Samuel Espinosa Mómox nos comparte tres poemas del libro En medio de la noche algo se escucha, de próxima publicación
Samuel Espinosa Mómox | Poeta mexicano
Fervor
Vor Dir erbebt der Engel Chor
Sie schlagen Aug’und Antlitz nieder
So schrecklich kommst Du ihnen vor
Und davon schallen ihre
[Ante ti tiembla el coro de ángeles;
bajan la mirada y ocultan el rostro,
tan aterrador les pareces;
y de ahí resuenan sus cantos]
Ernst Lange
Arde en la mano la caricia y no es la mano
sino la fiebre que ronda: que de pronto
se eriza y yergue
caminan las hormigas por su fuego
o al ver que el cuerpo tiembla da pequeñas
treguas
cede
mordisquea la mano que la palpa
se acurruca
y lenta lame el aire; ya el pelaje
de sudor y escalofrío te avisa y vuelve
una vez más desgarra, brinca y rasca
vuelve y rasga y se aferra y ya no sueltan
sus afiladas uñas
sus dientes cristalinos
el cuerpo de mi hija lo que resta de la noche.
Trapos mojados, jarabes, fuera ropa
39 grados, coro de gatos sudados, ansiosos, arañazos
y todo es flema y llanto y un zumbido
que no te deja;
la fiebre: silbido estertóreo que se burla
intermitente
de nosotros, maullido y ronroneo
como a lo lejos, y nadie
ni siquiera piense
nadie
ni siquiera en recostarse. Y además los pañales.
La toma de las 3 de la mañana, que saque el aire, mira
se le salió tantita leche
será reflujo? límpiale la boca
tráeme una mantita y no te atrevas
a dormirte
a dejarme.
Y te atreviste
a renegar de tu sueño, porque la junta de las 9
porque mañana, la junta y los pendientes
y el desayuno, porque piensas, iluso, que mereces
dormir, que tienes voto y voz
que te mereces algo
que algo de ti te pertenece todavía.
Luego del cuarto salto
sobresaltado de la cama, luego
del sudor frío, se activan los reflejos
de felino padre experto y entre la neblina
del sueño
que no te vence empiezas
a entenderlo: hay santidad
escondida en todo esto, en la fiebre, en los mocos
en la noche estertórea y la tos que te despierta
hay santidad porque esta noche, única
sucede y te desborda y ya no vuelve.
Santidad, o si se quiere
belleza, belleza en lo terrible
lo desbordado, lo finito.
Santidad, como un coro de ángeles cantando
en medio de la fiebre, en medio
de la tos y las flemas y el llanto agudo y el párate otra vez te toca a ti
un coro de ángeles cantando aleluya
cantando gloria en las alturas,
brilla la estrella de paz
o algo así.
Thomas Müntzer
En medio de la noche
en medio de la más oscura y sin sentido más temida noche
noche sin luz ni luna, sin lámparas ni aceite
algo
se enciende. Alguien
dejó la puerta abierta y se coló la luz
como si la luz pudiera ser un animal de caza
como si la luz no fuera un animal de caza que se trepa en los tejados
y gruñe y aúlla y se eriza y luego se desploma
cuando llega la noche. Algo se enciende:
Roma
se prende en fuego en una carta
Roma que ardió y que sigue ardiendo, Roma diminuta
Roma casi perdida en sus delirios
de grandeza, ya tan mínima
podrida Roma.
Si tan solo tuvieras un cerillo.
Si tan solo supieras el incendio que se esconde en el cerillo
que tienes en tus manos pero que te hicieron
creer que no existe, si supieras hablar
del fuego con el fuego
en la lengua, lengua que no conoces pero que has soñado
te ha consumido en sueños, si tan solo
no le tuvieras miedo a los jinetes de la noche
príncipes nobles, carroñeros que se lamen las heridas
en sus palacios y castillos; es el momento de incendiarlos
prenderle fuego al campo y dejar que el campesino
los devore los incendie, ahora que lloran
desorientados y se lamen y lamen las heridas
hieren a otros pero son ellos
los que se lamen las heridas, si tan solo
supieras que el incendio no te pertenece
si te incendiaras y dejaras que las llamas
recorrieran cada pueblo desbocadas
alzándose en las puertas de las casas las iglesias
si supieras que los campos ya están listos
y nos esperan.
Pobre Lutero. Gordo y cobarde, no supiste
amar el mismo fuego
que te quemó los cepos que despertó la furia entre los campos
las lenguas de los profetas en Zwickau y en Praga
lenguas de fuego levantando polvo
por todos los pueblos
lenguas de corderos callados
que lamen las manos cansadas de los campesinos cansados
remedio de los pobres de todos los tiempos.
“Yo, Thomas Müntzer, suplico a la Iglesia que no adore a un Dios mudo, sino a uno vivo y que habla: ninguno de los dioses es más despreciable para las naciones que este Dios vivo de los cristianos que no tienen parte de Él”
Se entiende de los potentados
homúnculos sebosos y maltrechos
que el grito desbordado de “Omnia sunt communia” los aterre
el Reino de los Cielos inaugurado en Münster
el Reino entre nosotros, los hambrientos
los bienaventurados pobres
de espíritu pobres
almas atormentadas en vida por ese dios mudo
dios de los que tienen todo, se entiende
digo
que nos odiaran y afligieran porque así está escrito
que en el mundo tendríamos aflicción
se entiende que nos quemen vivos
que nos persigan que nos exilien que nos odien
porque el Reino está aquí, eso se entiende
pero en tus manos estuvo el incendio
que pudo quemarlo todo
y nos vendiste por miedo a incendiarte tú también
miedo a perderte en el incendio
porque el Reino de Dios es un incendio
que se propaga por toda
la Selva Negra
Selva amazónica
Selva lacandona
toda las selvas son un incendio y el Reino
se detuvo contigo
con tus cartas vehementes y tu miedo
a que todo se saliera de tus manos.
¿Pero qué son unos cuántos muertos
unos cientos, unos miles, tal vez
qué son
algunos muertos si ese es el precio
de mantener el incendio lejos
y callado
si es el precio que se paga por un poco de calma
por el silencio de la noche
y la comodidad de seguir haciendo teología
incendiaria, muera Roma muera el Papa pero todo con orden
seguir haciendo villancicos
haciendo historia, sacrificar las lenguas que sean necesarias
lenguas angélicas
lenguas de todos los testigos
cantando la revolución cantando el hambre qué son unos cuantos
muertos
para lograr que tu nombre se quede
intacto en el silencio
gordo
rebosante
para lograr que tu nombre sea famoso para la posteridad?
Óscar Romero
De la revolución ya no se vuelve
piensas mientras buscas en internet fotos y nombres
de guerrilleros casi desconocidos
sin motivo aparente, sólo una corazonada;
de ninguna revolución se vuelve
porque entonces no sería revolución
un mitin apenas, una junta
de amigos
llamarada
de petate, un desfile
de modas y panfletos
primavera verano del año en curso
del dictador en curso.
La revolución es prenderse fuego y esperar
que el otro se incendie, piensas
con la esperanza de que otros se incendien o mejor
que en otro lado, alguien tan sin nada que perder
como tú y otros sin nombre
decidan prenderse fuego decidan
la boca de la pistola y el pie de la cruz, al mismo tiempo
que caminen el camino del fuego
y ya no vuelvan.
En nombre de Dios pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión, dijo en algún momento Óscar Romero,
antes de ser asesinado, mientras oficiaba
misa, antes de recibir un disparo
desde un descapotable rojo en el que después huyó impunemente
Marino Samayor Acosta
subsargento de la sección II de la extinta Guardia Nacional y miembro del equipo
de seguridad del expresidente de la República
de El Salvador
contratado, como se sabría después
por el mayor Roberto d’Aubuisson
creador de los escuadrones de la muerte y fundador de ARENA,
así como del coronel Arturo Armando Molina.
Su paga por el asesinato fue de 114 dólares.
Claro que no cesó la represión y claro
también, que el Reino de los Cielos nunca viene como y cuando
lo esperamos
como no queremos verlo, así viene.
Tenía 62 años, monseñor Óscar Romero.
Suficientes años como para saber
que toda revolución nace condenada al fracaso
y sin embargo, vale la pena
aunque el dios de este mundo siga en el gobierno
vale la pena
sin importar el color sin importar las fechas
sigue
aferrado al gobierno
dios de los escuadrones de la muerte
dios de los ricos, dios
de los que voltean la cara para no ver el incendio
de los que se tapan con pudor y un pañuelo
la nariz y la boca para no respirar la pestilencia
su propia pestilencia
y pasan de largo.
Tenía 62 años. Era un buen sacerdote, monseñor, y su crimen
fue tomarse demasiado en serio
las palabras que predicaba. Lo mataron
porque de la revolución ya no se vuelve y vale la pena
aunque nadie sabe si ha valido
la pena el sacrificio
el último balido de tantos corderos, si se prendió el incendio
y el Reino de los Cielos avanzó algo
si ya viene, ya pero todavía no, si apenas fue
algo más que un borreguito manso
que recorrió con otros y como otros
antes y después
el camino del incendio
con el cuerpo salpicado de sangre.

Samuel Espinosa Mómox (Puebla, México; 1985): algunos de sus poemas aparecen en antologías, revistas y suplementos culturales de México, Colombia, Ecuador, Argentina, Honduras, Estados Unidos y China. Beneficiario del Programa Jóvenes Creadores 2010-2011 del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico Puebla 2012 en el área de Poesía. Becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía durante los periodos 2012-2013 y 2013-2014. Autor de los libros de poemas Casquete corto (2020, IMACP) y Maracanã, 1950 [y otros poemas] (Secretaría de Cultura, Puebla, 2021), y de Esto me parece una excelente metáfora aunque no sé muy bien de qué (El Ángel Editor, Ecuador 2023), con el cual obtuvo el Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero 2023. Actualmente es barbero, estudiante del posgrado en literatura hispanoamericana y ministro cristiano.
