Con mis palabras saludo a las ediciones pasadas

Frances Simán recorre la historia editorial y la recepción temprana de «Creciendo con la hierba», rastreando publicaciones y lecturas previas a su edición como libro para iluminar la formación crítica de una obra fundamental de Clementina Suárez

Frances Simán | Traductora y editora hondureña

No sé cómo se las habrá ingeniado
para llegar a este mundo,
ni cómo se le pudo ocurrir
sembrarse de pies a cabeza en este país,
preguntas que me hacía en mis adentros
cada vez que la miraba,
porque de este mundo no era
y menos de aquí,


escribe Rigoberto Paredes en el poema La Clemen. Acaso ya convertida en mito viviente en el momento en que Rigoberto escribió estas líneas, no extrañan estas preguntas si recordamos que, además de ser la primera mujer hondureña en publicar un libro de poesía, tiene más de una decena de libros editados en México, Cuba, Costa Rica, El Salvador y Honduras. Siete de ellos fueron publicados entre 1930 y 1944; el último de estos, De la desilusión a la esperanza. No fue sino hasta 1957 que publicó Creciendo con la hierba en El Salvador.

Por eso fue una sorpresa descubrir que, aunque no fue publicado como libro hasta 1957, existen referencias y publicaciones anteriores. En 1946, Gilberto González y Contreras, en su libro de ensayos Hombres entre lava y pinos, dedica uno a la obra de Clementina, donde afirma que Creciendo con la hierba es un “poema unitario en el que se da el fervor tumultuoso, ya aquietado, en apariencia tranquila, como disonancia que, si bien apagada en el símbolo de la espina y la rosa, no por eso es menos existencia; solo que una existencia que no tiene empeño en hacerse oír de sus coterráneos, ya que se dirige a un interlocutor más completo: a los hombres de todo el mundo, de compañera a compañero, en el pliegue triste de su sangre”.

Del mismo modo, da cuenta de la evolución de la poeta, donde Clementina, transmutada en rosa, en carne, encarna ya una voz poética madura:

“Recordación de lo soñado son los ocho cantos de Creciendo con la hierba, en los que recoge su cabeza —¿su rosa?— no de sobre la almohada, sino tronchándola de lo nocturno, en presentimiento de alba de su vida despierta. Sometida a su destino de candor —niña del aire, paloma del amanecer—, ella misma se oye cantar de otra manera: no de la antigua, de la romántica, ni de la que se amarra a una moda, sino de la manera de su rostro, escuchando al aire dual, extraña, con el canto sumergido en el amor y en la muerte, ahí donde se abre paso a la inagotable voluntad de ser y donde marca la luna en la sangre despierta, el germen creador defendido”.

Poco después, en 1948, en la Revista de la Biblioteca Nacional de El Salvador, se encuentra una reproducción del poema. Es casi el mismo que conocemos, salvo algunas variantes en las preposiciones, que podemos asumir Clementina revisó antes de la publicación del libro en 1957. El poema se acompaña de un comentario del escritor guatemalteco Carlos Wyld Ospina, quien lo describe como el “momento estelar de su poesía”. Este mismo artículo aparece también en el número 6 de La pajarita de papel (1950), en Honduras.

Dice Wyld Ospina del poema:

“De primera impresión, se advierte cómo ella encuentra el signo de su canto en la sangre, en el agua terrestre y en el agua marina, en el jugo salobre de los ojos abiertos a la contemplación; todo ello sumos y licores de excelencia. Dijérase que padece la obsesión de la sangre transmutada en alma, y que ahí está, por natural derivación, su símbolo y su mito. ¿Por qué? Acaso porque su numen, en fresca madurez de carne y en limpia madurez de espíritu, es fruto de dolor y sabidora experiencia; y de aquí nace su anhelo de libertad y redención para todos los instintos y para todos los altos sueños de los hombres”.

También se encuentran referencias en las revistas Ars (1951) y Guión Literario (1956), de El Salvador. En el número 2 de la revista Cultura (1955), también de El Salvador, hay un completo análisis hecho por el nicaragüense Alberto Ordóñez Argüello, que concluye con estas palabras:

“Equilibrando su universo constelado de poesía, Clementina Suárez recorre el sorprendente itinerario de la vida una y múltiple. Viene de la soledad sin orillas, del perdido sueño; del hielo de la noche o de la sangre. Obedeciendo al destino, se sintió florecer de repente y fue mostrando la cara de rosa de su poesía. Era ya la niña del alba, la paloma del amanecer. Sin embargo, la quebrada raíz de la sombra amenazaba entre las densas aguas del misterio. Se irguió ella entonces con su angélico tallo al encuentro del río de la sangre. Sangre despierta, germinal, que le quema los huesos con extraño ardor. A veces, se siente tierra para que la rosa crezca sobre la hierba. Tiende a la semilla el surco de su mano; ofrece el hueco de su rodilla como un nido. Pero su florecida soledad aún no se ilumina. Un ángel rebelde que pasea por su sangre le señala el camino del amor. Ha oído que le dicen: ‘No niegues al amor tu cara’. ‘Solo así tu flor tendrá polen’. Es así como descubre la rosa de su carne. Ilumínasele el pecho al identificar al amor en el amado. Comienza el conflicto. Un día se da cuenta de que son distintos los rumbos de la carne, y ella escoge el de la libertad. Pero es imposible sola, sin compañero, sin un hombre que no ate su rostro ni cierre su corazón. Por lo tanto, necesita liberar a la criatura amada por el amor. Se promete reemplazar su sangre por otra que le toque las raíces, cambiar su rosa por un ramo desnudo de huesos. Su palabra suelta, indestructible en el aire del llanto, realiza el prodigio […]”.

No puedo asegurar que estos sean todos los artículos que hablan de Creciendo con la hierba previos al libro de 1957; ojalá no lo sean. Lo único que puedo afirmar es que, como dijo Rigoberto Paredes al final de La Clemen:

viva está su poesía,
y astro es orbitando sobre nuestras cabezas.


Frances Simán (San Pedro Sula, Honduras). Traductora, editora y gestora cultural. Académica correspondiente de la Real Academia Española y de número de la Academia Hondureña de la Lengua. Dirige las editoriales Cisne Negro y Los Amorosos. Ha traducido la obra de poetas como Lawrence Ferlinghetti, Najwan Darwish, Omar Sakr, Mihaela Moscaliuc y Michael Waters. Forma parte del equipo responsable de la coordinación de las secciones de historia y poesía del suplemento cultural de La Tribuna. Recibió el Premio Inca Garcilaso de la Vega 2023 por sus aportes a la traducción y edición en Honduras, y el Premio Equinoccial del Festival de Poesía Paralelo Cero, en Ecuador.

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