Tránsito de mí misma

Ofrecemos un recorrido esencial por las estaciones creativas de Eunice Odio, desde sus Poemas dispersos hasta la madurez lírica de Pasto de sueños. La muestra recoge momentos cumbres de Elementos terrestres, y fragmentos de su obra monumental El tránsito de fuego. El lector asistirá a la transformación de una voz que transita de la congoja humana a la apoteosis de los elementos, culminando en un homenaje vibrante a la sonoridad y la alegría encarnada en la figura de Louis Armstrong

Eunice Odio | Poeta costarricense

De: POEMAS DISPERSOS

SOBRE LA MUERTE DE FERNANDO BRENES

Hablo en nombre de todos
(Atención de la autora)

Con la mirada huyendo en una lágrima,
Cómo hacemos, amigo,
para decirte,
que estamos casi al frente de nuestro cuerpo,
desgajados
puros
en pleno alumbramiento con tu muerte,
Cómo hacemos con tu velocidad aniquilada,
Cómo hacemos, amigo, para decirte
que estamos más arriba de la frente,
Que hemos llegado a tu ciudad muy húmedos,
todos al borde de un escalofrío,
al filo de una lágrima,
Cómo hacemos todos
llorando a la orilla virginal de tu pañuelo,
Cómo hacemos
amigo, para decirte,
que tu semblante sube aislado y hondo,
y tu paso adelántase suavísimo,
a tono con el fiel de la congoja,
Porque es que ahora
se detiene tu olor en la fragancia
y tiene un gesto de agua
tu silencio,
Porque es ahora que se pone
tu carne toda larga,
tu piel toda brumosa,
y tu materia esquiva
se vuelve terminante a cada beso,
Cómo hacemos
tan turbios, nosotros,
como establos,
como piedras,
tan tersos todos,
tan cambiados;
Tan faltos hasta de tu solapa familiar
Si la brutal ternura se amontona,
y el cielo cae de tu alma
en cada pecho,
Cómo hacemos,
hermano
para decirte.

VOZ DEL REGRESO


VII
Me he puesto ya la voz de regresar.
He vuelto ya con una voz en flоr
con otros pasos y con ojos súbitos,
ojos que van pasando por andamios
de harina a la mirada.
Y estás ahí
donde todas las cosas del mundo te veían,
donde el temblor del día te palpaba,
y pasó mi perfil,
y pasaba mi ausencia vestida de muchacha.
Te ve este cuerpo mío, cuerpo nuevo,
estatura sin mancha del regreso,
cuerpo de regresar a la mañana,
cuerpo para asistir al propio nacimiento,
para participar en la amapola que arde
y se arremolina bajo el mismo cielo.
Pero él nada dice, no,
está soñando que se desfigura,
está soñando por dentro,
en un cavarse y desiluminarse,
que se besa la mirada,
porque no lo besa nadie.

APRISIONADA POR LA ESPUMA


I
Aprisionada en cárceles de espuma,
en la medida de tu cuerpo,
no veo pasar la noche,
sólo veo el día
que entra por tus axilas transparentes
y te desnuda.
Veo, amor mío,
el lecho donde estamos
y compartimos
las dádivas,
los cielos…
Todo lo que nos negó y afirmó como lo que somos:
mil años de alegría corporal
y materia sin sombra
y palabras
que se dicen diurnamente porque vienen del aire
y hay que oírlas y decirlas
a través de los árboles
y en lo que no se escribe porque aún no se inventa su nombre;
porque su júbilo
todavía no ha sido descubierto
y las flores de su alrededor
aún no son cosas del viento
(aún no han ido a un invierno ni regresado a la primavera).

De: LOS ELEMENTOS TERRESTRES Premio Centroamericano «15 de septiembre», 1947

Poema primero
POSESIÓN EN EL SUEÑO

Ven
Amado
Te probaré con alegría.
Tú soñarás conmigo esta noche.
Tu cuerpo acabará
donde comience para mí
la hora de tu fertilidad y tu agonía;
y porque somos llenos de congoja
mi amor por ti ha nacido con tu pecho,
es que te amo en principio por tu boca.
Ven
Comeremos en el sitio de mi alma.
Antes que yo se te abrirá mi cuerpo
como mar despeñado y lleno
hasta el crepúsculo de peces.
Porque tú eres bello,
hermano mío,
eterno mío dulcísimo,
Tu cintura en que el día parpadea
llenando con su olor todas las cosas,
Tu decisión de amar,
de súbito,
desembocando inesperado a mi alma,
Tu sexo matinal
en que descansa el borde del mundo
y se dilata.
Ven
Te probaré con alegría.
Manojo de lámparas será a mis pies tu voz.
Hablaremos de tu cuerpo
con alegría purísima,
como niños desvelados a cuyo salto
fue descubierto apenas, otro niño,
y desnudado su incipiente arribo,
y conocido en su futura edad, total, sin diámetro,
en su corriente genital más próxima,
sin cauce, en apretada soledad.
Ven
Te probaré con alegría.
Tú soñarás conmigo esta noche,
y anudarán aromas caídos nuestras bocas.
Te poblaré de alondras y semanas
eternamente oscuras y desnudas.

Poema tercero


CONSUMACIÓN
Tus brazos
como blancos animales nocturnos
afluyen donde mi alma suavemente golpea.
A mi lado,
como un piano de plata profunda
parpadea tu voz,
sencilla como el mar cuando está solo
y organiza naufragios de peces y de vino
para la próxima estación del agua.
Luego,
mi amor bajo tu voz resbala,
Mi sexo como el mundo
diluvia y tiene pájaros,
Y me estallan al pecho palomas y desnudos.
Y ya dentro de ti
yo no puedo encontrarme,
cayendo en el camino de mi cuerpo,
Con sumergida y tierna
vocación de espesura,
Con derrumbado aliento
y forma última.
Tú me conduces a mi cuerpo,
y llego,
extiendo el vientre
y su humedad vastísima,
donde crecen benignos pesebres y azucenas
y un animal pequeño,
doliente y transitivo.

De: TERRITORIO DEL ALBА Y OTROS POEMAS (1946-1954)

DECLINACIONES DEL MONÓLOGO
I

Estoy sola,
muy sola,
entre mi cintura y mi vestido,
sola entre mi voz entera,
con una carga de ángeles menudos
como esas caricias
que se desploman solas en los dedos.
Entre mi pelo, a la deriva,
un remero azul,
confundido,
busca un niño de arena.
Sosteniendo sus tribus de olores
con un hilo pálido,
contra un perfil de rosa,
en el rincón más quieto de mis párpados
trece peregrinos se agolpan

II
Arqueándome ligeramente
sobre mi corazón de piedra en flor
para verlo,
para calzarme sus arterias y mi voz
en un momento dado
en que alguien venga,
y me llame…
pero ahora que no me llame nadie,
que no quepo en la voz de nadie,
que no me llamen,
porque estoy bajando al fondo de mi pequeñez,
a la raíz complacida de mi sombra,
porque ahora estoy bajando al agónico
tacto de un minero, con su media flor al hombro,
y una gran letra de te quiero al cinto.
Y bajo más,
a las inmediaciones del aire
que aligerado espera las letras de su nombre
para nacer perfecto y habitable.
Bajo,
desciendo mucho más,
¿quién me encontrará?
Me calzo mis arterias,
(qué gran prisa tengo),
me calzo mis arterias y mi voz,
me pongo mi corazón de piedra en flor,
para que en un momento dado
alguien venga,
y me llame,
y no esté yo
ligeramente arqueada sobre mi corazón, para verlo,
y no tenga yo que irme y dejar mi gran voz,
y mi alto corazón
de piedra en flor.
Marzo, 1946
San José, C.R.

De: El TRÁNSITO DE FUEGO (1957)

SÍNTESIS DEL PRIMER DESTERRADO

I
Su músico temblor prepárase.

De súbito, mañana, entre los nimbos cojo,
preso en su eco tonal y los sagrados líquidos,
le ha nacido un sonido cardial,
un estremecimiento iluminado.

II
Polvo es en silencio de soledad primera,
entre los nimbos cojo,
por entre los sagrados líquidos pastando.

IIΙ
¡Silencio!
Toda cosa resúmase:
Modere su espesura el agua leve
y su figura el vino;
la nieve sea la edad de la blancura,
y serénese el álamo encendido de rama en rama pura.
Toda cosa conténgase y retorne a sonido la alegria.
¡Silencio!
El polvo clama, celeste y oprimido por la luz,
intimo y despuntando, su ámbito cercado por el alba.
Polvo es en silencio de primeros sonidos.
Lo grande sueñe en piedra
y lo pequeño, claramente yaciendo en silabas de alondra.

Corra el tiempo soplando hacia su última presencia duradera,
porque el aprisionado,
apoyado en inciertas vastedades,
en invisibles pozos de tormenta,
más poderosamente armado de sueño y tenebrosa levadura,
recogiendo su voz y su presencia ingénita,
con el aire, sin pie que lo encamine,
ha pasado por un Ojo de Dios.
Está presente.

EL TRÁNSITO DE MI MISMO


(Fragmento)
I

Me pienso, me proyecto en cavidad de sombra,
del más alto contorno de la sangre
a la cadera próxima,
de la piel a la luz entrando por la aurora,
de la sombra a los labios
trepando por la silaba.

II
Nada me aclama, nada me conoce.
Todo está ingrávido, todo recordándose:
El rizo, en pensamiento por el aire,
la piel, en ola dura de trigo sin esquinas,
la sonrisa en poblada potencia de ala única.

III
Y aun la misma frente que un cielo antes,
-hace un cisne de pronto en mi mejilla hubiera sido antílope fragante,
aun la misma frente digo aun la misma frente se recuerda.

IV
El ojo verde, el ojo,
transflorando su largo pedestal amoroso,
donde la mariposa duele de costado
y da voces;
el ojo vigila el hueso intimo que nunca verá nadie,
sólo el hijo allá en lo más oscuro ro de la carne;
sólo él será testigo de mis huesos,
como ahora yo mientras mis padres duermen
y me sueñan por dentro,
mientras están aliados y me rondan
sitiándome las manos.

V
Algo asciende y me cubre, algo me cruza el labio,
y levanta su forma de uva al pie del alba…
…algo ha pasado del alma, a olor primero;
huele a piano disperso en la mañana,
huele a flor con sordina,
huele a lechos de arpa;
¡oh ignorantes olores a flor
que no sabia su destino de lámpara!

VI
Algo busca salidas a los labios,
algo como una columna contenida,
con poco pie de hilo y poco tacto:
es la niñez de una vena.
que al hallar sus arpegios venideros,
corre a la boca, inicia el paladar,
alza el poro profundo en cándido sonido, a cuyo movimiento.
otro poro lejano se conmueve despacio,
de arco en arco,
desde la curva extática
hasta el fondo,
en que mi voz soñó llorando en piedra.

De: PASTO DE SUEÑOS (1963-1971)

SATCHMO LIROFORO
¿Te acuerdas, Louis Armstrong,
del día en que viajamos por un corredor de sonidos
que amábamos hasta la muerte?
¿Recuerdas la onomatopeya que nos salió al paso
y que nos dio un trono de un solo golpe?
Parece mentira, Louis, amor mío,
que hayamos compartido tantas cosas,
tantas ramas
y tan gran número de espumas.
Parece imposible, Louis,
que entre nosotros se deshagan
las formas del azul que nos acompañaban;
que tú, dardo, arma del ángel vivo,
te lances a donde nadie podrá reconocerte sino por tu alegría,
por tu voz de durazno,
por tu manera de prolongarte en la luz
y crecer en el aire.
No creo que haya desaparecido del mundo
la manada de resplandores que nos seguía.
Más bien creo que se ocultan en el tiempo
y que no serán consumidos.
Tú, continuación del fuego,
pedestal de la nube,
desinencia de mariposa.


Eunice Odio (Costa Rica, 1922-México, 1974) Poeta, narradora, ensayista y periodista. En 1947 ganó el premio centroamericano “15 de septiembre” en Guatemala. A partir de entonces vivió o transitó por Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Cuba y los Estados Unidos, hasta que en 1955 se estableció definitivamente en México, hasta que falleció. Publicó tres libros de poesía: Los elementos terrestres (Guatemala, 1948), Zona en territorio del alba (Argentina, 1953) y El tránsito de fuego (El Salvador, 1957).  Es considerada una de las más altas representantes de la poesía centroamericana del siglo XX.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.