El poeta Alexander Hernández ofrece un detallado estudio del desarrollo de las editoriales independientes en El Salvador durante los años 2006 a 2016. En él, analiza su impacto en el campo literario, utilizando la teoría de los campos de Pierre Bourdieu. A través de un enfoque tanto cualitativo como cuantitativo, se explora cómo estas editoriales han transformado el panorama literario salvadoreño en las primeras décadas del siglo XXI
Alexander Hernández | Narrador
Este es un resumen de la tesis de Maestría en Estudios de Cultura Centroamericana: Las editoriales independientes en El Salvador (2006-2016), que analiza el campo editorial reciente. Asimismo, mediante la teoría de los campos de Pierre Bourdieu, se analiza cómo la obra literaria ingresa al canon y cómo los agentes crean resistencias, oposiciones y alianzas en vías de alcanzar el capital cultural.
Introducción
El trabajo sobre las editoriales independientes en El Salvador (2006-2016) surgió a raíz del notable surgimiento de pequeñas editoriales durante la última década en nuestro país, además del interés del investigador por analizar los aspectos que brindan legitimidad a la obra literaria y los mecanismos que la hacen ingresar al canon.
Dado que la literatura es un proceso y producto estético donde se practican ejercicios de poder que se basan en la comunicación mediante formas simbólicas, se recurrió a la propuesta de Pierre Bourdieu sobre la teoría de los campos. La idoneidad de esta teoría para la investigación sobre las editoriales independientes nacionales es evidente, ya que la disputa de las editoriales por alcanzar un renombre en el escenario cultural salvadoreño se vuelve un proceso complejo que presenta actores, estrategias, instituciones y mecanismos que constituyen un campo de permanente disputa.
El objetivo fundamental de la investigación fue caracterizar a los principales actores culturales en la edición salvadoreña que tienen trascendencia en el campo literario y que no están institucionalizados o financiados desde alguna entidad superior, manteniendo así su independencia editorial. Por tanto, se estudiaron las siguientes editoriales independientes: La Cabuda Cartonera, Zeugma Editores, Alkimia, Índole Editores, Proyecto editorial La Chifurnia, Flor de Barro, Laberinto Editorial, Editorial del Gabo, Papalotquetzal, Shushikuikat, La Fragua y Equizzero. Con respecto al periodo estudiado, se eligió la década de 2006-2016, por ser el momento más fértil (dentro de la posguerra) en publicaciones literarias con respecto a los años anteriores, esto se corroboró con datos de la oficina del ISBN.
El Estado materializó su interés por crear una política nacional de lectura a través de la Ley del Libro (1994), la cual básicamente consistía en declarar al libro como elemento fundamental para la difusión de la cultura. De ese modo, nació el Consejo Nacional del Libro, que estuvo integrado por miembros de las diferentes carteras del Estado y dirigido por el Ministerio de Educación. La Ley del Libro vino a terminar con la prohibición de la libre circulación que tenían muchos autores y títulos que eran considerados como subversivos o afines al comunismo; además, dio lugar a que emergieran y regresaran del exilio numerosos escritores nacionales que, a su vez, dieron vida a nuevos sellos editoriales independientes. Estas iniciativas editoriales fueron renovándose, desapareciendo o multiplicándose hasta llegar al periodo estudiado.
En la investigación se utilizó el término “editorial independiente” por su connotación de autonomía que tienen estos proyectos, no obstante, dentro de todo el trabajo se propone el concepto de “microeditoriales”, ya que designa de modo más específico y sintético el alcance económico, temporal y espacial que tienen la mayoría de estos proyectos en el campo cultural salvadoreño.
Los criterios para seleccionar a las editoriales estudiadas fueron que cada sello tuviera una existencia mayor a los cinco años, que tuviera un catálogo superior a cinco productos literarios (libros) y que fuera evidente su influencia en el campo literario actual. Esto último visto desde la presencia de sus productos en las ferias de libros y en las principales librerías, con reseñas en medios físicos y digitales, y con calidad en sus ediciones.
Estudio de las editoriales independientes salvadoreñas
En todo proceso cultural existe una naturaleza dinámica y cambiante, cuyo estudio invita y exige una postura interdisciplinaria, sobre todo cuando el objetivo principal de la investigación busca ir más allá de una simple aplicación teórica a una valoración crítica de un producto estético. Como lo señala Álvaro Encina (2014), la comunicación es un lugar de ejercicio de un poder que diseña los límites de lo decible, crea condiciones para el desarrollo de formas dominantes y también posibilita la emergencia de sus resistencias.
La literatura -como proceso y producto estético- igualmente crea escenarios donde es posible identificar esos ejercicios de poder, dentro de los cuales intervienen sujetos, instituciones y redes que fijan las posibilidades de enunciar y comunicar. Ciertamente, la expresión literaria es el proceso estético-comunicante con el que las editoriales estudiadas buscan acceder o conservar el poder simbólico al interactuar dentro del campo cultural salvadoreño. En ese sentido, la investigación sobre las editoriales independientes nacionales tuvo como objetivo primordial caracterizar a los principales actores en la edición de literatura salvadoreña que tienen trascendencia en el campo cultural y que no están ligados a instituciones gubernamentales o universitarias, ni a proyectos financiados de forma permanente por agentes políticos o religiosos, los cuales sin duda afectarían el sentido de la independencia editorial.
La posguerra salvadoreña es un período importante en la historia reciente porque en esta se evidenciaron significativos cambios políticos, económicos y culturales que han determinado nuestra visión actual del ser salvadoreño. Respecto al manejo del libro y a la promoción de la lectura, hubo un visible cambio en la concepción del libro por parte del Estado después de los Acuerdos de Paz en 1992, porque se permitió la libre circulación de libros con diversos contenidos. Además, se buscó crear una política de Estado que permitiera el fomento de la lectura y la escritura, iniciativa que se hizo palpable cuando en 1994, la Asamblea Legislativa, a través del Decreto 808, promulgó la Ley del Libro (17 de marzo de 1994),(1) la cual consiste en declarar que el Libro, como elemento fundamental para la difusión de la cultura, debía ser promovido en todos los niveles educativos y en la población en general. Así nació el Consejo Nacional del Libro, que fue integrado por varios miembros de las diversas carteras del Estado y dirigido por el Ministerio de Educación. Es necesario mencionar que décadas antes, hasta los 80, legalmente constituidas y con respaldo institucional solo existían las editoriales de la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI) y la Editorial Universitaria. En la actualidad, la institución que lleva registro de las editoriales nacionales y que promueve la cultura del libro, sobre todo con ferias del libro y encuentros de autores, es la Cámara Salvadoreña del Libro.
Durante el periodo inmediato que siguió a los Acuerdos de Paz, se constituyó un espacio idóneo para la libre producción y circulación de numerosos textos que no habían tenido lugar en las décadas anteriores por razones ideológicas. Así emergieron nuevos escritores -la mayoría con temáticas recurrentes de posguerra, como el recuerdo de la represión y opresión, entre otras-, quienes dieron vida a nuevos sellos editoriales independientes. Sin embargo, al surgir con el ímpetu de la autopublicación, esos pequeños proyectos editoriales se caracterizaron por un limitado catálogo de producción, ediciones altamente modestas y poca difusión cultural y comercial, lo cual solo pudo conllevarlas a una extinción inminente.
Ese campo editorial salvadoreño de posguerra es un territorio todavía no explorado por los estudios literarios y culturales; los únicos acercamientos al campo editorial independiente son bastante recientes, como el artículo de La Prensa Gráfica “La infancia de las editoriales salvadoreñas”,(2) un video de la escritora Jacinta Escudos (3) y el foro “El rol de las editoriales independientes de cara a los retos del siglo XXI”, que fue realizado por la Universidad Francisco Gavidia, el 21 de abril de 2015.
Por otro lado, la dinámica de las editoriales estudiadas respecto a su constante disputa por alcanzar un renombre en la cultura salvadoreña hizo que la teoría de los campos del sociólogo francés Pierre Bourdieu fuera idónea para estudiar esa relación como un proceso cultural. Sin embargo, primero se debe aclarar qué es la independencia dentro de la producción editorial, para ello se recurre a la definición de Domínguez (2013). Esta autora propone que la construcción del sentido de independencia está centrada en dos puntos: primero en una relación explícita de dependencia o pérdida de autonomía decisional de las editoriales pertenecientes a instancias gubernamentales o institucionalizadas como las editoriales universitarias; es decir, la naturaleza de los contenidos siempre está mediada mayormente por intereses políticos y económicos. En segundo lugar, Domínguez trae a cuentas la función cultural que antecede a la función económica. La independencia como sublevación está asociada a la concepción física del objeto-libro que promueve una función político-cultural. De este modo, en el caso salvadoreño se presentan dos grupos: las editoriales institucionales y las editoriales independientes.
Retornando a la teoría de los campos, Bourdieu (2002) plantea que un campo puede ser entendido como “un espacio estructurado de posiciones cuyas propiedades dependen de su posición en dichos espacios y pueden analizarse en forma independiente de las características de sus ocupantes” (p. 119). Es dentro de estos espacios donde se conforma un lugar de lucha y conflicto en vías de la acumulación de una forma particular de capital simbólico que permite ocupar una posición dominante dentro del campo específico. Un campo puede compararse a un campo de juego de futbol, donde lo que está en disputa es la acumulación de capital simbólico (posesión de balón) que facilita una posición dominante dentro del campo de juego. Además, posibilita modificar la doxa, esta se entiende como las reglas implícitas del juego (en el futbol sería cuándo defender y cuándo atacar al adversario) bajo las que todos los actores se adscriben, aun sin saberlo.
Por tanto, el campo se determina de acuerdo con lo que está en juego en cada campo particular sumando los intereses específicos. Asimismo, para que un campo exista debe haber agentes dispuestos, es decir, que tengan una clara disposición a jugar. A esta disposición, o conjunto de orientaciones hacia una acción específica, Bourdieu la denomina habitus. Este es la estructura que organiza las orientaciones a la acción, incluye técnicas, referencias, creencias e intereses reproducidos y reforzados por la misma estructura del campo que es actualizado permanentemente. Así se advierte que la estructura del campo siempre es un reflejo de la relación de fuerza que poseen los agentes del campo en un momento dado, de acuerdo con el estado de distribución del capital específico acumulado durante la historia general del campo y de los agentes o instituciones en general. Bourdieu (2002) aclara que en esta estructura lo que está en juego es “la conservación o subversión de la estructura de la distribución del capital específico” (p. 119). Un campo siempre es un lugar de lucha donde se busca alcanzar o mantener el monopolio relativo del capital específico, el cual funda la autoridad de un campo frente aquellos que buscan aumentar su capital específico para transformar la estructura y la doxa. Ese capital simbólico genera la lucha y, al igual que todo capital, puede ser acumulado, heredado y adquirido. La variación en su distribución establece la naturaleza del campo que también es afectado por otros tipos de capitales como el económico y el político.
Al aplicar la teoría de los campos a las editoriales independientes salvadoreñas, en primer lugar, tenemos el campo cultural como el espacio mayor donde se adscriben las diversas expresiones artísticas con sus agentes. En segundo lugar, está el campo literario que es un subcampo de la englobante producción cultural. Finalmente, dentro del campo literario se encuentra el campo editorial independiente que es el lugar preciso donde las editoriales investigadas interactúan en busca del capital simbólico. Bourdieu (2002) señala que, en el campo literario, la lucha se centra en el “monopolio de la legitimidad literaria” (p. 119) y que cada campo contiene dos momentos diferentes pero inseparables, estos son: el campo de posición, que es el momento actual de los ocupantes, y el campo de la toma de posición, que serán las manifestaciones o movimientos en busca de obtener el capital, acá se incluyen la producción literaria, las polémicas, declaraciones o manifiestos políticos. Asimismo, Bourdieu establece que el sistema del campo de tomas de posición varía, no en el discurso ni en las ideas, sino en la lucha precisa en el interior del campo. Los límites no son consensuales sino móviles y variantes. De este modo, el criterio más concreto que indica pertenencia de un agente al campo de las tomas de posición es cuando este participa en la disputa del capital.
En El Salvador, el sistema de producción editorial se conceptualiza inmerso en la lógica de una incipiente industria editorial. Una editorial produce una mercancía física llamada libro, a la que se le adjudica un valor económico y otro en términos simbólicos de calidad. Asimismo, se reconoce el libro como una mercancía cultural en circulación, pero también se tiene presente su realidad de objeto mercantil, o como dice Subercaseaux (2000): “el alma y el cuerpo del libro siempre estarán estrechamente enlazados” (p. 21), este autor concibe el cuerpo del libro como lo material-mercantil y el alma como la idea-contenido.
El mercado editorial es un sistema que pertenece a una estructura social más amplia, con instituciones e individuos que a su vez conforman grupos y asociaciones que se proponen como agentes. El interés del trabajo completo se centró en las editoriales que tienen mayor participación en el proceso de producción, difusión cultural y distribución mercantil de los productos editoriales, ya que esas editoriales, precisamente, son las que inciden en el campo literario. En ese sentido, la selección de la muestra representativa de los sellos editoriales independientes tuvo como criterios que editorial tuviera una continuidad en el mercado mayor a cinco años, la existencia de un catálogo superior a cinco productos literarios (libros) y que fuera evidente su influencia en el campo literario actual, esto último visto desde la presencia de sus productos en las ferias de libros y en las principales librerías, con reseñas en medios físicos y digitales, y con calidad en sus ediciones.
Con respecto a las fuentes consultadas, estas fueron de dos tipos: las cuantitativas, que incluyen los catálogos de ventas y producción de las editoriales independientes, los registros de producción editorial a nivel nacional que están disponibles en el blog del ISBN (4) y la “encuesta sobre los hábitos de lectura” realizada por la OEI (5). En segundo lugar, están las fuentes cualitativas, lo que implicó realizar entrevistas a los representantes de las editoriales estudiadas, visitar los sitios digitales de estos sellos editoriales y analizar algunos artículos referentes al trabajo editorial en periódicos y revistas nacionales.
Con la información cuantitativa se construyeron cuadros, gráficos y esquemas que dejan claro las dimensiones de la producción editorial en El Salvador y el porcentaje de publicaciones que corresponde a las editoriales independientes. Por otro lado, la información cualitativa sirvió para plantear las principales políticas editoriales a las que estos proyectos se adscriben de forma general. Todos estos datos numéricos y descriptivos están contenidos en la investigación completa de la tesis.
Un descubrimiento presentido de la investigación fue comprobar que las diferencias y enojos entre los mismos escritores hacen surgir más proyectos editoriales (6), semejante a la dinámica expansiva de una célula. Además, los consumidores más fieles, sobre todo en poesía, resultan ser los mismos autores o interesados en publicar en ese género. Asimismo, se determinó que la autopublicación es una práctica común en casi todas las editoriales estudiadas, quedando afuera de este gremio únicamente Laberinto Editorial, La Cabuda Cartonera y Editorial del Gabo, aunque no es una práctica indebida siempre y cuando se apliquen los mismos estándares de calidad y criterios establecidos para el resto de las obras.
En síntesis, las editoriales independientes se han convertido durante los últimos años en un pulmón para la actividad literaria en ESA. Una alternativa para el público de la llamada “literatura oficial” que es la reproducida incansablemente por la editorial estatal. Las pequeñas editoriales son, en gran medida, las responsables de haber renovado el panorama literario salvadoreño en la última década al hacerse cargo de una amplia generación de autores, dándoles difusión y acercándolos al público a través de libros más económicos y de un material más cercano a la idiosincrasia del pueblo.
No obstante, la construcción de una industria editorial salvadoreña sigue siendo una meta por momentos utópica, a sabiendas que el libro es un artículo secundario para la población en general, cuyos graves problemas económicos, de seguridad, salud y bienestar social opacan sus intereses culturales y artísticos. En este sentido, el problema es múltiple en sus orígenes; a la falta de políticas públicas claras de fomento a la producción editorial por parte de instituciones gubernamentales y privadas se suman las debilidades del modelo educativo y la forma en que se asume el rol del libro dentro del proceso pedagógico en la educación formal.
La teoría de los campos facilita un entendimiento sincrónico de espacios estructurados que conforman un sistema de disposiciones socialmente constituidas donde las prácticas y características de los agentes determinan la complejidad de la disputa y la naturaleza del campo. La propuesta de Bourdieu dilucida los mecanismos de acumulación y retención del poder simbólico a través de las estrategias ejercidas en la búsqueda por esa legitimación cultural, en este caso, literaria y editorial. Por tanto, los espacios culturales y artísticos abordados desde la teoría de los campos siempre serán un lugar de conflicto, ya que el capital específico brinda la capacidad de transformar la estructura del juego a quien lo posee. Así en el campo literario, la lucha se centra alrededor del “monopolio de la legitimidad literaria, entendido como el poder de definir quién es, cómo son, qué no es un autor, [es decir] el poder de consagración de los productores o productos” (Encina, 2014).
De acuerdo con lo anterior, trabajos como el presente contribuyen no solamente a una comprensión de la independencia editorial como fenómeno de la producción nacional de literatura, sino también a reconsiderar la importancia que debe tener el análisis del espacio editorial como manifestación del poder hegemónico.
El espacio literario producido por la independencia solo es una arista de la multiplicidad de aspectos que pueden analizarse del campo artístico y cultural salvadoreño. Futuros trabajos bien podrían analizar el campo literario desde otras perspectivas como la sociológica o la antropológica, por ejemplo, siempre encaminados a develar aspectos que ayuden a la mejor comprensión de la literatura nacional que está inserta en un entramado mucho más complejo que es el campo cultural. Del mismo modo, podrían analizarse periodos recientes que han sido significativos en el campo literario como el auge de publicaciones y (presentaciones) virtuales en tiempo de la Pandemia. Mientras tanto, queda sentado el antecedente y extendida la invitación a seguir profundizando sobre los distintos mecanismos de legitimación literaria y espacios artísticos alternos a la oficialidad que se construyen con el trabajo editorial independiente.
(1) Diario Oficial Nº. 54, Tomo 322. Decreto N°. 808.
(2) Me refiero al artículo “La infancia de las editoriales salvadoreñas” de Jimena Aguilar en La Prensa Gráfica del 24 de mayo de 2015. Recuperado de http://www.laprensagrafica.com/2015/05/24/la-infancia-de-las-editoriales-salvadoreas
(3) “Las editoriales independientes en El Salvador”, Jacinta Escudos. YouTube, Jacintario TV, 24 de noviembre de 2016. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=mXzbpgko26c
(4) La información de los registros del ISBN para El Salvador está disponible al público en su blog: http://agenciaisbnelsalvador.blogspot.com/
(5) Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
(6)El caso más característico ocurrió con la Fundación Alkimia, cuyos fundadores tras separarse emprendieron proyectos individuales como Metáfora, La Chifurnia y Laberinto. También es el caso de Índole Editores que proviene de pequeñas editoriales anteriores que fueron administradas por el mismo editor Carlos Clará.
Referencias bibliográficas
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Bourdieu, P. (2002). Campo de poder, Campo intelectual. Prerrequisitos críticos y principios de método. La Habana, Cuba: Montressor.
Bourdieu, P. (2011). Las reglas del arte: génesis y estructura del campo literario. Barcelona, España: Editorial Anagrama.
Chartier R. (1997).Las revoluciones de la cultura escrita. Barcelona, España: Gedisa Editorial.
Domínguez, M. E. (2013). La independencia y los editores en Chile. Consideraciones para un debate necesario. Santiago, Chile: Comunicación y medios.
Encina, A. (2014). Análisis del Campo Editorial Independiente en Chile. Un acercamiento desde la teoría de los campos de Pierre Bourdieu. Santiago, Chile: Incom.
Ley del libro.(17 de marzo de 1994). Diario Oficial Nº. 54, Tomo 322. Decreto N°. 808. Recuperado de http://www.asamblea.gob.sv/eparlamento/indice-legislativo/buscador-de-documentos-legislativos/ley-del-libro
Morey, M. (1986). Lectura de Foucault. Madrid, España: Taurus.
Pozuelo Yvancos, J. M y Aradra Sánchez, R. M. (2000). Teoría del canon y literatura española. Madrid, España: Ediciones Cátedra.
Rafael Arráiz Lucca. (1968). La empresa del libro en America Latina. Buenos Aires, Argentina: Bowker Editores.
Subercaseaux, B. (2000). Historia del libro en Chile. Santiago, Chile: LOM.
Subercaseaux, B. (2014). La industria del libro y el paisaje editorial. Revista chilena de literatura, pp. 263-268.

Alexander Hernández. (Cuscatlán, 1987). Posee la Maestría en Estudios de Literatura Centroamericana (Universidad de El Salvador) y el Máster en Lexicografía Hispánica y Corrección Lingüística (Real Academia Española y Universidad de León, España). Ganó los Juegos Florales en la rama de poesía en 2013, el primer lugar en la rama de Poesía Infantil en el II Certamen Literario “Maura Echeverría”, realizado por el Ministerio de Educación en 2018, y el primer lugar en las Olimpiadas Nacionales de Educación Superior en la rama de Poesía en 2021. Se desempeña en la edición de libros, docencia universitaria y dirección de la Revista cultural Malabar. Entre sus obras destacan: El final del laberinto (cuentos, 2015), Viaje al centro del sueño (poesía, 2018), Memoria de las campanas (poesía, 2022) y El barco en la botella (minificciones, 2024).
