«Dejadme ser poeta»

Presentamos el poema «Dejadme ser poeta» como manuscrito, acompañado de su transcripción, para acercarnos no solo a la palabra de Clementina Suárez, sino a su trazo y a su forma de habitar la escritura

Dejadme ser poeta

Dadme el mundo para verlo, a mí que soy poeta.
Yo le daré tamaño y lo volveré transparente:
lo habitaré de ángeles, pájaros, hombres y niños.
No habrá espacio limitado ni huecos deshabitados;
fácil será vivir y escuchar las palabras de las estatuas.
Todos entenderán a los filósofos peces, a su corteza áurea,
y sin sobresaltos nadarán con las olas, inventando caminos,
y dormirán plácidamente en la quijada de las ballenas.

Dejadme pasar, entrando y saliendo en el túnel de mis versos,
descubriendo por mí sola la identidad del cielo,
las fronteras de mis cinco sentidos seducidos,
y la verdad sin solución de mi sueño inagotable.

Dejadme decir, abrir paso a la flor, al sueño, a la poesía,
balancearme en el aire, medir la eternidad;
volver navegables las venas y extender su órbita ilimitada.

Dejadme ser poeta, darle nuevos signos a la materia;
descender a la fábula convertida en aire, agua y fuego;
dejarle franco el paso al amor y al suspiro
hasta que florezca el júbilo como luminoso pararrayos.

Hablar en sílabas de aurora, esperanza y dicha,
atarse a la espuma, al indicio de aroma que deja la flor
o al pájaro que cruza por el cielo entreabierto;
y sin romper el pecho, de tener la ola
en una sola eterna palabra que nos conmueva.

A mí que no me retrasen, que no impidan mi tránsito de mariposa;
solamente yo puedo confeccionar mi mañana,
mi vertical horóscopo inalterable.

En vuelos sin escalas voy redondeando el viaje
y levantando los párpados, con la indiscreción de las ventanas;
con rúbrica indeleble el tiempo se ha hecho eterno.

En uno y otro poema de sal y arena desemboco,
como si en devanado hilo fuera mía la palabra
en que, de torrente a torrente, la vida y la muerte crearan.

Manuscrito colección privada.


Clementina Suárez (Juticalpa, 1902 – Tegucigalpa, 1991) fue una de las figuras más decisivas de la poesía hondureña y centroamericana del siglo XX. Pionera en romper con los moldes sociales y literarios de su época, su obra se caracteriza por la exploración del erotismo, la libertad individual y el compromiso con su tiempo.

Autora de libros fundamentales como Corazón sangrante (1930), Templos de fuego (1931) y Creciendo con la hierba (1957), desarrolló una voz poética que transitó de lo íntimo a lo colectivo, incorporando una dimensión social y política marcada por su experiencia en distintos países de América.

Además de poeta, fue promotora cultural, coleccionista de arte y una figura clave en la difusión de las artes en la región. Su vida, tan transgresora como su obra, la convirtió en un referente de libertad y en una presencia indispensable en la historia cultural de Honduras.

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