No 6.
Bounou, A. (2012) “El orientalismo en la obra de Enrique Gómez Carrillo: de la periferia a la centralidad”. En: II Congreso Internacional: Reencuentro con Enrique Gómez Carrillo. Guatemala: Universidad Rafael Landívar.
Diez Galindo, D. (2018) “La visión y gusto japonista de Enrique Gómez Carrillo”. En: TRIM. Núm. 15. España: Universidad de Valladolid.
Ehrlicher, H. (2015) “Enrique Gómez Carrillo en la red cosmopolita del modernismo”. En: Iberoamericana. Año XV, Núm. 60. Berlín: Ibero-Amerikanisches Institut PK.
Gómez Carrillo, E. (2017) El despertar del alma. Treinta años de mi vida. Guatemala: Editorial Cultura.
Huezo, M. C. & Ramos, Y. E. (2019) Construcción de la subjetividad femenina en las trilogías de Enrique Gómez Carrillo y Franz Galich. Universidad de El Salvador. Tesis de posgrado. San Salvador.
Martín Bardera, S. (2014) Concepto de género: de las teorías feministas a las políticas públicas. Tesis de posgrado. España: Universidad de Salamanca.
Meyer-Minnemann, K. (1973) “Enrique Gómez Carrillo, del amor, del dolor y del vicio”. Alemania: Universidad de Hamburgo.
Morán, F. (2006) “En el rayón lleno de espejos”: Enrique Gómez Carrillo en la tienda por departamentos de la escritura modernista. En: Anclajes. Vol. X. Núm. 10. 2006. Argentina: Universidad Nacional de La Pampa.
Navarrete Quan, Y. (2012) “La imagen literaria de París en Enrique Gómez Carrillo”. En: II Congreso Internacional: Reencuentro con Enrique Gómez Carrillo. Guatemala: Universidad Rafael Landívar.
Noguerol Jiménez, F. (2013) “‘Soñadores de las mismas quimeras’. Enrique Gómez Carrillo y la revista Cosmópolis (1919-1922)”. En: Centroamericana. Milán: Università Cattolica del Sacro Cuore.
Pozo García, A. (2017) “Masculinidades y modernismo transatlántico en Almas y cerebros (1898) de Enrique Gómez Carrillo”. En: Zabalgoitia Herrera, M. (2017) Hombres en peligro. Género, nación e imperio en la España de cambio de siglo (XIX – XX). Madrid: Iberoamericana.
Roque Baldovinos, R. (2016). El cielo de lo ideal, literatura y modernización en El Salvador (1860-1920). San Salvador: UCA Editores.
Reyes Muñoz, Y. (2013) “Género y modernismo en Centroamérica. Una relectura a las obras de Rubén Darío y Enrique Gómez Carrillo, desde una perspectiva de género”. España: UCAM.
Seijas, C. (2012) “Enrique Gómez Carrillo, lo femenino, su goce y su misterio”. En: II Congreso Internacional: Reencuentro con Enrique Gómez Carrillo. Guatemala: Universidad Rafael Landívar.
Sueza Espejo, M. J. (2008) París, itinerario artístico en la obra de Enrique Gómez Carrillo. Tesis doctoral. España: Universidad de Jaén.

Alberto Quiñónez Castro. Investigador social. Economista por la Universidad de El Salvador (UES), maestro en derechos humanos por la Universidad de San Martín (UNSAM) y doctor en filosofía por la Universidad Centroamericana de El Salvador (UCA). Poeta y ensayista. Ha publicado: Hierro y abril (Editorial Equizzero, 2014), Del imposible retorno (DPI, 2018), Poemas del hombre incompleto (DPI, 2019).

Me encanta el análisis de la masculinidad que presenta el estudio. Creo que es un tema muy poco estudiado, los hombres aún no están concientes del costo y del peso de la masculinidad tradicional. Yo estudié la masculinidad de hombres de barrios precarios urbanos, encontré resultados similares. Adelante.