En su tránsito y permanencia en varios países, Eunice Odio publicó – con mucha valentía–, artículos políticos en contra de cualquier tipo de totalitarismos. La Dra. von Mayer, editora de sus «Obras Completas», se aproxima a ese pensamiento político lúcido a partir de sus artículos
Peggy von Mayer | Dra. en Literatura y crítica literaria costarricense
Es indiscutible que Eunice Odio poseía una inteligencia muy desarrollada que le permitió obtener una cultura poco común. Basta con leer su obra poética y prosística para darse cuenta de la seriedad con que emprendía sus aventuras intelectuales, ya fueran místicas, filosóficas, religiosas, artísticas, literarias, soteriológicas, políticas, etcétera. También fue una magnífica polemista, especialmente en el ejercicio del periodismo. En esta ocasión he tratado de indagar algunos aspectos de su pensamiento político, con base en sus artículos periodísticos, en el entendido de que su manejo del tema es sumamente experto y profundo, ante lo cual me encuentro en evidente desventaja.
Desde que Eunice tenía unos 22 años, las compañeras del grupo de estudios de la maestra Ninfa Cabezas le atribuían tener ideas de izquierda, porque alguna vez cargaba un libro de Máximo Gorki. En esa época, ser “de izquierda” equivalía a ser comunista. Se debe considerar que tal calificativo no carece de importancia, pues para una sociedad tan conservadora y católica como la de Costa Rica de mediados del siglo XX, ser comunista constituía un estigma que causaba marginación y desprestigio social, y hasta podría haber sido una de las causas del desinterés por su obra en vida de la autora.
A menudo se confundía ––y se sigue confundiendo–– el término de “izquierdista” con el apelativo de “comunista”, como hace ver muchos años después la propia poeta, en una carta enviada a la revista Visión en julio, 1951, titulada: “Todo izquierdista no es forzosamente un comunista; el no ser comunista no significa ser reaccionario”, en que afirma lo siguiente:
El error de ustedes (los reporteros), muy grave, por lo demás, consiste en que confunden y aglutinan en una sola facción a estalinistas e izquierdistas como si fuesen una o la misma cosa. Admitir esto equivaldría a que todo el que no es comunista pertenece a la derecha, lo cual es perfectamente falso; además sería darles la razón a los estalinistas; o bien significaría que los estalinistas tienen el monopolio de la razón, de la justicia social y de la verdad divina, lo cual es todavía más falso que lo otro[1].
La vinculación de Eunice con el comunismo ha sido uno de los temas más discutidos. En tiempos de la Guerra Fría, el solo hecho de tener amistad con una persona comunista era suficiente para caer en sospechas, y parece que ella no discriminaba a nadie por su ideología. De hecho, Yolanda Oreamuno, su gran amiga, militó por un tiempo en el Partido Comunista.
Luis Canizales[2] sostiene que era comunista, y que fue en Guatemala donde “sufrió una aguda conversión de sus ideas políticas”. Se basa en “documentos de la CIA”, particularmente en el “informe López” hecho en 1979 y desclasificado en el 2003, el cual afirma que “a mediados de los cuarenta, poco antes de marcharse a Guatemala, Eunice Odio tuvo vínculos con los comunistas de su país: no solo había trabajado con ellos a través del Partido Vanguardia Popular, dirigido por Manuel Mora Valverde, sino que había militado en la célula literaria Eugenio María de Hostos”[3]. Al respecto, hace mucho tiempo consulté esto mismo a personas muy vinculadas al Partido Comunista costarricense, quienes me aseguraron que la autora nunca perteneció al mismo, y que en Costa Rica no existió tal célula literaria.
En cuanto a los documentos de la CIA, el mismo Canizales se refiere a las imprecisiones de varios informes de esa agencia respecto de la autora. Es innegable que Eunice fue investigada por esta agencia, posiblemente por su amistad con personas de ese partido. Incluso, la CIA la relacionó con Lee Harvey Oswald, el asesino del presidente Kennedy, porque, según parece, aquel estuvo en una fiesta en la que ella estuvo, ya sea en su propia casa o en el domicilio de Elena Garro. De manera igualmente contradictoria, también existen otros documentos en donde se la acusa de colaborar con la CIA.
El interés de Eunice Odio por la política surge desde muy joven. En 1946, publica dos poemas dedicados a los milicianos españoles: “Nube y cielo mayor” y “Pepón de la Campa, Campa”, un “guerrillero asturiano. Es decir, de los que no se conformaron a lo último, y desembocaron en las montañas para proseguir la lucha que aún hoy, no ha cesado” [4]. Estos dos poemas, publicados en Repertorio Americano[5], tienen una nota de Emilia Prieto que, entre otras cosas, dice:
Me dijo Eunice por teléfono: “¡Se fue Marquina! ¡No pudo quedarse aquí!”.
Y en este setiembre oficialmente ceremonioso de la mecánica patriotera y de la superficial liturgia banderil, yo me he sentido orgullosa de mi patria. Y tan solo, porque “Marquina no pudo quedarse aquí”, en virtud de la profunda independencia que se produjo en nuestro pueblo y la España negra de Fernando VII y de Franco ––¡qué enorme y qué gloriosa me ha parecido Costa Rica! […]
En los dos poemas que aparecen aquí de Eunice Odio ella se identifica con los “milicianos españoles de dentro y de fuera”, con los que en España lanzan granadas y en Costa Rica esta apoteósica aunque humilde granada del tomate, que ha salido rojo de vergüenza de las cocinas a suplir la que no tiene tanto culto togado e ilustre letrado, para aventar hacia rumbos de oprobio a los González Marín y a los Marquina…[6]
En estos poemas, la poeta asume una actitud antifranquista y republicana. La extensa nota de Emilia Prieto da cuenta del ataque contra Marquina que perpetraron varios costarricenses, en cuenta Eunice, Emilia y Yolanda Oreamuno, quienes le lanzaron improperios, huevos y tomates en el Teatro Nacional.
Al año siguiente, Eunice va a Guatemala a recibir el Premio “15 de Setiembre”, otorgado por Los elementos terrestres,y decide residir en ese país desde setiembre de 1947, a instancias de su amiga Yolanda Oreamuno. Allí trabaja como periodista en El Imparcial, diariode línea anticomunista, dirigido por el reconocido intelectual David Vela.
En ese periódico publica en varias entregas el extenso ensayo: “Exposición sobre política actual de Costa Rica”[7], en el cual efectúa un análisis bastante exhaustivo de la situación política de los cuarenta años previos a la llegada del calderonismo. La autora afirma que desde principios de siglo, existió lo que llama un “régimen semifeudal-liberal”, con preeminencia del régimen capitalista, como es el caso de los gobiernos de Ricardo Jiménez Oreamuno y Cleto González Víquez, que se alternaban la presidencia, gobernando a favor de la clase oligárquica y liberal, en detrimento de las clases más pobres. Señala las desigualdades sociales, educativas y económicas que prevalecían en la población, aun reconociendo algunos avances y mejoras de ciertos caudillos como Alfredo González Flores, que quiso plantear reformas para proteger a los más desposeídos, pero que fue derrocado por la oligarquía representada por el dictador Federico Tinoco. Eunice ve como un cambio positivo la organización de “un partido revolucionario llamado Partido Reformista” (1923) liderado por el general don Jorge Volio, “primer partido político de ideas revolucionarias” que habla de “reformas sociales tan posibles como necesarias, y de la injusticia social que regía como base de nuestras instituciones republicanas sin complicaciones”. También critica la labor realizada por León Cortés Castro (1940-1944), a quien considera débil y poco inteligente, y afirma que durante su mandato los campesinos se empobrecieron aún más.
La autora opina que, durante ese período de 40 años, la situación del obrero y el campesino era deplorable, al arbitrio de los terratenientes, hasta que llega al poder el Dr. Rafael A. Calderón Guardia, quien transforma el país al promulgar innovadoras reformas, como las Garantías Sociales, el Código de Trabajo, la creación de la Caja Costarricense de Seguro Social, la fundación de la Universidad de Costa Rica. Eunice efectúa una defensa de las conquistas sociales y laborales de Calderón Guardia y de Teodoro Picado. Asimismo, critica los serios enfrentamientos y conflictos provocados por la oposición, a instancias de Otilio Ulate. La elección de Picado había sido acusada de fraudulenta, y se originó una lucha por el derecho a elecciones limpias. Hubo disturbios muy serios que culminaron en la Guerra Civil, liderada por José Figueres Ferrer, que comenzó en marzo de 1948 (tres meses después de publicado este artículo). Por la alianza del partido calderonista con el partido comunista para realizar algunas de sus reformas sociales, la oposición calificó a sus miembros de “caldero-comunistas”, ya fuera que comulgaran o no con esas ideas. Como dijo Vicente Sáenz, reconocido intelectual y escritor costarricense en una entrevista en El Salvador: “Ni Calderón Guardia ––por ser apoyado por Vanguardia Popular–– es un comunista, ni Otilio Ulate, por estar en una posición política distinta, puede decirse que es un reaccionario”[8]. Por la misma razón, tampoco es válido decir que Eunice era comunista porque simpatizaba con el partido calderonista.
Este artículo es importante porque pone de manifiesto la clara visión que Eunice tenía del acontecer político costarricense. Cuando fue publicado, como se ha dicho, la poeta ya vivía en Guatemala desde setiembre de 1947. No es correcto afirmar que Eunice fue una exiliada política como el Dr. Calderón Guardia, Carmen Lyra, Rómulo Tovar, Manuel Mora y otros que sí fueron perseguidos y expulsados de Costa Rica por sus ideas comunistas.
En octubre de 1948, la escritora obtuvo la ciudadanía guatemalteca. Por ese tiempo, se desempeñó como secretaria del Centro Editorial del Gobierno, adscrito al Ministerio de Educación Pública de Guatemala, donde organizaba eventos culturales, conferencias, recitales, etc. Un año después obtuvo la ciudadanía guatemalteca.
Durante el tiempo en que vivió en ese país, tuvo una época de esplendor: había ganado un premio importante, era respetada como poeta, dictaba recitales y conferencias y ejercía el periodismo cultural. Se adscribió a la Asociación Guatemalteca de Escritores y Artistas Revolucionarios AGEAR, cuyo director era Mario Monteforte Toledo, al que pertenecían Otto Raúl González, Víctor Villagrán Amaya, el escultor R. Galeotti Torres, Eugenio Fernández Granell, Mario Alvarado Rubio. También frecuentaba el Grupo SAKER-TI, al que estaban adscritos Miguel Ángel Asturias y Raúl Leiva, entre otros.

Eugenio Fernández Granell, fotografía tomada de la Fundación Eugenio Granell
Uno de sus miembros, Fernández Granell, exiliado republicano, pintor surrealista y escritor español que tenía mucha influencia en la cultura guatemalteca, sostuvo una polémica con Raúl Leiva, ya que Granell había enviado una carta dirigida al pintor Mario Alvarado Rubio, secretario general de AGEAR, instando a sus compañeros a no asistir al Primer Congreso de Intelectuales y Artistas de Guatemala, por considerar que esta actividad era promovida por el comunismo internacional para “influir en la vida artística y cultural”: “Una organización de intelectuales y de artistas está hoy en la obligación ineludible de declarar públicamente su fe democrática y repudiar, al mismo tiempo, toda tendencia totalitaria, sea esta fascista o comunista”, decía Fernández Granell. Raúl Leiva le respondió en carta aparecida en El Diario de Centro América del 14 de abril de 1949, acusándolo de franquista y fascista.
Eunice fue la única que salió en defensa de Fernández Granell en un artículo titulado: “Polémicas entre artistas. Dos actitudes ante una tiranía”[9], en donde desmontaba los argumentos de Leiva contra su amigo. Este artículo fue considerado impropio por el ministro de Relaciones, Enrique Muñoz Meany, porque, según su opinión, dejaba translucir una complicidad solapada del gobierno con el comunismo, de modo que la poeta fue destituida de su cargo en el Ministerio de Educación.

Presidente Arévalo y miembros de los Grupos AGEAR y Saker-Ti en la exposición de Carlos Mérida, Guatemala, diciembre de 1947. Colección de Jacobo Rodríguez Padilla. Tomado del libro La polémica entre el pintor Eugenio Fernández Granell, la AGEAR y el Grupo Saker-ti, de Arturo Tarracena Arriola.
Aunque Eunice era miembro de AGEAR, sostenía una actitud crítica respecto del comunismo. Así consta en un testimonio en que la autora se define como anticomunista en 1949, en la carta que envió en 1963 a Carlos Pellecer, uno de sus miembros, exlíder comunista, en ocasión de su renuncia y abjuración del partido, donde manifiesta:
Alguna vez, al ver cuánta era mi voluntad de pelear contra el comunismo y cuanto representa, dijo usted: “¡Qué enemiga tan encarnizada!”.
En ese tiempo estábamos en Guatemala. Era el año de 1949. En ese tiempo, a través del presidente Arévalo, mandaban los comunistas en Guatemala”. Dije entonces al saber su opinión: «Pellecer y todos sus compañeros lo que han de hacer es irse a Rusia y quedarse ahí unos años. Si alguno de ellos es un hombre honrado y no se pudre en el estupefaciente laberinto rojo, entonces admitiré cualquier opinión. Eso sí, no toleraré calificativos aplicados a mí por «turistas con guía…”[10].
En 1950, la autora decidió apoyar la candidatura del Lic. Jorge García Granados en la contienda electoral de setiembre a noviembre de ese año. García Granados era un diplomático educado en la Sorbona, a quien Eunice acompañó en sus mítines políticos como reportera del periódico El Pueblo. La situación política era muy complicada. García Granados ––y su reportera–– estuvieron a punto de ser víctimas de algunos atentados. Ya se había dado el asesinato del coronel Arana, muerto en un complot del cual se señalaba a Arévalo y Arbenz como sospechosos de haberlo ordenado. Según datos históricos, los comicios electorales fueron amañados por las componendas de este dúo y los comunistas para hacer “creer en el exterior que el último había sido electo en unos comicios democráticos, cuando en realidad habían efectuado un fraude electoral”[11].
Precisamente, acabo de encontrar esta carta cercana a esta época, dirigida a Arévalo, que ofrezco como una primicia, en la que Eunice denuncia valientemente las matanzas efectuadas por militares en el sur del país y la actitud poco beligerante, pasiva y quizás acomodaticia de los “bueyes de sala”[12]:
Señor
Presidente de la República
de Guatemala
Dr. Don Juan José Arévalo
Señor Presidente:
No hace aún quince días quería escribirle sintiéndome, como la mayoría de los guatemaltecos, en un clima de pesadumbre y temor. Dos verdaderas catástrofes acababan de producirse en el Sur, tocando de frente a Guatemala. Algunos militares, celosos guardadores de intereses infecundos, lacayos de su propia impureza, habían acabado, en dos segundos, con la esperanza de miles de hombres.
Por otra parte, las recientes elecciones nos daban la medida exacta de lo que estaban o están dispuestas a hacer, las gentes que tienen tanto dinero, como sería maravilloso que tuvieran capacidad de diálogo con el hombre.
Los ciudadanos de la calle, de los que formo parte por actitud y vocación, se explicaban los sucesos previos, el curso y los resultados de las elecciones, como un grave síntoma de que, de “quererlo” las hijas de maría y sus respectivas familias, todo el paisaje político guatemalteco podía variar fundamentalmente. Para ello, solo sería necesario que unos cuantos bueyes de sala se pusieran de acuerdo (?) con quien correspondiera (?).
Luego todo se explicaría muy fácilmente… el pueblo, unido fraternalmente y unánimemente, a determinados sectores poderosos, se había salvado de la anarquía gubernamental y del comunismo.
Los guatemaltecos ––permítame que así me llame a mí misma, puesto que Guatemala es, gracias a usted, lo único que por ahora me complazco en poseer––, veíamos en todo este encadenamiento de cosas, el presagio del polvorín; muchos de nosotros nos preparábamos a ser echados muy pronto de este lugar del mundo, puesto que no estábamos dispuestos a callar en ningún momento y por ningún motivo.
Algunos pensaban que los partidos arevalistas se unirían. Los que así discurrían se dividían en dos grupos: 1.° Los que creían que era absolutamente necesario salvar la Alcaldía formando un bloque compacto y homogéneo hasta donde fuera esto posible, que era preferible perder la alcaldía si, en cambio, se ganaba un futuro democrático para Guatemala. Para pensar de este modo, los segundos se apoyaban en conclusiones más o menos como las que siguen: Los bueyes de sala se han confabulado bajo la bandería anticomunista. Esa falsa posición, o esa posición compleja, no solo ha determinado el apoyo incondicional anticomunista de un crecido sector de la clase media y del capitalismo cinquero y recalcitrante, sino que, en un momento dado, determinaría que, bajo el mismo pretexto, ciertos gobiernos de esta parte del mundo dieran gustosos, en un plazo no menor de quince días, un reconocimiento que podríamos llamar apriorístico, si es que el término se nos permite.
Por lo tanto, más vale que un fuerte grupo se quede en reserva, lo que equivale, es cierto, a perder la alcaldía pero que, a un plazo no muy largo, le proporcionará al Gobierno una boca con qué hablar y tal vez, tal vez, un poco o un mucho de terreno aparentemente perdido.
Pero, de súbito, un grupo de jóvenes salvadoreños, hombres en flor, en los que siempre he creído porque viví entre ellos, viene, no solo a consolidar el bien de nuestra hermana del Sur, sino también a robustecer lo que debe defenderse en Guatemala a costa de lo que sea.
La alegría de todos los guatemaltecos es grande y no hay para menos, ya que cunden los ejemplos de todas clases y matices; el más significativo de todos, casi en la oreja de Guatemala.
Lástima que no se decidan a colgar a Osmincito y a otros cuantos. Unos cuantos ahorcamientos harían escarmentar a muchos.
Por lo demás, solo he querido charlar con Ud. en esta correspondencia, saludarlo, y decirle que en cualquier momento, a cualquier hora, y para lo que sea, lo poco que soy está a disposición de Ud. y de Guatemala.
Soy su servidora incondicional,
Eunice Odio[13]
Indudablemente, esta es una carta retadora y valiente, ya que alude a situaciones incómodas como la represión y asesinato efectuados por los militares: las elecciones, prácticamente decididas con la venia de los entes permisivos y acomodaticios (bueyes de sala) y las “hijas de maría” (¿acaso una alusión a la sociedad católica?); las alusiones al fraude electoral; el ejemplo de lo que quizás consideraba que debería ser en Guatemala al mencionar a los “jóvenes salvadoreños”, (posiblemente se refiere a los que, en 1948, habían dado un golpe de Estado que condujo a la consolidación del Consejo de Gobierno Revolucionario); y la ausencia de castigos a los criminales, a quienes “deberían colgar”.
La cuestión política de Guatemala siguió siendo parte de las reflexiones de Eunice Odio, aun después de tantos años de haber salido de ese país. En “Arbenz y el comunismo en Guatemala”[14], señala la injerencia, en el gobierno de Arévalo, de los comunistas en los partidos “no comunistas”, “que eran agrupaciones heterogéneas en las que cabían todos los matices (desde el rojo hasta el rosado)”, a través de varios subterfugios que, con el pretexto de favorecer a los trabajadores, como el Código de Trabajo, que eran “un instrumento a favor de la lucha de clases entregado a los comunistas en la persecución de otros fines que el mejoramiento social de los trabajadores”; la Confederación General de los Trabajadores de Guatemala (CGTG), “dominada por los rojos y afiliada a la CTAL de Lombardo, la cual perseguía fines políticos”, y “el control del Consejo Nacional Electoral”; la desintegración de “todos los cuadros electorales de los partidos anticomunistas y anti-arevalistas-arbencistas”, que desencadenaron el terror preelectoral para “aterrorizar especialmente a la masa indígena acostumbrada al mal trato constante que los ‘ladinos’ siempre le han inferido por siglos” y el fraude electoral de los “comunistas-arevalistas-arbencistas” que tenían “cinco, seis y hasta doce” boletas de votación , mientras que los otros partidos tenían solo una. Con estos recursos y el apoyo de Arévalo, llegó Arbenz al poder.
En “Arévalo y el comunismo en Guatemala”[15] continúa analizando la situación política de aquella época, donde enumera las instancias gubernamentales en las que mandaban los comunistas: Relaciones Exteriores, el Instituto Guatemalteco del Seguro Social (IGSS), los Tribunales de Trabajo. (Como se vio, el Código de Trabajo era “un instrumento de la ‘lucha de clases’”):
La entrega de las organizaciones sindicales y demás instrumentos de defensa de los trabajadores a los comunistas hizo posible que, en el momento preciso, Arbenz contara con una plataforma para su candidatura y con una fuerza para llegar a la presidencia[16].
La autora denuncia también cómo, por órdenes de Arévalo, Arbenz mandó a asesinar al coronel Francisco J. Arana, un fuerte contrincante presidencial, en una emboscada que le tendió para que no obstaculizara su camino a la presidencia; asegura que Arévalo siguió ejerciendo su influencia en Ydígoras Fuentes y que siempre mantuvo nexos con los comunistas.
Algunos historiadores dicen que Juan José Arévalo (a quien Eunice llama “el argentino” aunque era guatemalteco, pero estudió en Argentina), primer presidente electo democráticamente, se había propuesto impulsar reformas educativas y sociales y propiciar la cultura, pero que gobernó con poder limitado por los militares, entre intrigas y conflictos con las fuerzas armadas y por el monopolio de la United Fruit Company y estableció componendas con su sucesor, Juan Jacobo Arbenz. Según se dijo, este fue acusado de ser comunista en un complot planeado por la United Fruit para proteger los intereses norteamericanos, con la intervención de la CIA, que organizó, financió y dirigió el golpe de estado al mando de Carlos Castillo Armas para derrotar a Arbenz, en junio de 1954, con la ayuda de Somoza y de Trujillo. Álvaro Vargas Llosa hizo un estudio detallado de ese período tan controversial del gobierno de Arévalo y Arbenz en Tiempos recios. (Lima: Alfaguara, 2019), que ya va por la 19.a edición. De esta obra ha dicho su autor:
Mi novela muestra la América Latina del horror, de la barbarie y la violencia; un mundo muy atractivo para la literatura, pero no en la vida real, llena de injusticias. Vale la pena estudiar la figura de Jacobo Árbenz. Su caída llevó a muchos, a pensar que la democracia no era posible y a buscar el paraíso comunista. Ahí fue donde vimos cómo Fidel Castro se radicalizaba. Yo pensé que la democracia era imposible, que había que buscar el paraíso comunista. Ahora salimos de aquello. Hoy, las dictaduras son de otro tipo, son ideológicas como Cuba, Venezuela o Nicaragua.
Después de ese período turbulento de la historia guatemalteca, Eunice se trasladó a El Salvador, para entonces al mando del presidente Oscar Osorio, quien, según cuenta Canizales, “desató una brutal persecución contra los comunistas salvadoreños”, “una cacería desmesurada”[17] y enfrentaba un período convulso de intentos de golpes de estado, levantamientos, violación de los derechos humanos, actividades subversivas, torturas, encarcelamientos, etc.
Eunice trabajó activamente en periódicos y revistas, escribiendo artículos de opinión, reseñas, entrevistas y otros reportajes, algunos de los cuales registra Canizales[18]. Entre ellos encontramos, parafraseados, dos artículos políticos (¿o uno solo en dos partes?) “José Stalin, beneficiario de la perversión” (sin fecha), en que Eunice expone las políticas de no agresión entre Stalin y Hitler hasta que estalla la Segunda Guerra Mundial y Hitler invade la Unión Soviética:
Stalin comenzó a hablar de una cruzada por la paz y se sumó a las potencias aliadas. En esa coyuntura, los soviéticos y los norteamericanos hicieron las paces: ninguno hablaba mal del otro. Fue entonces que las células comunistas florecieron en el centro y sur de América con el dinero de Moscú. Finalizado el conflicto mundial, en 1945, empezó a tomar forma lo que se conocería como la Guerra Fría. Y entonces, la bandera antiimperialista que había sido sostenida por los antiguos líderes políticos de la región les fue arrebatada. Ahora eran los comunistas latinoamericanos los que hablaban de un imperio norteamericano que mantenía un sistema de opresión e injusticia social. No solo eso: aseguraban que el remedio a todos esos males era el comunismo soviético[19].
Canizales termina diciendo que “Eunice concluyó que esa demagogia estaliniana, que prometía el paraíso en la tierra, era muchísimo más peligrosa porque convertía a los humanos en los más miserables del mundo”.
El otro artículo, resumido, se titula: “El hombre escapado de Marx. Stalin, arquitecto de la bestialidad como sistema”[20], de noviembre de 1952, en cuatro entregas, en el cual explicaba que el estalinismo no podía resolver los problemas humanos, porque estos no solo tenían necesidades materiales, sino espirituales y emocionales, y que un sistema represivo y que viola los derechos humanos más elementales era “tan perverso y deshumanizado” como el mismo Stalin.
Entre los artículos que encontró en El Salvador, Canizales registra otro contra el régimen comunista que se titula: “Rusia o la continua muerte”, sin fecha, pero posiblemente publicado en días posteriores al 5 de marzo de 1953, cuando se comunica la muerte de Stalin. La poeta hace un retrato de Lavrenti Pavlovich Beria, quien continuó el régimen de terror iniciado por Lenin y Stalin, siendo “el principal persecutor (durante las purgas que comenzaron en 1933 y terminaron en 1939) de quienes el estado ruso llamó trotskistas y bhukarinistas”:
Sus indudables capacidades para la crueldad y la tortura han producido, en el lapso de 1939-1953, más acusaciones, sentencias a trabajos forzados, muertes, deportaciones en masa y confesiones espontáneas para marchar directo a la horca, que todos los inquisidores juntos… [21].

Portada del libro El rastro de la memoria. Eunice Odio en El Salvador, del autor Luis Canizalez
La autora concluye diciendo que las clases obreras se rebelaron en varios países y el Kremlin responsabilizó a Beria de lo ocurrido, por lo cual tenía que morir: “otro vendrá y será purgado como Yagoda, como Yeshov, como tantos centenares de esclavizadores esclavizados de la URSS, como Beria. ¿Quién allá en la tierra del morir tendrá, algún día la sensación de estar seguro?”.
Según afirma Canizales, el último reportaje de la poeta en El Salvador apareció el 7 de diciembre de 1953[22]. Probablemente para entonces, Eunice decidió dedicar todo su tiempo y esfuerzos a El tránsito de fuego, que escribió de 1948 a 1954.
Es oportuno acotar que, mientras Eunice polemizaba desde su visión política izquierdista y anticomunista, estaba escribiendo este poema místico de profundo contenido espiritual, el cual refleja su esencia como poeta, con fundamento en la Palabra como la acción del Verbo divino, a la luz del cristianismo esotérico y la Cábala, la parte mística y esotérica del judaísmo que busca comprender la naturaleza de Dios, la creación y el alma. Este es un aspecto que no se ha considerado a la hora de abordar su compleja naturaleza intelectual y espiritual: la incompatibilidad entre los postulados judeocristianos, metafísicos y esotéricos que la poeta asumía, y el comunismo. ¿Constituirá este un argumento de peso para cuestionar seriamente la veracidad de su supuesta filiación comunista?
Eunice partió a la ciudad de México el 9 de febrero de 1955[i]. Allí, con muchas dificultades, ejerció el periodismo político en revistas como Respuesta, Examen, Trinchera, algunas veces con pseudónimos, no solo por su condición de ilegal (pues no obtuvo la ciudadanía sino hasta 1972), sino también por sus controversiales ideas políticas contra el franquismo, el comunismo y el castrismo, en una época de predominio de estas ideologías.
La Guerra Civil española siguió siendo foco de interés, aun después de muchos años. En 1962 escribe sendos artículos sobre este tópico. En el primero: “Insistiendo sobre la revolución y guerra de España”[23]. denuncia la manipulación e injerencia del estalinismo sobre el partido comunista español, que condujo a la derrota de los republicanos contra los nacionalistas:
… la guerra de España la manipularon los comunistas rusos a través de los rojos españoles y, por consiguiente si se perdió la guerra, Rusia la perdió o hizo que se perdiera, ayudada eficazmente por los estupidizados comunistas españoles[24].
Asimismo, critica las omisiones históricas del libro: La Revolución y la Guerra de España”[25] de Pierre Broué y Émile Témime, con la intención de querer “borrar” o exculpar las maniobras de Stalin: “está destinada a ‘limpiar’ a Rusia y a Stalin de la mugre que los cubrió durante la guerra civil española y con posterioridad”[26], luego de que Rusia la saboteara. Refiere cómo Enrique Castro Delgado, “un instrumento ciego, verdadera máquina de impulsión de la política staliniana [sic] en España”, se percata de que “… el Estado Mayor del Gral. Miaja y también el Gral. Pozas, estaban “obsesionados” en ‘empujar’ de las proximidades de Madrid a las fuerzas del Gral. Franco, a pesar de que sabían que las fuerzas republicanas eran débiles para atacar de frente a un enemigo superior en medios, en cuadros, en disciplina y conocimientos militares”. Castro le cuestiona el procedimiento al Gral. Kulik, pero este insiste en seguir adelante. Acude a Gorev, otro “consejero”, quien le promete la ayuda de la aviación, que nunca apareció. “Fue una carnicería la que pudo haber sido una victoria republicana de ‘afianzamiento’”, concluye Castro Delgado en Hombres made in Moscú, pp. 454 y sgts [sic]. (citado por la autora). La autora resume la razón de este proceder despiadado concluyendo que:
Había llegado la hora exacta en que Hitler y Stalin se extenderían y era preciso que terminara la guerra. La destrucción implacable a que fue sometido el ejército republicano español en el Ebro, disolvió toda posibilidad de ulterior resistencia y preparó la caída de Cataluña, que era el fin[27].
En “Los libros Fab”[28] utiliza este referente para criticar los textos que intentan silenciar o eludir hechos incómodos o inconvenientes y así ‘limpiar’ al Imperio ruso de otras cosas igualmente vergonzosas y ‘dañinas’”[29], aunque considera que “para la empresa imposible de ‘limpiar’ al imperialismo ruso con libros-Fab hay que tener tupé”[30].
En: “Rechazamos el Munich de los espíritus. Lo que quiere Moscú y defiende Sartre”[31] ataca la propuesta de Jean Paul Sartre de desmilitarizarse “intelectualmente”, mientras que en Rusia los artistas que no se alinean son perseguidos, torturados y encarcelados:
Ningún imperio se ha rebajado tanto en el campo de las artes y las letras, como el Imperio Ruso. (…) En ninguno se ha encarcelado, torturado y asesinado a poetas, científicos, pensadores, políticos y artistas porque no acatan “la línea” marcada por un degenerado como Stalin o un semianalfabeto como Krushchev que, además, como Stalin, tiene las manos tintas en la sangre y los oídos llenos de los gritos de los asesinados y torturados, en la gran purga de Ucrania que “le encargó” Stalin. En ningún imperio, como en el ruso, un escritor que se pliega a la línea es un animal inferior, pero cebado; cebado con rublos o dólares pero sin dignidad. En ningún imperio, como el ruso, un escritor que no se pliega es un hombre digno, pero en la cárcel, en los campos de trabajos forzados un hombre digno, pero en la tumba o en el infierno[32].
Cuando en América Latina casi todo el mundo aplaudía el castrismo, la agudeza política de Odio distinguió desde muy temprano las tendencias comunistas del régimen de Fidel Castro. En: “Cuba, drama y mito”[33] denuncia la pérdida de derechos y libertades de los trabajadores miembros de la Central de Trabajadores Cubanos (CTC); afirma que el régimen castrista es una dictadura contra el “proletariado” y que está sometido a las órdenes de los rusos. Todavía Castro no se había declarado abiertamente comunista.
En “Cuba y el plan secreto de ataque nuclear de Rusia”[34], y fundamentándose en un libro “sacado de Rusia sobrepticiamente”, escrito por el mariscal “Vasily D. Sokolovsky y otros trece altos funcionarios del ejército rojo”, que explica un plan maestro para sepultar a Occidente en un holocausto nuclear, cuestiona el discurso de Nikita Krushchev ante el Soviet Supremo, pronunciado en diciembre de 1962, acusándolo de mentir descaradamente al ocultar el plan secreto de aprovechar la cercanía de Cuba para atacar a los Estados Unidos. Ante tales pretensiones de los soviéticos, destaca el poderío balístico y nuclear de los EEUU, en amplia ventaja en relación con sus enemigos.
Con gran sagacidad, también analiza el enfrentamiento entre China y Rusia, dos potencias con ambiciones imperialistas, y la forma en que China manejó la relación con los soviéticos “a su modo”, para dar un rumbo propio a su revolución y alcanzar su autonomía. Primero, Mao se empeñó en una “industrialización acelerada. Exigió millones y millones en bienes de capital, miles de técnicos” y miles de rublos en su ayuda, con el fin de capacitarse técnica e industrialmente. Además, en 1950, China se apropió del Tíbet, obteniendo así una vía de acceso estratégica hacia el sudeste asiático, y extendió su poder mediante acuerdos en regiones como Cambodia, Nepal y Yemen[35].
Mao ha pasado de la etapa inicial (defensa de China contra el imperialismo ruso), a una peligrosa segunda fase: búsqueda de “espacio vital”, como decía Hitler, para una población que crece monstruosa, inconteniblemente. En otras palabras, restauración del Imperio Manchú, ahora con membrete rojo… idéntico al actual Imperio Gran Ruso, disfrazado de ideología[36].
Ampliando esta información, en “El coexistente Nehru y el coexistente mío”[37] se refiere a la invasión del Tíbet efectuada por Mao-Tse-Tung con el pretexto de liberar de la colonización inglesa a esa región, aun cuando ya Inglaterra se había retirado. La invasión es aceptada por Nehru a nombre de la coexistencia pacífica, el neutralismo y la pacificación. El verdadero interés en el Tíbet, según la autora, radicaba en “sus extraordinarias características geográficas, una barrera defensiva única en el mundo, esto es un Estado “tapón” ideal si amistoso y pacífico o una plataforma inexpugnable desde la cual le es posible a un agresor asaltar a la India y a todo el sudeste asiático[38].
El expansionismo comunista en América del Sur también es causa de reflexiones y análisis para la escritora. En sendos artículos[39] se refiere a “la conspiración comunista, manejada desde arriba en Brasil, por la mafia roja que encabeza Joao Goulart”, propiciada por Janio Quadros y “su política de halago hacia el orbe comunista; de chantaje y provocación hacia el mundo libre en general, y hacia los Estados Unidos en particular”. Denuncia la infiltración de líderes e ideólogos comunistas en todos los ámbitos del Gobierno, en las clases políticas, económicas, educativas jurídicas, militares, etc.
No hay que darle más vueltas al asunto, Goulart y su gabinete trabajan para descoyuntar, subvertir y romper, la actual estructura social, política y económica del Brasil, para con mayor facilidad, imponer, cuando crean que es el momento, el cambio de estructura, desde arriba, y sin disparar un tiro[40].
Habiendo afirmado que “Todos trabajan juntos por la causa de la antipatria, por la mayor gloria del Imperio Ruso y detrimento del mundo occidental”, una frase lapidaria resume su sentir respecto de la situación brasileña de aquel momento:
La gran tragedia del Brasil es que no produce hombres de su tamaño[41].
Como ha podido observarse a lo largo de todos estos artículos sobre política, Eunice Odio fue una mujer de ideas claras y definidas, fundamentadas en el estudio y análisis de documentos actualizados, como puede colegirse de la abundante información de la que se sirve. No tuvo reparos en defender sus creencias ni en manifestar lo que pensaba, aun cuando algunos ataques frontales podrían haber puesto en peligro su propia seguridad. Es notable su capacidad de argumentación, la lógica apabullante de sus juicios, su valentía, sobre todo pensando en su condición de mujer, en tiempos en que la expresión de las ideas políticas en general solían ser privilegio masculino, y con más razón tratándose de ideas controversiales, desafiantes, confrontativas.
El área geopolítica que abarca es enorme: cubre ejes esenciales de América, de Norte a Sur; Rusia, China, India… Es indiscutible que los escritos políticos de Eunice Odio ofrecen material para muchos análisis desde el punto de vista de la politología, la sociología, la historia de las ideas, la historia en general. Sería interesante estudiar la repercusión de sus planteamientos, no solo desde una perspectiva sincrónica sino también diacrónica, para observar la evolución y consecuencias de sus juicios. En la perspectiva histórica, no importa tanto si se adhirió o no a tal o cual doctrina, sino la lucidez de su argumentación, la firmeza y la claridad de su mente extraordinaria, que no solo se paseaba a sus anchas por los campos exquisitos de la poesía más excelsa, sino que también era una mujer de su tiempo, comprometida con el acontecer humano, alerta y plenamente consciente de su dasein, su “ser ahí”, “estar ahí”, como su Ion, siempre
Vigilando,
velando a las puertas de la tierra.
[1]Revista Visión. Julio, 1951.
[2] Luis Cañizales. El rastro de la memoria. Eunice Odio en El Salvador. San José: EUNED, 2022 (p. 33).
[3] Cf. Los artículos: “The Tico connection”, San José: La Prensa Libre, 14 de diciembre de 1996 y “La escritora Eunice Odio no fue agente de la CIA”. San José: La Nación, 31 de marzo de 2013.
[4] Nota al pie del poema, escrita por la autora.
[5] “Dos poemas de Eunice Odio”. San José: Repertorio Americano, 42 (20). Sábado 19 de octubre de 1945 (En: Obras completas, 2017, p. 14).
[6] Eunice Odio. Id. Ibid., (p. 14). (En adelante, todas las referencias de artículos y ensayos de la autora se refieren a esta edición).
[7] Guatemala: El Imparcial, del 4 al 12 diciembre de 1947. Recopilado por Mario Esquivel Tobar en: Eunice Odio en Guatemala y reproducido en las O. C., p. 34 y ss.
[8] Luis Cañizales. Op. cit.,(p. 16).
[9] O. C., p 81.
[10] Id. Ibid.., p. 355.
[11] “Arbenz y el comunismo en Guatemala. México: Revista Respuesta. Año 2, N.° 16, 7 de jucio de 1963. En: O. C., p. 221.
[12] Conviene aclarar este término del contexto taurino que Eunice utiliza de manera irónica: los bueyes de sala o bueyes de lidia son toros castrados de raza brava que se utilizan para guiar y controlar a los toros bravos. En España, el término se usa para referirse a personas de carácter dócil, manso y obediente, pasivo, que no tienen mucho brío.
[13] Encontré esta carta en el Archivo Histórico de Guatemala: AH 045-604-002-008-054-012.1. Tiene una anotación manuscrita que dice: “¿1949-1950? No obstante, por los acontecimientos históricos allí descritos, es dable suponer que debe de haber sido escrita a principios de 1951.
[14] México: Revista Respuesta, Año 2, N.° 16, 7 de junio de 1963, en: O. C., p. 221.
[15] México: Revista Respuesta, Año 2, N.° 17, 7 de julio de 1963, en: O. C., p. 227.
[16] Id. Ibid., p. 229.
[17] Luis Cañizales. Op. cit., p. 64.
[18] Id. Ibid., pp. 70 ss. y 114 ss.
[19] Id. Ibid., p. 71.
[20] Id. Ibid., p. 74 ss.
[21] Luis Canizales. Op. cit., p. 117.
[22] Id. Ibid.., p. 129.
[23] México: Revista Respuesta, Año 1, N.° 1, 1962. En: O. C., (p. 169).
[24] Id. Ibid., p. 170.
[25] Id. Ibid., p. 169.
[26] Id. Ibid., p. 194
[27] México: Respuesta, Año I, N.° 1,1962. En: O. C., p. 175.
[28] México: Revista Respuesta, Año 1, N.° 5, 20 de noviembre de1962. En: O. C., p. 194. (Fab es la marca de un detergente).
[29] Id. Ibid., p. 170.
[30] Id. Ibid.., p. 195.
[31] México: Revista Respuesta, Año 1, N.° 2, 5 de octubre de 1962. En: O. C., p.176.
[32] Id. Ibid.., p. 176.
[33] México: Revista Respuesta, Año 1, N.° 3, 20 de octubre de 1962. En: O. C., p.186.
[34] México: Revista Respuesta, Año 2, N.° 9, 20 de enero de 1963. En: O. C., p. 213-220.
[35] “Rusia y China: dos imperialismos y no dos líneas ideológicas en pugna”. Revista Respuesta, Año 1, N.° 6, 5 de diciembre de 1962. En: O. C., pp.198-206.
[36] Id. Ibid., p. 204.
[37] México: Revista Respuesta, Año 1, N.°4, 5 de noviembre de 1962. En: O. C., p. 189-193.
[38] Id ibid., p. 190.
[39] “Brasil al borde de la catástrofe”. México: Revista Respuesta. Año 2, N.° 8, 5 de enero de 1963 En: O. C., 207-212. y “Los clowns ‘siniestros’ del Brasil”, Id. Ibid., p. 235.
[40] “Brasil al borde de la catástrofe”, p. 212.
[41] “Los clowns ‘siniestros’ del Brasil”, p. 235.

Peggy von Mayer Chaves (Costa Rica) Catedrática pensionada de la Universidad de Costa Rica (UCR). Dra. En Literatura, UNA. Máster en Literatura Española de la Universidad de Costa Rica. Licenciada en Filología Española UCR. Ha publicado numerosos artículos de crítica literaria en Costa Rica, México, Nicaragua, Brasil, Panamá. Editora de las Obras Completas de Eunice Odio (dos ediciones); José Basileo Acuña y Lilia Ramos.
