Diálogos interespecie en tres escritoras latinoamericanas

Un librero es un lector, un explorador y un cartógrafo. Va de libro en libro, de autor en autor, trazando, casi siempre de manera invisible, los temas compartidos, las estéticas y los discursos. Armando sus propias constelaciones. Y eso lo sabe la librera y artista visual guatemalteca Ana Lucía Galicia, quien hoy nos traza una ruta interespecie entre los libros de dos escritoras colombianas y una mexicana

Ana Lucía Galicia | Librera y artista visual guatemalteca

Creo saber lo que es nuestro mundo manifiesto, colmado de árboles
y de criaturas vivas: nuestro jardín y nuestro pastizal y nuestro recreo.
Es también nuestra escuela, nuestro juzgado, nuestra iglesia,
nuestro cementerio y el suave hálito de la eternidad.
Camino por el mundo para amarlo.

Mary Oliver, Vita longa

Una ballena es un país de fronteras difusas

En abril de 2019, la poeta y escritora mexicana Isabel Zapata publicó Una ballena es un país en la editorial independiente Almadía. Este título, según declara la autora en el prólogo titulado Cómo amar este mundo, nace desde el intento por decir aquello que el lenguaje de la academia o del activismo no le había alcanzado para decir. Un libro que se concibe como un poemario, pero que navega entre la hibridez de la narrativa y el ensayo. Dentro de sus páginas conoceremos distintas historias, como la de Laika, una perrita que fue enviada al espacio en el Sputnik 2 el 3 de noviembre de 1957, y a quien Vladimir Yazdovsky, el técnico encargado de entrenarla y preparar la cápsula en la que sería enviada, le escribe una carta que ahonda entre el dolor y la culpa: Por las noches, tu fantasma se acerca a mi cama y me lame la mano hasta que me pongo en su lomo. Entonces me doy cuenta de que te estás disolviendo por dentro.

Laika no murió al séptimo día del despegue, como escribieron y publicaron en los periódicos. Laika murió apenas unas horas después de ser introducida en la cápsula, no hubo tiempo de probar el sistema de enfriamiento y su cabina simplemente se derritió: Veo el humo que sale de tu hocico, de tus orejas, de las cuencas de tus ojos. Puedo sentir tu piel rugosa, como chamuscada, que luego se convierte en magma sobre la alfombra.

Unas páginas después conocemos la historia de Koko, un gorila occidental de tierras bajas que, a diferencia de otros animales, cuenta con una ficha técnica en donde indica que nació un 4 de julio de 1971 en el zoológico de San Francisco. Koko inicia lecciones de lenguaje un año después de su nacimiento. La poeta utiliza fragmentos de distintos artículos que escribió Francine Patterson, la investigadora y la persona encargada de enseñarle a hablar, durante los años que Koko fue adiestrado, y que aparecieron en la revista National Geographic. En ellos leemos sobre su rutina, su higiene, su hábitat, sus preferencias en juegos y comida. Incluso las interacciones que tiene con otros humanos, pero lo más importante y sorprendente es su uso del lenguaje, las mentiras y los chistes que hace: Encuentro a Koko masticando una crayola roja y le pregunto, no estabas masticando esa crayola, ¿o sí? Koko contesta “labio” y mueve la crayola sobre sus labios, como maquillándose. Las palabras que combina, los rasgos de inteligencia y su capacidad para recordar: Koko es capaz de unir señas (conceptos) al expresarse. Por ejemplo, mezcla la seña para “Coca Cola” y “amor”. Para la toronja, que no le gusta, Koko hace simultáneamente las señas de “pájaro” y “fruta”, se lee en estas bitácoras. Durante casi seis años de adiestramiento, Koko llegó a entender más de dos mil palabras habladas en inglés. Murió a los 46 años mientras dormía.

Isabel nos trae historias olvidadas en el tiempo sobre lo que los humanos han sido capaces de hacerle a otras especies. Realiza distintos ejercicios de escritura en los que busca y enlista similitudes que los humanos comparten con otras especies: Las ballenas se parecen a nosotros. Lloran cuando secuestran a sus hijos, son 97% agua, cada familia habla su propio lenguaje, tienen caries, son polígamas. Y aun así, decidimos cazarlas: ¿Qué dice de nosotros que asesinemos lo que deseamos conservar?, cuestiona en una parte del poema.

Nada es para siempre en la tierra: Sólo un poco aquí

La segunda novela de la escritora colombiana María Ospina Pizano llega con una primera edición a través de la editorial Penguin Random House en abril de 2023. Solo un poco aquí es el título de esta novela y un verso que pertenece a un poema de Nezahualcóyotl, «el rey poeta» que gobernó por mucho tiempo sobre la región de Texcoco en el México precolombino: Nada es para siempre en la tierra: Sólo un poco aquí. Este verso también es parte de los epígrafes del primer capítulo del libro y hace un guiño a las historias que iremos conociendo. En este libro ningún epígrafe pasa sin dejarnos un mensaje.
En un inicio seguimos las historias de vida de Kati y Mona, dos perras que por distintas circunstancias fueron abandonadas en la calle. A través de ellas sentimos la orfandad, la impotencia y rabia por las decisiones y comportamientos de algunos humanos.

Ella no quiere rascacielos; lo que quiere es bosque, con esta frase da inicio el segundo capítulo de la novela. Uno en donde Ospina nos relata la historia de una tangara escarlata, que permanece aturdida tras darse varios golpes contra un edificio que le impide continuar su ruta hacia el sur. Su travesía se irá entrelazando con el testimonio de una mujer migrante guatemalteca en Nueva York, que desde hace seis meses limpia la casa de un ornitólogo que investiga las migraciones de pájaros en peligro de extinción. Ella, al igual que la tangara, conocen de fronteras y de procesos migratorios, una al norte y la otra al sur. Ella, al igual que la tangara, ha perdido el rastro de las estrellas, que se fueron borrando de un cielo que no les pertenece. La tangara al igual que ella, es consciente que por miles de años sus ancestros escaparon de depredadores y atestiguaron la maldad humana. Pero la mujer migrante se pregunta si la tangara para migrar tuvo que hacerlo con su hijo pequeño a cuestas, si al cruzar la frontera tuvo que esquivar a las pandillas y a la migra, si fue perseguida por hombres con armas y saltó rieles y muros para encontrarse con la posibilidad de que la deporten una mañana cualquiera, luego de negarle la solicitud de asilo y que en ese único avión que montará en su vida, es donde realmente se sentirá como un ave.

María Ospina, como Isabel Zapata, encuentra similitudes en procesos compartidos con otras especies, como la crianza, los cuidados, la migración y los duelos. Ambas se apropian de distintos materiales de archivos como noticias y datos científicos que son presentados en artículos, bitácoras, fichas técnicas, encuestas, enciclopedias, grabaciones y actas gubernamentales. Estos elementos terminan funcionando como dispositivos literarios que en un principio pueden parecer incompatibles, pero sin ellos la narrativa no funciona.

Islamontañaglaciar, Niñapájaroglaciar

Mariana Matija se presenta como un animal que dibuja y que escribe. Se dedica a explorar y compartir prácticas para cuidar la Tierra y para aprender a reconocernos como parte de ella. A través de su trabajo busca acompañar a quienes también quieren cuidarla, cultivando relaciones de atención, amor y reciprocidad con el mundo viviente. Como lectora, reconozco las voces de Isabel Zapata y María Ospina Pizano en la escritura de Mariana, aunque no se conozcan o se hayan leído entre sí. Niñapájaroglaciar parece ser un ensayo en clave poética que por momentos da la sensación de ser un diario de observación. Fue publicado originalmente en 2023 por la editorial independiente Rey Naranjo editores, en Colombia, y en 2025 lo publicó Almadía.

Este diario de observación parte desde distintos lugares. En el segundo capítulo la escritora comienza narrando las vacaciones de su infancia: cuando estaba chiquita muchas de mis vacaciones fueron en Santágueda, más abajo de Manizales. íbamos allá a buscar calor.  Una época importante y crucial en la vida de Mariana, pues es a través de sus primeros recuerdos que nos comparte la manera en que su infancia estuvo poblada de animales: En mi casa siempre vivieron otros animales que para mí fueron parte de mi familia porque nadie me dijo que no lo eran. También de árboles y sonidos, de vacíos y de sensaciones corporales que la llevaron a desarrollar, sin nombrarlo en ese momento, relaciones interespecie que formaron gran parte de su sensibilidad: En este lugar había cinco cabañas. Nosotros nos quedábamos casi siempre en la 4, que tenía el afuera más lleno de árboles. El que mejor recuerdo estaba justo al frente de la cabaña y era un árbol de pomarrosas que me dio un regalo maravilloso: una nueva fruta favorita. Recuerdo los primeros mordiscos y la sensación de mi cuerpo que al mismo tiempo descubría y recordaba.

De forma cronológica seguimos los registros de su vida. Leemos y nos reconocemos, o deseamos hacerlo, en sus primeros acercamientos con las aves y sus sonidos, en su casa de Manizales y los apartamentos que habitará en Bogotá y otros países, con los páramos, volcanes, los glaciares y sus nevados y cerros. La observamos crecer en las páginas, una niña que insiste en regresar constantemente a su archivo de memoria para encontrar una explicación al amor, a las ausencias y los procesos de duelo.
De pronto, nos encontramos conmovidos por las acciones de una niña que decide enseñarle a escribir a Rosa, su despelucada perrita: Hubo un momento en el que decidí que nuestra relación podría mejorar mucho si ella aprendía a escribir, así que me puse a la tarea de enseñarle. Recuerdo más o menos que había una mesita y un cuaderno y yo la tenía sobre mis piernas y le agarraba una pata y le apretaba el lápiz contras los dedos, sin entender por qué no quería agarrar el lápiz, mientras le ayudaba a hacer planas siguiendo los renglones de la página.

No pasó mucho tiempo para que le dijeran a Mariana que los perros no aprenden a escribir: Lo que ahora pienso que podría haber dicho en lugar de eso, para ser más justos con la realidad, es que los perros no escriben con letras porque tienen otros sistemas que dicen más cosas con mucho menos. El libro está poblado de este tipo de escenas que nos acercan a pensar sobre las ideas que tenemos con relación a nuestras interacciones con otras especies y la manera en que experimentamos esos afectos. Mariana lo nombra dentro del concepto de paisaje interno: Yo creo que el amor funciona así: cada vez que alguien ama a otro alguien (humano, montaña, perro, árbol, pájaro, culebra, gato, glaciar), el amor toma a ese alguien amado, que está afuera, y lo refleja hacia dentro del que siente el amor, creándole un paisaje interno que a medida que se enriquece con nuevos amores se va volviendo más y más amplio.

Está narración que además está marcada por el duelo, la migración y la nostalgia es también una serie de cartas de amor a su abuela, a su mamá, a sus perras y gatas, al glaciar, a su caminar en este mundo, a la aceptación de que nuestras decisiones terminan afectando siempre a lo(s) que amamos personal y colectivamente. Mariana Matija deja caer en este ensayo sus dudas y recuerdos, pero también las preocupaciones que la acompañan. Desde reconocer la extinción de algunas especies animales: con la extinción del tilacino no solo se extinguió el tilacino. Se extinguió una manera muy específica en la que la isla había querido hablar, se borró su existencia como palabra, se hizo en la memoria de la Tierra una laguna.
La pronta desaparición del glaciar que la vio crecer y los vacíos que dejará en su paisaje interno, así como la tala injustificada de árboles: Lo diseñaron pensando lo que muchos humanos piensan, que podemos vivir solos, que los árboles y los pájaros están en las ciudades para adornarlas y que en el momento en el que ya no sirven pues se quitan y ya.

*

¿Cuánto de estas escrituras ha sido un proceso de investigación y observación? Mientras escribo este texto ya no recuerdo qué libro me recordó al otro y al otro, solo sé que son los elementos en común que comparten los tres lo que me hace sentir que unir sus escrituras podría funcionar como conversación, cartas que se responden paulatinamente entre amigas, o un poema largo que se reescribe de manera constante. Cada voz narrativa viene desde un lugar y no es casualidad que las tres escritoras pertenezcan a territorios de Latinoamérica, que pueden dar respuesta a las temáticas en común. La vida propia de estos textos navega entre la hibridez del ensayo y la poesía, siendo ejemplo de que la escritura tiene la capacidad de construirse a partir de dispositivos de archivo como lo son las noticias, las fichas técnicas, bitácoras de trabajo de campo, datos científicos y actas, es decir, todo aquello que fue creado sin un propósito literario, sin embargo, funciona para narrar sus preocupaciones sobre la crisis ambiental y animal y a las consecuencias que se han llegado.

La cuestión del lenguaje es otro elemento en común que se puede observar en Una ballena es un país de Isabel Zapata: Me interesa el lenguaje de los animales. Esperamos encontrar en los animales virtudes que escasean en nosotros mismos. Que conversa con las ideas de Mariana Matija: Me gusta mucho pensar las conversaciones de las aves. Es muy poco lo que entiendo, si con “entender” me refiero a tener la capacidad de atrapar y explicar racionalmente los detalles de lo que se están diciendo. Pero entiendo mucho cuando no pretendo comparar las voces de las aves con las voces humanas, y las dejo ser libres y me resisto a que la jaula de mi mente las persiga. Las autoras no intentan humanizar las experiencias que cada especie vive y atraviesa en sus propios procesos. Tratan de imaginar sus pensamientos para descifrar sus motivaciones, su comportamiento, y afirmando en varias ocasiones que no es posible. En eso coinciden las tres autoras, en reconocer que no solamente existe un lenguaje humano para entenderlo todo.

Hay un interés notorio sobre cuestionar nuestros vínculos con los animales y la naturaleza y las creencias en las que descansan, con la intención de tender puentes de empatía que la literatura tiene la capacidad de provocar. Cada una escribe desde su historia de vida y sus experiencias, en el caso de Isabel Zapata comparte su postura en el prólogo mencionado anteriormente: Para entender que todos los seres humanos somos semejantes, aunque no nos parezcamos, es necesario transformar nuestra relación con la naturaleza y cambiar de posición: colocarnos no por encima ni por debajo del resto de las criaturas del planeta, sino a su lado. En el caso de Ospina y Matija, podemos encontrar estás posturas desde la dedicatoria que acompaña cada libro:

Para Eleazar y todas sus criaturas. Para los perros que desde niña me han acogido. Para la tangara escarlata, que espero que siga viva.

Al volcán, a los afrecheros y los bichofués, y a todos los seres que tienen casa en mi paisaje interior, incluidos los que no aparecen en este libro (sabrán comprender que es imposible que quepa toda la belleza del mundo en un espacio tan chiquito.


Ana Lucia Galicia (Guatemala, 1996) Estudió una Maestría en Literatura Hispanoamericana en la Universidad Rafael Landívar. Es librera y co-fundadora de la librería Libros del centro, especializada en literatura latinoamericana. Su investigación literaria se enfoca en temas sobre memoria y familia, migración, identidad y perspectiva de género, principalmente en obras escritas por mujeres.

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