Le preguntamos a la rapera y activista Hip Hop guatemalteca Gabriela Bolten qué estaba escuchando y nos habló del rap de Ana Tijoux, como un parteaguas en las influencias musicales de las raperas de la región latinoamericana
Gabriela Bolten | Rapera y activista guatemalteca
Hay un boquete que se abre en mi atrofia cognitiva cuando escucho y hago música. Sé que no es nada nuevo ni asombroso hablar de los beneficios cerebrales que producen estas vibraciones convertidas en lenguaje. Pero recordar que escuchar y crear música se convierte en un espacio donde la memoria construye su propia arquitectura y abre ese agujero en medio de un silencio forzado, como el de Guatemala, me hace sentir que todavía puedo enfrentarme a este tiempo abrumador que me consume.
Cabe aclarar que el silencio, como postura creativa y ética, sin duda es una necesidad en esta época de ruidos amorfos y contaminantes para cualquier ecosistema. Pero, en Guatemala, este silencio siempre parece leerse entre paréntesis de hierro, pues todavía aparecen formas, quizá maquilladas, de empujar a las personas a callar: el miedo, la precariedad, el desgaste cotidiano o la incomodidad que provoca decir ciertas verdades. En ese contexto, la música se vuelve imprescindible.
No hablo de cualquier música. Cuando me pongo los auriculares o me expongo a las bocinas, para inspirarme con alguna canción o simplemente para contemplar, trato de cuidar aquello que llegará a mis hemisferios. Sin embargo, casi siempre opto por la crudeza. Me gustan las cosas que toman un rumbo clásico, directo y simple, no desde la mediocridad narrativa y sonora, sino desde la necesidad de confrontar la realidad y escuchar las antítesis de las existencias humanas que parten de la marginalidad.
Y es allí en donde dialogo con el rap, un elemento que surge junto a otros que conforman la cultura Hip Hop. En lo particular, esta cultura representa una forma de democratizar las bellas artes en las periferias, donde ni Dios se acerca, dentro de las urbes. Está conformada por la danza (el baile más conocido como breaking o breakdance), el arte visual y plástico (grafiti) y la música: los DJs y los ya mencionados letristas o raperos (MCs o maestros de ceremonias).
Para crear rap escucho jazz, funk, soul, blues y ritmos africanos; al final, este estilo musical es la criatura más perversa de la mezcla de todos estos géneros. Quisiera detenerme a hablar del rap de Ana Tijoux, a quien escucho casi todos los días y quien, sin duda, me ha inspirado y ha sido un parteaguas en las influencias musicales de las raperas de la región latinoamericana.
Ana Tijoux es hija de padres exiliados por la dictadura chilena de finales del siglo XX, y su propuesta creativa ha estado marcada por los efectos de forjar su identidad en ese intermedio del no ser: el vacío entre la tierra que se dejó y la tierra que apenas alberga. Esto se retrata en una de mis canciones favoritas, publicada en los años noventa junto al grupo de rap al que pertenecía en ese momento, Makiza:
(…) A veces quisiera tener alas como pájaro
Volar por el tiempo donde estuvo Lautaro
Y olvidar yo, por un tiempo,
que la mitad de mi familia está muy lejos
Hay días en que me quejo
Hay dias en que estoy bien piola
Hay días en que me rio hasta del Guatón Loyola.
«La rosa de los vientos». La rosa de los vientos Grupo: Makiza.
Álbum: Aerolíneas Makiza (1999).
Disponible en
Guatemala y Chile resguardan historias de violencia política comunes; quizá por eso su música me trastoca tanto. Ana Tijoux conoció el Hip Hop gracias al trabajo de su madre en el exilio. Ella era educadora popular en áreas migrantes de Francia y, desde ahí, comenzó a izar la bandera del ritmo y la poesía de calle. Algo parecido pasó conmigo: conocí el Hip Hop cuando era adolescente, por el trabajo que hacía mi madre como psicóloga social comunitaria.
En Villa Nueva y Villa Canales, al sur de la Ciudad de Guatemala, pude ver cómo muchos jóvenes encontraban en los lenguajes del Hip Hop una forma racional y emocional de contar, complejizar y sanar sus historias. En un principio creía que no era poesía y que únicamente era un panfleto, una expulsión o evacuación de sentimientos provocados por una realidad atravesada por un sinfín de agresiones. Pero, con el paso del tiempo, comprendí que se requieren ciertas habilidades cognitivas, seguramente ejercitadas en la sobrevivencia del barrio, aunque también implica un acercamiento a la lectura y a un acervo cultural capaz de expresar, de forma literaria y oral, diferentes situaciones, escenarios e imágenes.
Pensar en ello me evoca la canción «Delta», que habla precisamente de esa sensación: el rap ha sido relegado y, muchas veces, ni siquiera se le considera música o poesía, olvidando su enorme potencial creativo y humano.
(…) Que me disculpen los poetas, trovadores y coplistas,
Cantautores, barítonos, contraltos y artistas
Que me disculpen los intelectuales pensadores,
Filósofos, teóricos y creadores
Yo solo sé que escribo, luego existo,
Porque la palabra cobra vida y sentido
Me da ese respiro, del oxígeno al oído,
Como un órgano vital, lo que siento y lo digo
El arte es un arte para liberarse,
Despojarse de las expectativas y estandartes.
Llevarse, mecerse con el pensamiento,
Ponerse en ideas en continuo movimiento.
«Delta». Interpretada por Ana Tijoux
Álbum: Vengo (2014)
Disponible en
Hablar del rap de Ana Tijoux es hablar de poesía social. Es recordar lo que el poeta guatemalteco Julio Fausto Aguilera expresaba en su poema «La batalla del verso», donde hace énfasis en que quizá la poesía, en sus diferentes manifestaciones ─como el rap en este caso─, carente de un poder inmediato y material, no pueda erradicar el hambre ni derrocar a un dictador. Sin embargo, progresivamente, mediante el vigor y el rigor de la palabra, va forjando una conciencia capaz de aportar a una transformación social, sobre todo impulsada por la juventud.
Como ejemplo de ello, dejo la canción«Shock»,que mezcla sonidos orquestales con una narrativa que retrata la lucha chilena por una educación pública y de calidad, en contraposición a una lógica mercantil donde el progreso suele medirse únicamente desde la ganancia. La canción salió en 2011; un año después en Guatemala los estudiantes normalistas comenzaban también a defender su derecho a preservar el magisterio fuera de las lógicas neoliberales.
«Shock». Shock
Interpretada por Ana Tijoux
Álbum: La Bala (2011)
La música, entonces, aunque no le deba nada a discursos cerrados ni a criterios proselitistas ─más que a la honestidad y al compromiso de quien la crea─ encuentra su mayor fuerza cuando nace desde lo más profundo del espíritu y se orienta hacia la capacidad de conmover frente a la vida. En ese punto, deja de ser únicamente expresión individual para convertirse en un impulso capaz de fortalecer el sentido de colectividad y distraer ese ruido tramposo. Y no todas las artistas encarnan eso tan bien como Ana Tijoux.

Gabriela Bolten es rapera y activista de la cultura Hip Hop centroamericana, de nacionalidad guatemalteca. Es profesora de Enseñanza Media en Ciencias Sociales por la Universidad del Valle de Guatemala y realizó estudios en Antropología en la Universidad de San Carlos de Guatemala.
En 2017 lanzó sus primeros sencillos de rap en formato digital, con una narrativa centrada en la experiencia de ser mujer en un territorio en disputa, destacando el tema «Guatemala es una mujer». En 2018 publicó su primer EP, «LucHHa», enfocado en la sensibilidad humana y la construcción del cambio social. En 2021 lanzó «Toda mi voz», un EP en donde explora lo personal e incorpora ritmos como R&B y reggae. Ha colaborado con artistas locales e internacionales del Hip Hop, lo que le ha permitido conocer y aprender de colegas talentosos y humanos que construyen comunidad en contextos complejos, como diría Luis Alfredo Arango, en lugares «que caben en la mira de un fusil».
Más sobre la música de Gabriela Bolten en: https://linktr.ee/gabrielabolten?utm_source=linktree_profile_share<sid=31938f44-df80-47f7-896a-2435f7d5ecaa
