Fin de partida

El periodista y escritor salvadoreño Carlos E. Santos nos comparte una muestra de su trabajo poético, hasta ahora inédito, donde se explora el amor, la nostalgia, la memoria y el olvido

Carlos E. Santos | Poeta, periodista, escritor y dramaturgo



SOLEDAD

A veces —muchas veces—
me siento solo.
Pero tengo manos:
pocas, a veces verdaderas.
Tengo voces que me llaman,
palmas que me sostienen.
Y tengo algo más:
un refugio secreto,
una puerta que no todos ven:
la palabra escrita.
Soy escritor —¿malo, bueno?
No importa.
Importa este amparo:
la palabra que me salva,
el silencio que me escribe,
el mundo que invento para no naufragar.
Cuando la soledad me cerca,
me alzo en esta casa de tinta
y en ella —por un instante—
soy invencible.



FIN DE PARTIDA

Caerá la noche sobre el árbol,
Y yo también morderé el silencio.
Todo el polvo cubrirá:
Mi presente de cara al cielo,
Bajo la oscuridad sin estrellas.
Frías e impecables serán mis manos.
Entonces, solo entonces, ya no afirmarás:
La belleza del crepúsculo.



A MUERTE CIERTA

Vendrá a visitarme la muerte de noche:
En fría y lluviosa primavera
entonces será mi invierno sin fin:
frío y brumoso como siempre lo he soñado.
Así ya no habrá atardeceres de otoño
oscuros sin calores.
Cuando llegue la muerte,
Ya no seré, lo que soñé.
Ya no estaré de pie en otoño
Esperando la muerte.



RETORNO

He regresado a la patria, a rescatar la sangre del polvo,
a cumplir la promesa profética y poética:
levantar cada palabra, cada promesa al viento y el amor olvidado.
Minutos han pasado y extranjero me nombran los chiquillos.
Ellos saben que siempre fui extranjero en tierra propia.
Quién no se reconozca en el pasado lo hará en la muerte,
desafiando sin temor los demonios del olvido.
No son los años de ausencia los que importan,
sino los vividos, cada paso caminado
hacia nuestra propia imperfección:
No soy más que una cifra marcada en la piedra del tiempo.
Al caminar por las alamedas florece la inocencia,
se alzan los masacrados como vapor al alba.
Pero, así como a nuestros muertos queridos les crece el olvido,
así una espina de cardo me crece en el pecho.



OSCURA TARDE DE MUERTOS

Suavemente, la tarde se ha ido tornando en sombra,
la lluvia, escandalosa, desciende.
El cielo se derrumbó sobre nuestras vidas,
aunque esta lluvia pertenece al pasado,
la oigo caer, renovada
en el tiempo de una suerte infantil.
Como si una flor desnudara sus pétalos,
revelándome los secretos de este mundo.
Esta lluvia, ciega, tejida de cristales rotos,
herirá más allá, en los arrabales olvidados.
Gotas, negras como uvas marchitas en un viñedo muerto,
que habitan un patio que sólo existe en mi memoria.
La tarde empapada trae también voces,
las voces que anhelo,
de todos mis muertos que regresan
en esta tarde lluviosa para hablarme,
de espaldas al tiempo,
pero siempre con el silencio
en esta lluvia escandalosa.



ELEGÍA A LA PATRIA

Tú ya no estás. Eres ausencia navegando los mares remotos, un eco disperso en geografías imposibles. Yo permanezco, un habitante de inviernos perpetuos, prisionero del tiempo que insiste en ser círculo.
Callo palabras que nunca llegaron a ser; las estrangulo como quien sofoca un presagio. En la noche —tranquila solo en apariencia— fabrico gritos que no se atreverán a cruzar los labios. Alzo banderas olvidadas, emblemas de batallas que siempre libré, para no sucumbir al abismo de una muerte interior.
De mis manos nacen crepúsculos, cada uno un espejo del dolor que me atraviesa. Y entonces, inevitable, surge la tu nombre patria: desnuda y cruel, su luz me recuerda la derrota que llevo adherida al alma.
Los recuerdos me cercan. Son voces, rostros, cárceles con crueles muros, huellas imborrables en la arena de mi memoria. Persisten, como un viejo código que se niega a ser descifrado. Y en el centro de todo, nuestra lucha por liberarte: severo bajo un manto tejido de culpas y reproches.
El telón cae de nuevo, pero no es un final; es la perpetuidad de un drama que se repite en el vasto teatro de lo irremediable.

Carlos Santos poeta
Carlos Santos. (San Miguel, El Salvador, 1966). Poeta, periodista, escritor y dramaturgo.
Su obra literaria y teatral ha sido presentada en México, El Salvador, Canadá, España, Colombia y Bolivia. Ha dirigido grupos teatrales, talleres literarios y proyectos cinematográficos independientes, desarrollando una trayectoria marcada por la memoria histórica, el exilio y el compromiso social. Estudió Artes Escénicas en el Centro Nacional de Artes de El Salvador (CENAR) y Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Amplió su formación con estudios en Derecho Internacional y Derechos Humanos
en la Universidad de York (Inglaterra), en el programa de Derechos Humanos de la Universidad de Columbia (Nueva York) y en consultoría migratoria en Canadá.  Actualmente cursa estudios en Justicia Indígena en Canadá.

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