El 3 de junio de 1926, nació el poeta Allen Ginsberg. Hoy, que el mundo de la literatura conmemora su centenario, el escritor guatemalteco Javier Payeras evoca su persona, su tiempo y su palabra en un sentido homenaje
Javier Payeras | Escritor guatemalteco
Nunca estuve en Newark, Nueva Jersey. En realidad, Newark es un lugar que sólo significa una cosa para mí, es la ciudad que Allen Gisberg menciona casi en todos sus libros. El 3 de junio de 1926, justo hace un siglo, nace en Newark el poeta que caló más hondo en la lírica de la contracultura: desde el fanzine hasta la canción urbana, desde el grafiti hasta el rock, desde el videoarte hasta los experimentos sonoros de los últimos cincuenta años.
Ginsberg fue acaso el único conectivo que unió a la generación Beat. Todos coincidieron, pero sus estilos e ideas acerca de la literatura fueron completamente distintos. El joven Allen asiste a la Universidad de Columbia, allí conoce a Jack Kerouac y a William S. Burroughs. Fueron compañeros del viaje literario más sagrado que pudieron crear los estadounidenses, esa Norteamérica que vive el soma de la propaganda, esa Norteamérica que dice tener el ejército más poderoso de la galaxia, esa Norteamérica que nos proveyó la comida chatarra pero también el soul, el blues, el jazz y rocanrol, esa Norteamérica de grandes bibliotecas y de masas ignaras que repudian a los misántropos, a los migrantes, a los vecinos cercanos o lejanos. Entonces allí, en esa Norteamérica surge esta generación desconcertante. El alcohol, la heroína, los hospitales psiquiátricos y la miseria les dio el aura maldita con la que lidiaron toda su vida. Pero cada uno llevaba su viaje y cada uno hace de su literatura un camino diferente. Kerouac pasa del relato de pulsión surrealista al haikú; Burroughs se adentra en el viaje profético más delirante de la lengua inglesa y en su camino decide viajar buscando sectas, sustancias, mensajes cifrados o infiernos; Ginsberg se acerca más que ningún otro poeta al espíritu más puro, Walt Whitman, que nunca quiso ser un profesional de la poesía sino un caminante, donde los ojos son soles y el sol es solo un ojo eterno, así entre la Kabala y la meditación puede abrirse a la expansión del poema captando absolutamente todo:
«¡El mundo es santo! ¡El alma es santa! ¡La piel es santa!¡La nariz es santa! ¡La lengua y la verga y la mano y el agujero del culo son santos!
¡Todo es santo! ¡Todos son santos! ¡Todos los lugares son santos! ¡Todo día está en la eternidad! ¡Todo hombre es un ángel!
¡La máquina de escribir es santa, el poema es santo, la voz es santa, los oyentes son santos, el éxtasis es santo!»
Allen Gisberg es uno por su poema Howl, que fue funado y cancelado por la moral dominante de aquel entonces y fue llevado a juicio, aunque tuviera dentro un hermoso prólogo de William Carlos Williams. La sinceridad siempre es obscena en la literatura y la explícita homosexualidad era fácilmente llevada a los tribunales, pensemos en el eterno retorno del puritanismo estadounidense que pasó de cazar brujas, a cazar comunistas, a cazar homosexuales, a cazar todo lo que piense distinto y sea políticamente incorrecto dentro de los valores de turno… hoy estos gestos que se persiguieron se celebran, pero dentro del mismo puritanismo que un día los persiguió… nada cambia. El Aullido de Ginsberg es la dolorosa huella del final de la juventud, cuando caen los treinta años, y los amigos muertos, y los amigos que perdieron todo, y los amigos que se quedaron en el viaje, y los amigos desempleados y los amigos que se hicieron cuadros del sistema:
«He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz.
Quienes expusieron sus cerebros al Cielo, bajo Él y vieron ángeles Mahometanos tambaleándose en los techos de apartamentos iluminados.
Quienes pasaron por las universidades con ojos radiantes y frescos alucinando con Arkansas y la tragedia luminosa de Blake entre los estudiantes de la guerra.
Quienes fueron expulsados de las academias por locos por publicar odas obscenas en las ventanas del cráneo.
Quienes se encogieron sin afeitar y en ropa interior, quemando su dinero en papeleras y escuchando el Terror a través de las paredes.
Quienes se jodieron sus pelos púbicos al volver de Laredo con un cinturón de marihuana para New York».
Howl forma parte ahora de un canon, la ilusión de ser joven: desde Los perros románticos de Roberto Bolaño hasta Soledadbrother del autor de estas líneas, somos herederos de esa fotografía que va perdiéndose dentro de nuestra mente.
En Ginsberg hay un núcleo de dolor, Naomi Ginsberg, su madre, muere en 1956 causándole una pena enorme al poeta, que ve en ella su propio reflejo. El deterioro de aquella mujer que alternaba la reclusión en hospitales psiquiátricos con episodios de delirio político trotskista fue algo que se transformó acaso en su libro más hermoso, Kaddish, la oración hebrea de los espejos cubiertos por el duelo y el consuelo del hijo que se resguarda en su propia oscuridad.
«¡Bendita seas Naomi en lágrimas! ¡Bendita seas Naomi en temores! ¡Bendita Bendita Bendita en enfermedad!
¡Bendita seas Naomi en los Hospitales! ¡Bendita seas Naomi en la soledad! ¡Bendito sea tu triunfo! ¡Benditas sean tus rejas! ¡Benditos sean tus últimos años de soledad!
¡Bendito sea tu fallo! ¡Bendito sea tu Derrame! ¡Bendita sea la clausura de tus ojos! ¡Bendito sea lo demacrado de tu mejilla! ¡Bendito sea lo marchito de tus muslos!
¡Bendita seas Tú Naomi en la Muerte! ¡Bendita sea la Muerte! ¡Bendita sea la Muerte!
¡Bendito sea Él que conduce toda pena hacia el Cielo! ¡Bendito sea Él en el fin!
¡Bendito sea Él que construye el Cielo en las Tinieblas! ¡Bendito Bendito Bendito sea Él! ¡Bendito sea Él! ¡Bendita sea la Muerte en Todos nosotros!»
En 1960 el poeta se vuelve un peregrino, busca respuestas en el socialismo, pero tanto en Polonia, donde fue vedado, como en Cuba, donde fue expulsado por criticar la política homófoba de Fidel Castro, hizo que reafirmara su posición de que no hay espacio en la política para el poeta. El único puente entre el arte y la vida es la transgresión de la forma, es decir, el poema. Lamentablemente son tiempos donde el puente lo ocupa la política y el activismo oportunista… algo muy lejano a la visión trascendente más allá del propio cuerpo que únicamente es el medio para el mensaje.
El 5 de abril de 1997, escribiendo y haciendo meditación en el hospital, murió Allen Ginsberg víctima de una cirrosis hepática, la huella corporal de sus excesos con la bebida. Su obra es una constelación de poemas, ensayos, cartas y grabaciones. Su obra espontánea y total se ha trasladado a ediciones en decenas de idiomas y ha sido reverenciado tanto por músicos populares como Bob Dylan, Jim Morrison o Patti Smith, hasta movimientos por los derechos civiles. Querido Allen Ginsberg, no te olvides de nosotros que vivimos tiempos malos, que tu espíritu siempre tenga el mismo resplandor que tuvo aquella lejana mañana de sábado de 1990 cuando te leí por primera vez en Antigua Guatemala y lloré, y me quedé con el alma en un hilo y decidí… y me decidí por el camino del poeta.
Guadalajara-Cerrito del Carmen mayo 2026

Javier Payeras. (Guatemala, 1974). Escritor y artista visual. Ha publicado: Biografía de la imaginación (ensayo 2022), La región más invisible (ensayos, 2017), Guatemala City (novela, 2014). Fue parte del equipo de curadores de Espacio Colloquia, Octubreazul y Bienal Paiz. Ha expuesto en muestras colectivas en Ex Convento El Carmen Guadalajara, Punto D Contemporáneo, Centro Galego de Arte Contemporánea, Centro Cultural de España en Guatemala, Museo de arte y diseño contemporáneo de Costa Rica y Jóvenes creadores Bancafé. Actualmente vive entre México y Guatemala. Escribe para Revista Penúltima, Prensa Digital y Exit. 23 libros publicados, completa o parcialmente traducidos al francés, inglés, alemán, ruso, bengalí, portugués e italiano. Publicado en importantes revistas y antologías en Europa, América Latina y Estados Unidos. Así como más de cien ensayos relacionados con arte contemporáneo. Ha sido premiado en Festival Panhispánico de Poesía, Festival Ícaro, Premio Batz, entre otros.
