Ameno Córdova es, sin duda, uno de los fotógrafos más singulares que tiene Guatemala. Y hoy, en El Escarabajo, presentamos una breve muestra de su trabajo
Ameno Córdova | Fotógrafo guatemalteco
Hago despegar mi imaginación como un dron, y desde esas alturas imagino, en el fondo, un bloque de la ciudad en la que me muevo a diario. Entonces, me pregunto ¿qué líneas invisibles dibujará nuestra rutina, nuestros días iguales? Trazos mil veces remarcados que, por insistencia, parecieran romper, rasgar, la superficie de esa dimensión imaginaria y separarnos por una zanja de tiempo levantado ─como si se tratara de una herida─ de las cosas que amamos, de la gente que importa, del resto de la ciudad, de otras experiencias, de otras personas, de otro panorama. Y así pasamos los días, siendo los artífices de nuestras propias islas, adaptándonos a ellas. Y por obligación, o por costumbre, habitándolas. ¿En qué momento se deja de ver lo que damos por sentado, lo que creemos conocer a la perfección, porque pareciera que lo sabemos de memoria?
Del tránsito por esa ceguera colectiva, adoptada por la fuerza de la costumbre, nacen las imágenes de Ameno Córdova. Hay alrededor de él, de sus fotos, un aura de niño, con su crueldad, su desenfado, su malcriadez, su ternura, su curiosidad, su mirada fresca. Ameno ve como miran los niños, que jugando van descubriendo el mundo que los adultos transitan con el tedio del que ya lo sabe todo y camina sin voltear. Hace lo que se supone que en esta ciudad no se puede hacer. Mete una cámara en su mochila, camina por las calles del Centro Histórico y observa. «Pesco las imágenes», es lo que me explica, y pienso que en esa acción hay cierta quietud ─la del acecho pasivo─ cierta fe en que algo va a aparecer, cierta paciencia, cierto estado de alerta.
Es entonces cuando van emergiendo las líneas, las geometrías domésticas y urbanas, los colores, las formas, las escenas y la belleza de las calles que, en esta ciudad, son escenario de miseria y violencia, y que se transforman a través del asombro de un artista que cruza los días como si soñara, como si vivir se tratara de no dejar de jugar.

















Pero, Ameno no se cree fotógrafo. Se considera alguien que toma fotos para expresar lo que le gusta, lo que le preocupa. Para denunciar, para llamar la atención alrededor de algunos temas. «Me conmueve la gente que vive en la calle… me importan los animales, los árboles, los insectos, las nubes, los colores, la música, mi familia, la Julita ─su hija─ sobre todo. Me importa el mundo, pero no puedo hacer mucho por él», me dice. Y desde esa fascinación, y desde esa imposibilidad, Ameno se pone a recolectar los guiños que le lanzan los días.
Por el cine llegó a la fotografía, pero, tanto al cine como a la foto, él se acerca a través de música. Una relación que comenzó con la que considera su primera escuela de cine: el recién extinto canal de videos musicales, MTV, que le cambió la vida, y lo ha llevado a construir videos para la escena guatemalteca, en los que reúne, de manera fascinante, todos esos elementos que lo apasionan.
Rebeca Lane / Reina del caos https://youtu.be/8ypb_OBoCTY?si=9SNNjnwmJm7xNHga
Rebeca Lane / Obsidiana https://youtu.be/j_p7a3M2b3g?si=JwAwD3Mq8xxxZ1gC
Paolo Guinea / Pánico https://youtu.be/I7UhGfeRKNA?si=PEdiuN3qrCwI5pAj
Lo mismo sucede en «Tal vez más que recordar voy a imaginar», con el que quiso armar, lo que él denomina, «un corto musical», que tiene el modelo de las películas mudas. En él resume todo eso que lo hace sentir. Se trata de un corto familiar, porque en él participó su madre, como diseñadora del vestuario, y una de sus hermanas, que fue la que construyó una nube con una carreta de supermercado que Ameno se robó. Allí aparece su hija, la música, la imaginación, el parque en donde jugaba cuando era niño y el mercado de la zona en que su mamá creció.
Virus bélico / Tal vez más que recordar voy a imaginar https://youtu.be/Qa1pzftOMI8?si=E7CdajWyMbRcMrBo
Otro es el caso de su primer documental, titulado «Recortes de una vida», que, junto al primer video musical que hizo con el grupo Cósmica, resumen lo que iba a hacer en el futuro, ese que es hoy.
Recortes de una vida https://vimeo.com/18398844
Cósmica / Fuera de mí https://youtu.be/f8UKONoY2Ls?si=5SDmRSQola3jq_QS
«Técnicamente no soy muy bueno, pero puedo hacer aullar y mover a una guitarra», me cuenta que alguna vez dijo John Lennon. Y Ameno Córdova ─que lo admira por rudo, honesto, sensible y rebelde─ me lo repite a propósito de la fotografía, de la suya. Esa que considera como un tributo constante a sus primeras miradas.
Más imágenes de Ameno Córdova en Instagram: https://www.instagram.com/ameno_acido?utm_source=ig_web_button_share_sheet&igsh=ZDNlZDc0MzIxNw==

Ameno Córdova (Guatemala) Nunca me gustó estudiar, pero estudiando cine fue la primera vez que me dieron una beca. Quise ser músico y no pude, pero me gusta más la música que el cine. Tengo mala memoria, no sé si fue la mota o de seguro tengo Alzheimer. Soy Lennonista, me gusta tomar fotos, prefiero a Roger Waters que a Gilmour. Tengo una hija, dos chuchos y seis tortugas. No he terminado de leer la biografía de Bowie, y mi color preferido es el verde. Me quiero tatuar un algodón de azúcar rosado en bolsa.

VANIA VARGAS (Guatemala). Poeta, narradora, editora y periodista cultural independiente. Autora de los libros de poesía Cuentos infantiles, Quizá ese día tampoco sea hoy, Los habitantes del aire, y Señas particulares y cicatrices. Libros de los cuales han salido algunas selecciones publicadas en Chiapas, México; Puerto Rico y Montevideo, Uruguay, así como la reunión de poemarios bajo el título Relatos verticales. En narrativa ha publicado Después del fin y Cuarenta noches. Es, además, coordinadora de los libros de ensayo Nuevo Signo: siete poetas para nombrar un país; y Luz: trayecto y estruendo -una aproximación colectiva al legado literario de Luz Méndez de la Vega. Ha sido invitada a las ferias del libro del Zócalo, Panamá y Guadalajara, así como a los departamentos de Español de la Universidad de Stanford, en San Francisco, California, y la Universidad de Copenhague, donde compartió su trabajo. Fue parte de los Festivales Internacionales de Poesía de Granada, Nicaragua; Quetzaltenango, el latinoamericano de poesía, Ciudad de Nueva York; Medellín, y Leiria, Portugal.
