Hoy la lágrima es mía

A través de poemarios clave como «Los senderos del sentido» (2024), «Entropía rosa» (2025) y «Los dioses también mueren» (2026), el autor transita por las complejidades del anonimato, la deconstrucción mítica del entorno familiar y la crudeza del dolor cotidiano en piezas fundamentales como «Este mundo es para Nadie», «San Roque» y «Guerra de poetas»

José Andrés Alvarado | Poeta guatemalteco

Este mundo es para Nadie

Somos los desaparecidos,
los que se beben la lluvia en lugar de evitarla
y levantan sus corazones solitarios
en lugar de copas y estandartes;
somos el orfanato que con el tiempo
también se queda huérfano,
y Nadie nos ve morir
porque nunca nacimos;
ocupamos el asiento vacío del cine
y en las fiestas solo bebemos agua
que a veces es lágrima o sudor
del ejercicio de existir;
pero sabemos muy bien
que los fantasmas no existen,
porque nadie nos habló de ellos
ni nadie les hablará de nosotros.
Somos los que somos,
y este mundo es para nosotros:
Uno solo, que no es Nadie.

(Entropía rosa, 2025)

Viaje al fin de una maternidad

Ella tuvo una rosa,
jamás pensó que fuese una lágrima;
su mano en mi vientre como si fuese el suyo
y no una lágrima viva.
Ella tuvo una mariposa de piel
polinizando su pecho, y jamás una lágrima;
cantó Enrique y Ana
camino a la carretera de la sonrisa,
y al verse entre abalorios de lágrimas
nunca compró uno de vergüenza o desdicha;
nunca me dijo que no me quería,
ni jamás se tomó la molestia
de nombrarme o leerme la Odisea…
porque la infancia es un ideal
y la maternidad otro.
Ella tuvo en los ojos
lo que yo nunca tuve;
pero hay días
en que el Cíclope y los juguetes se miran;
ella no tuvo una rosa,
sin embargo, jamás pensó en una lágrima.
Ella es Odiseo:
Hoy la lágrima es mía.

(Entropía rosa, 2025)

Autorretrato

De pie sobre el mar,
con una corona de luciérnagas,
me abro en dos el pecho
y de él brotan miles
de mariposas de luz;
las persigo con el pecho al aire,
las voy capturando
y, una a una, las mastico
con los dientes destrozados.

(Los senderos del sentido, 2024)

San Roque

Comencé a matarlos a los 21,
en ese entonces apenas sonreía.
Los veía recorrer las calles,
pulgosos, con jirones en el pelaje
o carentes de él.

Los veía echados en la acera,
con polvo y moscas en derredor;
vi uno al que le faltaba una pata,
renqueando para no ser atropellado.

Una tarde venía conduciendo
con el vidrio abajo,
de golpe me topé con un puñado de personas
rodeando un cadáver sobre la acera;
aturdido, se me rasgó el corazón
como un labio rajado por el frío.

Al llegar a casa me recosté,
intentando olvidar la terrible imagen,
pensé en ellos como un panal en las entrañas,
y las dos o tres lágrimas
que apenas pude soltar.

Otra noche, camino a casa
luego de una borrachera,
me encontré a uno
tirado al lado de la banqueta,
desnutrido, prácticamente sin pelaje,
agonizando casi;
me quedé un rato, mirándole;
abrió los ojos, me miró
y comenzó a mover su cola;
me quebré, pisando mis propios chayes,
no pude más y salí huyendo;
me detuve, cavilé: “hazlo”;
estaba seguro, de ser capaz
el sufrimiento cesaría.

Regresé, volvió a mirarme;
lentamente me acerqué,
no se levantó
ni hizo el más mínimo esfuerzo;
le agarré del cuello y lo ahorqué
hasta que dejó de moverse…
Esa noche lloré hasta el amanecer.

Desde que comencé a matarlos
veo sonrisas en el cielo
(en las formas de las nubes,
los veo, nimbados, ladrando estrellas,
persiguiendo las constelaciones)
a cambio de llorar a diario
por las noches.

(Los dioses también mueren, 2026)

Guerra de poetas

—Yo leo primero.
—No, yo quiero leer.
—No, que nadie se tome mi cerveza.
Y a mí sólo me da sed.

La poesía, como la vida,
es una guerra de internet;
menciono a mi madre en un poema
y luego me la mencionan en aquel.

Trescientas rosas morenas
vio Lorca en un herido,
yo le doy rosas
a las trescientas morenas
de mi enemigo.

—Ahora toca que me lean
antes que lean al otro.
Nosotros nos peleamos por versos,
otros que se peleen por negocios.

¿Quién lee primero,
el sonetista o el antipoeta,
el que escribe por placer
o el que escribe por novelas?

La vida, como la poesía,
suelta lágrimas de cocodrilo,
atenta a quien sonríe primero
para llevarse los anillos.

Caminante no hay camino
si te meto zancadilla,
así como no habrá excusa
si te meto una golpiza.

—Yo leeré primero,
antes que lea el loro,
antes que el oro se devalúe
como se devalúa todo.

¿Quién ganará la guerra,
el que dispara versos
o el que se acuesta con todos?

—Leeré primero. —Que no; que no lees bien.
Yo ocultaré mi cerveza,
que no hay suficiente agua
para tanta sed.

(Te prometo anaqruia, 2026)


José Andrés Alvarado nació el 8 de agosto de 2002 en Guatemala. Cuenta con diversos cursos en Letras y Filosofía, actuación, cine, entre otros. Su obra publicada consta de: “Los senderos del sentido” (Guatemala, 2024), “Entropía rosa” (Premio de poesía joven “William Morales”, Guatemala, 2025) y “Los dioses también mueren” (El Salvador, 2026).

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