Una historia es una historia es una historia

Le pedimos a la escritora salvadoreña, Jacinta Escudos, que nos contara qué estaba leyendo, qué estaba viendo, y nos regaló este ensayo acerca de una película que la remite a un cuento, que la lleva a pensar en una novela…

Jacinta Escudos | Escritora salvadoreña

1. The Fall, la película

Alexandria es una niña de 6 años que se ha roto el brazo. Es miembro de una familia de migrantes rumanos en los Estados Unidos. Mientras convalece en un hospital, muerta de aburrimiento, camina por los diferentes pasillos del lugar. En uno de los salones encuentra a Roy Walker, un doble de cine, postrado en cama debido a un accidente de filmación. Sus lesiones lo tienen paralizado de las piernas y no se sabe si volverá a caminar.

Alexandria y Roy inician una plática. Descubren así que ambos se han fracturado debido a una caída. Muy pronto, él comienza a contarle un cuento de bandidos y héroes, que la niña recrea desde su imaginación, alimentada por elementos de la realidad que la rodea. Roy, a su vez, va inventando la historia a partir de lo que está viviendo en su vida personal.

Esta es la premisa de la película The Fall (2006) del director Tarsem Singh. En su año de estreno tuvo algunos contratiempos para ser distribuida, por lo que, con el paso de los años, se fue convirtiendo en una película de culto. Fue hasta el 2024, con la compra de los derechos de su distribución por parte de la plataforma de streaming MUBI, que The Fall ha tenido una segunda mirada.

Tarsem, como es conocido hoy en día el director, incursionó en el mundo del cine a través de la dirección de algunos videos musicales. Los más conocidos: «Losing My Religion» (1991) de REM y el comercial de Pepsi «We Will Rock You» (2004), que incluyó a Pink, Beyoncé y Britney Spears como gladiadoras en el circo romano, cantando su versión de la canción de Queen.

En 1993, sin embargo, realizó un video musical muy especial: el de la canción «Sweet Lullaby», del dúo francés de música electrónica Deep Forest. La canción era una adaptación de una canción de cuna de la tradición Baegu de las Islas Salomón. El video fue filmado en ocho países durante un total de cuatro semanas y media, y refleja el viaje en triciclo de una niña por diferentes lugares y escenarios. Quien vea el video podrá comprender la influencia que tuvo su imaginería en la realización de The Fall.

La película fue autofinanciada, ya que Tarsem quería tener control creativo total. Su idea lo llevó a viajar durante 14 años a numerosos países, algo que logró aprovechando su trabajo como director de comerciales de televisión. Parte de la belleza visual de su concepto se debe, sin duda, a la participación de la japonesa Eiko Ishioka, quien elaboró todo el diseño de vestuario. Ishioka ya había colaborado con Tarsem en su película anterior, The Cell (2000), protagonizada por Jennifer López. También fue responsable del vestuario de Bram Stoker’s Dracula (1992) de Francis Ford Coppola.

El contraste de la visión entre la realidad y la imaginación de la niña en The Fall fueron esenciales para marcar la diferencia entre ambos hilos narrativos, pero también para marcar numerosos detalles de cómo lo imaginario puede, muchas veces, mejorar o corregir una realidad descolorida u ordinaria.

En el cuento que Roy Walker (interpretado por Lee Pace) le cuenta a Alexandria (Catinca Untaru), están los elementos clásicos de la jornada del héroe: un bandido enmascarado que, junto a cuatro acompañantes, persiguen a un enemigo común, el gobernador Odious, para vengarse de sus afrentas. Para ello, emprenden su búsqueda en un viaje, lleno de peligros y paisajes asombrosos, durante el cual también encontrarán a una princesa que necesitará ser liberada de Odious.

Como suele ocurrir para quien escucha e imagina un cuento, pero también para quien lo escribe, las barreras entre la realidad y la imaginación se diluyen y ambos espacios se retroalimentan. Alexandria incluye en su interpretación del cuento los rostros de los pacientes y personal del hospital. A la princesa la imagina como una de las enfermeras. Mientras tanto Roy proyecta en el bandido enmascarado sus propios sentimientos amorosos frustrados, algo que, junto a su parálisis, lo lleva a desear la muerte.

Jacinta Escudos

Fotograma de The Fall (2006), con El Bandido Enmascarado al centro.

2. «El hombre que ríe», el cuento

Aparte de su espectacular factura visual, The Fall destaca por el uso de una técnica fascinante: la de la historia dentro de otra historia. Es un recurso que, bien empleado, enriquece considerablemente no sólo la narrativa literaria, sino también la fílmica.

Debido a dicho recurso (y al uso de otros elementos comunes que ya mencionaré), la película me remite al cuento “El hombre que ríe” de J.D. Salinger, incluido en su libro Nine Stories de 1953.

El narrador de dicho cuento recuerda que, en el verano de 1928, perteneció a un grupo llamado el Club de los Comanches. Cada sábado, el Jefe (un estudiante de derecho llamado John Gedsudski), pasaba a buscar a los 25 niños miembros del Club, para ir a practicar béisbol a un parque o ir al museo, si era un día de lluvia. Durante el trayecto, el Jefe les contaba historias. La que el narrador recuerda más vívidamente, acaso por lo que iba ocurriendo durante su narración, era la de «el hombre que ríe», donde un hijo de misioneros es secuestrado por unos bandidos chinos. Al no recibir el rescate requerido, los bandidos colocan la cabeza del niño en un torno de carpintero, por lo que creció con una cabeza deforme y con una cavidad ovalada en el lugar de su boca. Desde entonces, los bandidos lo obligaron a usar siempre una máscara para tapar su deformación.

Cada sábado, el Jefe va agregando un nuevo episodio, cada vez más rocambolesco, hasta que una tarde, debido a una decepción sentimental, el Jefe le pone final al cuento de manera abrupta y cruel.

Como suele ocurrir en la utilización de este recurso, hay dos realidades que se entretejen y se alimentan mutuamente. La imaginación de los 25 niños que integran el club logra que la subtrama contraste con la «realidad» percibida por el narrador, coloreando de emoción un rutinario trayecto en autobús. Los niños esperan con ansias ese viaje, justamente para continuar con la historia pendiente y para la cual deben esperar una semana completa.

3. El hombre que ríe, la novela

El cuento de Salinger no se conforma con narrar una historia dentro de otra historia, sino que se transforma en un homenaje o absurda reinterpretación de la novela de Víctor Hugo, El hombre que ríe. La narración funciona también como una demostración de los trucos que la memoria obra en las personas que leemos y contamos historias. Muchas veces, al evocar algo que hemos leído, nos equivocamos en los detalles, nuestro recuerdo no es fiel a la realidad, pero los espacios vacíos o borrosos son compensados con elementos que permiten que la narración funcione con toda lógica, aunque parezca inverosímil, como ocurre en la sub-historia de Salinger.

La novela de Víctor Hugo fue publicada en 1869. Para algunos, esta es su mejor obra, aunque no fue muy apreciada en su época. La novela de casi 600 páginas, subdividida en dos partes y una conclusión, cuenta la historia de Gwynplaine, un niño que es secuestrado por una banda de criminales y que desfiguran su rostro, de manera que su expresión mantiene siempre una sonrisa grotesca. Luego es abandonado junto a una niña ciega, pero ambos son rescatados por Ursus, quien sobrevive como actor ambulante. Estos tres personajes, junto con el lobo Homo, mascota de Ursus, conforman una familia extraña pero afectuosa. Viajan de pueblo en pueblo, montando un espectáculo en el que van contando historias a los asistentes.

Gwynplaine crece amparado por Ursus y se conforma con ocultar su cicatriz, así como a mostrarla como parte del espectáculo, hasta que un día descubre que es el heredero de un título nobiliario, con su correspondiente fortuna. Al tratar de reclamar su legítimo lugar en la sociedad, se da cuenta de la hipocresía y de la corrupción de la alta nobleza, que lo rechaza no sólo por su aspecto, sino por su falta de experiencia y educación formal, aprovechándose de su naturaleza honesta y de buen corazón, aspectos débiles para sobrevivir en la jungla de la burguesía.

A pesar de no contar con la popularidad de Los miserables o El jorobado de Notre Dame, la influencia cultural de El hombre que ríe es innegable. En 1928, el director expresionista alemán Paul Leni, radicado en los Estados Unidos, hizo la primera adaptación cinematográfica de la novela, una película muda.

El actor alemán Conrad Veidt fue el encargado de interpretar a Gwynplaine. Su caracterización fue tan singular y perturbadora que su figura sirvió de base, en 1940, para que los dibujantes y escritores Bob Kane y Bill Finger diseñaran al Joker, uno de los enemigos de Batman. Otro personaje inspirado en dicho personaje fue el hacker de Ghost in The Shell: Stand Alone Complex, anime del 2002 dirigido por Kenji Kamiyama, basado en el manga de Masamune Shirow.

La novela de Hugo tuvo otras adaptaciones fílmicas y televisivas. Una de las mejores fue la dirigida por Jean-Pierre Améris en el 2012, con Marc-André Grondin en el papel de Gwynplaine y Gérard Depardieu como Ursus.

Jacinta Escudos

Fotograma de Conrad Veidt en su papel de Gwynplaine, El hombre que ríe (1928).

4. El poder de una máscara

Todas estas historias y películas comparten, como elemento común, el uso de máscaras, una prenda que tiene una presencia diversa en la vestimenta humana. Sus funciones son múltiples y suele ser un elemento muy usado tanto en la literatura como en el cine.

Una máscara sirve para caracterizar a bandidos, como en el caso de The Fall. Pero también sirve para caracterizar a héroes, como elemento para sugerir misterio y seducción, como medida de protección contra enfermedades o como una protección para ocultar deformaciones faciales. En los carnavales, la máscara es utilizada no sólo como parte de un disfraz sino como una manera de ocultar la identidad de la persona y permitirle realizar algún acto de libertinaje, sin ser culpado, juzgado ni reconocido.

En The Fall, el personaje del cuento (que se llama, expresamente, El Bandido Enmascarado) utiliza una máscara similar a las batulas, prenda característica de las mujeres Bandari, de la costa sur de Irán. Estas máscaras están hechas con alambre fino, son de forma rectangular y por lo general están forradas con hilo rojo, que puede ir adornado con bordados. Una variante de estas batulas semeja cejas y bigotes gruesos. Ese tipo de máscaras eran usadas en la antigüedad para defender a las mujeres ya que, vistas desde lejos, los enemigos podrían confundirlas con hombres, lo que impediría su secuestro o violaciones.

En el cuento de Salinger, al Hombre que Ríe “los bandidos le permitían estar en su cuartel general, siempre que se tapara la cara con una máscara roja hecha de pétalos de amapola. La máscara no solamente eximía a los bandidos de contemplar la cara de su hijo adoptivo, sino que los mantenía al tanto de sus andanzas; además, apestaba a opio”. En otras ocasiones, también usaba una máscara de seda negra.

La imagen de una máscara roja hecha de pétalos de amapola, además de bellísima, es importante en la resolución del cuento, donde un trozo de papel rojo le recuerda al narrador dicha prenda y, con ello, el pesar del final. La realidad y la ficción dentro del cuento se entrelazan de una manera brutal.

En la novela de Hugo y en la versión fílmica de Leni, la deformación de Gwynplaine, es decir, la sonrisa permanente e involuntaria, se convierte en la máscara misma, una sonrisa siempre presente en su rostro, aunque por dentro sufre, llora y se asquea de la realidad y de las personas que le rodean.

Aquí cabe preguntarse: ¿Y no es eso lo que, muchas veces, hacemos en la vida real: sonreír, aunque tengamos ganas de llorar?

Mujer utilizando una batula, en el mercado de pescado de Bandar Abbas. CC BY 4.0.

5. El poder de contar historias

El ser humano basa gran parte de su comunicación en contar historias. Un narrador puede desviar el camino de su hilo principal para contar otra cosa, que no tiene nada que ver (en apariencia) pero que, al final, construyen y alimentan un universo fascinante y multifacético.

El manuscrito encontrado en Zaragoza de Jan Potocki, Las mil y una noches, el Decamerón de Giovanni Boccaccio y los Cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer, son todos libros que utilizan esta técnica que, una tras otra, nos hacen caer en un fascinante túnel lleno de historias.

Desde grandes clásicos de la literatura hasta películas y libros contemporáneos, el recurso de la historia dentro de la historia es, sin duda, un reto técnico para el escritor pero que, bien realizado, representa un gozo para los lectores y una confirmación del poder innegable que encierra el contar historias.

6. Material adicional

  • The Fall está disponible en Mubi latino y en YouTube (en inglés, sin subtítulos).

  • Video «Sweet Lullaby» de Deep Forest.

  • Cuento «El hombre que ríe» de J.D. Salinger.
  • Película muda El hombre que ríe (1928) de Paul Leni.

https://www.youtube.com/watch?v=kfKO9oefzYI&t=29s


Jacinta Escudos
Jacinta Escudos. Nacida en El Salvador. Tiene diez libros publicados entre novela, cuento y crónica. Tiene experiencia como editora, traductora y guía de talleres literarios.Fue escritora residente en la Heinrich Böll Haus de Alemania y de La Maison des Écrivains Étrangers et des Traducteurs de Saint-Nazaire, Francia, ambas en el año 2000. Ganadora del I Premio Centroamericano de Novela “Mario Monteforte Toledo” (2003), con su novela A-B-Sudario. Vive en El Salvador dondeimparte talleres de narrativa y realiza labores de difusión cultural.

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