Compartimos una selección de poemas de Rocío Soria, una de las voces más intensas de la poesía ecuatoriana contemporánea, cuya obra explora la pérdida, el cuerpo, la enfermedad y la memoria desde una escritura de poderosa intimidad
Rocío Soria | Poeta ecuatoriana
1
menos pensado se trizó la historia
fue en cuestión de segundos
no lo vimos venir
tuvimos que decidir sobre la marcha
buscar ayuda de desconocidos
confiar nuestros miedos
confinarnos a una sola habitación
acondicionar los espacios
buscar ayudas técnicas
improvisar
aprender con asombro y tristeza a usar la sábana de manejo
luchar con la rigidez articular de sus extremidades
y luego de tanto beber el miedo
ahora está este espacio sin vos
esta silla sin vos
las ruedas de esta silla sin vos
los apoya pies abatibles y desmontables de la silla sin vos
esta sábana de manejo sin vos
esta ropa de cama sin vos
esta pila de ropas holgadas
planchadas
ordenadas
clasificadas
listas
pero sin vos
esta medicina
estos paños
este bidet
estas almohadas
sin vos
esta hija sin vos
esta afonía súbita
este trac vocal
esta mujer sin voz
2
el poema me urge en la noche
no lo quiero anotar para no rendirme
ronda por los tejados de la casa contigua
resbala las tejas
acciona los sensores de luz
salta hacia el cobertizo
se sostiene como puede de la cornisa
se apretuja entre el vidrio y el cubreventanas
trepa en estado de zozobra por un minúsculo espacio en el que solo caben sus pies
cedo a su estrépito finalmente
más por curiosidad y un poco por lástima
debería dejarlo por fuera y que sobreviva como pueda
quiero decirle que no quiero anotarlo para no rendirme
pero cedo y lo invito a pasar
pero con él pasa también la lluvia y la maldición de diciembre
que trastocó a mi madre
se acerca y me olisquea
me dice que no es casualidad
me plantea escenarios repulsivos
afirma que es una inteligencia artificial
que posiblemente hoy solo tenga información
pero mañana tendrá sentimientos
conocimientos de sí mismo y coraje
me aturde saber que también conocí cuerpos humanos por dentro
sin rastros del amor
sin dispositivos para accionar el alma
me deja acariciar su lomo este poema
a veces coincidimos en nuestros sueños
pero también en los desvelos
a veces solo quiero sacármelo de encima
devolverlo a su hábitat
pero recuerdo que es diciembre y que afuera llueve y que estamos en quito
y que en este mes se trastocó mi madre
y que yo también he pasado frío desde entonces
y le dejo quedarse
y parcho la ventana como puedo para que no entre ni la menor brisa
y cargo con él como con una presencia no invocada
se revuelca
se retuerce
habla por hablar
se acomoda en el borde de la cama
yo sigo sin anotarlo
pero termino cediendo y apretándole impune
y bebiendo su extracto
y volviéndolo mío
y pariendo el poema
3
a veces ni el poema alienta
a veces ni el poema alimenta
juego con mis manos
las vuelvo añicos
juego con sus partes
con los muñones así erigidos
monumentos de mi ansiedad
huyo de toda compañía
qué más da soy una fugitiva
nadie lo comprendería
hago el teatro de quedarme
pero siempre estoy retraída en algún desván que con antelación
he creado para el efecto
invento personajes
no para incluirlos en mis historias
sino para abandonarlos en el mundo
medio borroneados
yo misma soy uno de esos personajes
invento soledades
reniego del poema que es como hacerlo de la vida misma
imposto la voz
hubo un punto de quiebre en la historia
estoy al borde del hueso
y toda el agua contenida en mi cabeza cae sobre la tapa de madera
estoy al borde de la pendiente a la que me he precipitado de todas las maneras posibles
con toda táctica y todo truco
pero jamás di con el fondo
estoy al borde del hueco
tanto que puedo escarbar en su boca y el hueco también me adivina
me huele el miedo
sabe que ya fui saqueada de hueso a raíz cual si escondiese un tesoro
y no sabe que solo he sostenido a la nada entre mis manos
4
en esa fotografía tú miras el paisaje o eres el paisaje
en aquellos días vos ya estabas marcada por la pérdida
roída por la enfermedad y aunque me hubiese puesto en tus ojos o en tu cabeza
no alcanzaría a divisar el tamaño de tu mal
hoy pienso en vos mientras riego las plantas
y crece la hierba convirtiendo todo espacio verde en laberinto
ayer trasplanté unos árboles que son hijos de otros árboles que plantaste
traje un poco del humus casero que hacías alimentando a las lombrices con restos de verduras y frutas
cáscaras de huevo y borra de café
traje también aquel geranio rojo inmenso que tanto cuidabas
lo sembré en el jardín posterior junto a la congona y bajo el higo
en esa fotografía tú miras el paisaje o eres el paisaje
riegas las plantas o eres la planta que riego
en aquellos días juntas yo te escrutaba de hito en hito
para ver como reías sin reservas y como vibraba un piano en tu garganta
te inquiría de gesto en gesto
te dibujaba con el índice
te narraba de hito en hito
te miraba
me sentaba a contarte mi día mientras bebíamos café pasado en la mesa de la cocina
5
a veces amanecemos con los brazos tan llenos de nada
tan fraguadas de piedra y huesos sobre una cama terminal
sumidas en una quietud extraña y aterradora
incapaces de nada
imposibles de nosotras mismas
a veces amanecemos con los ojos tan llenos de nada
tan fraguadas de piedra y huesos
sin que ninguna figura venga a favorecernos
sin que ningún espíritu pueda ser convocado
tan secas
tan derruidas
sin padre ni madre
a veces amanecemos con las piernas tan llenas de nada
tan fraguadas de piedra y huesos
llagadas y de cara a la pared
de un solo lado del colchón
nos odiamos cara a cara con la ausencia
con la desnudez de nuestros huesos
y ni el lloriqueo ni el poema nos asiste
a veces amanecemos en franca retirada
tan fraguadas de piedra y huesos
enfermas viendo cómo se nos burla el día
tan azul afuera y tan diáfano y nosotras tan fieras y rabiosas
sin acción de levantarnos
a veces amanecemos tan miserables
tan fraguadas de piedra y huesos
tan veneno
pero así y todo recogemos nuestros huesos y nos recomponemos
nos miramos al espejo nos ponemos una sonrisa para impostar
y una mirada azul para atizar el día

Rocío Soria Romero. (Quito, 1977). Ha publicado El cuerpo del hijo (2007); Isadora (Premio Nacional Ileana. Espinel Cedeño, 2008); Ictus (2013); Deterioro (mención Jorge Carrera Andrade, 2019); Pelotón de fusilamiento (Premio Universidad Central del Ecuador, 2022); Casa de mariposas negras (Premio Nacional Jorge Carrera Andrade, 2024); y Tiniebla sagrada, en coautoría con el pintor Juan Carlos Jurado Reyna.
