El poeta ecuatoriano Luis Carlos Mussó nos comparte una selección de poesía en prosa de su obra
Luis Carlos Mussó | Poeta ecuatoriano
UNO
Nada de lo que escribo se parece a la noche, y todo lo que escribo se parece a la noche: la raza melancólica pasa inadvertida como barco fantasma que atraviesa, en tiempos que no existen, la bruma americana. Porque divulga su médula en tanto dique de luz que cae de bruces sobre tardes achatadas en los polos. Y los nombres que desgastamos al unísono como cuásares de la sangre, como cerdos de la dicha, como palabras hospitalarias donde pretendimos bóvedas para antes y después de las fiebres. Y en el Jardín del Dolor quebramos miles de botellas contra el vacío para inaugurarlo en una ceremonia de botamiento con palomas de carbón hecho celliscas.
DOS
Se ve al cielo desde el llano Chajnantor en el desierto de Atacama, se lo escruta desde Mauna Kea, desde el Observatorio de Arecibo y el de Pingtang. Millones para el personal, para la infraestructura, pero no instalo paneles ni empino detectores de luz para buscarte. Con ojos cerrados en este otro desierto, te ansían los arneses de mi sangre. Y mis dedos quebrados sangran luz porque las mitades no existen. Llamas le llamas a esto que somos. Y un río clausura la muerte en mis ojos como quinqué de luciérnagas. Y se yergue un ángel de hielo clandestino. Y un caballo de madera ingresa a mis adentros.
TRES
Como dientes de león que vuelan en manada, ángeles de la muerte se empinan hacia el matadero: fraguan el satélite que ingresa en mis arterias dibujando témpanos en la sanguaza de Manglaralto. Y el cielo de la boca muta en agua desnuda, en origami profundo a ras de noche. Y en la paginación del tedio mis manos sangran con cada pérdida de luz, en la mirada neutra de mi padre muerto, en sus manos tiesas que hacen inventario del mundo.
CUATRO
Tu sangre crece por encima de los cardos, donde cicatrizan las palabras que dejamos en la víspera. Incapaces para el amor, nuestros tiestos sigilosos levitan cada uno en su lengua de luz muerta. Abrazando nuestros cuerpos, las constelaciones procuran la sintaxis de los frutos caídos. A contraluz se afincan las motas de un paisaje blindado por la ebriedad. Durante la yerba se expande en los cuerpos ciertos la ceniza. Amarrada al frío, se expande como un big bang que nace en las manos de tu madre y se dispersa liando una ruta para los drones tardíos.
CINCO
Pueda que la muerte no tenga un porqué, que los perros dentelleen nuestra sombra, que dios sea la juntura entre mar y firmamento, contraescritura. Y el océano de lengua porosa lacerará ideogramas en tu rostro mientras icebergs colisionen contra esta voz oblonga hincando su estandarte en la colina de mis huesos. Esta mano se extiende como lagarto a la vera del poema. Jauría de ceniza suspensa. Mar.

Luis Carlos Mussó. (Guayaquil, 1970). Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Alicante. Ha publicado una docena de poemarios entre los que constan Propagación de la noche (2000), Tiniebla de esplendor (2006), Evohé (2008), Cuadernos de Indiana (2014), Mea Vulgatæ (2014), y Biopsia blues (2021). Autor de las novelas Oscurana (2011) y Teoría del manglar (2018), y del libro de semblanzas Rostros de la mitad del mundo (2016). Ha obtenido significativos premios nacionales en poesía, narrativa y periodismo. Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2020. Publicó el ensayo Épica de lo cotidiano (2013), y es docente y editor de la UTEG. Consta en la BBAE (Biblioteca Básica de Autores Ecuatorianos). Su obra ha sido parcialmente traducida a siete lenguas.
